Historia

HUMBERTO DE ROMANS (1194-1274)

Humberto de Romans (de Romanis), quinto general de la orden dominica, nació en Romans en la diócesis de Vienne hacia 1194 y murió el 14 de julio de 1277 o el 15 de enero de 1274 en Valence. Se le menciona como estudiante en París en 1215. En 1224 entró en la Orden de Santo Domingo, fue profesor de teología en la escuela de su orden en Lyón en 1226 y en el mismo lugar de 1236 a 1239. En 1240 fue nombrado provincial de Roma y en 1244 de Francia de los dominicos. Después de ocupar este último cargo diez años, fue elegido general de su orden en el capítulo celebrado en Budapest en 1254. En 1263 renunció voluntariamente a este cargo en el capítulo general celebrado en Londres, retirándose al monasterio de Valence, donde pasó el resto de su vida. Durante su generalato, la liturgia de la orden dominica recibió su forma permanente. La humildad de Humberto no le permitió aceptar el patriarcado de Jerusalén, que le fue ofrecido después de haber renunciado como general. Es autor de varios tratados ascéticos, algunos de los cuales fueron recopilados y editados por Berthier: Opera B. Humberti (2 volúmenes, París, 1889). En un tratado titulado Liber de tractandis in concilio Lugdunensi 1274 critica severamente las faltas del clero. Parte fue editado por Martèns en Veterum Script. et monument. ecclesiaticorum et dogmaticorum ampl. collectio (París, 1724-33), VII, 174-98.

Suyo es el famoso párrafo sobre la enorme influencia de los dominicos en su tiempo:

'Nosotros enseñamos a los pueblos, enseñamos a los prelados, enseñamos a los sabios y a los ignorantes, a los religiosos y a los legos, a los clérigos y a los seglares, a los nobles y a las gentes del pueblo, a los grandes y a los chicos; enseñamos los mandamientos, los consejos, las cosas difíciles, las verdades ciertas, los caminos de la perfección, enseñamos todas las clases de virtud [...] Los grandes nos llaman como consejeros y nos dan un asiento junto a ellos, los prelados nos invitan a hacer sus preces, nos favorece y nos defiende la santa Madre Iglesia, por doquier el pueblo manifiesta hacia nosotros una extraordinaria devoción.'