Historia

JACOMBE, THOMAS (1622-1687)

Thomas Jacombe, teólogo no conformista inglés, nació en 1622 y murió el 27 de marzo de 1687.

Thomas Jacombe
Thomas Jacombe
Era hijo de John Jacombe de Burton Lazars, cerca de Melton Mowbray, Leicestershire. Fue educado en la escuela de Melton y durante dos años en la de Newark bajo Edward Gamble. Se matriculó en Magdalen Hall, Oxford, en 1640, graduándose en 1643; poco después firmó el pacto, siendo miembro de Trinity en lugar de un monárquico expulsado y consiguiendo la maestría en 1647. En el mismo año recibió las órdenes presbiterianas, siendo capellán de la condesa de Exeter, viuda de David Cecil, tercer conde, y recibió el beneficio de St. Martin, Ludgate Hill, que se le secuestró al doctor Michael Jermyn. Fue nombrado por el parlamento como ayudante de los comisionados de Londres para ministros y maestros expulsados inhábiles y en 1659 era uno de los examinadores de ministros. Sin embargo, sus opiniones eran moderadas y en la Restauración recibió el doctorado en teología por Cambridge por mandato real de 19 de noviembre de 1660, junto con dos ministros presbiterianos, William Bates y Robert Wilde. Fue nombrado por la comisión real para revisar el Libro de Oración (25 de marzo de 1661), siendo respetuosamente tratado en las reuniones. Estuvo en el lado presbiteriano y tomó parte destacada en la elaboración de las excepciones contra el Libro de Oración. Pepys le oyó predicar el 14 de abril de 1661 y el 16 de febrero de 1662. Fue expulsado por no conformidad en 1662. Sus dos sermones de despedida, predicados el día de San Bartolomé, 17 de agosto de 1662, se publicaron separadamente con un retrato y de nuevo en una colección de otros sermones, titulada The London Ministers' Legacy (1662) y en Farewell Sermons of some of the most eminent of the Nonconformist Ministers (Londres, 1816). Tras su expulsión Jacombe tuvo un conventículo dese 1672 en Silver Street, siendo varias veces encausado. Fue protegido por su antigua patrona, la condesa viuda de Exeter. Luttrell dice que 'el clérigo fanático' fue llevado a casa de ella en febrero de 1685, donde murió. El respeto de la condesa por el doctor lo define W. Scherlock como 'peculiar' y los favores que le otorgó extraordinarios. Jacombe fue enterrado el 3 de abril en St. Anne, Aldergate, asistiendo a su funeral una gran concurrencia de teólogos no conformistas. El sermón lo predicó W. Bates. Jacombe había conseguido una valiosa biblioteca, que se vendió tras su muerte por 1.300 libras. Sherlock llama a Jacombe 'un disparatado necio', pero Baxter y Calamy le mencionan favorablemente. S. Rolle en su Prodromus habla de él como persona de 'alta reputación por su buena vida, saber y excelente circunspección', muy querido por el maestro de Trinity. Pepys se agradó de su predicación.

Las principales obras de Jacombe son: Enoch's Walk and Change: Funeral Sermon and Life of Mrs. Vines, sometime Master of Pembroke Hall, Cambridge, preached at St. Lawrence Jewry on 7 Feb. 1655-6 (Londres, 1656); A Treatise of Holy Dedication, both personal and domestic recommended to the Citizens of London on entering into their new Habitations after the Great Fire (Londres, 1668); Several Sermons, or Commentary preached on the whole 8th Chapter of Romans (Londres, 1672); How Christians may learn in every way to be content en el sumplemento a Morning Exercise at Cripplegate (Londres, 1674) y en una colección de sermones predicados por diferentes no conformistas entre 1659 y 1689, titulada The Morning Exercises por James Nicholls (Londres, 1844); A Short Account of Mr. Whitaker, late Minister of St. Mary Magdalen, Bermondsey, prefijado a Eighteen Sermons (Londres, 1674); The Covenant of Redemption opened, or the Morning exercise methodized, preached at St. Giles-in-the-Fields, May 1659 (Londres, 1676); The Upright Man's Peace at his end predicado en el funeral de Matthew Martin (Londres, 1682) y Abraham's Death en el funeral de Thomas Case (Londres, 1682). Jacombe firmó una carta contra los cuáqueros, en respuesta a un panfleto de W. Penn, titulada A Just Rebuke to one-and-twenty learned Divines (so called)... (Londres, 1674).

De su obra How Christians may learn in every way to be content es el siguiente pasaje:

'Pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación (No que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.[…]Filipenses 4:11).

