Historia

JACOBO EL JUSTO

Jacobo (Santiago) el Justo fue el hermano de Jesús, cabeza de la comunidad de Jerusalén, mencionado como persona diferente a los dos apóstoles del mismo nombre, en ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?[…]Mateo 13:55; ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de El.[…]Marcos 6:3; Y haciéndoles señal con la mano para que guardaran silencio, les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Y les dijo: Informad de estas cosas a Jacobo y a los hermanos. Entonces salió, y se fue a otro lugar.[…]Hechos 12:17; 21:18; después se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles,[…]1 Corintios 15:7; Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo, el hermano del Señor.[…]Gálatas 1:19; 2:9-12, así como en Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo: A las doce tribus que están en la dispersión: Saludos.[…]Santiago 1:1 y Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo:[…]Judas 1:1. También, fuera del Nuevo Testamento, por Josefo (Ant. XX, ix. 1), Hegesipo (en Eusebio, Hist, eccl., II. 23) y otros Padres de la Iglesia.

Hermano, hermanastro o primo de Jesús.
La idea de la Iglesia antigua era que Jesús y este Jacobo eran hermanos y que es distinto a los dos apóstoles del mismo nombre. Clemente de Alejandría expresamente señala que esta idea, que él mismo rechazó, era general en su tiempo (Strom. vii. 93 y sig.). Tertuliano se refiere al matrimonio de María tras el nacimiento de Jesús y a la mención de sus hermanos en relación con ella, como prueba de la realidad de la humanidad de Jesús (De monogagamia, viii; De carne Christi, vii; "Contra Marción" 19). En las Constituciones Apostólicas (ii. 55; vi. 12, 13), además de los doce apóstoles y Pablo, Jacobo, el hermano del Señor, es mencionado como uno de los defensores de la doctrina católica y es reconocido entre los 70 discípulos. Eusebio cuenta catorce apóstoles, los doce, Pablo y Jacobo (sobre Será como cuando el segador recoge la mies, y su brazo cosecha las espigas; o será como el que recoge espigas en el valle de Refaim.[…]Isaías 17:5, Hist, eccl., I, xii, II, i, VII, xix) y cuando una vez describe a Jacobo como el "denominado" hermano del Señor, el contexto muestra que no está sugiriendo un parentesco más distante. Sin embargo, cuando la idea de la virginidad perpetua de María ganó terreno en la Iglesia, la relación de hermandad entre Jesús y Jacobo quedó transformada en la más distante de hermanastro, apareciendo esa idea en varios escritos populares como el proto-evangelio de Santiago (ix:2), el evangelio de Pedro, el evangelio del pseudo-Mateo (viii:4), el evangelio de Tomás (16) y la historia de José (2). En el período después de Epifanio, el reconocimiento de Jacobo como hijo de José y María apenas se encuentra. Por otro lado, la idea de Orígenes, de que Jacobo fue hermanastro de Jesús, fue seguida en el este por Efrén, Basilio, Gregorio de Nisa, Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Epifanio y posteriormente por Eutimio; en el oeste por Hilario, Ambrosio y Ambrosiaster. Sin embargo, junto a ella surgió la otra opinión de que los hermanos de Jesús eran primos e idénticos con los hombres del mismo nombre entre los apóstoles. Es posible que Clemente de Alejandría sostuviera esta idea así como la hipótesis de que Jacobo fue hermanastro de Jesús (en Eusebio, Hist. eccl., II, 1). El primer defensor absoluto es Jerónimo, quien, en sus escritos contra Helvidio, la expone, pero prácticamente la abandona en su comentario a Isaías (17:6), al contar catorce apóstoles: los doce, Pablo y el hermano del Señor, Jacobo. Ambrosio y Agustín se expresan de manera dudosa. Sin embargo, gradualmente la hipótesis de esa identificación se hizo más y más aceptada en el oeste. En la Edad Media era la teoría predominante. Por otro lado, halló tan poco favor en el este que las dos festividades diferentes, una para Jacobo el Justo y la otra para Jacobo de Alfeo, fueron lo tradicional.

Idea del Nuevo Testamento, hermano.
