Historia

JUAN DE DAMASCO (c. 675-749)

Juan de Damasco (Juan Damasceno) nació hacia el año 675 en Damasco y murió el 4 de diciembre de 749 en el monasterio de Mar Saba, cerca de Jerusalén.

Vida.
Fue el último representante de los Padres griegos y uno de los teólogos más autoritativos de la Iglesia ortodoxa, llevando el apelativo Chrysorrhoas 'río de oro'. Aunque su familia era cristiana, tenía una alta posición pública hereditaria bajo los gobernantes musulmanes de Damasco, consistente en la recaudación de impuestos en Siria. El padre de Juan ocupó esta posición, tal como hizo el propio Juan durante un tiempo. Los árabes dieron a la familia el apelativo Mansur, que fue también llevado por Juan. Poco después del año 730 se hizo monje y se marchó a Mar Saba, donde su hermano adoptivo, el poeta Cosme, y su maestro le habían precedido. Este último era un monje italiano que había sido llevado a Damasco como prisionero de guerra, siendo liberado por el padre de Juan. A él le debió Juan su introducción a la teología y filosofía y su amplio conocimiento de la ciencia secular. Fue ordenado sacerdote por el patriarca Juan IV de Jerusalén poco después de entrar al monasterio, pero rehusó avanzar en el rango jerárquico. En Mar Saba escribió sus principales obras. Hacia el fin de su vida hizo una cuidadosa revisión de sus escritos. Su tumba todavía se mostraba en el monasterio en el siglo XII, pero se dice que en el XIV su cuerpo fue trasladado a Constantinopla. Es honrado como santo por la Iglesia griega el 4 de diciembre y por la latina el 6 de mayo.

Escritos en defensa de las imágenes.
Probablemente los escritos más antiguos de Juan son los tres Tratados apologéticos contra los que desprecian las sagradas imágenes, escritos por las vigorosas medidas tomadas por el emperador León III. El primero, escrito mientras Juan estaba todavía en la vida pública en Damasco, es un arma que puso en manos de los amigos de las imágenes. Como Juan estaba fuera de su poder, León intentó atraparlo mediante la acusación de traición al califa. Dirigiéndose al pueblo y patriarca de Constantinopla, Juan profesó escribir más por un sentido del deber que por gusto, deseando solo 'echar una mano a la verdad cuando es atacada'. Su estilo es definido e incisivo, aunque restringido y dignificado, propio de un hombre de buena educación, energía inflexible y conocimiento de los asuntos eclesiásticos. Las imágenes las justifica sobre la base de que Dios, que 'no puede ser captado, sin cuerpo, invisible, no circunscrito al espacio y sin forma,' se hizo visible sin embargo en el Logos, que se hizo carne. Por lo tanto, puede hacerse una imagen 'de la carne del Logos que ha sido vista' y al hacerlo no hay nada prohibido o anti-cristiano. La prohibición mosaica iba dirigida contra algo muy diferente. La 'adoración' (proskunesis) es un símbolo de dependencia y reverencia; tiene muchas variantes, siendo la más elevada la de latría, que se debe a Dios solamente; en otros casos para los cristianos es meramente una expresión de reverencia (sebeia) y se le otorga apropiadamente a lo que está relacionado con la salvación: la cruz, los evangelios, el altar, etc. 'No adoro lo material (hyle)' declara, 'sino al fabricante [demiourgon] de lo material, al único que... por lo material ha fraguado la salvación'. La imagen se convierte para él en un medio de salvación y ella y el Dios-hombre se aproximan tanto que hay poca diferencia práctica entre ambos. Especulaciones refinadas, como el intento de medir la extensión de esa armonía, pertenecen a una etapa posterior de la controversia. Más aún, Juan no intenta estigmatizar la cristología de los iconoclastas como herética. Las imágenes de la 'madre de Dios' se han de tolerar además de las de Cristo y también las de los santos. Finamente, cita pasajes de los Padres con comentarios que muestran que rechazar las imágenes sería apartarse de la tradición. El segundo y tercer tratado no contienen nada esencial que no esté en el primero. El segundo es el más popular y vehemente, el tercero el más formal y teológico. El segundo presupone la situación del año 730, cuando León destituyó al patriarca Germano y el tercero pudo haber sido escrito o revisado una vez que Juan era monje, siendo una compilación de los otros dos. El Tratado demostrativo sobre las imágenes y la Carta a Teófilo no son genuinos.

