Historia

ISIDORO DE PELUSIO (c. 370-c. 440)

Isidoro de Pelusio nació en Alejandría, probablemente antes del año 370 y murió cerca de Pelusio hacia el 440. Fue presbítero y abad en el monasterio en la desembocadura oriental del Nilo, no lejos de Pelusio. No se puede demostrar que fuera alumno de Juan Crisóstomo, pero espiritualmente estaba muy próximo a él y valoraba grandemente sus escritos. Se han preservado más de dos mil cartas suyas, muchas breves notas, pero otras de considerable extensión que muestran cuán estimado fue como consejero, como pastor de almas y como expositor de la Sagrada Escritura. Isidoro fue un ejemplo de monasticismo griego en su forma más noble. Para él la filosofía práctica de los discípulos de Cristo debía consistir en retirarse del mundo y vivir en pobreza y abstinencia. El alma no puede discernir a Dios en medio de la agitación de la vida diaria, sino solo en la total emancipación de los deseos mundanos para aproximarse a la libertad divina. Sin embargo, el ascetismo y la huida del mundo no son suficientes, pues el adorno de la virtud debe ser obtenido en el monasticismo, de cuyos peligros no escapó Isidoro. Aunque retirado del mundo, tomó parte en las luchas de la cristiandad, apoyando y exhortando, en la medida que alcanzaban sus escritos.

Una demostración de su perspicacia espiritual está en su actitud hacia Cirilo de Alejandría, con quien compartía posición doctrinal en el enfrentamiento con Nestorio, pero a quien avisa de no actuar bajo la pasión ciega, lo que indica que Isidoro se había dado cuenta del espíritu intrigante de Cirilo. También avisó al emperador contra el desorden provocado por la injerencia de cortesanos en cuestiones dogmáticas. Cuando Cirilo, contento porque Nestorio había perdido el apoyo de los antioquenos, cedió en algunas cuestiones dogmáticas ante sus oponentes, tuvo que escuchar la amonestación de Isidoro de permanecer firme y no caer en la herejía él mismo. También exhortó a los que habían tomado la dignidad del sacerdocio a que no fueran inconsistentes con sus deberes eclesiásticos. Por eso se enfrentó con Eusebio, obispo de Pelusio y sus clérigos, porque traficaban con los cargos eclesiásticos y permitían que sus congregaciones decayeran, prefiriendo construir suntuosas iglesias en vez de cuidar a los pobres, causando escándalo por su conducta. Fervientemente exhortó al emperador a que se portara con mansedumbre y liberalidad. Por el bien de la comunidad intercedió ante las autoridades civiles y ante los amos a favor de los esclavos, que huían a él buscando protección. Entrenado en la literatura admitió que el cristiano, como la abeja, puede extraer miel de las enseñanzas de los filósofos. De ortodoxia impecable y enemigo de todas las herejías, dirigió su atención especialmente hacia las cuestiones de peso para el cristianismo práctico, como el pecado, la gracia o la libertad. De mayor importancia es su tarea como exégeta, considerando la Escritura como un tesoro celestial en vasos terrenales. El expositor debe acercarse a su objetivo con convicción devota, trabajando no en palabras aisladas sino en el conjunto completo. Los pasajes cristológicos del Antiguo Testamento los interpreta alegóricamente, pero al mismo tiempo no olvida el sentido histórico del texto.

Mapa de los Padres de la Iglesia - Isidoro de Pelusio