Las declaraciones del Nuevo Testamento favorecen la idea de que Jacobo fue hermano de Jesús e hijo de María. y la conservó virgen hasta que dio a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús.[…]Mateo 1:25 y Y dio a luz a su hijo primogénito; le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.[…]Lucas 2:7 implican que, tras el nacimiento de Jesús, existió una relación conyugal entre José y María y que tuvieron hijos. En cualquier parte en los evangelios donde se mencionan los hermanos de Jesús, aparecen en tal relación con José y María, o María sola, que son claramente presentados como sus hijos (Después de esto bajó a Capernaúm, El, con su madre, sus hermanos y sus discípulos; pero allí no se quedaron muchos días.[…]Juan 2:12; Y alguien le dijo: He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera deseando hablar contigo.[…]Mateo 12:47; ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, y hermano de Jacobo, José, Judas y Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban a causa de El.[…]Marcos 6:3; Todos éstos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con los hermanos de El.[…]Hechos 1:14). La designación de María, madre de Jesús, empleada en esos pasajes, implica que la palabra hermanos se usa en ese sentido propio del término. Por tanto, no pudieron haber sido hermanastros de Jesús, ni hijos de una esposa anterior de José o adoptados por María, ni tampoco primos de Jesús e idénticos con los apóstoles Jacobo de Alfeo, Judas Lebeo y Simón el Zelote. Más aún, en ninguna parte del Nuevo Testamento es Jacobo el hermano del Señor llamado Jacobo de Alfeo y en ninguna parte se usa la palabra hermano en un sentido de relación distante. Que Jacobo de Alfeo es hermano de los apóstoles Judas Lebeo y Simón el zelote queda absolutamente excluido por la forma en la que se mencionan juntos, distinguidos de otros hermanos que son aludidos en forma similar. Además de esto los hermanos del Señor no son sólo nombrados junto a los apóstoles como distintos de ellos, sino que aparecen también como un círculo, separado en toda manera de los discípulos de Jesús (Mientras El aún estaba hablando a la multitud, he aquí, su madre y sus hermanos estaban afuera, deseando hablar con El.[…]Mateo 12:46; Porque ni aun sus hermanos creían en El.[…]Juan 7:5). Sólo tras la partida del Señor se produce una relación más estrecha de los hermanos del Señor con los apóstoles y Jacobo tiene rango apostólico como cabeza de la Iglesia madre en Jerusalén, aunque permanece distinto a los apóstoles (Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo, el hermano del Señor.[…]Gálatas 1:19; 2:9; después se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles,[…]1 Corintios 15:7).

Su vida y obra.
El relato de la vida material y espiritual de Jacobo, el hermano del Señor, está bastante definido en su bosquejo. Durante el ministerio público de Jesús sus hermanos adoptaron una actitud escéptica, probablemente porque no podían reconciliar sus elevadas afirmaciones con las condiciones en las que ellos habían vivido junto a él en su hogar. Jesús se queja de una falta de reconocimiento por parte de sus propios parientes (Y Jesús les dijo: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa.[…]Marcos 6:4) y no puede contarlos como su parentela espiritual (31 Entonces llegaron* su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, le mandaron llamar. 32 Y había una multitud sentada alrededor de El, y le dijeron*: He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan. 33 Respondiéndoles El, dijo*: ¿Quiénes […]Marcos 3:31-34). Después del milagro de los panes y los peces en el desierto parece que la idea de su función mesiánica puede haber amanecido en ellos, pero la humildad de la actitud de Jesús les impidió creer totalmente. Incluso en el tiempo de su pasión los hermanos parecen haberse separado de su madre, quien ahora creía en él (Después dijo* al discípulo: ¡He ahí tu madre! Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa .[…]Juan 19:27). No obstante, la paciencia sobrehumana con la que Jesús fue a su muerte pudo haber ganado sus corazones, especialmente el de Jacobo; a él le fue concedida una aparición de Cristo resucitado (después se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles,[…]1 Corintios 15:7), que afirmó su fe. Por tanto aparece tras la Ascensión del Señor como miembro de la comunidad cristiana, donde obtuvo una posición dirigente tras la muerte de Jacobo, el hijo de Zebedeo, y la huida de Pedro. En general, su actividad quedó confinada a Jerusalén (ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia, y regresé otra vez a Damasco.[…]Gálatas 1:17). Tomó parte en el concilio de los apóstoles con Pedro y Juan como uno de los tres pilares de la Iglesia judeo-cristiana (Entonces, después de catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también a Tito.