Historia
JOSÉ II (1741-1790)
- La Ilustración. Reformas políticas
- Control gubernamental de la Iglesia
- Posición del clero en el Estado
- Reformas que afectaron a la cura de almas
- Tolerancia religiosa establecida
- Logros y fracasos de las reformas

Austria estaba en la primera fila de los países estrictamente católicos que en la segunda mitad del siglo XVIII se vieron obligados a romper con su anticuado sistema para encontrar el camino a una nueva existencia. Las derrotas de Austria, especialmente en la Guerra de los Siete Años (1756-1763) habían mostrado a María Teresa la falta de poder central, financiero, intelectual y moral en su país y la necesidad de reformas. Aunque era una buena católica y personalmente antagonista de la Ilustración, permitió a los dirigentes de este movimiento intelectual difundir las nuevas ideas de territorialismo y febronianismo. El archiduque José fue uno de los más prominentes y fervientes defensores de las nuevas ideas y cuando se convirtió en corregente tras la muerte del emperador Francisco (18 de agosto de 1765), las reformas eclesiásticas se llevaron a cabo en una manera más completa e independiente, especialmente porque papas como Clemente XIV (1769-74) y Pío VI (1775-1799) intentaron salvar la jerarquía mediante concesiones de largo alcance. A la muerte de la emperatriz en 1780, José quedó como único gobernante y comenzó un sistema totalmente nuevo que se desarrolló en el plazo de unos años. El antiguo orden feudal dio paso al estado monárquico de la Ilustración, en el que no existían clases ni estados privilegiados. En la esfera política José continuó la centralización de los antiguos territorios Habsburgo y en la social intentó elevar el estado de los campesinos y la industria. La servidumbre quedó abolida así como los impuestos sobre la propiedad territorial, quedando la vida en Austria liberada de sus limitaciones paralizantes.
Control gubernamental de la Iglesia.
José era un destacado territorialista. Todas las relaciones externas de la Iglesia (es decir, todo menos los dogomas en el sentido estricto), la administración de los sacramentos y la disciplina interior sobre el clero quedaron bajo el poder regulador supervisor del Estado. Él concebía la relación de las iglesias de sus territorios con Roma totalmente en sentido febroniano. La peculiaridad de su sistema de política eclesiástica ha sido denominada josefinismo, un término que supone la unión de febronianismo, episcopalismo y territorialismo, con la idea política dominante. Él no era hostil a la Iglesia; el catolicismo le parecía la forma eclesiástica históricamente desarrollada y por tanto natural en sus territorios, pero no sometió su gobierno a ideas meramente eclesiásticas. La Iglesia le parecía sólo la organización de una de las esferas en las que la vida del pueblo se desarrolla y que está por tanto subordinada al conjunto, que es el Estado. El objetivo último de todas sus reformas fue la supremacía del Estado. El medio fue la introducción de la Ilustración para levantar un nuevo poder ético e intelectual. Por tanto, las iglesias en los territorios de los Habsburgo debían quedar desconectadas, hasta donde fuera posible, de su relación legal con el papado y consolidadas en una organización uniforme bajo el gobierno del soberano. Consecuentemente el placet para toda clase de bulas y breves papales fue renovado y ejecutado estrictamente. La bula Unigenitus nunca se mencionó y la bula In coena Domini quedó eliminada de los libros de liturgia. En 1781 quedaron rotas todas las relaciones entre las órdenes religiosas y sus superiores y hermanos en países extranjeros. Al mismo tiempo, quedaron subordinadas al poder disciplinario de los obispos y arzobispos. Se aplicaron ordenanzas similares a todo el clero. La comunicación con Roma debía pasar por los embajadores austríacos. Nadie podía solicitar títulos papales en Roma o enviar dinero. Los obispos recibieron el derecho de absolver y dispensar, especialmente en asuntos matrimoniales y de instituir nuevas festividades, devociones, etc. Toda apelación a Roma quedó prohibida. Como muchos lugares a lo largo de las fronteras de los dominios austríacos estaban bajo la autoridad de obispos extranjeros, se hizo necesaria una nueva circunscripción de las diócesis. Más aún, la relación de los obispos con el gobierno secular se hizo más estrecha que con el papa. Se demandó de ellos un nuevo juramento de sujeción al gobernante temporal que precedía al del papa. No obstante, se reservó para el papa un cierto privilegio sobre las relaciones internas y externas de la Iglesia austríaca y cuando fue posible el emperador trató de obtener su consentimiento para las reformas eclesiásticas.

