Historia

ISAMBART DE LA PIERRE, PIERRE

Pierre Isambart de la Pierre, dominico francés del siglo XV, de noble familia, fue uno de los jueces de Juana de Arco.

Fotograma de La pasión de Juana de Arco, de Carl T. Dreyer
Fotograma de La pasión de Juana de Arco, de Carl T. Dreyer
Como súbdito del duque de Borgoña tomó partido en la Guerra de los Cien Años por los ingleses, desconociéndose por qué causa, a pesar de ser muy joven, pues se calcula que nació hacia 1406, se le encuentra en el tribunal que juzgó a Juana de Arco, cuando su edad de 25 años hace muy improbable que hubiese alcanzado los grados tan apreciados entonces y tan tenidos en cuenta en parecidas circunstancias. En un principio, y según se deduce de la lectura de las sesiones del proceso de la doncella celebradas el 12 y 19 de mayo de 1431, opinaba hallarse en presencia de un caso de posesión diabólica, adhiriéndose, al parecer, de la universidad de París, pero advierte que se la visite y se trate de conducirla a buen camino, desengañándola por la dulzura salvando su vida. En la sesión del 29 del mismo mes, cuando se produce la acusación de relapsa y Juana de Arco no puede ser salvada, Isambart la visitó con el viceinquisidor de Francia, Jean Lemaître, y convencido de su inocencia se erigió en su defensor. Enviado por el tribunal para informar de la causa al obispo de Avranches y atraer a este prelado, le expuso la doctrina de Tomás de Aquino sobre la materia, aconsejándole apelase al papa o al concilio de Basilea, medio que le pareció el único seguro para salvar a Juana. Desde entonces en todas las ocasiones, como de las mismas actas del proceso y de las declaraciones de los contemporáneos se deduce, se constituyó en consejero de la perseguida, lo que le valió la amenaza de ser arrojado al Sena, proferida por Cauchon y el brutal conde de Warwick, que no se llevó a cabo por la amenaza del viceinquisidor de retirarse para siempre si se causaba el menor daño a los dominicos que habían persuadido a Juana que apelase al papa y al concilio. Tuvo la triste honra de anunciarle su condena, asistiéndola cariñosa y valerosamente en sus últimos momentos, juntamente con el dominico Martin L'Advenu, aunque los soldados ingleses no le permitieron acompañarla al suplicio, si bien a última hora ambos se acercaron a la hoguera para confortarla hasta el último momento, teniendo la cruz levantada a la altura de sus ojos. En el proceso de rehabilitación de Juana, obra particularmente de Jean Bréhal, inquisidor general de Francia, la figura de Isambart aparece en toda su grandeza como teólogo docto, alma noble y sacerdote intrépido en el cumplimiento de su deber. Sus deposiciones en el expediente abierto con tal motivo de 1450 a 1452, fueron gran parte para el resultado final del proceso y por dicha causa, en la glorificación de la heroína en la basílica Vaticana con motivo de su beatificación, figura Isambart como su más generoso amigo y sostén.