[…]Gálatas 2:1 y sig.; Y algunos descendieron de Judea y enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.[…]Hechos 15:1 y sig.). Allí se muestra liberado de las ideas farisaicas y estrictamente legalistas de los oponentes judaizantes de Pablo, quienes deseaban imponer sobre los cristianos gentiles la plena observancia de la ley de Moisés. Al mismo tiempo estrechó la mano de Pablo en prueba de su total acuerdo sobre el fundamento del evangelio. No obstante, consideró importante que los cristianos judíos observaran las leyes de sus padres y exigió un cierto respeto para esas leyes por parte de los cristianos gentiles. La postura de Jacobo también aparece en la influencia ejercida por sus amigos en Antioquía (Pero cuando Pedro vino a Antioquía, me opuse a él cara a cara, porque era de condenar.[…]Gálatas 2:11 y sig.) sobre Pedro. La facción ebionita en la edad post-apostólica se propuso ampararse en la autoridad de Jacobo y envolverlo con una atmósfera legendaria de gloria. Según Epifanio (Haer. XXX, xvi), hubo leyendas incluso sobre su ascensión al cielo. Sobre la muerte de Jacobo ha habido relatos contradictorios. Hegesipo menciona (Eusebio, Hist, eccl., 11. 28) que fue arrojado desde una torre por los fariseos, no mucho antes del comienzo de la guerra judía contra los romanos, por tanto hacia el año 66 d. C. Sin embargo, según Josefo (Ant. XX, ix), la facción de los saduceos se aprovechó del cambio de procónsul en el año 62 o 63 para apedrear a Jacobo, contra la voluntad de los fariseos. Sin embargo, se sospecha que este pasaje de Josefo es una interpolación. Por otro lado, la fecha dada por Hegesipo está apoyada por la literatura pseudo-Clementina, según la cual Jacobo sobrevivió a Pedro y también por el Chronicon Paschale (p. 592), por lo que ha de ser preferida.

La epístola de Santiago.

Sus destinatarios.
La carta comienza con el nombre del escritor y aquellos a quienes va destinada. Ver en esto sólo la dedicatoria de un escrito dogmático o una homilía, queda contraindicado por la salutación formal común en las cartas griegas. Tampoco debería asumirse que esta forma epistolar sólo sirvió como ficción literaria de un escritor desconocido, ni que es un título añadido al escrito hacia el año 200, ya que en ambos casos el autor probablemente habría sido llamado apóstol. Por tanto, las palabras en el título "a las doce tribus de la dispersión" se puede usar para determinar a los primeros lectores. Sin embargo, esta expresión "las doce tribus" es tan específicamente nacional e israelita que no se puede referir ni siquiera figuradamente a toda la cristiandad. Por tanto, según el título la epístola está dirigida a todo el pueblo judío fuera de Tierra Santa. No obstante, esta designación de los lectores está limitada por la declaración de que el escritor se denomina a sí mismo "siervo del señor Jesucristo"; por tanto asume que sus lectores reconocen la autoridad de Jesús. Esos lectores no son por tanto ni judíos ni cristianos gentiles ni cristianos de descendencia judía y gentil, ni principalmente cristianos gentiles; como mucho son cristianos judíos dentro o fuera de Tierra Santa, pero se refiere sólo a los que viven fuera. Por tanto, sólo ellos pueden ser denominados las doce tribus en la dispersión, en el sentido de que eran el verdadero Israel hasta donde existía fuera de Tierra Santa. No es justificable citar el silencio del autor sobre la ley, el templo y los miembros incrédulos de su nación contra el origen judío de los lectores, porque no hay un silencio total sobre la ley (Si en verdad cumplís la ley real conforme a la Escritura: AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO, bien hacéis.[…]Santiago 2:8 y sig.) y no hay ocasión para hablar del templo y de los judíos incrédulos. Que los lectores son cristianos se aprecia en Hermanos míos, no tengáis vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo con una actitud de favoritismo.[…]Santiago 2:1 y el tono en conjunto de la epístola se opone a una limitación local estrecha del círculo de lectores. En esta epístola, no sólo no hay relación personal entre el escritor y los lectores, ni salutación especial etc., sino que las condiciones referidas son de carácter muy general. Por tanto, no es justificable, porque las condiciones tratadas en la epístola de Jacobo parecen señalar más a Tierra Santa que a la diáspora, asumir que la epístola iba originalmente dirigida a la comunidad de Jerusalén y posteriormente fue enviada a las comunidades fuera de Palestina. La epístola de Jacobo no es por tanto, en el auténtico sentido de la palabra, una carta sino más bien una alocución en la forma de carta circular a todos los cristianos judíos dentro del abanico del cristianismo, que ya estaba ampliamente diseminado.

