Historia
JACOPONE DA TODI (c. 1230-1306)

Tenía grandes talentos naturales, obteniendo su título en derecho en la universidad de Bolonia y ejerciendo la profesión en su ciudad natal. Se casó con una dama noble y virtuosa, cuya muerte, al caerse de una galería en el teatro en 1268, cambió toda su vida. Renunció a todo lo que le había parecido anteriormente grande y espléndido, dejó su profesión y repartió su propiedad entre los pobres, uniéndose a los terciarios franciscanos. Para expresar su desprecio del mundo y de sí mismo llegó a absurdos extremos de fanatismo, queriendo realizar literalmente la 'necedad' descrita en 20 ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el polemista de este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? 21 Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó […]1 Corintios 1:20-29, por lo que recibió el apodo Jacopone (Jacobo el tonto), que él aceptó como un timbre de honor. En 1278 quiso entrar en la orden franciscana, pero no lo recibieron hasta estar convencidos de su equilibrio mental, por la obra que él escribió Libellus de mundi contemtu. Al ser monje no cambió sus excéntricas costumbres y los que le juzgaron más indulgentemente lo denominaron spiritu ebrius. Las condiciones del tiempo impulsaron a Jacopone a la tormenta de la vida política. Su amor por la verdad no soportaba los abusos en la Iglesia y lanzó muchos juicios de sincera acidez en los días de los papas Celestino V y Bonifacio VIII. A este último le atacó personalmente y en mayo de 1297 se unió a la liga de los magnates romanos que perseguían la destitución del papa, incurriendo por tanto en la excomunión de la Iglesia. Cuando Bonifacio VIII conquistó Praeneste en 1298, Jacopone fue encarcelado, siendo liberado tras la muerte de Bonifacio en diciembre de 1303, pasando sus últimos años en el monasterio de Collazzone.
Escritos. Stabat Mater.
La producción literaria de Jacopone incluye máximas sentenciosas de la clase hallada en el Liber conformitatum compilado por Bartolomé de Pisa, que fueron gratamente preservadas y circularon en la orden franciscana. Pero un mayor círculo de devotos lo obtuvo por sus poemas italianos y latinos. La edición florentina de Bonaccorsi (1490) tiene 100 poemas italianos; la edición veneciana de Tressati (1614) no menos de 211 sátiras, odas, himnos penitenciales y canciones espirituales de amor. Se zambulle como místico en la metafísica cristiana y celebra el vuelo exaltado del alma a Dios en sus nupcias con el amor divino; relata el conflicto entre el espíritu penitente y el cuerpo. En otros poemas fustiga con santo celo los males de la época: costumbres populares, lujo de las mujeres, mundanalidad en las monjas y el Anticristo papal. Finalmente expone ante el pueblo la vida de Jesús, para enseñarles a vivir santamente según la regla de Cristo, celebrando profusamente la pobreza.
La cuestión de la autenticidad es mucho más difícil en el caso de los himnos latinos que llevan el nombre de Jacopone y que han sido atribuidos a varios autores. Aparte de Cur mundus militat, la obra más importante es la renombrada secuencia Stabat mater dolorosa, además de la cual los manuscritos contienen también la parodia Stabat mater speciosa juxta foenum gaudiosa, dum jacebat pareulus. El himno indudablemente se originó en la orden franciscana, pero quién fue el verdadero autor está abierto a muchas hipótesis. Gregorio Magno, Bernardo de Clairvaux, Inocencio III y otros han sido propuestos. El himno es anónimo en los manuscritos de los siglos XIV y XV, pero en la tradición de la orden franciscana Jacopone es su autor. Fue cantado por los flagelantes que recorrieron Italia en 1398 y, según la Summa historialis de Antoninus Florentinus († 1450), cantaban "himnos en latín y lengua vernácula, especialmente el Stabat mater dolorosa, que decían que había compuesto Gregorio." La secuencia fue usada en la Iglesia ya en el siglo XIV y se conocen 83 traducciones alemanas solamente. De los arreglos musicales para este célebre himno las composiciones de Palestrina y Pergolesi, Astorga y Haydn son las mejor conocidas. El juicio protestante sobre el himno es que divide la reverencia entre la madre y el Hijo, en una manera nunca respaldada por un temperamento protestante; pero desde el punto de vista estético se trata de una perla entre los himnos medievales.
El poema Stabat mater dice así:
Al pie de la cruz, llorando
está la madre, mirando
clavado al Hijo y Señor,
pues su alma dolorida,
contristada y afligida
una espada atravesó.¡Oh, cuán triste y angustiada
fue la bienaventurada
Madre del gran Redentor!
¡Qué tierna se condolía
mientras con dolor veía de su Hijo la pasión!Lágrimas, ¿quién no vertiera
si a María visto hubiera
en angustia tan cruel?
¿Quién no se contristaría
contemplando cual sentía
de su Hijo el padecer?Vio a Jesús, por el pecado
de su pueblo, despreciado
y azotado con furor.
Vióle pálido, sufriendo,
y cual réprobo muriendo,
hasta que su alma entregó.¡Oh, Jesús, fuente de amores!
Haz que sienta tus dolores
para yo también llorar.
Que mi corazón se inflame
y que eternamente te ame,
y te sirva sin cesar.