Principal obra dogmática.
Juan no era un místico y a duras penas trató los problemas que posteriormente agitaron la teología mistagógica, pero trató casi todas las cuestiones fructíferas teológicas, siendo ese tratamiento definitivo para la Iglesia griega. En occidente, también, su influencia ha sido considerable, pero hombres como Pedro Lombardo y Tomás de Aquino le sobrepasaron y desplazaron. Para la Iglesia ortodoxa su gran obra, La fuente del conocimiento, es una autoridad principal. Está recomendada por los méritos sustanciales del autor, que es piadoso y científico, atento con la autoridad, pero entendido y agudo, capaz de aceptar el conjunto existente de dogmas y sin embargo darles un nuevo significado y vitalidad espiritual. Aunque nunca se eleva por encima de una media de excelencia, nunca baja de la misma. No tuvo ideas propias y por eso no perturbó la paz de la Iglesia ni cayó bajo la sospecha de ser un dirigente inseguro. Para los tiempos actuales presenta un resumen conveniente e instructivo de lo que la antigua Iglesia griega realizó en el campo del dogma. La obra está dedicada por Juan a su hermano adoptivo, Cosme, que fue monje en Mar Saba y posteriormente (¿743?) obispo de Majumas (puerto de Gaza). Juan explica su plan de forma triple. Primero, presenta 'lo mejor de los sabios entre los griegos' y, como una abeja, 'extraerá salvación del enemigo' (es decir, los filósofos griegos, especialmente Aristóteles). Luego expondrá 'las extravagancias de las herejías odiadas por Dios'. Tercero, mostrará la verdad en las palabras 'de los profetas inspirados por Dios y de los pescadores enseñados por Dios y de los pastores y maestros llenos de Dios (theophoros)', es decir, las citas de la Biblia y de los Padres, recibiendo estas últimas mucha más consideración. Los Capítulos filosóficos comprenden un tratado completo sobre dialéctica y son citados bajo ese título. En la segunda parte, Juan sigue a Epifanio para el tiempo antiguo (las primeras ochenta herejías), luego a Teodoreto y otros, y finalmente hace algunos comentarios independientes, especialmente sobre el islam. Algunos códices mencionan cien herejías, otros unas pocas más. La tercera parte (Exposición de la fe ortodoxa) la dividió en cien capítulos. Más tarde en el occidente fueron agrupados en cuatro libros, de los que el primero trata de la Deidad (la Trinidad), el segundo del universo creado (cielo y tierra, ángeles y demonios, la humanidad, el libre albedrío, la providencia), el tercero principalmente de la persona de Cristo, luego los misterios, imágenes, festividades eclesiásticas y costumbres, para acabar con el Anticristo y la resurrección.