Propósito, contenido y estilo.
Sin embargo, lo que el autor reconoce como fundamental en la condición espiritual de sus lectores es la mundanalidad y superficialidad de su cristianismo. Por los diversos sufrimientos (Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas,[…]Santiago 1:2) y el retraso en la segunda venida de Cristo (7 Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el fruto precioso de la tierra, siendo paciente en ello hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. 8 Sed también vosotros pacientes; fortaleced vuestr[…]Santiago 5:7-8) comienzan a perder la paciencia y sus corazones se dividen entre Dios y el mundo (No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor,[…]Santiago 1:7). Junto a la adulación del rico, hay un desprecio hacia el pobre (Hermanos míos, no tengáis vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo con una actitud de favoritismo.[…]Santiago 2:1 y sig.) y una murmuración y queja extendida (Hermanos, no habléis mal los unos de los otros. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermano, habla mal de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres cumplidor de la ley, sino juez de ella.[…]Santiago 4:11; 5:9). La oración es un medio para satisfacer sus caprichos (Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastar lo en vuestros placeres.[…]Santiago 4:3) y hay una impía seguridad por parte de a quienes les va bien (Oíd ahora, los que decís: Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia.[…]Santiago 4:13 y sig.). Se subraya la profesión de fe (¿De qué sirve, hermanos míos, si alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarle?[…]Santiago 2:14), que es un asunto de lucha y disputa, queriendo cada cual impartir instrucción (1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros , sabiendo que recibiremos un juicio más severo. 2 Porque todos tropezamos de muchas maneras. Si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto, capaz también de refrenar todo el cue[…]Santiago 3), pero había pocos signos de aplicación de la fe a la vida práctica. Esas condiciones no han de derivarse del judaísmo, sino de un estancamiento de la vida espiritual tras un período de entusiasmo. El propósito del contenido de la carta se corresponde con esas condiciones espirituales de los lectores. Tras una exhortación a ser firmes y prudentes en las pruebas, continúa la lección de que la tentación procede de las propias inclinaciones pecaminosas del hombre, no de Dios, dador de todo lo bueno, autor de la regeneración por la palabra de verdad (13 Que nadie diga cuando es tentado: Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y El mismo no tienta a nadie. 14 Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. 15 Después, cuando la pasión ha co[…]Santiago 1:13-18), siguiendo la amonestación de asimilar esta palabra de verdad en un espíritu humilde y obediente (19 Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira; 20 pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios. 21 Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con h[…]Santiago 1:19-27). Luego hay avisos especiales contra los errores y faltas ya mencionados. La conclusión consiste de varias amonestaciones breves, 12 Y sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni con ningún otro juramento; antes bien, sea vuestro sí, sí, y vuestro no, no, para que no caigáis bajo juicio. 13 ¿Sufre alguno entre vosotros? Que haga oración. ¿Está al[…]Santiago 5:12-20. El estilo sencillo de la carta cuadra admirablemente con su contenido práctico, siguiendo el método de los escritos didácticos del Antiguo Testamento, en el que sencillos proverbios son engarzados en grupos como perlas engarzadas. En lugar de la precisión aguda de Pablo, del pensamiento lógico, se encuentra más amplificación retórica. El griego es comparativamente puro, aunque no faltan algunos hebraísmos. Mientras que se designa ley al evangelio, es no obstante la ley perfecta de la libertad (Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.