Historia

HUMBERTO († 1061)

Humberto era de linaje burgundio y murió el 5 de mayo de 1061. Era un monje del monasterio de Moyen-moutier en Lorena cuando el papa León IX lo llamó a Roma en 1049. Al año siguiente fue nombrado arzobispo de Sicilia; en 1051 obtuvo el obispado de Silva Candida, combinado con la dignidad de cardenal-obispo. Cuando el arzobispo León de Achrida, en una circular dirigida a los obispos Juan de Trani en Apulia, en 1053, atacó denodadamente una serie de peculiaridades litúrgicas y rituales de la Iglesia occidental, renovándose como consecuencia la contienda entre Roma y Bizancio, el emperador Constantino IX Monomaco, que necesitaba la ayuda del papa contra los normandos, se propuso restaurar la paz. En enero de 1054 León IX envió una embajada a la corte imperial, consistente del arzobispo Pedro de Amalfi, el cardenal Federico de Lorena y Humberto. El patriarca Miguel Cerulario no estaba dispuesto a hacer concesiones y trató a los mensajeros de su rival con arrogancia, mientras que ellos lo abordaron con desdén. Tras la terminación de unas poco prometedoras negociaciones el 16 de julio de 1054, los enviados romanos depositaron en el altar mayor de Santa Sofía un documento de excomunión contra el patriarca y sus adherentes. Dos días más tarde dejaron Constantinopla (comp. Mirbt, Quellen, página 95 y sig.).

Durante este viaje a Bizancio, León IX había muerto el 19 de abril. Humberto tuvo la confianza de Víctor II (1055-57), quien sucedió a León IX y de Esteban IX, quien tras la muerte de Víctor había propuesto a Humberto para que le sucediera. La enérgica política agresiva emprendida por el papado reformista bajo la guía de Esteban se aprecia en la pluma de Humberto en el importante tratado Libri tres adversus simoniacos (edición de F. Thaner, MGH, Lib. de lite, i, 1890, páginas 95-253). Predica el antagonismo sin concesiones contra la simonía y defiende una política respecto a las investiduras que fue fundamental en el tratamiento de este problema por la posterior facción gregoriana. Tras la súbita muerte de Esteban IX (1058), Humberto tomó parte en la elección del obispo Gerhard de Florencia. Bajo este papa, Nicolás II, la influencia de Humberto continuó. Cuando la doctrina defendida por Berengario de Tours en relación a la eucaristía, tras haber sido ya condenada en dos sínodos en Roma y Vercelli bajo León IX en 1050, renovó la discusión, el acusado fue obligado a suscribir una confesión de fe elaborada por Humberto, quien había asistido a los sínodos y trabajado contra Berengario. Humberto fue una personalidad enérgica y recta de gran poder, que no titubeó ante medidas cortantes. Los paralelos entre él y Hildebrando no son conspicuos. Con Pedro Damián prestó valiosos servicios a la causa de la "reforma" en la Iglesia durante la mitad del siglo XI.