Historia
JOAQUÍN DE FIORE (c. 1130 - c. 1201)
- Vida y escritos de Joaquín
- Sus relaciones e importancia
- Su exposición de la Historia
- Su influencia y seguidores. El Evangelio eterno
Vida y escritos de Joaquín.
Nació en una familia rica e hizo un viaje en peregrinación a Tierra Santa, tras el cual se hizo monje. En 1177 era abad del monasterio cisterciense de Corazzo, aunque a veces se retiraba a la casa madre de Casamri para estudiar. Más tarde, no antes de 1188, dejó su lugar en Corazzo y fundó San Giovanni en Fiore, que sería el centro de una congregación que comprendía más de treinta monasterios. Llevando una estricta vida ascética y siendo reputado como profeta, fue grandemente respetado por potentados y papas, quienes le animaron en sus estudios bíblicos. Joaquín era muy leal al papado y exigió a los miembros de su orden no publicar escritos que él hubiera realizado sin que hubieran pasado el examen de la censura papal. Las tres obras que él consideraba más importantes son (1) Liber concordiae novi ac veteris testament i (Venecia, 1510); (2) Psalterium decem chordarum (Venecia, 1527) y (3) Expositio apocalypsis (también llamado Apocalypsis nova, Venecia, 1527). Los comentarios de Isaías y Jeremías que le fueron atribuidos ya a mediados del siglo XIII no son suyos y se diferencian de sus escritos auténticos, especialmente por su dura actitud hacia la Iglesia católica.

Sus relaciones e importancia.
Joaquín pertenece a aquellos del siglo XII que, como Bernardo de Clairvaux y Gerhoh de Reichersberg, a pesar de sus sentimientos y actitud eclesiástica, tenían un ojo penetrante hacia los defectos de la vida eclesiástica. A esto, igual que las visionarias Hildegarda de Bingen y Elizabeth de Schönau, añadió una expectativa ante una transformación inminente de todas las cosas. La antigua esperanza de un tiempo glorioso de la Iglesia sobre la tierra, precedido por temibles batallas, se reavivó de nuevo. Esta esperanza la basaba Joaquín en nuevas revelaciones, pero especialmente en las Sagradas Escrituras, para cuyo entendimiento más profundo se imaginó a sí mismo especialmente equipado por la iluminación divina. Esta iluminación, sin embargo, no tomó el lugar del estudio, sino que le guió a una investigación de las Escrituras, demandándole mucho tiempo y esfuerzo, uniéndola a un sistema artificial de teología histórica-profética. Se puede decir a este respecto, siguiendo a ciertos predecesores como Ruperto de Deutz, que abrió un nuevo desarrollo en el campo de la teología profética, un tratamiento que posteriormente sería continuado por Cocceius y Bengel, aunque no debe olvidarse que Joaquín difiere de ambos tanto como difieren el uno del otro.
Su exposición de la Historia.
Joaquín divide la Historia en tres dispensaciones: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo o con referencia a las tres clases principales en la Iglesia, los tiempos de la preponderancia de los casados, de los clérigos y de los monjes. El primer tiempo comenzó con Adán, el segundo con Juan el Bautista, comenzando la preparación del tercero con Benito de Nursia y desarrollándose con la orden cisterciense, anunciándose para 1260 la etapa final. El poder, los Parvuli de ecclesia latina, vendrá de la Iglesia de occidente, que él considera una orden monástica, el ordo justorum. Los escogidos en la Iglesia griega se unirán con la Iglesia católica, teniendo lugar la conversión de gentiles y judíos. Este será el tiempo en el que, como está escrito, el Espíritu y la Vida saturarán la Iglesia; el tiempo del Evangelio eterno. Pero entonces tendrá lugar una última batalla contra el poder del mal, que aparecerá en la persona del último y peor Anticristo, en Gog. Tras esto vendrá el juicio final y se inaugurará el gran sábado de la consumación.
El siguiente pasaje procede de su obra Expositio apocalypsis:
'El primero de los tres estados de los que vamos a hablar se desarrolló en tiempos de la Ley, cuando el pueblo del Señor era aún pequeño y permanecía sometido a las servidumbres de este mundo, sin poder atender a la libertad del Espíritu, ya que no había tenido aquel del que se dice: «Cuando el hijo os haga libres, seréis verdaderamente libres» (Pero si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que me envió.[…]Juan 8:16).
