Historia

JORGE -OBISPO DE LOS ÁRABES- (c. 640-724)

Jorge, obispo de los árabes, nació hacia 640 en Juma, en el distrito de la parte inferior del valle de Afrin, perteneciente a la diócesis de Antioquía y murió en 724.

Vida.
Cuando era joven estuvo relacionado con su famoso paisano Jacobo de Edesa, cuyo Hexæmeron completó tras la muerte de Jacobo. En noviembre de 686, en conformidad con el deseo del agonizante patriarca Atanasio II de Balad, fue consagrado obispo por el maphrian jacobita Sergio Zakunaja, arzobispo de Kartamin cerca de Mardin. Su jurisdicción no era local, sino que incluía las tribus árabes en la frontera oriental de la mitad septentrional del desierto arábigo. Doctrinalmente estaba relacionado con la iglesia jacobita de Siria, como se muestra por sus escritos dogmáticos y controversiales.

Preparación intelectual.
Tenía un amplio conocimiento de la literatura cristiana y clásica. Además de la Biblia, conocía a los principales historiadores de la Iglesia, Eusebio, Sócrates y Teodoreto. En las obras de Basilio se sentía especialmente cómodo, estando bien informado de Atanasio, Gregorio de Nisa y Gregorio de Nacianzo, así como con los autoridades monofisitas a las que los jacobitas apelaban, especialmente el patriarca Severo de Antioquía; conocía tanto a Cirilo de Alejandría y Sabelio como a Juliano de Halicarnaso y estaba familiarizado con las obras del pseudo-Dionisio. Estaba no menos bien versado en la literatura siríaca antigua: Bardesanes, Afraates y Efrén. Incluso de las obras posteriormente removidas, como las de Josefo y las clementinas, muestra mucho más que un conocimiento superficial. Su extensa correspondencia, de las cuales las cartas de 714 a 718 todavía existen, muestra que era el dirigente intelectual de sus compatriotas.

Obras en prosa.
La mayor parte de su obra todavía existe y muestra su lado polifacético, cubriendo no sólo las más variadas ramas teológicas, sino incluyendo una traducción valiosa de una parte del Organon de Aristóteles, con el comentario más completo sobre ese autor existente en siríaco. Con esta obra aristotélica puede ser clasificada, en cuanto a plan y propósito, una colección de scholia sobre las homilías de Gregorio de Nacianzo (preservadas en un manuscrito del siglo X o XI en el Museo Británico), aunque ni la traducción de las homilías ni el escrito de la scholia fue hecho por Jorge, quien sólo los compiló.

Obras poéticas.
Sobre sus obras poéticas, el Chronicon, escrito en verso decasílabo, fue antiguamente preservado en un solo manuscrito en el Vaticano, que ha desaparecido totalmente. Trataba en 24 capítulos con las reglas para situar las fiestas movibles, con los ciclos del sol y la luna, con los meses, semanas y otras cosas pertenecientes al reconocimiento eclesiástico. La tabla para hallar el tiempo de la luna nueva que originalmente formó parte de ello se ha preservado separadamente en dos copias, una en el Vaticano y otra en el Museo Británico. La competencia del autor en esas cuestiones astronómicas se muestra por dos cartas a Juan, un presbítero del monasterio de Litharb (Al-Atharib, cerca de Alepo), en el que toma un punto de partida avanzado más allá de las supersticiones astrológicas de su tiempo. De los tres poemas existentes, uno (Museo Británico y Bodleiano) trata de la vida monástica y da elocuente expresión al entusiasmo místico de la tradición monofisita en su descripción de la bienaventuranza de la condición del monje. Los otros hacen referencia a la consagración del crisma sagrado, que según la manera simbolista del pseudo-Dionisio, está místicamente relacionado con el Ungido; en ambos juega una gran parte el Antiguo Testamento y sus ceremonias, como tipos de la dispensación más perfecta y sus misterios y festividades. El poema más largo (Vaticano, París) sigue estrechamente el ritual de la consagración del aceite; el más corto (Museo Británico) cubre el mismo asunto más concisamente. En conexión con esto se puede mencionar una explicación en prosa de los sacramentos (Museo Británico), que trata sólo del bautismo, la eucaristía y la bendición del crisma, no reconociendo Jorge (como el pseudo-Dionisio, a quien sigue) ningún otro sino sólo esos sacramentos. La conclusión antes mencionada al Hexæmeron de Jacobo de Edesa la toma desde la resurrección y trata con el juicio final y la recompensa de las obras buenas y malas. Como Orígenes y otros Padres griegos, especialmente Gregorio de Nisa y los teólogos de la escuela de Antioquía, así como el monofisita Esteban bar Sudaili, Jorge enseña la doctrina de la restauración final de todas las cosas.

