Historia
JACOBO DE ELTZ (1510-1581)

La Reforma no echó firmes raíces en la archidiócesis de Tréveris y la principal obra de la Contrarreforma allí fue renovar el antiguo régimen. A esta obra se dedicó el arzobispo Jacobo III de Eltz (1567-1581). Nacido en una antigua familia de Tréveris, ascendió pronto al rango de presbítero de la catedral y en 1547 al de deán del capítulo. Una vez que fue elegido arzobispo, el 7 abril de 1567, procuró reafirmar su posición formando alianzas con los Estados estrictamente católicos; en 1569 propuso una liga católica con el duque de Alba en Bruselas y cuando, en el mismo año, por inspiración de la corte de Munich, comenzaron las negociaciones con la idea de extender la liga de Landsberg, él fue uno de los más celosos defensores para la admisión de Alba a su liga. Pero, debido a la oposición del lado protestante e imperial, los extensos planes no resultaron en nada más que la entrada a la liga de los dos electores de Tréveris y Maguncia. Bajo tales condiciones la liga no pudo ser lo que se había esperado y Jacobo perdió su interés en ella, aunque todavía subsistió un estrecho lazo entre él y las cortes de Bruselas y Munich, los dos centros de la política católica en lo tocante al imperio. Él apoyó, hasta donde fue posible, las esperanzas bávaras con referencia a Colonia, mientras que adelantándose a las dietas imperiales y en espera de sus sesiones resistió toda concesión a los protestantes que sobrepasara los términos de la paz religiosa. En 1568 la adoración católica fue restaurada bajo el liderazgo del jesuita Tyraeus, en Neumagen, donde el conde de Wittegenstein había procurado una apertura para las nuevas doctrinas e igualmente el dominio de la abadía imperial de Prum fue limpiado de toda herejía cuando, en 1576, quedó incorporado con el electorado. En 1571 Jacobo removió a todos los no católicos de su corte, una medida que apuntaba especialmente a la nobleza. En 1572 se publicó la orden de que cualquiera que deseara ser recibido como ciudadano o habitante en cualquier parte del electorado debía afirmar la fe católica. En 1577 el nuncio papal, Portia, pudo informar que el electorado estaba libre de toda herejía, teniendo que ver la actividad posterior de Jacobo con la reforma de su propia Iglesia.

En Pascua de 1569 fue el primero en Alemania que solemnemente juró los decretos de Trento. Entre abril y octubre de 1569 las decisiones del concilio fueron anunciadas en todas las parroquias del electorado. Una liturgia elaborada por Jacobo mismo, con la ayuda de ciertos jesuitas, fue publicada en 1574, como norma para la adoración, disciplina moral y asuntos matrimoniales. Los consejos posteriores de Portia muestran por qué los intentos previos de reforma fueron insuficientes, al faltar un clero competente. Los eclesiásticos que había entonces disponibles compartían, en su mayor parte, la corrupción general de los sacerdotes católicos. Jacobo, también, había dirigido su atención a este punto desde el mismo principio. Había solicitado seis eruditos del Collegium Germanicum de Roma como ayudantes en 1568, a los que siguieron otros. Además, los jesuitas de Tréveris, donde había habido una casa jesuita desde 1560, permanecían en alto honor con Jacobo; en 1570 adecuó para ellos el claustro minorita de Tréveris, proporcionando generosos donativos, por lo que su escuela pronto floreció en tal grado que desde 1573 a 1589 la media de asistencia se estimaba en 1.000 estudiantes anuales. En 1580 Jacobo también fundó un colegio para ellos en Coblenza, aunque el servicio prestado por todos esos auxiliares se hizo realmente suficiente sólo cuando a través de su ayuda se pudo hacer viable la preparación de un clero adecuado. En vano recomendó Portia, en 1577, la institución de un seminario sacerdotal, siendo el proyecto realizado por el sucesor de Jacobo, Johannes de Schönberg, en 1585. La actividad reformadora de Jacobo encontró dificultades en la actitud del capítulo de la catedral de Tréveris, que no estaba inclinado a cumplir los estrictos requerimientos del concilio de Trento; de nuevo el necesario placetum regium del gobierno de Bruselas para los dominios de la archidiócesis de Luxemburgo ocasionó contiendas sobre las prerrogativas del poder espiritual y el temporal. Por otro lado, la incorporación de la abadía de Prum como parte del arzobispado de Tréveris fue una gran ganancia; sus opulentos recursos se acumularon en beneficio de la empresa de Jacobo en la causa de la reforma. El rechazo en 1580, por decisión imperial, de la pretensión de la ciudad de Tréveris de tener fuero directamente del imperio fortaleció igualmente la causa de la Contrarreforma.

Ni su personalidad ni su actividad se pueden llamar grandes; pero una vez que el camino hubo sido señalado, dirigido por consejeros capaces, llevó a cabo la Contrarreforma. Es cierto que el estado de la archidiócesis no era enteramente satisfactorio en el momento de la muerte de Jacobo; pero su celoso sucesor, Johannes de Schönberg, continuó la obra en la dirección de Jacobo y terminó las reformas que él había comenzado. De las escuelas de los jesuitas surgió una generación sumisa a la Iglesia católica y en muchas esferas de actividad los miembros de la Compañía de Jesús impartieron su espíritu a la población en conjunto. En relación con el avivamiento de la vida eclesiástica, Jacobo mismo mostró ser el mejor ejemplo; los nuncios romanos continuamente alabaron su modo de vida, celo, lealtad a la sede papal y lo estimaron como un modelo para todos los prelados alemanes. Si no logró realizar la reforma completamente, el punto decisivo tuvo lugar bajo su administración.