El segundo estado nació bajo el régimen del Evangelio y permanece hasta hoy. Hay más libertad que en el pasado pero no tanta como en el futuro. El apóstol Pablo lo dice de la siguiente forma: «Ahora nuestro conocimiento es imperfecto e imperfecta la profecía. Cuando llegue lo perfecto desaparecerá lo imperfecto» (9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará. […]1 Corintios 13:9-10). Y en otra parte dice: «El Señor es el Espíritu y allí donde está el Espíritu del Señor ahí está la libertad» (Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad.[…]2 Corintios 3:17).
El tercer estado vendrá al fin del mundo, no oculto bajo el velo de la letra sino en la plena libertad del Espíritu. Entonces será destruido el falso evangelio de los hijos de la perdición y de sus profetas. Quienes se formaron en la justicia serán «semejantes al estallido del firmamento y numerosos como las estrellas en la inmortalidad perpetua» (Los entendidos brillarán como el resplandor del firmamento, y los que guiaron a muchos a la justicia, como las estrellas, por siempre jamás.[…]Daniel 12:3).
El primer estado, que vivió bajo el régimen de la Ley y la circuncisicín, comenzó con Adán. El segundo, que vio la luz bajo el régimen del Evangelio, empezó con Ozías. El tercero, en tanto pueda comprenderse el cómputo de las generaciones, se inició en tiempo de san Benito, cuya cautivadora gloría podrá ser contemplada en su momento, en la época en que se revelará Elías y en la que el incrédulo pueblo judío volverá al Señor de tal forma que el Espíritu clamará por su propia voz siguiendo la Escritura: «Hasta ahora el Padre y el Hijo han actuado conjuntamente; ahora me toca actuar a mí» (Pero El les respondió: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.[…]Juan 5:17).
Puesto que el contenido del Antiguo Testamento se aplica al Padre por propiedad tipológica, y que el contenido del Nuevo Testamento se aplica al Hijo, la inteligencia espiritual que procede de uno y de otro se aplica al Espíritu Santo. Y más aún, como el orden conyugal que prevaleció en la primera época se aplica al Padre por una propiedad tipológica, y el orden de los clérigos de la segunda época se aplica al Hijo, así el orden de los monjes, a quien pertenecen los últimos grandes tiempos, se aplica al Espíritu Santo. Y, siguiendo esto, el primer estado se atribuye al Padre, el segundo al Hijo y el tercero al Espíritu Santo, aunque de una u otra manera, el estado del mundo se reputa único, y único el pueblo de los elegidos, y todas las cosas en conjunto son muestra del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.'
Esos pensamientos, expandidos en los escritos de Joaquín, fueron favorablemente recibidos. El siglo XIII estuvo más repleto que el siglo XII de las más extravagantes expectativas y los celosos franciscanos, que pensaban más en el ideal de la pobreza que la Iglesia oficial, no fueron los únicos en defenderlas. Aquí las ideas de Joaquín hallaron tierra abonada, recibiendo una interpretación y expansión que era contraria a su propio significado. También a esta esfera pertenecen los comentarios de Isaías y Jeremías. Gerhar de Borgo San Donnino fue el más extremista. Consideraba que las tres principales obras de Joaquín estaban inspiradas y eran escritos canónicos, sobrepasando el Evangelium aeternum al Antiguo y Nuevo Testamento. Preparó una edición de la obra, acompañándola con glosas y una Introductorius in evangelium aeternum. Esta obra, publicada en París en 1254, originó una gran conmoción (comp. el pasaje de Roman de la rose in Haupt, 379, note 1). Los teólogos de la universidad de París, que se veían amenazados en su posición científica y eclesiástica por los monjes mendicantes, recogieron el guante y emitieron una queja a Roma. En 1225 Alejandro IV designó una comisión para examinar el asunto. El 4 de noviembre de 1255 emitió una bula que condenaba la Introductorius, sin censurar los escritos de Joaquín. Cuando un sínodo en Arlés (1260 o 1263) condenó después sus escritos, esta decisión no obtuvo autoridad eclesiástica general. Su nombre permaneció como uno entre los beatos en el recuerdo de la Iglesia, teniendo como tal un lugar en Acta Sanctorum. Todavía menos pudo esta condenación impedir que las exposiciones proféticas de Joaquín fueran leídas una y otra vez, hallando creyentes, aunque la fecha profetizada de 1260 pasó sin los cambios anunciados. Johannes Petrus Olivi y Ubertino de Casale y en general los spirituales de los franciscanos estuvieron bajo su influencia. Hubo seguidores suyos que se adhirieron al papa así como a los gibelinos, habiendo huellas por toda la Edad Media de joaquinismo.