Historia

ISIDORO DE SEVILLA (c. 560-636)

Isidoro de Sevilla, arzobispo de esa ciudad y enciclopedista, nació hacia el año 560 en lugar desconocido y murió en Sevilla el 4 de abril del año 636.

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Estatua de Isidoro de Sevilla - Biblioteca Nacional, Madrid
fotografía de Wenceslao Calvo
Vida.
Era un vástago de una distinguida familia romana que había huido de Cartagena durante la invasión goda, siendo educado, tras la muerte de sus padres, por su hermano Leandro, a quien sucedió hacia el año 600 como arzobispo de Sevilla. Asistió al concilio convocado por el rey Gundemaro en el año 610, presidió el convocado por Sisebuto en el 619 y el famoso cuarto concilio de Toledo bajo Sisenando en el 633.

Su influencia e importancia.
Pero la importancia de Isidoro radica en que como autor su conocimiento abarcó todo lo que en su época y país podía saberse. Su brillo no es tanto por su originalidad, independencia de investigación, crítica profunda ni elegancia de presentación, sino por su multiforme interés por recopilar todo el conocimiento secular y teológico. Dos obras destacan en su haber: el Libri sententiarum, la primera dogmática de la Iglesia latina y las Etimologías, la fuente del conocimiento lingüístico y práctico durante siglos que hizo de Isidoro el maestro de la Edad Media. Gradualmente se convertiría en el héroe de la Iglesia española y a él se le atribuye el origen de la antigua liturgia española o mozárabe, la colección de cánones españoles sobre los cuales se basó posteriormente el pseudo-Isidoro e incluso la colección de leyes de los reyes godos occidentales. La Iglesia católica, a pesar de los débiles lazos que entonces unían España con Roma, sostuvo que fue discípulo de Gregorio Magno, que fue vicario apostólico en España, que recibió el pallium y que tomó parte en un concilio romano. Sin embargo, es bastante posible que él no reconociera el concilio del año 553 y que tratara a Justiniano como a un hereje que quería derribar el credo calcedoniano, no haciendo mención del papado en su manual eclesiástico y siendo algo heterodoxo en sus conceptos de la gracia y los sacramentos.

