Historia
HUGO EL BLANCO († c. 1098)
Mantuvo relaciones muy estrechas con Hildebrando en 1073. Hugo había hecho mucho para promover la elección de Gregorio VII, por lo que fue recompensado con una embajada en España. Sin embargo, poco después el cardenal se puso del lado de los oponentes de Gregorio y desde entonces le combatió con enemistad implacable. La ruptura probablemente ocurrió ya en 1074. La excomunión de Hugo fue votada en el sínodo romano de 1075. Por Guiberto de Rávena comenzó a posicionarse con el recién nombrado arzobispo Teobaldo de Milán, yendo como agente confidencial de la facción anti-gregoriana a Alemania, ante el rey Enrique IV. En el concilio de Worms el 24 de enero de 1076, ejerció una influencia perjudicial, debiéndose a él las desconsideradas resoluciones de esta asamblea primordialmente. En el sínodo romano de 1078 Gregorio le privó de la iglesia de San Clemente, en Roma, degradándole del sacerdocio y anatematizándolo. Hugo estuvo presente en el sínodo convocado por Enrique IV en Brixen (25 de junio de 1078) entre los obispos italianos que eran la mayoría, siendo el primero en suscribir el decreto de destitución contra Gregorio. El antiguo cardenal se puso apasionadamente a favor del antipapa Clemente III y sus violentos esfuerzos dieron fruto en Roma en 1084, cuando, juntamente con el triunfal Enrique IV, logró la traición a Gregorio VII de no menos de trece cardenales.
Tras la muerte de Gregorio VII, Hugo continuó apoyando a Clemente III, tanto bajo Víctor II (1086-87) como bajo Urbano II (1088-99). Clemente le hizo obispo de Preneste. Posiblemente Hugo fue investido con esta dignidad a principios de 1089; ciertamente ya lo estaba en 1093 y todavía en 1098.