Historia

JACOB CHRISTOPH Y LA CONTRARREFORMA EN SUIZA

Relaciones entre la ciudad y el obispo.
La Contrarreforma tuvo sus centros en Suiza en Lucerna y un poco después en el obispado de Basilea. La tarea más difícil se presentaba en Basilea, ya que la cuestión allí no era meramente restaurar el catolicismo en un distrito ya conquistado a medias por los calvinistas; había también un conflicto político con la ciudad de Basilea, que todavía luchaba por una independencia completa y la extensión de sus límites. Los derechos del obispo y la municipalidad a veces chocaron incluso antes de la Reforma; dentro del dominio episcopal, en el moderno Jura bernés, la ciudad poseyó derechos soberanos en muchos lugares, siendo el obispo, por otra parte, no sólo señor espiritual de la ciudad, sino investido con derechos exhaustivo de soberanía, estando facultado para proponer al alcalde y al consejo, quedando obligada la ciudad a pagarle diversos impuestos, extendiendo su dominio temporal de la diócesis hasta las puertas de la ciudad. Antes de la agitación eclesiástica la ciudad de Basilea procuraba aumentar sus posesiones a expensas del obispado y de los derechos episcopales. En 1521 la municipalidad, sin oposición, relegó todos los derechos del obispo a la propuesta del alcalde y el concilio. La introducción de la Reforma disolvió, en 1529, el último lazo entre el obispo y la ciudad, trasladándose el capítulo a Friburgo. En un tratado con la ciudad, en 1530, el obispo Philip de Guudelsheim (1527-53) permitió el ejercicio de la nueva doctrina en ciertos distritos de la diócesis. La disolución total del obispado parecía ser entonces una mera cuestión de tiempo. La ciudad proseguía su meta callada pero persistentemente; más y más parroquias se unieron con ella en diversas formas, pero sin garantizar el estatus de la Reforma dentro de la diócesis; el obispado era suelo imperial y la paz religiosa de 1555 expresamente excluyó a los adherentes de Zwinglio.

Jacob Christoph
Jacob Christoph
Jacob Christoph introduce la Contrarreforma.
Desde 1560 va a bullir una vida eclesiástica más vigorosa en Suiza en el lado católico; tras la visita de Borromeo a Saint-Gallen, Einsiedeln y Lucerna en 1571, la Contrarreforma comienza distintivamente a ser perfectible en los cantones originales e incluso la olvidada diócesis de Basilea fue alcanzada. A la muerte del obispo Melchior, 1575, el tiempo de conformidad había llegado a su fin. En la elección subsecuente, el más joven de los canónigos, Jacob Christoph Blarer de Wartensee (nacido en 1542), con amonestaciones urgentes, solicitó de sus colegas la promesa de trabajar para restaurar el derecho de creencia y después se produjo la elección del elector (22 de junio de 1575). No era fácil el objetivo que se había propuesto; el obispado estaba económicamente en deuda y eclesiásticamente en confusión y la ciudad incuestionablemente tenía la ascendencia. Al principio Jacob Christoph actuó de manera amistosa hacia la ciudad, pero investigó los privilegios patronales de la diócesis y su base legal. Las relaciones con el instigador y promotor de la Contrarreforma suiza se hicieron visibles; era Carlo Borromeo, de quien Jacob Christoph solicitó ordenanzas sinodales y que los decretos del concilio de Trento fueran proclamados en la diócesis. El paso decisivo que se aventuró a dar fue la conclusión de una Liga con los cantones católicos de la Confederación en septiembre de 1579. Esta Liga fue un hecho importante; los distritos católicos de Suiza occidental, Friburgo y Soleure, hasta entonces aislados entre distritos protestantes, obtuvieron una relación territorial con esos nuevos aliados; el paso a Francia, asunto de gran importancia para los mercenarios suizos católicos, quedó por tanto asegurado; y contra la ciudad de Basilea y su demanda para la conversión de la diócesis a la causa protestante se opuso a partir de entonces la combinada federación católica. De hecho, el tratado de alianza quedó bosquejado expresamente para la protección recíproca en asuntos religiosos, incluso contra miembros de la confederación y para la recuperación de los súbditos apóstatas; únicamente que el obispo no haría uso de la fuerza sin el consentimiento de los aliados. En 1580 proclamó abiertamente sus planes; solemnemente excomulgó a los principales adherentes de la Reforma en Pruntrut, exhortando a las congregaciones protestantes de la diócesis a regresar a la Iglesia católica, destituyó a los predicadores protestantes, reinstaló la adoración católica en ciertos lugares e incluso predicó él mismo, en los lugares más amenazados. El jesuita Canisio elaboró un catecismo para el obispado; un sínodo, asistido por 200 sacerdotes, celebrado en Delsberg en abril de 1581, sancionó la visitación eclesiástica, la reforma de la jerarquía, las ordenanzas sinodales y la revisión de los libros litúrgicos.

Solución de la disputa entre la ciudad y el obispo.
La ciudad de Basilea y los cantones protestantes reaccionaron antes de que fueran conocidos los primeros pasos del obispo para reprimir la nueva doctrina. En respuesta Jacob Christoph afirmó sus derechos. Los disturbios en los distritos afectados por el obispo se trasladaron a los ciudadanos de Basilea, al traer sus quejas ante la dieta de la confederación. Se nombró un tribunal de arbitrio, que en el curso de dos años de procedimientos elaboró una solución de la disputa en 1585. Se concluyeron dos tratados: el primero garantizaba a la ciudad de Basilea la cesión de todos las pretensiones episcopales de soberanía, tanto en la ciudad como en el Sissgau y ciertos distritos vecinos, por 200.000 florines; por su parte la ciudad renunciaba a todos derechos soberanos dentro de la diócesis. El capítulo de la catedral, en compensación por sus antiguos derechos en la ciudad, recibiría una indemnización de 50.000 florines. En el segundo tratado se proveía que los privilegios patronales entre Basilea y las congregaciones de la diócesis existirían todavía nominalmente, pero que ningún derecho del obispo sería infringido y que a la ciudad le quedaba prohibido proteger a los súbditos contra el obispo; a su vez, el obispo se obligaba a soportar a los súbditos de la ciudad que se adhirieran a su propia religión, reservándose para sí mismo únicamente el derecho de reinstaurar la adoración católica. Cada cual quedaba en libertad de escoger en religión y ninguna parte dañaría a la otra.

Aunque el capítulo de la catedral y el papa protestaron contra esos tratados, parecía que era el único camino apropiado de acción. La cesión de derechos y títulos insostenibles de posesión hicieron al obispo señor ilimitado en su dominio. La ciudad perdió su influencia sobre los súbditos episcopales. La prosecución de la reforma eclesiástica ya no encontró una oposición infranqueable; en todos los lugares en la diócesis la Iglesia católica recuperó su firmeza y el número de protestantes disminuyó continuamente. Aunque el tratado permitía a los evangélicos de Basilea el libre ejercicio de la religión, se hizo evidente pronto que el obispo, en virtud de su concedido derecho de instituir la adoración católica colateralmente con la evangélica, poseía los medios de abolir gradualmente ésta. Los súbditos evangélicos fueron en todas partes confrontados con los oficiales católicos del obispo, de los que podían obtener justicia sólo con dificultad. Aunque la Reforma se mantenía en la mayoría de los lugares hacia 1595, disminuía constantemente y al final casi desapareció.