Historia
JUAN EL EVANGELISTA.
- El hombre. Su posición entre los apóstoles
- Su familia
- Su carácter
- Escritos atribuidos a Juan
- El Apocalipsis. Consideraciones preliminares
- Testimonio externo
- Juan el presbítero
- Fecha de composición
- Las epístolas. 1 Juan
- 2 y 3 Juan
- El evangelio. Su carácter
- Testimonio interno de la autoría
- Objeciones a la autoridad de Juan
- Estancia de Juan en Éfeso
- Conclusión

En casi todas las listas de los apóstoles después de los nombres de Pedro y Andrés, vienen los de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo. Que en Cuando hubieron entrado en la ciudad, subieron al aposento alto donde estaban hospedados, Pedro, Juan, Jacobo y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Jacobo.[…]Hechos 1:13 Juan esté antes de Jacobo y ambos antes de Andrés se puede explicar porque en este libro Juan va ser nombrado frecuentemente como hombre prominente en el círculo apostólico, mientras que Jacobo aparece sólo una vez, en la mención de su martirio (E hizo matar a espada a Jacobo, el hermano de Juan.[…]Hechos 12:2). Por otro lado, se puede concluir de la casi constante preferencia dada a Jacobo en los evangelios que él era el hermano mayor, pues la mayor importancia histórica de Juan era bien conocida para el tiempo en que los evangelios fueron escritos. Según una antigua y ampliamente difundida tradición, Juan fue el más joven de todos los apóstoles. Si se acepta esto, añade probabilidad a la afirmación de que murió muy anciano tras el ascenso de Trajano el año 98 d. C.
Su familia.
El padre de Jacobo y Juan poseía un negocio de pesca en Capernaúm. De su madre se conoce más, pues acompañó a Cristo en su último viaje a Jerusalén y mostró por su petición de un lugar de honor en el reino mesiánico para sus hijos no sólo su propia ambición sino también su creencia en la venida de ese reino. También aparece al pie de la cruz y como una de las mujeres que habían ayudado al Salvador en Galilea y en este último viaje, cuidando de sepultar apropiadamente su cuerpo tras la crucifixión. Su nombre, Salomé, está preservado por Había también unas mujeres mirando de lejos, entre las que estaban María Magdalena, María, la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé,[…]Marcos 15:40; 16:1; comp. entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.[…]Mateo 27:56. La comparación de Por eso los soldados hicieron esto. Y junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, la mujer de Cleofas, y María Magdalena.[…]Juan 19:25 con este último pasaje y Había también unas mujeres mirando de lejos, entre las que estaban María Magdalena, María, la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé,[…]Marcos 15:40 guía a un intento de hipótesis de que fue hermana de María, la madre de Jesús, lo que ayudaría a explicar el atrevimiento de la petición sobre sus hijos. El llamamiento de Juan como el de Pedro y Andrés, es narrado por los evangelistas entre los primeros actos del ministerio de Jesús en Galilea, tras el encarcelamiento de Juan el Bautista, cuyos discípulos ellos habían sido, estando por tanto familiarizados con la personalidad y enseñanzas de Jesús.
Su carácter.