¡Cuánta ansiedad de espíritu sufren algunos matrimonios porque no tienen hijos! Tienen muchas otras cosas positivas en su vida, pero no tener descendientes amarga todo lo demás. Abraham mismo sufría por esta razón: "Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?... Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa" (2 Y Abram dijo: Oh Señor DIOS, ¿qué me darás, puesto que yo estoy sin hijos, y el heredero de mi casa es Eliezer de Damasco? 3 Dijo además Abram: He aquí, no me has dado descendencia, y uno nacido en mi casa es mi heredero. […]Génesis 15:2-3). La pasión de Raquel era aún más intensa: "Dame hijos", le dijo a su marido, "o si no, me muero" (Pero viendo Raquel que ella no daba hijos a Jacob, tuvo celos de su hermana, y dijo a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero.[…]Génesis 30:1). Los hijos son una bendición muy grande, son prometidos como tales en el 3 Tu mujer será como fecunda vid en el interior de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. 4 He aquí que así será bendecido el hombre que teme al SEÑOR. […]Salmo 128:3-4 y en otros pasajes. Efectivamente, son una de las flores más dulces que crecen en el jardín de las dichas terrenales. Por eso, es difícil para algunos conformarse con no tenerlos. Pero sea quien sea usted que sufre esto, le ruego que de cualquier manera procure lograr contentamiento. Para lograrlo, considere:
(1) Es el Señor quien niega este favor. Porque lo da o no lo da según le parece bien. La providencia no se hace más evidente en ninguna esfera humana que en esta de los hijos, si habrá muchos o pocos, algunos o ninguno, todo depende de la voluntad de Dios. Cuando Raquel se mostró tan desesperada por no tener hijos, Jacob la reprendió duramente: "¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?" (Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel, y dijo: ¿Estoy yo en lugar de Dios, que te ha negado el fruto de tu vientre?[…]Génesis 30:2). "He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre" (He aquí, don del SEÑOR son los hijos; y recompensa es el fruto del vientre.[…]Salmo 127:3). "Él hace habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos" (Hace habitar en casa a la mujer estéril, gozosa de ser madre de hijos. ¡Aleluya![…]Salmo 113:9). Pensar seriamente en estos pasajes ¿acaso no traería paz al corazón? Cuando Dios ordena algo, ¿nos vamos a disgustar o inquietar por lo que hace? ¿Acaso no puede él derramar sus bendiciones donde le plazca? Por otro lado, si nos las da, estemos agradecidos por su bondad; si no las da, aceptemos con paciencia su soberanía.
(2) A veces niega este favor, pero da otros mejores. Dios no da hijos, pero se da a sí mismo, ¿no es él "mejor que diez hijos?", como le dijo Elcana a Ana refiriéndose a él mismo. (Entonces Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?[…]1 Samuel 1:8). El Señor prometió que daría un "nombre mejor que el de hijos e hijas" (les daré en mi casa y en mis muros un lugar, y un nombre mejor que el de hijos e hijas; les daré nombre eterno que nunca será borrado.[…]Isaías 56:5). No hay razón alguna para que los que tienen ese "nombre mejor" murmuren porque les falta aquello que es peor. Aquellos que cuentan a Dios como su Padre en los cielos debieran contentarse con no tener hijos en la tierra. Si Dios no me da lo menor, pero me da lo que es mayor, ¿tengo razón para indignarme?.
(3) A veces son retenidos por mucho tiempo, pero al final Dios los da. Tenemos muchos ejemplos de esto. El caso nunca está perdido mientras nos mantengamos sumisos y esperemos. Quizá Dios quiera darnos ese favor, después de contentarnos con no haberlo recibido el tiempo nuestro.
(4) Si los hijos son dados después de apartarse uno del Señor y desearlos de una manera irregular, es cuestionable si los dio como un favor. ¡Y es de temer que en este caso, los hijos no provienen necesariamente por la misericordia de Dios! Lo que obtenemos descontentos rara vez nos contenta. ¡Cuántos padres de familia han vivido esta verdad! No estuvieron tranquilos hasta tener hijos y después de tenerlos tampoco lo estuvieron porque estos resultaron ser tan desobedientes, testarudos e inútiles que fueron más motivo de irritación que el no haberlos tenido.
(5) Los hijos son de gran bendición, pero las bendiciones comúnmente vienen mezcladas con dificultades. La rosa tiene su hermosura, pero también tiene sus espinas, y lo mismo sucede con los hijos. ¡Oh, las preocupaciones, los temores e inquietudes que causan a los padres! Son preocupaciones seguras y consuelos inseguros, como dicen algunos. Vemos solo lo dulce de esta relación, y eso nos inquieta; si viéramos también lo amargo, estaríamos más tranquilos.
(6) Si hubiéramos recibido este favor cuando más lo anhelábamos y esperábamos, hay mil probabilidades contra una que hubiera dominado demasiado nuestro corazón. ¡Y la consecuencia de eso sería fatal por muchas razones! Por lo tanto, previendo Dios esto, es por su bondad y su amor que no nos lo otorga.
Creo que considerar todas estas cosas en relación con la falta de hijos, da contentamiento al corazón.'