Historia
HUGO DE SAN VÍCTOR (1096-1141)

La afirmación de su epitafio de que era 'sajón de nacimiento' está apoyada por el hecho de que fue educado hasta los dieciocho años en el monasterio de Hamersleben, cerca de Halberstadt, por una nota autobiográfica en su Eruditio didascalia (iii. 20) y por declaraciones posteriores de las antiguas crónicas sajonas, que le hacen un vástago de la familia de los condes de Blankenburg y Regenstein, residente en las montañas Hars. Empujado por su deseo de conocimiento, emprendió hacia 1115 un viaje a Francia, acompañado por su tío el archidiácono Hugo de Halberstadt. Atraído por la fama de la escuela ingresó en el monasterio de San Víctor en París, uniéndose él y su tío a los canónigos agustinos. Bajo la guía de Gilduin como abad y Tomás, el sucesor del famoso Guillermo de Champeaux, como prior y prefecto de los estudios, pasó quince años allí, hasta que su destacado saber y poder intelectual le señalaron como sucesor de Tomás en la dirección de la escuela; esta posición la retuvo durante ocho años. La importancia de su influencia se evidencia no solo por la producción de tal cantidad de brillantes eruditos, como Adam y Ricardo de San Víctor, sino por las huellas de la alta consideración que tuvo entre sus contemporáneos, encontrada en los escasos restos de su correspondencia. Parece que dejó su monasterio, aunque raramente, poseyendo una delicada constitución que le impedía entregarse a todos los rigores ascéticos prescritos en los estatutos de la orden.

manuscrito inglés de comienzos del siglo XIII
Es difícil organizar una secuencia cronológica de los escritos de Hugo, algunos de los cuales fueron comenzados en Hamersleben. Los tratados exclusivamente místicos, como las tres obras relacionadas De arca moralis, De arca mystica y De vanitate mundi, el comentario sobre Eclesiastés, etc., pertenecen al periodo inicial, mientras que las grandes obras sistemáticas que muestran elementos enciclopédicos y escolásticos de su preparación en un desarrollo más rico, pertenecen a una etapa posterior de su vida. En ellos, tales como Eruditio didascalica, De sacramentis fidei y el erudito comentario sobre Hierarchia cælestis de Dionisio el Areopagita, el elemento místico está más bien confinado a una esfera definida que permite colorear y dominar el conjunto; es precisamente esta proporción la que ha hecho la influencia de Hugo tan de largo alcance en la teología mística y escolástica. Sus escritos exegéticos pertenecen a los periodos inicial y posterior, constituyendo otra división. Dominados por el método del triple sentido, son las menos originales de sus obras y tienen poco interés, fuera de su aspecto práctico y edificante. A esta clase pertenece el corto tratado introductorio Prænotatiunculæ de scripturis et scriptoribus sacris; el comentario sobre el Pentateuco, muy basado en Beda y especialmente saturado del periodo antes de la Caída; el similar Annotationes elucidatoriæ sobre Jueces y Reyes; diecinueve homilías sobre los primeros capítulos de Eclesiastés; un comentario alegórico-místico sobre Lamentaciones y otro más literal sobre Joel y Abdías. Otras obras de esa clase atribuidas a Hugo son dudosas, tales como Qæstiones et decisiones in Epistolas D. Pauli, que Hauréau y Denifle piensan que fue escrita por uno de sus discípulos. La autenticidad de Summa sententiarum, una de sus principales obras dogmáticas, fue atacada por Denifle, pero fue vindicada por Gietl and Kilgenstein, a excepción de la parte final sobre el matrimonio. Algunas de las obras que anteriormente estuvieron bajo el nombre de Hugo, pero que ahora están abandonadas, pueden contener secciones de su obra genuina. En Historie littéraire de la France, se han hecho notables esfuerzos para recuperar valiosos fragmentos de la auténtica obra de Hugo. Entre esos pueden mencionarse Annotationes elucidatoriæ in quosdam Psalmos, que ocurre en la generalmente infravalorada Miscellaneorum libri y ciertas partes de Allegoriæ in Vetus et Novum Testamentum. Esos no son solo Opusculum de quinque septenis y Explanatlio in canticum Maria, sino también Expositio orationise dominicæ, que se une con una explicación de las siete peticiones y un aviso contra los siete pecados capitales. Un tema de controversia es la autenticidad de la cronología atribuida a Hugo en numerosos manuscritos, bajo el título Liber de tribus maximis circumstanciis gestorum, que consiste de un sumario de la historia del mundo desde Adán a Cristo, seguido por tablas cronológicas y luego por dos columnas paralelas de papas y emperadores; en definitiva, una sincronización de la historia cristiana hasta 1035; una continuación por otra mano la extiende hasta casi el año 1200.

