Historia

ISABEL DE TURINGIA (1207-1231)

Isabel de Turingia nació en Pressburg, Hungría, en 1207 y murió en Marburgo el 19 de noviembre de 1231.

La renuncia de la reina Isabel de Hungría, de James Collinson.Joannesburg Art Gallery, Joannesburg
La renuncia de la reina Isabel de Hungría, de James Collinson.
Joannesburg Art Gallery, Joannesburg
Primeros años y matrimonio.
Los hechos principales de su breve vida están históricamente establecidos, aunque un halo de leyenda la rodea. Era hija del rey Andrés II de Hungría (1205-35) y de la reina, Gertrudis, de la casa de Meran-Andechs. Cuando todavía no tenía cuatro años de edad fue desposada con Luis, hijo de Hermann, landgrave de Turingia, con quien se casó en 1221, ciertamente no "contra el deseo de su corazón", pues se entregó a su marido con todo el amor del que una joven es capaz y Luis fue un amante esposo. Él no se opuso a sus ejercicios devocionales e incluso fue espléndidamente generoso con ella. Tuvo cuatro hijos, naciendo la hija menor tras la muerte de su padre.

Sujeción a la influencia franciscana.
Hacia ese tiempo los franciscanos llegaron a Alemania y Jordan de Giano afirma que Rodeger, durante largo tiempo confesor de Isabel, era franciscano; la influencia de los franciscanos sobre Isabel se puede percibir claramente. Su vida posterior estuvo dominada por Conrado de Marburgo, quien fue admitido a Wartburg dos años antes de la muerte del landgrave, hacia 1225. Obtuvo la confianza del landgrave en alto grado e Isabel quedó en total dependencia espiritual de él. En 1227, siguiendo sus sentimientos religiosos así como las exhortaciones del emperador, el landgrave se alistó en la cruzada. Ella le acompañó en el camino dos días más allá de la frontera de su territorio, aunque su madre regresó desde allí y apenas pudo persuadirla para que regresara cuando ella se enteró de la muerte de su marido (de fiebre en Otranto el 11 de septiembre de 1227), siendo su primera exclamación: "Ahora el mundo está muerto para mí con toda su alegría." Su vida en este punto es oscura. Algunos afirman, siguiendo las noticias más antiguas, que su cuñado, Enrique Raspe, la sacó de Wartburg; otras que voluntariamente dejó el castillo. En cualquier caso pasó algún tiempo en el castillo Pottenstein en Franconia, que pertenecía a su tío, el obispo de Bamberg. Poco después ella regresó a Turingia con los restos de su marido y estuvo presente en su solemne funeral en el monasterio de Reinhartsbrunn. Quiso entrar en un monasterio o mendigar el pan de puerta en puerta. Pero al rechazar Conrado rudamente aprobar eso, ella prometió renunciar a toda la gloria este mundo, padres e hijos, de su propia voluntad.

Isabel de Hungría curando a los tiñosos, por Murillo. 1673. Hospital de la Caridad. Sevilla
Isabel de Hungría curando a los tiñosos, por Murillo. 1673.
Hospital de la Caridad. Sevilla
Vida de caridad en Marburgo.
Poco tiempo después fue a Marburgo, que le había sido concedido de por vida con todos sus privilegios e ingresos, para vivir allí bajo la guía directa de Conrado. Se unió a las terciarias franciscanas, vistió la indumentaria más pobre y vivió con escaso alimento, gastando todos sus ingresos en obras de caridad; con gran deleite cuidó de los enfermos, especialmente de los afligidos con las peores enfermedades. A instancias de Conrado dejó a sus hijos, uno tras otro, despidió a dos de sus amigos más queridos desde su infancia y tomó en su lugar dos siervos antipáticos seleccionados por Conrado, mientras que ella misma se sometía a él para recibir castigo físico de sus manos. Mientras estaba de cuerpo presente tras su muerte, la gente se arremolinó en gran número alrededor de su féretro y en la manía por conseguir reliquias, mutilaron su cadáver. Pronto se difundieron las nuevas de milagros que habían tenido lugar en su tumba, examinándose testigos con el propósito de canonizarla, lo que fue realizado en Perugia el 27 de mayo de 1235 por Gregorio IX. Los caballeros teutones, a quien su cuñado Conrado había pertenecido desde 1234, promovieron su veneración. En 1235 pusieron el fundamento de la hermosa iglesia de Isabel en Marburgo, que fue acabada en 1284, con un suntuoso monumento como receptáculo de sus huesos.

Estimación de su carácter.
Isabel pertenece a las personalidades femeninas más dulces de la Edad Media. Con un corazón amante, capaz y deseosa de absoluta devoción, desde temprano sintió la atracción de lo alto y lo siguió. Su vida estuvo impregnada de profunda y sincera piedad, no siendo culpable de que su manifestación estuviera determinada por la tendencia de su tiempo. No se puede negar alguna extravagancia y falta de verdadero entendimiento en el ejercicio de su benevolencia, pero esos defectos están íntimamente relacionados con sus excelencias. Que en años posteriores olvidara su deber de ser madre para con sus hijos fue de hecho una aberración, pero actuó en obediencia a su consejero espiritual, creyendo que estaba cumpliendo su más alto deber hacia Dios.