Historia

ISABEL LA CATÓLICA (1451-1504)

Isabel la Católica nació en Madrigal de las Altas Torres el 22 de abril de 1451 y murió en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504. Fue reina de Castilla (1474-1504) y de Aragón (1479-1504), gobernando los dos reinos juntamente desde 1479 con su marido, Fernando II de Aragón (Fernando V de Castilla). Durante su mandato se efectuó la unión permanente de España, comenzándose una empresa imperial en el Nuevo Mundo, descubierto por Cristóbal Colón bajo el patrocinio de la reina.

Estatua de Isabel la Católica en Madrid
Monumento a Isabel la Católica en Madrid
Fotografía de Wenceslao Calvo
Primeros años.
Isabel era hija de Juan II de Castilla y de su segunda esposa, Isabel de Portugal. A los tres años de su nacimiento, ascendió al trono su hermanastro Enrique IV el Impotente. A pesar de que ella tenía un hermano menor, Alfonso, y que sus primeros años los pasó en quietud con su madre en Arévalo, Isabel participó pronto en la política castellana. Cuando tenía trece años fue llevada a la corte para estar bajo supervisión del monarca. Al principio la oposición a Enrique IV se congregó alrededor de Alfonso, pero cuando éste murió en julio de 1468 los nobles rebeldes se volvieron a Isabel. Sin embargo, ella no jugó el papel designado, cosechando la sabiduría de su decisión al ser declarada heredera por Enrique IV en el Acuerdo de los Toros de Guisando el 19 de septiembre de 1468. Como heredera de Castilla la cuestión del matrimonio de Isabel era un asunto primordial de incesante actividad diplomática, dentro y fuera del reino. Portugal, Aragón y Francia presentaron sus respectivos candidatos, siendo para su hermanastro Enrique el favorito de ellos Alfonso V, rey de Portugal. Entre los candidatos portugués y aragonés, ella se decidió, sin duda aconsejada por un pequeño número de consejeros, en favor de Fernando de Aragón. Un tercer candidato, el duque francés de Guiènne, fue pasado por alto, casándose con Fernando, sin la aprobación de Enrique, en octubre de 1469 en el palacio de Juan de Vivero, en Valladolid. La perspectiva de un consorte aragonés originó el surgimiento de una facción anti-aragonesa que presentó las demandas de una heredera rival, la hermana de Enrique, Juana, conocida como la Beltraneja, así denominada por los que creían que su verdadero padre era Beltrán de la Cueva, duque de Albuquerque. El rey animó a este grupo a ignorar los acuerdos de 1468 sobre la base de que Isabel había desobedecido, al casarse con Fernando sin el consentimiento real. Enrique ahora rechazó las pretensiones de Isabel al trono, prefiriendo a Juana, a la que tenía previsto casar con el duque de Guiènne. Aunque Isabel y Enrique se reconciliaron en alguna medida, la larga amenaza de guerra por la sucesión al trono estalló cuando el rey murió en 1474.

Reinado.
Isabel estaba en Segovia en aquel momento, siendo apoyada por un importante grupo de nobles castellanos entre los que se encontraban el cardenal Mendoza, el condestable de Castilla y el almirante, que estaba relacionado con la madre de Fernando. La facción opuesta, que defendía las pretensiones de Juana, incluía al arzobispo de Toledo, el maestre de Calatrava y el marqués de Villena. Estos estaban apoyados por Alfonso V de Portugal, quien rápidamente invadió Castilla y se casó con Juana. Los primeros cuatro años del reinado de Isabel estuvieron marcados por la guerra civil, que terminó con la derrota de sus enemigos castellanos y del rey de Portugal el 24 de febrero de 1479. A la muerte de Juan II de Aragón ese mismo año, los reinos de Castilla y Aragón se unieron en las personas de sus gobernantes. España había emergido como nación, aunque llevaría tiempo antes de que esta unión personal se hiciera efectiva en unificación política. Fernando, de hecho, en su primer testamento (1475) nombró a Isabel su heredera en Aragón, declarando abiertamente las ventajas que a sus súbditos les reportaría la unión con Castilla. Pero cada reino continuó gobernado por sus propias instituciones. Los dos soberanos estuvieron unidos en acabar el proceso de la Reconquista, al arrebatar a los musulmanes la última fortaleza que les quedaba en el reino de Granada. Sin embargo, la conquista (que comenzó en 1482) demostró ser difícil y larga, agotando las finanzas de Castilla. Aunque algunas de las características de la campaña fueron medievales (como el orden de batalla), otras fueron novedosas. Isabel puso mucho cuidado en conocer el curso de la guerra y parece ser responsable de las mejoras en los pertrechos y en el establecimiento de un hospital militar.