Sus escritos.
Sus escritos, enumerados de acuerdo a una lista de Braulio, según orden cronológico, son los siguientes: Proemiorum liber unus, que es una introducción a la Biblia consistiendo de un breve prólogo sobre el canon en general y una corta tabla de los libros que contiene. De ortu et obitu patrum o De vita et morte sanctorum utriusque Testamenti, cortas biografías de ochenta y cinco personajes de la Biblia, sesenta y cuatro del Antiguo Testamento y veintiuno del Nuevo. Aunque la autenticidad de esta obra ha sido puesta en duda no hay suficiente razón para ello. Officiorum libri duo, denominado usualmente De officiis ecclesiaticis, escrito hacia el 610 es una de las más importantes obras de Isidoro para la teología y arqueología eclesiástica. El primer libro, titulado De origine officiorum, discute el origen y los autores de la adoración eclesiástica, mientras que el segundo De origine ministeriorum está dedicado a los deberes de las diferentes órdenes del clero y de los estados de la vida. De nominibus liber et evangeliorum liber contiene una interpretación alegórica de ciento veinte nueve nombres y pasajes del Antiguo Testamento y ciento veintiuno del Nuevo. Es idéntico con Allegoriae quaedam sanctae scripturae. La obra es de gran valor para el arte y la literatura de la Edad Media. De haeresibus liber, que probablemente es idéntico con la lista de herejías cristianas y judías dadas en los capítulos cuarto y quinto del libro octavo de las Etimologías. Sententiarum libri tres, la principal obra teológica de su autor y el primer compendio latino de fe y moral, especialmente con extractos de Agustín y Gregorio Magno. El primer libro es dogmático en contenido y trata de las cualidades de Dios, el origen del mal, el alma y Cristo, las siete reglas de exégesis, la diferencia entre los Testamentos, los credos, el bautismo, el sacramento y la escatología, aunque sin mención al purgatorio. Discute entre otros temas las virtudes cardinales, la gracia, la elección, la conversión, la apostasía, el arrepentimiento, el pacto, la conciencia y la virtud y el vicio. El último libro discute los estados de la vida cristiana, los juicios divinos, la tentación, la oración, el ascetismo, las autoridades temporales, la brevedad de la vida humana y temas similares. Contra judaeos libri duo o De fide catholica contra judaeos, escrito a petición de su hermana Florencia, en el que establece la verdad cristiana a partir de las profecías del Antiguo Testamento con especial atención a la cuestión judía en España. Monasticae regulae liber, un sistema que no difiere esencialmente de la regla benedictina aunque no está relacionado con ella. Quaestionum in Vetus Testamentum libri duo, una interpretación mística y alegórica del Antiguo Testamento, consistiendo de extractos de Orígenes, Victorino, Ambrosio, Jerónimo, Agustín, Fulgencio, Casiano y especialmente Gregorio Magno. De viris illustribus sive de scriptoribus ecclesiaticis, una continuación de las obras de Jerónimo y Genadio. Contiene las biografías de catorce españoles y treinta y dos no españoles, pero está escrita en manera superficial y compuesta de extractos, frecuentemente incorrectos, de Rufino, Casiodoro y Víctor de Tunnena o de obras de autores que Isidoro discute. Chronicorum a principio mundi usque ad tempus suum liber, desde la creación del mundo hasta el emperador Heraclio y el rey Sisebuto (616), basada en Julio Africano, Jerónimo y Eusebio y Víctor de Tunnena, aunque su división de las 'seis edades del mundo' está tomada de La ciudad de Dios de Agustín. Historia Gothorum, Vandalorum et Suevorum, conteniene un breve pero valioso relato de los tres pueblos, especialmente de los godos desde sus orígenes hasta el rey Suintila (626).

Conversión de Recaredo, por Muñoz i Degrain. Palacio del Senado, Madrid
Conversión de Recaredo, por Muñoz i Degrain. Palacio del Senado, Madrid
El siguiente pasaje de esa obra recoge la conversión de Recaredo al catolicismo:
'En efecto, lleno del furor de la perfidia arriana, [Leovigildo] promovió una persecución contra los católicos, relegó al destierro a muchísimos obispos y suprimió las rentas y privilegios de las iglesias. Empujó también a muchos a la pestilencia arriana con amenazas, y a la mayor parte los sedujo sin persecución, atrayéndolos con oro y con riquezas. Entre otros contagios de su herejía, se atrevió también a rebautizar a los católicos, no sólo del pueblo, sino también de la dignidad del orden sacerdotal, como a Vicente de Zaragoza, al que convirtió de obispo en apóstata, y fue como si lo hubiera arrojado del cielo al infierno [...] En la era DCXXIIII en el año tercero de Mauricio, muerto Leovigildo, fue coronado rey su hijo Recaredo. Estaba dotado de un gran respeto a la religión y era muy distinto de su padre en costumbres, pues el padre era irreligioso y muy inclinado a la guerra, él era piadoso por la fe y preclaro por la paz; aquél dilataba el imperio de su nación con el empleo de las armas, éste iba a engrandecerlo más gloriosamente con el trofeo de la fe. Desde el comienzo mismo de su reinado Recaredo se convirtió, en efecto, a la fe católica y llevó el culto de la verdadera fe a toda la nación gótica, borrando así la mancha de un error enraizado.
Seguidamente reunió un sínodo de obispos de las diferentes provincias de Hispania y de la Galia para condenar la herejía arriana. A este concilio asistió el propio religiosísimo príncipe, y con su presencia y su suscripción confirmó sus actas. Con todos los suyos abdicó de la perfidia que, hasta entonces, había aprendido el pueblo de los godos de las enseñanzas de Arrio, profesando que en Dios hay unidad de tres personas, que el Hijo ha sido engendrado consustancialmente por el Padre, que el Espíritu Santo procede conjuntamente del Padre y del Hijo, que ambos no tienen más que un Espíritu y, por consiguiente, no son más que uno.'
(50,52-53)
Libri differentiarum duo, que contiene el primero una lista alfabética de palabras sinónimas u homónimas con sus significados, y el segundo una elucidación de varios conceptos. Synonymorum libri duo, o según Ildefonso, Libri lamentationum, una colección de palabras y frases en forma de diálogo entre el alma pecaminosa y la razón consoladora, que señala a la penitencia y al perdón de los pecados. De natura rerum, escrita a petición del rey Sisebuto y dedicada a él. En sus cuarenta y cinco capítulos contiene los hechos más dignos sobre los elementos, los cuerpos celestes, el clima, la división de la tierra, etc., procediendo mucho del material de Suetonio, Ambrosio, los escritos pseudo-clementinos y Agustín. De numeris liber, una interpretación mística de los números del uno al sesenta y su importancia en la Escritura, la naturaleza y la historia. La obra es importante para la historia del simbolismo de las cifras.

