Historia

JOVINIANO († 406)

Joviniano fue conspicuo en Roma tras el año 385 como escritor polémico contra la indebida valoración del celibato y la vida ascética. Antes de ese momento había vivido en celibato como asceta estricto, pero coincidiendo con su aparición en público modificó su estilo de vida, siendo indulgente con comer carne, vestir mejores ropas, frecuentar los baños y no renunciar a asociarse con mujeres y jóvenes. Sin embargo, permaneció soltero, estimando este estado como ideal para él. Vivió según la manera pre-monástica de los ascetas occidentales, pudiendo ser considerado un defensor del régimen ascético que libró una desesperada batalla en Roma contra las nuevas e intensas formas de monasticismo oriental. En este proceso llegó a conclusiones que estaban en oposición a las teorías que por largo tiempo había defendido la Iglesia. A consecuencia de su agitación contra el monasticismo, muchos hombres y mujeres dejaron la vida célibe. Que naturalezas frívolas también se escudaran en Joviniano, considerándole un abogado de la moralidad cristiana relajada, se puede creer por el testimonio de Jerónimo. Siricio, ante las denuncias presentadas contra él en círculos monásticos en Roma, le excomulgó junto con sus seguidores en el año 390, enviando la decisión a otros obispos, como Ambrosio de Milán. Joviniano se trasladó a Milán con sus adherentes más leales, donde Ambrosio se dio prisa en excomulgarle en 391. Jerónimo escribió, por instigación de sus amigos romanos dos libros en 392 contra él. Al ser considerados demasiado polémicos, Jerónimo quiso suavizar su tono sin ceder realmente en el contenido (Epist., xlviii-li). La lucha se reavivó en Milán y Ambrosio escribió un aviso contra las doctrinas heréticas de Joviniano (Epist., lxxxiii). Agustín escribió el tratado De bono conjugali contra la herejía joviniana, aunque sin mencionarle por nombre. Murió el año 406 (Jerónimo, Adv. Vigilantium, i).

Las ideas doctrinales de Joviniano se conocen sólo por los escritos de sus oponentes, quienes trasmitieron algunas de sus tesis literalmente, aunque en lo que respecta a lo profundo de su pensamiento tenemos que limitarnos a construcciones hipotéticas. Escribió una obra que Jerónimo llama commentarioli, en la que buscaba aducir evidencias bíblicas a sus tesis, aunque sin menospreciar el apoyo de la literatura profana. Sus doctrinas convergen en la oposición al monasticismo. En las cartas de Siricio se mencionan dos enseñanzas erróneas de Joviniano. Según la primera, las vírgenes, viudas y casados, bautizados en Cristo, tienen igual mérito, salvo en lo que respecta a sus obras y que el ayuno no es mejor, más meritorio, ni agradable a Dios que el disfrute de la comida, con acción de gracias. En la decisión sinodal de Ambrosio de Milán se citan otras dos enseñanzas atribuidas a Joviniano: la negación de la inviolabilidad de la virginidad de María y una diferencia en la remuneración celestial de los justos. Al combatir el creciente dogma de la virginidad inviolable de María, por la que los monjes estaban especialmente interesados, Joviniano deseaba propinar un golpe a los seguidores del monasticismo. Creía en el nacimiento virginal de Jesús, pero afirmaba que al dar a luz, María cesó de ser virgen. En su deducción de la igualdad de matrimonio y virginidad, Joviniano parece haber avanzado otra proposición transmitida por Jerónimo, esto es, que todos los regenerados que han preservado su gracia bautismal reciben la misma recompensa en el reino de los cielos, independientemente de si han vivido casados o célibes. A la luz de esos pensamientos, la última y más difícil proposición de Joviniano se hace inteligible, al afirmar la impecabilidad esencial del regenerado. No se sabe hasta dónde extendió esta proposición. A causa de este punto Jerónimo lo relaciona teológicamente con Pelagio. Juliano de Eclana lo clasifica con Agustín y éste, a su vez, con el pelagianismo.