Historia

INOCENCIO VIII (1432-1492)

Inocencio VIII (Giovanni Battista Cibo) nació en Génova en 1432 y murió el 25/26 de julio de 1492 en Roma.

Inocencio VIII
Inocencio VIII
Estudió en Padua y Roma, donde encontró el favor del cardenal Calandrini, quien le promocionó para que fuera nombrado obispo de Savona por Pablo II. Sixto IV le trasladó a Molffeta y le hizo cardenal en 1473. Su elevación al papado el 24 de agosto de 1484, como sucesor de Sixto, se debió al cardenal Giuliano della Rovere, que más tarde sería Julio II, y quien dominó los primeros años de su papado, dado el débil carácter de Inocencio y su vida inmoral. Las guerras con Nápoles indujeron al papa a buscar la ayuda de los Médicis de Florencia, encumbrados ya en el poder. Para ello casó a su hijo Franceschetto con la hija de Lorenzo el Magnífico, sellando la unión de las dos casas con el nombramiento del segundo hijo de Lorenzo como cardenal. Exhortó a la cristiandad a una cruzada contra los infieles, pero al mismo tiempo llegó a un acuerdo con el sultán Bajaset II de cuidar de su hermano Jem en Roma, a cambio de la suma de cuarenta mil ducados anuales, recibiendo en 1490 el pago de tres años.

En tres bulas de 1486 declaró a Enrique VII de Inglaterra monarca legítimo, amenazando con los castigos más severos a los que no lo reconocieran. También confirmó la elección de Maximiliano de Austria como rey de los romanos, despreciando las protestas de Carlos VIII de Francia. Mediante la bula Summis desiderantes del 5 de diciembre de 1484 dio sanción oficial a los juicios de la Iglesia contra la brujería. Fortaleció la Inquisición en España, nombrando a Tomás de Torquemada inquisidor general y emitió una bula a todos los gobernantes fuera de España para que entregaran a todos los herejes a este celoso inquisidor. Predicó una cruzada contra los valdenses en el Piamonte, alimentando la superstición en Roma y por doquier por la recuperación de la lanza que traspasó el costado de Cristo y que estaba en poder del sultán Bajaset. Murió el 25 de julio de 1492. Se desocupó del gobierno de los Estados papales y solo castigó a los rebeldes y ladrones cuando no podían pagar. En la curia todo se vendía, creándose infinidad de nuevos puestos a fin de aumentar los ingresos económicos. Bajo su papado vivió Savonarola.