Etymologiarum sive originum libri viginti, culminación de todas las obras de su autor, siendo en realidad las demás preparaciones o extensiones individuales de parte de este libro. Fue la gran enciclopedia del tiempo de Isidoro y derivó su nombre de la etimología prefijada a cada artículo. La obra está dividida en veinte libros que tratan los siguientes temas: I. Gramática. II. Retórica y dialéctica. III. Aritmética, geometría, música y astronomía. IV. Medicina. V. Jurisprudencia y cronología con una breve historia universal. VI. Biblia, inspiración, canon, liturgia, sacramentos, Pascua, fiestas, bibliotecas, manuscritos, libros, material de escritura y similares. VII. Compendio de teología, Dios, la Trinidad, ángeles y el hombre, patriarcas, profetas, apóstoles, mártires, clérigos y monjes. VIII. Iglesia y sinagoga, religión y fe, herejía y cisma, herejías judías y cristianas, filósofos, poetas, sibilas, magos y dioses. IX. Diversos pueblos y lenguas, oficios y formas de gobierno, matrimonios y relaciones. X. Léxico latino con una explicación de 500 palabras en orden alfabético. XI. Humanidad. XII. Animales. XIII. Composición y movimiento del mundo. XIV. Divisiones de la tierra, llanuras y montañas. XV. Ciudades. XVI. Tierra y piedra, gemas y metales, pesos y medidas. XVII. Agricultura, plantas y grano. XVIII. Guerra, armas, juegos. XIX. Barcos, edificios, ropas y adornos. XX. Comida, bebida, muebles y utensilios agrícolas. Las principales fuentes de Isidoro fueron Boecio, Casiodoro, Plinio, Higinio, Servio, Lactancio, Tertuliano y especialmente el Prata de Suetonio, si bien citando mucho de memoria lo que produce erratas en la obra. Durante cientos de años las Etimologías fueron la obra de referencia, prácticamente copiada por Rabán Mauro en su enciclopédica obra De universo (844), siendo profundamente admirada por Juan de Salisbury en el siglo XII. Aunque haya sido una compilación y un plagio, se puede decir que varios siglos habrían permanecido en tinieblas de no ser por Isidoro y sus Etimologías. De esta obra es el siguiente fragmento:

'El primer nombre que Dios recibe entre los hebreos es 'El. Según unos significa "Dios"; según otros que tratan de desentrañar su etimología quiere decir ischyrós, esto es, "fuerte", porque no está sujeto a ninguna debilidad, sino que es poderoso y se basta para realizarlo todo.
El segundo nombre es 'Elohim.
El tercero, 'Eloah. Este y el anterior se traducen en latín por "Dios". Se trata, por lo tanto de un nombre pasado del griego al latín. En efecto, "Dios", en griego, se dice Theós, o también Phóbos, es decir "temor", de donde deriva "Dios", porque causa temor a quienes lo adoran. En su sentido estricto, el nombre de Dios es propio de la Trinidad, y pertenece tanto al Padre, como al Hijo, como al Espíritu Santo. Del mismo modo van referidos a la Trinidad todos los otros nombres que a continuación vamos a exponer.
El cuarto nombre de Dios es Sebaot, que se traduce en latín por "de los ejércitos" o "de las jerarquías". De él dicen los ángeles en un Salmo (24:10) "Quién es este Rey de la gloria? El Señor de las jerarquías". En el orden de su universo son muchas las jerarquías que existen: los ángeles, arcángeles, principados y potestades, y todos los diferentes rangos de la milicia celestial, de los cuales él es el Señor, pues todos ellos están bajo él y sometidos a su dominio.
El quinto nombres es 'Elyon, que se traduce en latín por "excelso", porque está por encima de los cielos, como se ha escrito de él: "Excelso es el Señor; por encima de los cielos se encuentra su gloria" (Excelso sobre todas las naciones es el SEÑOR; su gloria está sobre los cielos.[…]Salmos 113:4). Se dice "excelso" porque está "muy elevado" (valde celsum), utilizándose ex en lugar de valde, igual que ocurre en "eximo", que significa "muy eminente".
El sexto nombres es 'hyeh, es decir "el que es". Únicamente Dios detenta con toda verdad un nombre que corresponde a su auténtica esencia, porque es eterno, es decir, no tiene principio. Este nombre le fue comunicado al santo Moisés por el ángel. Al preguntar cuál era el nombre de quien lo enviaba a liberar al pueblo sacándolo de Egipto, se le respondió: "Yo soy el que soy. Y le dirá a los hijos de Israel: El que es me envía a vosotros" (Y dijo Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: "YO SOY me ha enviado a vosotros."[…]Éxodo 3:14). Porque en comparación con aquel que "es" verdaderamente por ser inmutable, todo lo mudable viene a resultar como si no existiera. Cuando de una cosa se dice que "fue", es que "ya no es"; y lo que "será" es que "aún no es". Solamente Dios conoce el "ser", lo mismo que desconoce el "fue" y el "seré". Tan sólo el Padre con el Hijo y el Espíritu Santo verdaderamente "es". Comparado con su esencia, nuestro "ser" no es "ser". De ahí la expresión coloquial: "¡Vive Dios!"; porque vive por su propia esencia vital, quien no conoce la muerte.
El séptimo nombre es 'Adonay, que suele generalmente traducirse por Dominus (Señor), porque "domina" sobre todo lo creado, o porque toda creatura está sometida a su "dominio". Es, pues, Señor y Dios porque gobierna sobre todo, y porque todos lo temen.
Su octavo nombre es Ia, que se emplea solo aplicado a Dios y que aparece en la última sílaba de "aleluia".
El noveno es Tetragrámmaton, es decir, "el de las cuatro letras", porque precisamente entre los hebreos se designa así a Dios: yod, he, yod, he, es decir, dos veces ia, que, duplicada, representa al inefable y glorioso nombre de Dios. Decimos "inefable", no porque no pueda pronunciarse, sino porque en modo alguno puede ser definido por la inteligencia y la razón humanas. Y precisamente porque no puede decirse nada que exprese todo lo que es, Dios resulta inefable.
Su décimo nombre es Sadday, esto es, "omnipotente". Se denomina "omnipotente" porque todo lo puede, en el sentido de que hace lo que quiere, pero no padece lo que no quiere. Porque, si tal sucediera, en modo alguno sería omnipotente. Es decir, hace lo que quiere y, por lo tanto, es omnipotente.'
Se le han atribuido también poemas, pero con poca certidumbre, existiendo varias cartas suyas que proveen de material valioso para el conocimiento de su época. Se le atribuyen también obras como Quaestiones de Veri et Novo Testamento y De ordine creaturarum, De contemptu mundi y una interpretación del Cantar de los Cantares. Se le atribuyen varios poemas latinos, pero con poca garantía, incluyéndose himnos a Ágata y otros mártires entre los himnos mozárabes. Varias de sus cartas todavía existen, conteniendo mucho de interés biográfico y contemporáneo.