Rendición de Granada a los Reyes Católicos, por Francisco Pradilla. Palacio del Senado. Madrid
Rendición de Granada a los Reyes Católicos, por Francisco Pradilla
Palacio del Senado. Madrid
En 1491 ella y Fernando establecieron su cuartel general en Santa Fe, cerca de su último objetivo, entrando en Granada el 2 de enero de 1492. Mientras estaba en Santa Fe, Colón la visitó a fin de conseguir apoyo para el viaje que resultaría en el asentamiento español en América. Aunque la historia de su donación de sus joyas personales para financiar la travesía no puede darse por cierta, sí es verdad que Colón encontró en Isabel y sus consejeros la aprobación para el viaje y un apoyo financiero limitado. Los términos de la expedición para descubrir una nueva ruta hacia las Indias fueron delineados el 17 de abril de 1492. El Nuevo Mundo que iba a ser descubierto como resultado de esa decisión, con confirmación papal, sería anexionado a la corona de Castilla, según la práctica ya existente de descubrimientos atlánticos previos, como el de las Islas Canarias. La reina y sus consejeros no necesitaban que Colón les recordase la oportunidad que se ofrecía para extender el cristianismo. Sin embargo, los descubrimientos rápidamente crearon nuevos problemas a Isabel, no siendo el menor el de las relaciones entre los pueblos recién descubiertos y la corona de Castilla. La reina y sus consejeros estuvieron más dispuestos a reconocer los derechos de los indios que Colón, ordenando que los que habían sido hechos esclavos fueran liberados. Cuando murió en 1504 todavía estaba envuelta en esos problemas.

La expulsión de los judíos, de Emilio Sala y Francés (Museo de Bellas Artes de Granada)
La expulsión de los judíos, de Emilio Sala y Francés
(Museo de Bellas Artes de Granada)
Mientras tanto en 1480 la Inquisición había sido establecida en Andalucía. Hay poca duda de que esta instauración representa la culminación de un prolongado y popular movimiento contra los no cristianos y convertidos dudosos, que se manifestó en diversas ocasiones en Castilla durante la Edad Media. La expulsión de los judíos que rechazaron convertirse fue el resultado lógico del establecimiento de la Inquisición. Pero aunque la expulsión ayudó a lograr la unidad política y religiosa, la pérdida de un valioso elemento de la sociedad española, como era la población judía, fue un serio error. Es difícil separar su responsabilidad personal en los logros alcanzados en su reino de la de su marido Fernando, pero indudablemente ella jugó un papel decisivo al hacer de la corte el centro de gravedad del reino. A la par que tenía un porte distinguido y elegante, la reina era portadora de un profundo sentimiento religioso, escogiendo como consejeros a hombres como Hernando de Talavera y el cardenal Cisneros. A comienzos del siglo XV había comenzado una reforma moral del clero español, pero el movimiento experimentó un poderoso impulso bajo la dirección de Isabel y Hernando de Talavera. Cuando en 1492 este último fue nombrado arzobispo de Granada, su lugar al lado de la reina fue ocupado por Cisneros, a quien los monarcas encumbraron en 1495 a la más alta dignidad eclesiástica de España: el arzobispado de Toledo. Los monarcas estaban interesados en la reforma del clero secular y aún más en la del regular, esto es, monjes, frailes y monjas. Isabel tomó con vivo interés la reforma de las clarisas, de forma que cuando murió, aunque quedaba mucho por hacer, muchos de los objetivos en este aspecto habían sido conseguidos.

