Historia

ISIDORO EL PACENSE

Isidoro el Pacense, prelado e historiador español del siglo VIII, también llamado Isidoro de Beja, fue obispo de Beja (Pax Julia) o de Badajoz (Pax Augusta) y por dicho motivo se le denominó con el nombre de Pacense, es decir, de Pax. Nació hacia el año 711 y vivía aún en el 754, pues en esa fecha escribió una interesante Crónica en latín, que comprende la historia de los musulmanes desde que invadieron Siria, Arabia y Mesopotamia (617) hasta el séptimo año del gobierno de Yusuf, último de los emires que gobernaron en España en nombre de los califas de oriente. Dozy negó que Isidoro el Pacense fuese autor de dicha Crónica, afirmando el citado crítico, en su Historia de los musulmanes de España, que tal Crónica fue escrita en Córdoba y que erróneamente se supone ser de Isidoro de Beja, pero no presenta prueba alguna de tales afirmaciones. Por el contrario, otros autores, tanto españoles como extranjeros, se muestran unánimes en mantener la paternidad de dicho Chronicon en favor de Isidoro, entre otros: Nicolás Antonio, Enrique Flórez, Amador de los Ríos, Berganza, etc., y entre los extranjeros Vaseo, Pagi, Resenda y Marca.

La obra del ilustre Pacense, merced a los errores de los copistas, ha llegado a nosotros llena de inexactitudes, pues no es de suponer que su ilustre autor, formado en la escuela de Isidoro de Sevilla y de otros prelados eruditos de aquella época, incurriera en tales defectos. Puede afirmarse que el Pacense fue el continuador de la obra del célebre prelado hispalense, pues precisamente comienza su Crónica en el reinado de Heraclio, en el que terminó su historia Isidoro. Es testigo el Pacense de los estragos que causó en España la invasión musulmana, dando una dolorosa impresión acerca de los triunfos de los invasores, revelando las páginas de su Crónica honda amargura por tales sucesos. A pesar de que algunos críticos le han calificado de apasionado y declamador, son frecuentes los elogios que tributa a algunos de los jefes musulmanes cuando de ello se hacían acreedores; reconoce, en efecto, las bellas cualidades que adornaban a Abdelaziz, la justicia con la que procedía Yahia, etc. En el resumen que hace del periodo de la monarquía visigoda, que precedió a la invasión musulmana, tributa grandes alabanzas a las lumbreras de la civilización hispana: Isidoro de Sevilla, Braulio de Zaragoza, Ildefonso, Julián, Eugenio, etc., y procura desvanecer el error en que se ha incurrido al afirmar algunos que la invasión musulmana dejó oscurecido el genio hispano. El latín que usa el Pacense en su Crónica, aun dejando a salvo los errores de los copistas, carece de la fluidez de los clásicos; para excitar el entusiasmo de sus lectores, adorna el Pacense su prosa en algunas ocasiones con rimas, lo que da a su estilo un carácter peculiar. En cambio, no puede negarse que la veracidad es la principal cualidad de su relato, expresado con acentos sinceros, y, además, en toda la obra se revela una perfecta unidad.

La publicó por primera vez Sandoval con el título Isidori Pacensis episcopi Epitome Imperatorum Arabum una cum Hispania Chronicon, ex codice gothico Complutensi et Oxomensi, insertándola en la Historia de los cinco obispos (Pamplona, 1615); también la incluyó Berganza en su Ferreras convencido (Madrid, 1729), pero ambas reproducciones son defectuosas; Enrique Flórez la expurgó de errores en su España Sagrada. En la Biblioteca Nacional se conservan cinco manuscritos con el nombre de Isidoro Pacense, titulados respectivamente: Chronicon ab initio mundi usque aera 1170, Chronicon Iriense, Chronicorum liber, Epitome Imperatorum vel Arabum Ephemerides atque Hispaniae Chronographia, Ortographia et epitome Imperatoum, cum notis Josephi Pellicerii. Otras obras de el Pacense probablemente se han perdido; se tiene noticia de un Epitome que se refería a las luchas civiles que sostuvieron los invasores entre sí y a las persecuciones de que hicieron objeto a los cristianos. A dicho Epitome hace referencia el Pacense en dos pasajes de su Crónica, llegando a suponer Nicolás Antonio que Isidoro de Beja se refería en estas citas a dos diferentes Epitomes, aunque Amador de los Ríos no duda en afirmar que se trata de una sola obra.