Con Pedro, los dos hermanos formaron el círculo más interior de sus asociados, a quienes llevó con él a la casa de Jairo, al monte de la transfiguración y a Getsemaní. Una comparación de Y se le acercaron* Jacobo y Juan, los dos hijos de Zebedeo, diciéndole: Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te pidamos.[…]Marcos 10:35 con Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante El y pidiéndole algo.[…]Mateo 20:20 muestra que compartían la ambición de su madre, aunque no debe olvidarse que en respuesta a la pregunta escrutadora de Jesús, declararon su disponibilidad a pasar todas las pruebas y sufrimientos que debían preceder a su glorificación. También participaron en la contienda sobre la preferencia entre los apóstoles (En aquel momento se acercaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es, entonces, el mayor en el reino de los cielos?[…]Mateo 18:1; Y llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, les preguntaba: ¿Qué discutíais por el camino?[…]Marcos 9:33; Se suscitó también entre ellos un altercado, sobre cuál de ellos debería ser considerado como el mayor.[…]Lucas 22:24). En relación con una de las amonestaciones de Jesús surge la queja de Juan sobre el hombre que obraba maravillas en el nombre de Jesús sin ser un discípulo comprometido (Y respondiendo Juan, dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo porque no anda con nosotros.[…]Lucas 9:49). No fue un honor para ellos que desearan el juicio divino sobre la población samaritana que no los había recibido (51 Y sucedió que cuando se cumplían los días de su ascensión, El, con determinación, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. 52 Y envió mensajeros delante de El; y ellos fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. 53 Pe[…]Lucas 9:51-56). Es por este motivo que Cristo les puso el apelativo de Boanerges para describir a los dos hermanos (Jacobo, hijo de Zebedeo, y Juan hermano de Jacobo (a quienes puso por nombre Boanerges, que significa, hijos del trueno);[…]Marcos 3:17). Que ambos posteriormente procuraron dominar su ira impetuosa y su ambición está ampliamente atestiguado. Un relato de Jacobo preservado por Eusebio (Hist. eccl., II, ix. 3) proporciona evidencia de ello y el conjunto de la historia de Juan habla de lo mismo igualmente, aunque su disposición natural no parece extirpada sino purificada y regulada en las palabras y acciones de su edad madura. Deben haber sido sus dones y celo natural lo que le procuraron, incluso en vida de su hermano mayor, una posición tan prominente entre los apóstoles y la Iglesia de Tierra Santa (Y estando él asido de Pedro y de Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió al pórtico llamado de Salomón, donde ellos estaban.[…]Hechos 3:11; 4:13,19; 8:14). En 1 Y algunos descendieron de Judea y enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 2 Como Pablo y Bernabé tuvieran gran disensión y debate con ellos, los hermanos determinaron que Pablo y Bernabé, y […]Hechos 15, no parece tan prominente como Pedro y Jacobo en las discusiones del concilio de Jerusalén, pero Pablo lo nombra con ellos como columna de la Iglesia (y al reconocer la gracia que se me había dado, Jacobo, Pedro y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los de la circuncisión.[…]Gálatas 2:9). Esta es la última noticia sobre Juan en el Nuevo Testamento, aparte de sus escritos.
Las obras atribuidas a Juan en el Nuevo Testamento son cinco libros, esto es, el cuarto evangelio, tres epístolas y el Apocalipsis.

870. Bayerische Staatbibliothek, Clm 14000, Munich
Esta obra tiene como particularidad que lleva el nombre de Juan. Si el autor de tal obra pastoral a las siete iglesias de Asia no cree necesario identificarse nada más que por la escueta mención de su nombre y su designación como siervo de Dios, se sigue que su personalidad debe haber sido bien conocida por todas esas iglesias, que estaban dispersas en Asia Menor, y que en el tiempo de su composición no había otro Juan en esas partes que pudiera ser confundido con él. Se sigue por las referencias a las iglesias individuales que el escritor estaba familiarizado con las circunstancias de sus iglesias y viceversa. Un tercer hecho a tener en cuenta es que el libro no sólo estaba destinado originalmente para ser leído en sus reuniones, sino que en esas mismas iglesias fue recibido desde el principio del siglo segundo como revelación divina.
Testimonio externo.
Papías, obispo de Hierápolis cerca de Laodicea, atestigua de su credibilidad hacia el año 125; Justino incluye en su "diálogo con Trifón" (escrito hacia el 155) un informe de una discusión tenida en Éfeso para demostrar que el don de profecía había pasado de la sinagoga a la Iglesia; los "presbíteros en Asia" a quienes Ireneo reverencia como discípulos de Juan, enseñaron de sus propios labios, ocupados con una discusión del número de la bestia (Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, que calcule el número de la bestia, porque el número es el de un hombre, y su número es seiscientos sesenta y seis.[…]Apocalipsis 13:18); los "Hechos de Juan" compuestos en la misma provincia no después de 160-170 por un tal "Leucio" de la escuela de Valentín, atribuyen el orden de las siete iglesias a las sucesivas migraciones del apóstol. Hacia el mismo tiempo los alogos, que, en su oposición al montanismo, deseaban que toda la profecía, y por tanto el Apocalipsis con los otros escritos de Juan, fuera desterrada de la Iglesia, pudieron impulsar esta demanda sólo por la afirmación de que el herético Cerinto, contemporáneo de Juan en Éfeso, había asociado el Apocalipsis a la Iglesia bajo el nombre de Juan. Baur y su escuela sostuvieron la autoría de Juan y de hecho consideraron al Apocalipsis como la única obra auténtica del apóstol.