El sistema místico de Hugo está dominado por el pensamiento de la triple progresión en el conocimiento de las cosas divinas. En la introducción al comentario de Eclesiastés distingue tres etapas: cogitatio, o concepción por medio de las nociones sensuales; meditatio, o búsqueda del sentido escondido de lo que ha sido concebido y contemplatio, o la percepción final libre en el interior de las cosas. A los tres órganos de percepción: el ojo físico, la razón especulativa y la visión contemplativa, corresponden los tres objetos fundamentales: materia, alma y Dios. Esta división areopagita de las etapas del progreso reaparecen en varias porciones de sus obras, algunas veces con ligeras variantes, como cuando las etapas de cogitatio y meditatio son precedidas por etapas preliminares; antes de la cogitatio vienen la lectio y antes de la meditatio la oración y buenas obras (oratio, operatio). En conjunto lo teórico está subordinado a lo práctico y lo subjetivo místico a lo objetivo eclesiástico. El elemento panteísta de la antigua tradición mística lo mantiene tan alejado como puede; incluso cuando sigue las especulaciones del pseudo-Dionisio más estrechamente, todavía enseña un areopagitismo que es convertido en ortodoxia eclesiástica. Hasta cuando describe la unión contemplativa con Dios bajo el aspecto de aniquilación completa del ser humano, del paso del ego a Dios, no hay lugar para la concepción panteísta.
La Eruditio Didascalia.
Las teorías místicas de Hugo tienen su más amplio alcance en la enciclopédica obra en la que, siguiendo a Isidoro de Sevilla, la De universo de Rabán Mauro y la Imago mundi de Honorio de Autun, intenta dar una idea total del conocimiento espiritual y secular. La primera parte de la Eruditio didascalica ofrece en tres libros una investigación de las ciencias empíricas y seculares, mientras que la segunda mitad, también en tres libros, forma una introducción al estudio de la Escritura y la historia de la Iglesia. Lo que en algunas ediciones se añade como séptimo libro bajo el título De opere trium dierum o De creatione primi hominis es realmente un tratado místico separado sobre el surgimiento de la inteligencia humana, desde la consideración de las criaturas a la Trinidad. La primera parte de la obra divide el conocimiento en la inteligencia, o el más alto, la ciencia, o el intermedio y la lógica o el formal. Este último es una herramienta necesaria, que trata primero, dividida en el trivium: gramática, retórica y dialéctica. La sección de la inteligencia se divide en teórica y práctica o ética. De ellas, la primera de nuevo tiene tres secciones: teología, matemáticas y física, mientras que las matemáticas se dividen a su vez en las ramas del quadrivium: aritmética, música, geometría y astronomía. La segunda parte comprende la ética, economía y política en sus ramas. El dominio de la ciencia en este sentido, también llamado mecánica, incluye el conocimiento necesario para el comercio, profesiones y artes. La sección teológica de la obra sigue en lo esencial a las obras de Casiodro, Isidoro y Jerónimo por su introducción al estudio bíblico, al que Hugo da gran importancia. Parece incluir con las Escrituras a los Padres de la Iglesia, cánones y decretales, aunque al menos aplica una gran parte de lo que dice sobre el sistema y valor del estudio bíblico a ellos, si bien en las tres partes (como De sacramentis, I, i. 17) los subordina a los escritos canónicos.
La Summa y De sacramentis.