[…]Santiago 1:25), no, como la ley del Antiguo Testamento, un pesado yugo, que ha de ser implantado en el corazón (Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con humildad la palabra implantada, que es poderosa para salvar vuestras almas.[…]Santiago 1:21), para que el hombre, por su propia iniciativa, responda a la voluntad divina. En tanto el evangelio es esencialmente idéntico con la ley del Antiguo Testamento, todo lo que concierne a la persona del mediador de la nueva relación es puesto en el trasfondo, e incluso el nombre de Cristo se menciona sólo dos veces, faltando los conceptos sinópticos de Hijo del hombre y reino de los cielos. No obstante, la enseñanza moral de Jesús, principalmente la del Sermón del Monte, se usa con más profusión que en cualquier otro escrito del Nuevo Testamento. Por tanto la epístola se centra en algo diferente a lo que hace el apóstol Pablo, cuya atención se dirige más al lado del evangelio que está en oposición a la ley. Se ha dicho que 21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre cuando ofreció a Isaac su hijo sobre el altar? 24 Vosotros veis que el hombre es justificado por las obras y no sólo por la fe. […]Santiago 2:21,24 (comp. con Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley.[…]Romanos 3:28; 4:2; sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto […]Gálatas 2:16) está en irreconciliable oposición con Pablo, de hecho, que muestra una polémica consciente contra él. Esta dificultad no se puede evitar si se asume que la epístola de Jacobo fue anterior a las epístolas paulinas que contienen las proposiciones divergentes, que no afectarían a la diferencia objetiva; de hecho, la sospecha de contradicción consciente meramente se transferiría de Jacobo a Pablo. Pero esta idea de la relación cronológica de los escritos de Pablo y Jacobo es insostenible, pues no hay indicación de que la fórmula "ser justificado por la fe" o el uso del pasaje de Y Abram creyó en el SEÑOR, y El se lo reconoció por justicia.[…]Génesis 15:6 en apoyo de esto fuera común, como se asume en esta epístola, por parte de sus lectores. De hecho, es dudoso si la epístola de Jacobo intenta combatir el punto de partida de las epístolas paulinas. En cualquier caso esta epístola está en acuerdo con Pablo en lo que realmente intenta demostrar, esto es, que la fe sin obras no puede proporcionar salvación (comp. Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.[…]2 Corintios 5:10) y que una fe que no se expresa en la conducta moral es totalmente mundana (Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy.[…]1 Corintios 13:2). Pablo contempla las obras sin importancia para la justificación, mientras que Jacobo mira las obras como una condición de la justificación. Aunque Pablo no había dicho que hay una justificación por las obras de la fe en el sentido de la epístola de Jacobo, porque él tenía una concepción más estricta de lo que constituye la conducta que agrada a Dios, su idea de una justicia moral de los creyentes se aproxima a la de la epístola de Jacobo. Por tanto hay, si no un perfecto acuerdo sobre este punto entre Jacobo y Pablo, al menos sólo hay una oposición no esencial y no irreconciliable entre sí. Generalmente se reconoce que la polémica de la epístola de Jacobo va sólo dirigida contra una distorsión parcial de lo que Pablo había enseñado. La opinión de que esta epístola fue escrita para atacar la enseñanza de Pablo, aunque infructíferamente, no tiene fundamento. Lo que se combate no es cualquier doctrina en sí, sino sólo una falsa norma de conducta. Denuncia una falta de aplicación moral de la fe, dependiente de una formalización del cristianismo y paliada por una mala interpretación de la doctrina de Pablo.

Fecha, canonicidad y recepción.