Cartas.
Sin embargo, para el estudio de la posición doctrinal de Jorge sus cartas (contenidas en un manuscrito del siglo octavo o principios del noveno, Museo Británico) son de la mayor importancia; muestran que las cuestiones científicas ocuparon principalmente al clero y monjes de su tiempo, que las cuestiones dogmáticas eran muy frecuentemente discutidas y cómo la legislación eclesiástica era llevada a cabo en la vida diaria de la Iglesia. Una idea de su contenido se puede obtener mejor al tomarlas de acuerdo a sus temas, sin referencia a su orden cronológico. Bajo el encabezamiento de historia de la Iglesia se pueden poner los primeros tres capítulos de las más largas de todas, dirigidas al presbítero Josué el Recluso, con fecha de julio de 714. Esos capítulos tratan con la vida y tiempos de la "saga persa", es decir Afraates, y discute la teoría de que el fin del mundo vendrá tras 6.000 años, la doctrina del sueño del alma tras la muerte y su despertar y la cuestión por la que Noé no avisó a sus contemporáneos del diluvio, una cuestión que no fue tratada en las homilías de Afraates, sino que se le había ocurrido Josué mientras las leía. En el capítulo quinto Jorge proporciona la vida y enseñanza de Gregorio el Iluminador, el apóstol de los armenios, discutiendo finalmente la cuestión de si Gregorio estaba justificado al prohibir a sus convertidos armenios mezclar el agua con el vino en la Cena, como era la costumbre siria. En este capítulo especialmente notable se aprecia la percepción crítica y el estricto juicio histórico, evitando lo milagroso, con el que maneja el material antes de él. Una segunda división de las cartas está compuesta por las de naturaleza exegética. Assemani está equivocado al atribuir a Jorge la composición de un comentario sobre la Biblia y especialmente sobre Mateo; lo que hizo, según la costumbre de su tiempo, fue discutir cuestiones particulares que le interesaban o le fueron expuestas por otros. Con esos puntos de exégesis bíblica pueden clasificarse las exposiciones de pasajes de escritores griegos y siríacos, tales como Gregorio de Nacianzo, Efrén Sirio y Jacobo de Edesa. Una tercera clase, de interés doctrinal, son especialmente didácticas y parcialmente polémicas. De la primera naturaleza son los ocho capítulos de la larga carta a Josué, en la que sostiene (como los otros teólogos griegos y sirios) la libertad de la voluntad y una carta al Juan ya mencionado, sobre la parte que el sacerdote tiene en el perdón de pecados, que Jorge reduce a moderadas proporciones. Las cartas polémicas conciernen principalmente con cuestiones cristológicas y son particularmente interesantes al mostrar que la oposición monofisita iba entonces dirigida no contra los nestorianos, sino contra los seguidores del concilio de Calcedonia, un hecho que difícilmente se explicaría históricamente si no existiera el conocimiento de la diferencia de creencia entre Cirilo de Alejandría y Severo, principal autoridad de Jorge. Una cuarta división trata con cuestiones de derecho eclesiástico y ritual e incluye el cuarto y séptimo capítulo de la carta a Josué, así como otra a él de 718, en la que responde a tres preguntas relativas a la celebración apropiada de la eucaristía. Finalmente se puede hacer una quinta división de contenido ascético del capítulo noveno de la carta a Josué, en la que trata con la tentación nocturna y los medios a ser empleados para combatirla.

Importancia.
El valor de las obras de Jorge yace en la manera en la que incrementan el conocimiento de la historia de la Iglesia y la literatura siria, dando una descripción que es rica por la variedad de su actividad e instructiva por su posición, a medio camino entre los autores que abren y cierran la literatura siria: Efrén († 373) y Gregorio Bar Hebræus († 1286). Aunque sobrepasa de lejos los imperfectos comienzos del estricto saber sirio en Afraates, el carácter prácticamente edificante de su obra poética recuerda especialmente la actitud del cristianismo primitivo, que fue preservado principalmente en Siria más que en otras partes. Pero cuando contemplamos la altura alcanzada por su pensamiento científico, entrenado no sólo por la lógica de Aristóteles sino por el conocimiento de Aristóteles de la naturaleza y del mundo, reconocemos al mismo tiempo la poderosa influencia que el saber griego tuvo sobre la mente de la Iglesia, incluso en el este. Jorge no sólo se apropió de todo lo que la literatura y filosofía griega pudo darle, sino que permanece por encima de los otros eruditos de su nación por su amplio uso de este abundante material, por su excelente juicio y profunda percepción y por la libertad y amplio rango de su perspectiva.