Las ideas fundamentales de Hugo y sus peculiaridades doctrinales se pueden apreciar más claramente en De sacramentis christianæ fidei o en el más breve compendio Summa sententiarum, obra basada principalmente en Agustín y Gregorio Magno, pero influenciada por Erígena y Abelardo. A la tendencia escéptica y dialéctica de este último, Hugo contrapone su propio hábito mental eclesiástico y dogmático. No obstante, evidentemente ejerció una estimulante influencia y el tratamiento en la Summa de la Trinidad y la encarnación tiene reminiscencias definidas de él. La tradicional enseñanza eclesiástica se sigue más estrechamente en las secciones sobre la creación y caída de los ángeles y del hombre, sobre los sacramentos del antiguo pacto y sobre la ley, como base de toda doctrina ética y sobre los sacramentos del bautismo, confirmación, comunión y unción.
Pero el fruto más maduro de los trabajos intelectuales de Hugo se halla en la gran obra Sobre los misterios de la fe cristiana, el Sacramenta compuesto hacia 1140. Establece ya desde el principio la objeción al punto de partida más escéptico de Abelardo, pero concuerda con él en que el objetivo de la teología es promover el entendimiento de la fe. Su principal artículo es 'no según la razón, sino por encima de la razón', mientras que todo lo que es producto de la razón sola, o contraria a ella, se excluye de su campo de trabajo. Consiste de dos partes, cognitio o el asunto de la fe y affectus o el acto de la fe. Es en este último o elemento subjetivo donde descansa el valor verdadero de la fe, en la dirección del corazón y en la aprehensión de Dios por la voluntad. Los objetos de la fe se dividen en dos clases: obras de creación y obras de restauración. Partiendo de la existencia de la creación, considera primero al Creador en sus distintos atributos, incluyendo la naturaleza triuna, en lo cual es deudor no sólo a Abelardo, sino también a Anselmo. Luego trata la creación y caída de los ángeles, sobriamente, sin caer en las cuestiones ociosas en las que el escolasticismo posterior entró. En la doctrina de la naturaleza y del pecado del hombre se muestra un agustiniano moderado, definiendo el pecado original, como haría Melanchthon, como ignorancia y concupiscencia. En su doctrina de la gracia y de la ley presenta varias sugerencias de peso que luego fueron elaboradas por el escolasticismo posterior. Divide la gracia en gratia creatrix, la gracia de la condición original, a la que por la realización de obras buenas por el hombre antes de caer se añade la gratia apposita (la gratia superaddita del escolasticismo posterior) y la gratia salvatrix, que subdivide en operans y cooperans. Fructíferas igualmente fueron sus enseñanzas sobre la ley natural y escrita y los medios correspondientes de gracia a esas dos etapas en la historia de la humanidad. Igual que Anselmo en su Cur Deus homo, enseña que la encarnación no fue una necesidad absoluta, pero sí fue el medio más apropiado y digno de Dios. La consideración de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo, de la constitución jerárquica eclesiástica, de las vestiduras sagradas y la consagración de iglesias le lleva a la doctrina de los sacramentos en el sentido reducido. Enumera más que los cuatro de la Summa, pero sin llegar al número siete que fijará definitivamente Pedro Lombardo. Tras tratar la importancia del bautismo con la confirmación y la eucaristía, discute varias ceremonias subordinadas (el uso de agua bendita, la bendición de palmas, el signo de la cruz, el exorcismo. etc.) y reconoce la ordenación y la bendición de los instrumentos sagrados, entre esos menores 'sacramentos de administración y preparación', que distingue de los necesarios 'sacramentos de salvación', volviendo luego a otros importantes sacramentos, relativa si no absolutamente necesarios, bajo cuyo encabezamiento coloca el matrimonio, la confesión y absolución y la unción. En su doctrina de los votos y el capítulo sobre las virtudes y vicios toma una posición casi evangélica. Tras esas secciones éticas, cuyo contenido está parcialmente repetido en algunos de sus pequeños tratados ascéticos, especialmente la epístola De laude caritatis, presenta un resumen relativamente corto de escatología, notorio por la sobria manera en la que la invocación de los santos es discutida.