Su enseñanza.
Juan escribe clara y concisamente, usando en la mayor parte palabras de sus fuentes, pero raramente citando su autoridad, siendo las principales Gregorio de Nacianzo, Basilio, el pseudo-Dionisio y Leoncio. Como filósofo es un aristotélico de los siglos V y VI, esto es, con una fuerte infusión de neoplatonismo. La filosofía proporciona los primeros principios, pero es incapaz de aprehender y desarrollar rectamente lo que concierne a la verdad de Dios, no siendo sino la sirvienta de la fe, que es la reina. En último análisis la filosofía para Juan es meramente el maestro de la terminología correcta, mientras que la teología es sólo un trabajo sobre las opiniones de 'los santos Padres', que han sido capaces de entender primero los términos correctamente. Es el método jurídico aplicado a la dogmática; el escolasticismo en general es la incursión de la jurisprudencia en el campo de la teología. El concepto de Dios de Juan es casi de persona. Es cierto que le atribuye características personales, pero, no obstante, obtiene la comunión con Dios de una combinación física mediante la theoria (visión). En ello está la motivación religiosa de la cuestión de la imagen. Juan no alegoriza las Escrituras y no propone una doctrina de la Iglesia ni de la jerarquía. Se abstiene de la discusión del credo y caracteriza la fórmula de la fe (Fe ortodoxa, iv. 11) como una simple composición, mostrando que tiene el Credo delante de él. Su sección sobre la creación (Fe ortodoxa ii) es un completo tratado sobre astronomía y geografía con la ciencia del agua, el aire y el fuego. Su doctrina de la eucaristía merece mención porque es una de las pocas cuestiones vitales en la que no dio una palabra final para su Iglesia, aunque proporcionó dirección al pensamiento posterior. Los puntos principales son tres: (1) que hay un cambio real (metabole) y transformación (metapoiesis); (2) que el cuerpo eucarístico que resulta del cambio es el que nació de María; (3) que el cambio es análogo al que experimenta el alimento asimilado y cambiado en nuestra carne. Niega la doctrina de que el cuerpo de Cristo viene otra vez a la tierra en alguna manera en la forma eucarística, no enseñando la transubstanciación sino 'la transformación' por medio de la 'asunción'. La Fuente del conocimiento fue traída a occidente en el siglo XII y traducida al latín por Burgundio de Pisa en el tiempo del papa Eugenio III (1144-1153).

Los Paralelos sagrados.
Una contraparte de la Fuente del conocimiento es la representada por Paralelos sagrados, atribuida a Juan de Damasco, pero no aceptada universalmente como obra suya. Impresa por Le Quien y Migne tiene dos prefacios, de los cuales el segundo bosqueja una colección de máximas éticas y exhortativas de la Biblia y los Padres arregladas alfabéticamente por títulos. Hay tres libros que tratan respectivamente de Dios, las cosas humanas, la virtud y el vicio. El título dado es simplemente 'cosas santas' (ta hiera) y de hecho es difícil ver cómo los temas de los libros i y ii se pudieron arreglar en paralelo. Sin embargo, el primer prefacio que es más corto, da una descripción de toda la obra aplicable solo al tercer libro del segundo prefacio y promete presentar 'las virtudes y los vicios correspondientes' en 'paralelo'. Se añaden citas de Filón y de Josefo a las de los Padres. La obra que le sigue en Le Quien y Migne no está en tres partes, sino en un solo libro, aunque contiene material que se adapta al segundo prefacio y está arreglada alfabéticamente. Es evidentemente una revisión de otro escrito más extenso hecho, presumiblemente, por la combinación y reducción de los tres libros en uno, arreglando el material alfabéticamente. Los manuscritos difieren ampliamente. Loofs mostró que los dos manuscritos conocidos por Le Quien están basados en una obra original en tres partes, dos de las cuales están preservadas independiente y separadamente y la tercera es una revisión del denominado Antonio Melissa del siglo XI. Las conclusiones de Holl han de ser aceptadas, en lo general, como correctas. Dice: 'El Hiera comprendía originalmente tres libros... en cada uno el tema estaba arreglado en una larga lista de capítulos (titloi), algunos más completos, otros más concisos... Los capítulos de los libros primero y segundo estaban arreglados alfabéticamente según las palabras clave; en el tercer libro el autor abandonó este arreglo y, siguiendo un método favorito, escogió un juego de virtudes y vicios, uno frente al otro, de ahí que titulara el libro 'Paralelos'... En riqueza y copiosidad la obra sobrepasó a todas las colecciones similares; las citas eran miles e incluían partes de sermones de Basilio y Crisóstomo. A esta gran extensión de la obra se debe que no se haya preservado entera.' Sobre el autor, Holl se pronuncia a favor de Juan de Damasco, argumentando la tradición que le atribuye la obra y una comparación de los Paralelos sagrados con la Fuente del conocimiento. Loofs, apoyándose en un escolio del manuscrito de la segunda parte sugiere que el autor es Leoncio de Bizancio († 543). Holls dice que Juan depende grandemente de Máximo Confesor, de quien tomó prestada la idea de un libro edificante compuesto de sentencias de la Biblia y los Padres, incorporando incluso una obra de Máximo a la suya propia. Sin embargo, por el número de temas tratados y autoridades citadas, así como por la extensión de los pasajes citados, Juan sobrepasa grandemente a Máximo; además hizo un arreglo que Máximo no hizo. 'No es sorprendente', continúa Holl 'que las antítesis se coloquen una al lado de la otra y los motivos de la más mísera sabiduría mundana con las ideas de la mayor importancia moral'. Los Paralelos son una auténtica descripción del tipo de pensamiento moral que es particular a la Iglesia griega.