Los que no aceptan que la obra fuera escrita por el hermano de Jacobo, pero se apartan de la teoría del seudónimo, al menos en la forma original en la que fue sostenida por los alogos y Cayo de Roma, procuran encontrar otro Juan que sirva para el propósito. Dionisio de Alejandría (c. 260) intentó fundamentar la posibilidad de que hubiera habido tal hombre, en el tiempo y lugar, por la existencia de una doble tradición en cuanto al lugar de sepultura de Juan en Éfeso. Eusebio le siguió y descubrió al otro Juan en el prólogo de Papías (Hist, eccl., III, xxxix. 5, 6), llamándolo "Juan el presbítero." Esta idea la tomaron Lücke, Bleek, Ewald y otros en tiempos modernos, hasta el punto de que ha habido una tendencia a hacer de este "Juan el presbítero" el responsable de todo lo que lleva el nombre de Juan (Meyer-Bousset, Harnack). Incluso Juan Marcos, que fue puesto aparte por Dionisio como fuera de discusión, ha sido considerado por Hitzig autor del Apocalipsis y por Spitta como autor de lo que él considera el núcleo original (1 4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia a vosotros y paz, de aquel que es y que era y que ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono, 5 y de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el sob[…]Apocalipsis 1:4-7:17; 22:8-21).
Fecha de composición.
Las siguientes conclusiones parecen seguras. La afirmación de Ireneo (Haer., V, xxx. 3) de que las visiones fueron percibidas y el libro escrito hacia el término del reinado de Domiciano, o hacia el año 95, hallan fundamento en los numerosos datos históricos de los capítulos introductorios. La diseñada e inmediatamente realizada introducción del libro en el uso litúrgico público impide la posibilidad de cualquier alteración posible del mismo entre el año 100 y 150. El autor, como su nombre y lengua muestra, es de nacimiento hebreo y hacia el año 95 tenía una posición reconocida de autoridad sobre la Iglesia de la provincia, sin tener ningún rival contemporáneo del mismo nombre. Que no se llame a sí mismo apóstol no es prueba de que no lo fuera; su apostolado no tenía relación inmediata con su propósito apocalíptico y él no se describe a sí mismo en absoluto.
1 Juan.
De las epístolas, la primera, que Papías cita y Policarpo obviamente lo imita, no está en forma de carta. No sólo la introducción (1 Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que han palpado nuestras manos, acerca del Verbo de vida 2 (pues la vida fue manifestada, y nosotros la hemos visto y damos te[…]1 Juan 1:1-4) es inusual para el ordinario comienzo de una carta, sino que le falta en su conclusión lo que se esperaría. No hay apenas alusión a ninguna condición local de los lectores. De 5:21 se puede deducir que los lectores vivían rodeados de paganos; el repetido "os escribo a vosotros" muestra que no fue una homilía pronunciada ante una comunidad congregada, sino más bien un tratado dirigido desde una distancia a varias iglesias locales de origen no judío. El tono es el de un hombre avanzado en edad que disfrutaba de alta consideración como maestro y que hablaba no sólo en su propio nombre sino en el de otros que igualmente habían oído y visto a Cristo sobre la tierra, permaneciendo como testigo de tan gran hecho. Un seguidor personal de Cristo (llamado Juan, según toda la tradición salvo la de los alogos), que, como sus colegas de cualificaciones similares, había estado ocupado en otros campos, y que en su ancianidad se dirige a algunas comunidades de convertidos gentiles como maestro que posee gran autoridad, presumiblemente superior a la de otros que trabajan entre ellos. La historia no conoce a nadie que llene sus requisitos, salvo el Juan que al final del primer siglo supervisó la Iglesia de Asia Menor desde Éfeso. Que el escritor fuera un apóstol, como admitieron en el segundo siglo no sólo sus discípulos sino (a su manera) sus oponentes, es extremadamente probable por las fuertes expresiones de los versículos iniciales.