Aunque era intensamente piadosa y recta en sus creencias y aunque le fue otorgado, junto a su marido, el título de 'Reyes Católicos' por el papa Alejandro VI, Isabel fue enérgica y pertinaz en su trato con el papado. Especialmente se aprecia esto cuando juzgó que el papa estaba haciendo malos nombramientos para el beneficio de España o estaba entorpeciendo los derechos consuetudinarios de la corona sobre las iglesias en España. Para la vacante de Cuenca en 1478 rechazó al cardenal italiano nombrado por el papa, quien cuatro años más tarde aceptó al candidato español propuesto por la reina. Posteriormente rechazaría al sobrino del papa para ser arzobispo de Sevilla. Pero al procurar el control sobre las sedes castellanas, la reina no solo tenía en cuenta los sentimientos nacionales sino que también buscaba candidatos de alto nivel, tal como se aprecia en la elección de hombres como Hernando de Talavera y Cisneros.

Isabel no solo estuvo interesada en la religión sino también en la educación. Tras alcanzar la edad de treinta años aprendió latín, logrando su objetivo y alentando en la corte la tarea de notables eruditos como Pietro Martire d'Anghiera, a quien ella nombró director de una nueva escuela de palacio para los hijos de la nobleza. Naturalmente muchas de las destacadas obras literarias de su reinado, como la de Antonio de Nebrija Gramática Castellana (1492), fueron dedicadas a ella. También fue la patrocinadora de artistas españoles y flamencos, habiendo sobrevivido parte de su extensa colección de pinturas.

El testamento de Isabel la Católica, por Eduardo Rosales, Museo del Prado, Madrid
El testamento de Isabel la Católica, por Eduardo Rosales, Museo del Prado, Madrid
La última década de su reinado estuvo marcada por la tragedia, al morir su único hijo y heredero, Juan, en 1497, su hija Isabel, reina de Portugal, al dar a luz en 1498, y su nieto Miguel en 1500, quien podría haber sido un lazo de unión entre España y Portugal. En lugar de su hijo Juan, fue su hija Juana, esposa de Felipe I y madre del emperador Carlos V, quien sería heredera de Castilla, pero Juana comenzó a dar signos en 1501 de instabilidad mental, por lo que posteriormente sería conocida bajo el título de 'la Loca'.

Uno de los logros de la última década de Isabel fue conseguir extender la autoridad de la corona sobre las órdenes militares de Alcántara, Calatrava y Santiago, consiguiendo los reyes el control sobre sus inmensas propiedades. Estas órdenes militares habían sido explotadas largamente por la nobleza y eran el objeto de enconadas rivalidades entre los que aspiraban a ser maestres de una u otra. En 1498 Fernando llegó a ser maestre de Calatrava y en 1499 lo era de las de Alcántara y Santiago. Con la captura de Granada el propósito de las órdenes había concluido, por lo que el proceso de absorción en la corona era lógico y sensato.

Valoración.
Sentido común y sentido de Estado se reflejan a la par en el testamento de Isabel. Al no dejar memorias su testamento es, en muchas maneras, su retrato más fiel. En ese documento se resumen sus aspiraciones y la conciencia de cuánto ella y Fernando no habían podido realizar. Con prudencia delinea como bases de su programa político la unidad de los estados en la Península Ibérica, el mantenimiento del control sobre el Estrecho de Gibraltar, una política de expansión en el norte de África, un gobierno justo de los indios en el Nuevo Mundo y una reforma eclesiástica en España. Si la impresión general es inevitablemente poco sistemática, también está claro que dejó a sus sucesores un excepcional documento. Según los estudiosos, la posición prominente que los españoles han otorgado a Isabel entre sus gobernantes está bien justificada.