Juan el Constante nació en Meissen el 30 de junio de 1468 y murió en Schweinitz el 16 de agosto de 1532.
Juan el Constante, por Lucas Cranach el ViejoRecibió una amplia educación, siendo preparado en las artes marciales y diciéndose que se distinguió en la batalla contra los turcos. Los escritos de Lutero ganaron pronto su corazón, siguiendo el desarrollo de la Reforma con interés creciente. Fue él quien, en ausencia del elector, omitió publicar la bula dirigida contra Lutero. En sus cartas a su hermano, el elector Federico el Sabio, recomendó cálidamente a Lutero y exhortó al cauto elector a adoptar más decididamente la causa del reformador e influenciar a otros príncipes en la misma dirección. Su influencia fue decisiva para que Federico protegiera a Lutero en Wartburg. Durante la impresión de su Nuevo Testamento, Lutero envió a Juan las hojas sueltas y de ese modo leyó la Biblia diariamente. En octubre de 1522 Lutero fue por vez primera, según parece, en su viaje a Erfurt a la corte de Weimar y predicó varias veces. Sus sermones sobre las limitaciones de la autoridad secular hicieron que Juan deseara discutir más profundamente el asunto, por lo que Lutero publicó su tratado Von weltlicher Obrigkreit, cuyos principios intentó Juan conscientemente llevar a cabo durante toda su vida. Un énfasis demasiado parcial de sus principios y su preocupación para no interferir en asuntos espirituales parecen haber sido la razón por la que toleró durante largo tiempo la agitación de Münzer y Carlstadt. Igualmente no interfirió en la abolición de la procesión del Corpus Christi y permitió la lectura de la misa y la celebración de la Cena según la forma protestante.
Cuando se convirtió en el único gobernante, tras la muerte de Federico (5 de mayo de 1525), anunció al clero que en el futuro la pura palabra de Dios debía ser predicada sin adición humana y que todas las ceremonias inútiles serían abolidas. Rechazó resueltamente su acuerdo con su primo, Jorge de Sajonia, y con el landgrave de Hesse confesó abiertamente la doctrina evangélica. Para estar preparado contra las maquinaciones de sus oponentes ratificó un tratado el 27 de febrero de 1526 con Felipe de Hesse, al que pronto se unieron otros Estados evangélicos, por lo que Juan se convirtió en dirigente de la facción evangélica. Como tal apareció en la dieta de Spira en 1526. Pero problemas difíciles le esperaban en su patria. Antes de haber sido elegido elector, Nicolaus Hausman, predicador de Zwickau, llamó su atención sobre la miserable condición de la Iglesia y le aconsejó acometer una visitación general, señalando a Lutero como el hombre más adecuado para el propósito. Éste entonces se propuso instituir cuatro o cinco comisiones de visitación para todo el país, resultando en una demanda de los visitadores que el privilegio de instituir o destituir a clérigos debería pertenecer exclusivamente al soberano. Fue un paso en el desarrollo de la Iglesia estatal y del reconocimiento del gobernante secular como protector de la Iglesia.
Juan el Constante, por Lucas Cranach el Viejo
Debido a la influencia de Lutero, Juan reorganizó la universidad de Wittenberg y frenó la codicia de la nobleza para apropiarse de las posesiones de la Iglesia, lo que se había convertido en un auténtico peligro para el país. Durante esta actividad constructiva del elector se esparció el rumor de la formación de una liga de príncipes católicos en Breslau (1528) para la aniquilación de los Estados evangélicos y la extirpación de la nueva herejía. Otto von Pack informó al landgrave Felipe de Hesse de que él y el elector tenían que restablecer la religión católica en sus países. Ambos quedaron convencidos de la autenticidad del informe y prepararon la defensa, intentando ganar nuevos aliados en el norte y el sur. Por consejo de Lutero y contrariamente al deseo de Felipe, Juan desistió de asumir la ofensiva. Convencido de la justicia de su causa fue de nuevo a la dieta de Spira en 1529 y, confesando abiertamente sus convicciones evangélicas, incurrió en la enemistad de la mayoría. Defendió la interpretación evangélica del Receso de Spira de 1526, que había otorgado el privilegio de renovación eclesiástica y protestó contra la resolución de la mayoría, que amenazaba la existencia de la nueva Iglesia. Al principio se inclinó a oponerse a los esfuerzos de los evangélicos de Estrasburgo, que intentaban unir a los protestantes sobre la cuestión de la Cena, pero Lutero le disuadió. Su aceptación de los Artículos Schwabach, elaborados por Lutero, mostró su determinación de renunciar incluso a su liga con el landgrave, si éste no se apartaba de los esfuerzos por la unión de Suiza y la alta Alemania. Aunque había soportado muchos insultos del emperador reconoció la obediencia que le era debida, salvo donde entraba en conflicto con el honor de Dios y el bienestar de su alma. En la dieta de Augsburgo en 1530 su conducta fue heroica. Firmemente mantuvo su posición evangélica de rechazo a prohibir la predicación evangélica que el emperador exigía. Los grandes servicios prestados para el éxito final de la Confesión de Augsburgo son bien conocidos. Al regresar a su patria supo de los preparativos de guerra de sus enemigos, pero su interpretación de la palabra de Dios le retuvo de oponerse a un ataque contra su emperador. Sin embargo, tras algunas semanas, él, así como Lutero, quedaron convencidos por los juristas de que la relación del emperador con los Estados no era estrictamente monárquica, estando ambas partes vinculadas por ley y derecho y que el emperador, al atacar a los evangélicos, no sólo actuaba contra Dios, sino contra sus propios derechos imperiales; por tanto estaba justificada una defensa de los evangélicos y en 1531 los protestantes formaron una liga defensiva bajo el liderazgo de Juan. Sobre la cuestión de la elección de Fernando como rey, tomó una posición firme. Al comienzo de la dieta de Augsburgo había determinado oponerse por razones legales y lo que oyó posteriormente de las prácticas del emperador y Fernando le confirmaron en su posición. Lutero le aconsejó, aunque vacilantemente, que concediera la elección, pero en este punto Juan siguió a su canciller, Brück, quien le pidió que protestara contra tal elección. El elector fue declarado desobediente porque no apareció personalmente en la elección y de esta manera la ruptura entre él y el emperador fue completa. Sin embargo, las condiciones políticas obligaron al emperador de nuevo a acercarse a los estados evangélicos y el 23 de julio de 1532 fue ratificada la paz religiosa de Nuremberg. Juan no tenía los dones de estadista que su hermano Federico poseyó, pero fue un hombre de valentía indomable, convicciones evangélicas profundas y vida intachable.