Su influencia.
Es en Sacramenta donde Hugo expone su posición básica en el desarrollo de la teología occidental y hace posible que Harnack lo llame 'el teólogo más influyente del siglo XII'. Si se pregunta por qué el escolasticismo posterior en lugar de adoptar como fundamento de su sistema el De sacramentis, adoptó las Sentencias de Pedro Lombardo, una obra dependiente de ella pero totalmente inferior, especialmente en su doctrina de Dios y en profundidad de especulación, la respuesta hay que hallarla en la propia independencia y cualidad subjetiva de la teología de Hugo, que no se adaptaba bien para ser una manual de texto que proporcionara una investigación clara y tranquila de la fe, como hizo Lombardo con su presentación objetiva, definiciones claras y sus contrastes fácilmente apreciables. A pesar de eso, la importancia de Hugo en la historia del pensamiento religioso no puede ser pasada por alto. Aparte de su influencia en el desarrollo dogmático, fue el pensador místico más poderoso que Francia haya tenido desde Erígena y de hecho el auténtico fundador de la escuela mística francesa de la Edad Media, pues Bernardo de Clairvaux depende de él en todas las principales líneas de especulación mística; no es sorprendente que la posteridad le llamara un segundo Agustín o que Tomás de Aquino dijera que sus palabras 'fueron las de un maestro y tenían fuerza de autoridad'.
El siguiente pasaje procede de la obra De Scripturis et Script. Sac., V:
'Ahora bien, una cosa es lo que significa la palabra en sentido literal y otra cosa es lo que significa en sentido alegórico. El león desde un punto de vista histórico representa un animal, desde un punto de vista alegórico representa a Cristo; así pues, esta palabra león representa a Cristo. Yo te pido que demuestres por qué el león representa a Cristo. Tal vez responderás, como es habitual, que es por la adecuación de la semejanza propuesta con el significado; porque el león duerme con los ojos abiertos o algo similar; de ahí que el león representa a Cristo porque duerme con los ojos abiertos. De modo que has dicho que el león, esta palabra, representa a Cristo porque duerme con los ojos abiertos. O bien retiras la frase o cambias la razón que has aducido. O es falsa la frase que dice que esta palabra, león, representa a Cristo, o es inadecuada la razón aducida de que el león representa Cristo porque duerme con los ojos abiertos. En efecto, no es la palabra la que duerme con los ojos abiertos sino el propio animal designado con esta palabra. De modo que cuando dices que el león representa Cristo, no es el nombre sino el propio animal el que representa. Así pues, no debes jactarte del conocimiento de la Escritura mientras ignores la palabra. Ignorar la palabra significa ignorar qué representa la palabra y qué es lo representado por la palabra... De modo que cuando las cosas mismas que representa la palabra son signos del conocimiento espiritual, ¿cómo pueden ser signos si todavía no te han sido mostrados? No saltes si no quieres caer en el precipicio. Actúa con toda corrección quien actúa de modo ordenado... Así pues, queremos que el lector esté advertido para que no rechace estas primeras nociones. Ni piense que haya que despreciar el conocimiento de esas cosas que las Sagradas Escrituras nos proponen por medio de los primeros significados de la palabra, porque son las mismas que el Espíritu Santo a quienes son capaces de aproximarse a las cosas invisibles tan sólo con los sentidos carnales y a través de las cosas visibles representó como imágenes de los intelectos místicos, y por medio de estas semejanzas propuestas representó claramente las cosas que hay que entender espiritualmente. Que si, como dicen éstos, hubiese que pasar directamente de la palabra la comprensión espiritual, en vano el Espíritu Santo hubiera puesto en el discurso divino las imágenes y la semejanza de las cosas con las que el espíritu es guiado a las cosas espirituales. En efecto, según el testimonio del apóstol, quod carnale est, prius est, deinde quod spirituale (para que nadie diga que fuisteis bautizados en mi nombre.[…]1 Corintios 1:15). Y si la propia sabiduría de Dios no se hubiera conocido físicamente, jamás la mirada de una mente legañosa habría podido ser guiada hasta su comprensión espiritual.'