Historia

JIMÉNEZ DE RADA, RODRIGO (c. 1170-1247)

Rodrigo Jiménez de Rada, prelado y escritor español, nació en Navarra, más probablemente en la villa de Rada que en Puente Reina, hacia 1170 y murió, posiblemente ahogado, en el río Ródano, cuando regresaba a España de Lyón, el 10 de junio de 1247.

Momia de Rodrigo Jiménez de Rada, septiembre de 1907Monasterio de Santa María de Huerta
Momia de Rodrigo Jiménez de Rada, septiembre de 1907
Monasterio de Santa María de Huerta
Hijo de una ilustre familia, el padre estuvo al servicio del rey Sancho de Navarra y su tío era Martín de Hinojosa. Se sabe qu estudió filosofía y derecho en la universidad de Bolonia y teología en la de París, donde aún estaba en 1201. Adquirió una vastísima cultura y conocía el latín, griego, francés, italiano y alemán, así como el árabe y hebreo. De regreso en Navarra se ha supuesto que abrazó la vida religiosa y que ingresó en la orden del Císter, pero este extremo es negado por muchos biógrafos suyos. Lo más probable es que al regresar a España estuviese ya ordenado de diácono y tal vez ya lo fuese antes de ir a Bolonia y a París. El rey Sancho, que apreciaba mucho a su padre Jimeno Pérez de la Rada, le comisionó para negociar la paz con Alfonso VIII de Castilla, firmándose una tregua de cinco años (1207). Con tal motivo se captó las simpatías del monarca castellano, en cuya corte vivían, además, varios de sus parientes, acabando por entrar a su servicio y por ser su más íntimo consejero. Muchos debieron ser los servicios que le prestó, por cuanto en 1207 ya pidió para él el obispado de Osma. Al poco tiempo inició la fundación de la universidad de Palencia y a fines de 1208 fue electo para el arzobispado de Toledo cuando aún no había cumplido los cuarenta años, aunque según algunos autores a los treinta, pero cuando ya su nombre era célebre en toda Castilla, por su sabiduría y por sus excepcionales dotes de estadista, no menos que por su piedad. No sólo en Castilla, pues hasta Roma había llegado el nombre del prelado español y el mismo papa Inocencio III sostenía amistosas relaciones con él, conservándose un bulario muy extenso, que prueba la asidua correspondencia que ambos mantuvieron. Entre estas bulas figura una de marzo de 1210, en la que confirma a Rodrigo y a sus sucesores como primado de España. El mismo año comenzó la construcción del palacio de los arzobispos de Toledo en Alcalá de Henares, existente aún. En 1211 creó la colegiata de Talavera y luego tuvo una parte importante en los preparativos de la batalla de las Navas de Tolosa, no sólo publicándola en Castilla, sino visitando diferentes cortes, incluso Roma, para asegurar más su éxito. Y por si esto fuera poco, atendió al equipo y a la organización del numeroso ejército que se reunió en Toledo, siendo, por fin, el mejor historiador de la célebre batalla, después de haber ayudado a dirigirla. En tiempo de Alfonso fue canciller mayor de Castilla, cargo en el que le confirmó Enrique I y más tarde Fernando III, que estableció, además, que en lo sucesivo, el empleo de canciller estuviera vinculado a los arzobispos de Toledo. En 1214 acompañó al rey Alfonso a la frontera de Portugal, viaje en el que murió el rey, siendo el arzobispo uno de sus testamentarios. Durante el corto reinado de Enrique I, vivió algo alejado de los negocios públicos, debido a que tuvo que ausentarse varias veces, circunstancia que aprovecharon los Lara para apoderarse de la voluntad del joven rey y separarle de la autoridad de Jiménez de Rada, a la que, sin embargo, volvió más tarde. Cuando murió el rey, también estaba ausente de la corte. En 1215 asistió al concilio de Letrán, que se celebró bajo la presidencia de Inocencio III, tomando parte en las sesiones y dirigiéndose en una de ellas a los presentes en sus respectivas lenguas. También defendió la primacía de Toledo. Desde mediados de 1217 a 1218 permaneció en Roma, con el objeto de conseguir la declaración de la primacía de la archidiócesis de Toledo, pero Honorio III, estando para concedérsela, se vio precisado a diferirla por temor a mayores males en los reinos cristianos de España. Por tal razón se hallaba ausente de España cuando fue proclamado Fernando III, pero apenas hubo regresado de Roma, el rey le encargó las negociaciones de paz entre Castilla y León, que llevó a cabo felizmente. Por aquel tiempo Honorio III nombró a Jiménez de Rada legado de la cruzada occidental en la Península (1218).