La jurisdicción especial del clero se abolió, quedando sujeta a los poderes legislativo y judicial, teniendo que esperar los obispos el placet para su consagración, asumiendo el Estado la legislación matrimonial (1783). Como el objetivo de José era poner al clero en estrecha relación con el Estado austríaco y hacer a sus representantes más eficaces en su profesión de lo que habían sido bajo el antiguo sistema, colocó su educación en manos de la autoridad civil central de instrucción, la Comisión imperial de las escuelas. A los estudiantes teológicos se les prohibió visitar el Collegium Germanicum et Hungaricum en Roma (18 de noviembre de 1781), cuya institución fue reemplazada por un Collegium Germanicum et Hungaricum en Pavía. En 1783 las escuelas teológicas en los monasterios fueron cerradas, siendo abiertos "seminarios generales" como instituciones estatales bajo la superintendencia de la comisión imperial. Ya que los monasterios eran considerados las principales sedes de todos los sentimientos inamistosos hacia el Estado, que privaban al Estado de un gran número de hombres eficientes que se necesitaban urgentemente para un gran número de nuevas parroquias, una ley del 12 de enero de 1782 ordenó la disolución de todas las órdenes religiosas no ocupadas en la predicación, enseñanza o cuidado de los enfermos. De esta forma el número de monasterios en Austria y Hungría se redujo de 2.163 a 1.425.
Reformas que afectaron a la cura de almas.
No menos exhaustivas, y evidenciando el mismo carácter, fueron las reformas sobre la vida interna de la Iglesia católica. El emperador hizo los mayores esfuerzos para elevar la cura de almas y adaptar su organización a las necesidades de las cambiadas condiciones. Muchas de las iglesias monásticas fueron transformadas en iglesias parroquiales. Los emolumentos de un fondo religioso estatal se usaron para la fundación de iglesias, tareas pastorales y capellanías; los antiguos monjes quedaron empleados en obra pastoral. Al mismo tiempo José influenció profundamente el orden del servicio eclesiástico. Su propósito era eliminar la práctica meramente externa y mecánica de la religión y extender el ideal de la Ilustración, la adoración de Dios en espíritu y en verdad y el amor práctico al prójimo. Prestó especial atención a la predicación, la instrucción de la juventud y el canto congregacional. El 29 de abril de 1783 se publicó un nuevo orden eclesiástico para Viena, que sirvió de modelo para todo el país. Todos los órdenes de servicio que fueran más allá del ritual romano fueron eliminados. La lengua latina quedó abolida y se introdujo el alemán en los servicios. Se establecieron normas respecto a la ornamentación lujosa de las iglesias, las procesiones esplendorosas, la iluminación brillante, la exhibición de reliquias, las peregrinaciones, etc. Un sistema racional para el cuidado de los pobres y enfermos sustituyó la mendicidad y la arbitraria entrega de limosnas.
Tolerancia religiosa establecida.
Un edicto del 13 de octubre de 1781 establecía la tolerancia religiosa para toda la monarquía Habsburgo en los territorios alemán y bohemio, Hungría y sus dependencias, Italia y los Países Bajos. Los seguidores de las confesiones de Augsburgo y Helvética, así como los miembros de la Iglesia griega, obtuvieron una limitada libertad religiosa. A cada grupo de 100 familias les fue permitido construir una casa de reunión, pero sin campanarios ni entradas por la calle, y una escuela y emplear a sus propios maestros y pastores subordinados, que habían de ser confirmados por el emperador. Las descalificaciones civiles que surgían de las diferencias denominacionales quedaron abolidas. En los territorios alemanes, Bohemia y Moravia el número de no católicos en 1782 era de 73.722. En 1788 este número creció hasta 156.865. El número de congregaciones toleradas en Hungría y Transilvania en 1783 era de 272; en 1784 de 758. Mediante colectas en Austria y Hungría, en el imperio, en los Países Bajos evangélicos, Suiza, Dinamarca y Rusia se consiguieron considerables sumas de dinero para la organización de congregaciones evangélicas. El gobierno mismo hizo esfuerzos para establecer el orden y desarrollar las condiciones internas de las iglesias protestantes. Los protestantes formaron un consistorio especial en Alemania, Bohemia y Moravia.