Esos resultados muestran que la epístola hay que situarla en un período relativamente posterior de la época apostólica, cuando la Iglesia había obtenido una considerable extensión y la vida cristiana había perdido algo del vigor original. No es el primero ni siquiera uno de los primeros escritos del Nuevo Testamento. La sinagoga referida (Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y vestido de ropa lujosa, y también entra un pobre con ropa sucia,[…]Santiago 2:2) no es la judía, ya que un uso común de la sinagoga todavía se daba entre judíos y cristianos, siendo un lugar de reunión para los cristianos (y dais atención especial al que lleva la ropa lujosa, y decís: Tú siéntate aquí, en un buen lugar; y al pobre decís: Tú estate allí de pie, o siéntate junto a mi estrado;[…]Santiago 2:3). La concepción de la importancia de la segunda venida de Jesús (Sed también vosotros pacientes; fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.[…]Santiago 5:8) aparece incluso más allá de la época apostólica. Que la epístola de Jacobo vaya sólo dirigida a cristianos judíos no demuestra que no hubiera también cristianos gentiles y si contiene más pasajes recordando los dichos de Jesús que cualquier otro de los escritos apostólicos, se ha de atribuir a su carácter teológico y tal vez al empleo de fuentes escritas. Su uso en la Iglesia comienza en un período muy antiguo. Probablemente ya aparece citada en 1 Pedro, en 1 Clemente, en el Pastor de Hermas y por Justino Mártir. Fue ciertamente usada por Ireneo, Clemente de Alejandría, Dionisio de Alejandría, Cirilo de Jerusalén, Dídimo y Efrén, estando también incluida en la versión Peshita. Orígenes, que fue el primero en citarla expresamente como escrito de Jacobo, el hermano del Señor, la estima no canónica; Eusebio la cuenta entre los antilegomena y Teodoro de Mopsuestia la rechaza. Jerónimo dice que fue valorada como seudónimo en la Iglesia latina, pero la incluye entre los libros canónicos y su influencia y la de Agustín fue decisiva en su aceptación. Esta idea no fue disputada hasta Erasmo, que expresó ciertas dudas. Lutero la denominó "epístola de paja" (recht stroherne Epistel), escrita por un hombre piadoso y Cayetano expresó dudas en cuanto a su autenticidad. Calvino la defendió, pero las ideas de Lutero fueron aceptadas en las Centurias de Magdeburgo y por algunos dogmáticos luteranos, así como por el calvinista Wetstein. En tiempos posteriores la oposición a su autenticidad la realizaron de Wette y Schleiermacher. Naturalmente no se puede hacer uso del título en el debate en cuanto al origen de la epístola, sobre la asunción de que fue añadido en un periodo posterior para lograr para ella (obra de un autor desconocido) su aceptación en el canon a través de un título que llevara el nombre de un apóstol. Todavía menos sostenible es la hipótesis de que la epístola, aparte de las dos (asumidas como interpolaciones) menciones de Cristo (1:1 y 2:1), fue obra de un judío desconocido. El método de interpelación asumido está desprovisto de motivo y sin analogía. La introducción de ideas cristianas en escritos judíos llevando el nombre de judíos altamente reverenciados se encuentra a veces, pero es totalmente diferente del intento asumido aquí de hacer que el autor de un escrito judío aparezca como cristiano. Además de esto, mucho en la epístola de Jacobo es claramente cristiano, aparte de las dos supuestas adiciones (18 En el ejercicio de su voluntad, El nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas. 19 Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira; 20 pues[…]Santiago 1:18-21, 25; 2:8, 12, 14-26). Si "Jacobo, siervo de Dios y del Señor Jesucristo" fue originalmente nombrado como autor de la epístola, no hay duda de quién es tal persona. Jacobo, hijo de Zebedeo, ya no vivía en el período después del comienzo de la misión de Pablo (E hizo matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan.[…]Hechos 12:2); Jacobo de Alfeo permanece totalmente en un segundo plano en este tiempo y cualquiera de los dos hubiera sido designado como apóstol. El único Jacobo que es prominente en este período y no necesita más designación precisa es Jacobo, el hermano del Señor, cabeza de la comunidad de Jerusalén y no hay fundamento imperativo para no atribuirle la epístola a él. La vacilación en las tradiciones de la Iglesia antigua en cuanto a la aceptación canónica de la epístola se explica porque Jacobo no era un apóstol, que se convirtió en un personaje vital para los ebionitas y que la epístola parece contener una polémica contra Pablo. El autor era un hombre de mente práctica, piadoso y de oración, que no deja de reconocer la superioridad esencial del evangelio sobre la ley, pero que, no obstante, subraya la relación de la moralidad del primero con la de la segunda. Todo esto concuerda perfectamente con Jacobo, el hermano del Señor, tal como se le conoce en el Nuevo Testamento y en Hegesipo. Se puede por tanto asumir que Jacobo, hermano del Señor, escribió esta carta pastoral en Tierra Santa para los cristianos judíos fuera de Tierra Santa, en un tiempo cuando la actividad de Pablo había cesado, ya fuera por su cautiverio o su muerte.