Historia
ISIDORO DE ALEJANDRÍA (c. 318-404)
Isidoro de Alejandría nació en Egipto hacia el año 318 y murió el 15 de enero de 404 en Constantinopla. Desde sus primeros años vivió entre los ermitaños de Tebaida, manteniéndose como ellos del trabajo de sus manos y compartiendo el tiempo que le quedaba en la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras. Atanasio, patriarca de Alejandría, le ordenó presbítero y luego le confió la dirección de un hospital fundado para pobres extranjeros, de donde se deriva el nombre de Hospitalario por el que es conocido generalmente. Acompañó a Atanasio a Roma, defendiéndole de los ultrajes con que los arrianos pretendían mancharle, haciéndolo con tan ardiente celo que provocó la cólera de Lucio, su indigno sucesor. Isidoro no sintiéndose seguro, se retiró al desierto de Nitria y así escapó del resentimiento de su enemigo. Pero Teófilo, sucesor de Lucio, le sacó de aquella soledad para mostrarle el aprecio que hacía de sus virtudes, pues quiso a toda costa elevarle a la silla de Constantinopla. Habiendo recibido Isidoro secretamente de una viuda mil monedas de oro para cubrir la desnudez de mujeres miserables, cayó en desgracia del patriarca Teófilo, porque dispuso de aquella cantidad sin su consentimiento. El afecto se trocó en odio y resolvió hacerle perder el aprecio público. Presentó contra él una memoria, en la que se le acusaba de un crimen horrible y si bien fue fácil a Isidoro vindicarse cumplidamente, sin embargo debió salir de Alejandría, que era el fin de la venganza del patriarca, retirándose otra vez al desierto de Nitria. El implacable Teófilo le persiguió allí todavía, pues obtuvo una orden que obligaba a Isidoro a salir de Egipto, con todos los monjes que le habían dado acogida. Isidoro buscó asilo en Tierra Santa, pero allí también le alcanzó la venganza de Teófilo. Huyendo de lugar en lugar, halló asilo en Constantinopla. Juan Crisóstomo quiso unirlos, pero al principio sólo logró atraerse el odio del patriarca, aunque después se reconcilió en Calcedonia, con motivo del sínodo de la Encina, sin que exigiese de Isidoro confesión alguna de fe, ni hiciera mención de Orígenes, puesto que Isidoro había renegado de su doctrina desde que entró en Constantinopla. Paladio inicia su Historia Lausiaca con la Vida de Isidoro.