Himnos y escritos menores.
Juan no es solo el más renombrado teólogo de la Iglesia oriental, sino también, con su hermano Cosme, el más estimado escritor de himnos. Antes se pensaba que fue el creador del oktoichos (el himnario para el servicio diario), pero es más probable que solamente lo revisara y mejorara. Como los escritores orientales de himnos en general, él compuso tanto la letra como la música. Sus 'cánones' (composiciones de estructura muy complicada consistiendo de ocho o nueve himnos, cada uno de tres o cuatro estrofas y teniendo su propia melodía) alcanzaron la cima más alta del arte y la habilidad. Los de métrica jámbica para Navidad, Epifanía y Pentecostés son peculiares, al ser tanto cuantitativos como rítmicos; son acrósticos muy difíciles y dos de ellos tienen ciento treinta líneas cada uno y el mismo número de letras en cada dístico. De los escritos menores atribuidos a Juan el Tratado sobre el recto pensamiento es genuino. Es una reverente apología para todos los que están bajo el metropolitano de Damasco, tratando primero del credo y nombrando luego todas las herejías. Hay un evidente desagrado, incluso desprecio, por Orígenes (vi). Teológicamente el tratado tiene poca significación, pero muestra los intereses de Juan cuando vivía en Damasco. Tal vez se puede decir lo mismo del 'libro' que inmediatamente sigue en Migne (xciv. 1436 y sig.), que fue escrito a petición de Pedro, metropolitano de Damasco, para una exposición de la fe. Otros tratados son interesantes por su forma (algunos dialogados) o porque son designados como 'dictados' por Juan, que responde a preguntas hechas por sus discípulos, como en Diálogo contra maniqueos, Conversación entre un sarraceno y un cristiano e Introducción a la dogmática elemental. El contenido de los escritos ascéticos de Juan es importante para la Iglesia griega. Entre sus títulos están Sobre los ayunos y Sobre los ocho espíritus del vicio. Las dos cortas exposiciones sobre la eucaristía y el tratado Sobre el pan sin levadura son de dudosa autenticidad.

El siguiente pasaje procede de su obra Homilía sobre el Sábado santo, 18:

'¿Cuál es el significado de que Cristo, posponiendo su propia voluntad, suplicaba que se cumpliese la voluntad del Padre? (comp. Y adelantándose un poco, cayó sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras .[…]Mateo 26:39). ¿A cuál de las naturalezas corresponde el suplicar? A la naturaleza creada, evidentemente. A ésa pertenece, pues, la voluntad que es relegada. Por tanto, Cristo es uno solo, Hijo y Señor, con dos naturalezas perfectas y con todo aquello que es propio de cada una de ellas. Sin división ni confusión alguna realiza aquello que es peculiar de cada una de las naturalezas, las cuales se unen entre sí, tal como les corresponde por su esencia, pero sin confundirse. Cristo es uno de la Trinidad, el Hijo de Dios que por nosotros se ha hecho el Hijo del hombre.'
Mapa de los Padres de la Iglesia - Juan de Damasco