Manuscrito de Rodrigo Jiménez de RadaBiblioteca Nacional, Madrid
Manuscrito de Rodrigo Jiménez de Rada
Biblioteca Nacional, Madrid
Tantas y tan graves ocupaciones no le impedían, sin embargo, dedicarse a la reforma del clero y a la fundación de obras piadosas, al fomento de las órdenes militares, creando en Toledo la de los Caballeros de Nuestra Señora del Rosario (1121) y la organización y fomento de las misiones católicas en el dilatado imperio marroquí, enviando misioneros y estableciendo la jerarquía episcopal. Acompañó a Fernando III en las expediciones militares; procuró eficazmente la unión de Castilla y León a la muerte de Alfonso IX; realizó la célebre conquista y organización civil del Adelantado de Cazorla y Quesada (1231) y dio excelentes fueros a muchos señoríos de su sede. Uno de sus mayores logros fue la construcción de la catedral de Toledo, que inició y llevó a cabo con los recursos del arzobispado, aunque no es probable, como han dicho algunos, que fuese también el autor de los planos. Además, llevó a cabo en el territorio de su archidiócesis otras numerosas construcciones, tanto civiles como militares. Mientras tanto, hizo varios viajes a Roma, uno de ellos para solicitar del papa que la archidiócesis de Valencia, recientemente conquistada (1238) por Jaime I de Aragón, fuese agregada a su iglesia, fundándose en que, antes de la conquista, había sido sufragánea suya. Pedro Albalat, arzobispo de Tarragona, reclamaba el mismo derecho para su metrópoli, lo que promovió un largo proceso, cuyo resultado no llegó a ver por haber muerto antes. Su cadáver fue embalsamado y enterrado en el monasterio de Huerta, donde aún se conservaba casi intacto en 1907.

Como escritor su mejor obra y la más conocida es De Rebus Hispaniae, que, según él mismo dice, terminó en 1243. Consta de nueve libros y 216 capítulos, siendo una especie de historia universal, en su relación con la de España, que abarca desde Adán y Eva hasta la fecha indicada. Se le debe, además: Hunnorum, Vandalarum, Suevorum et silinguorum Historia; Ostrogothorum Historia; Historia Romanorum; Historia Arabum y Breviarium Historiae Catholica. Estas obras se tienen como absolutamente auténticas. En cambio son más discutibles las siguientes: Epistola Alfonsi VIII Regis Castellae, ad Dominum Papam, e Historia gotica. Esta es una traducción de la obra latina De Rebus debida, según Amador de los Ríos, al propio arzobispo, pero la mayoría de los críticos se inclinan a considerarla como apócrifa; Anales Toledanos; De primatu, Nobilitate ac Dominio Ecclesiae Toletanae; Chronicon Omnium Pontificum; Provinciale quoddam Cathedrarirum Ecclesiarum totius orbis y Chronica del Santo Rey Fernando. Se conservan, principalmente en el archivo de la catedral de Toledo y en el del Vaticano, 178 bulas relativas a este prelado y expedidads por los papas Inocencio III, Honorio III, Gregorio IX e Inocencio IV, muy interesantes para ese periodo de la historia.