Logros y fracasos de las reformas.
Es evidente que una revolución de tales proporciones iba a encontrar la más fiera oposición, especialmente de la curia. El 22 de marzo de 1782, Pío VI hizo una visita a Viena para protestar ante el emperador; pero fue recibido con fría cortesía y regresó sin haber logrado su propósito. En los antiguos países de la corona de los Habsburgo el sentimiento era muy diferente. Entre los obispos, José tenía amigos y enemigos. Las ideas febronianas de la Ilustración estaban representadas por el arzobispo de Salzburgo, así como por los obispos de Koniggrätz, Wiener Neustadt, Laibach, Seckau, etc., mientras que las antiguas ideas eclesiásticas eran respaldadas por el arzobispo de Viena y el episcopado húngaro bajo el liderazgo de su primado. En los territorios alemanes y bohemios las reformas eclesiásticas en conjunto se llevaron a cabo pacíficamente, aunque los cambios en el culto y en la ética eclesiástica originaron algo de oposición. Las reformas político-sociales agradaron a campesinos y ciudadanos, pero provocaron la oposición de las clases privilegiadas. En Hungría las reformas eclesiásticas se realizaron sin oposición, pero la revolución política y social necesitaba, por la tendencia centralista del emperador en los intentos de romper la antigua constitución de Hungría y Transilvania para gobernar el país en manera despótica por los oficiales del Estado, introducir el alemán como lengua oficial y abolir la servidumbre con los privilegios de la nobleza y clero, lo que enfureció a la nobleza magiar de tal manera que el 30 de enero de 1790 todas las reformas sociales y políticas fueron rechazadas. En los Países Bajos el edicto de tolerancia se promulgó en noviembre de 1781, siendo ejecutado sin dificultad, a pesar de la oposición de los Estados y el clero. Las otras provisiones eclesiásticas fueron combatidas sólo por el clero y las órdenes monásticas. Pero aquí también el intento de romper la antigua constitución feudal, el autogobierno de los Estados y la posición privilegiada del clero y la nobleza en las ciudades y en el campo, se encontró en 1787 con la más violenta oposición en todos los círculos prominentes. El 7 de enero de 1790 las provincias se declararon independientes y la condición política general privó al emperador de toda esperanza de victoria. Desalentado y derrotado murió al mes siguiente. No hay duda de que la impaciencia y prisa de sus reformas perjudicaron enormemente su obra, aunque su reinado fue el punto de partida de un nuevo y más elevado desarrollo de Austria. El sistema de legislación eclesiástica continuó tras su muerte, salvo que en los Países Bajos su hermano y sucesor Leopoldo se vio obligado a sacrificar todas las innovaciones eclesiásticas, incluso el edicto de tolerancia, para recuperar sus provincias. En Hungría y Transilvania el conjunto principal de reformas eclesiásticas y especialmente el edicto de tolerancia, permanecieron en vigor. En Austria la mayoría de los Estados exigieron la restitución de las antiguas condiciones feudales y el antiguo dominio de la Iglesia católica, pero Leopoldo rechazó ambas cosas. De la legislación eclesiástica sólo los "seminarios generales" quedaron interrumpidos. A los obispos se les permitió construir sus propias instituciones y deshacerse del orden eclesiástico. La gran masa de reformas dentro de la Iglesia católica permaneció hasta 1848. En el tiempo de Napoleón I el josefinismo se extendió por todos los Estados alemanes meridionales, Baviera, Württemberg, Baden y Hesse. No fue hasta 1848 que quedó totalmente derrotado en Austria, así como en los Estados alemanes meridionales. Sólo el edicto de tolerancia permaneció en vigor en Austria, siendo incorporado en la constitución.