2 y 3 Juan.
La segunda y tercera epístolas están íntimamente relacionadas con la primera por su lenguaje y línea de pensamiento, al combatir los mismos errores (18 Hijitos, es la última hora, y así como oísteis que el anticristo viene, también ahora han surgido muchos anticristos; por eso sabemos que es la última hora. 19 Salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de […]1 Juan 2:18-26; 4:1-3; 5:5-12; 7 Pues muchos engañadores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo. 8 Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado, sino que recibáis abundante recompensa. 9 Todo el que se […]2 Juan 1:7-11) y por la posición del escritor, manifestada incluso más claramente en ellas que en la primera epístola y en el Apocalipsis. Que esta posición no era incuestionable se desprende de Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.[…]1 Juan 4:6 y en 8 Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado, sino que recibáis abundante recompensa. 9 Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. 1[…]2 Juan 1:8-11 el autor manda a las iglesias que no tengan nada que ver con quienes rechazan recibir su enseñanza. De 9 Escribí algo a la iglesia, pero Diótrefes, a quien le gusta ser el primero entre ellos, no acepta lo que decimos. 10 Por esta razón, si voy, llamaré la atención a las obras que hace, acusándonos injustamente con palabras maliciosas; y no satisfecho[…]3 Juan 1:9,10 se desprende que un dirigente de la iglesia no solo empleó "palabras malignas" contra Juan, sino que había rechazado de la comunión a los asociados de Juan y que intentó extirpar a los que le recibieran. Afirmando su autoridad, Juan escribe no a un insubordinado Diótrefes sino a Gayo, quien estaba en estrecha relación con él, enviando una carta al mismo tiempo a toda la Iglesia de la región, pues no cabe duda de que la referencia en Pues ellos salieron por amor al Nombre, no aceptando nada de los gentiles.[…]3 Juan 1:7 es a 2 Juan. En Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no quiero hacerlo con papel y tinta, sino que espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que vuestro gozo sea completo.[…]2 Juan 1:12 y 13 Tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírte las con pluma y tinta, 14 pues espero verte en breve y hablaremos cara a cara. La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda a los amigos, a cada uno por nombre. […]3 Juan 1:13,14, se expresa la intención de pedir cuentas a Diótrefes. La confianza de Juan en su propia posición es notoria, especialmente en relación con la cuestión de por qué y en qué sentido se designa sí mismo (El anciano a la señora escogida y a sus hijos, a quienes amo en verdad, y no sólo yo, sino también todos los que conocen la verdad,[…]2 Juan 1:1; El anciano al amado Gayo, a quien yo amo en verdad.[…]3 Juan 1:1) como "el anciano." Ya que en aquella provincia había ciertamente más que las siete iglesias de 1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la dio a conocer, enviándo la por medio de su ángel a su siervo Juan, 2 el cual dio testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de[…]Apocalipsis 1, cada una con su propio presbítero local, difícilmente él podría, escribiendo a otra iglesia (Te saludan los hijos de tu hermana escogida.[…]2 Juan 1:13) como uno de los ancianos de su propia comunidad, haberse llamado a sí mismo simplemente "el anciano", aun cuando (como 3 Juan y 1 1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la dio a conocer, enviándo la por medio de su ángel a su siervo Juan, 2 el cual dio testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio […]Apocalipsis 1-3 parece mostrar), el episcopado monárquico ya se hubiera desarrollado en esa región. Es más probablemente un título de honor, no escogido por él mismo sino adjudicado por las iglesias en el sentido de maestro venerable de toda la región, un padre que puede llamar a los cristianos de la misma sus hijos. Que hubo tal anciano venerable en Asia Menor en ese tiempo, que era designado con suficiente claridad por el título "el anciano" y que su nombre era Juan, es conocido desde Papías, quien fue discípulo suyo (Eusebio, Hist. eccl., III, xxxix. 15) y de ahí se llega a Juan de Éfeso, el autor de las dos cortas cartas. En cualquier caso, que en lugares donde esta designación no era familiar surgieran dudas en cuanto a la identidad de la autoría con 1 Juan basándose precisamente en esta peculiar designación, puede ser perfectamente entendido, como también que tras el descubrimiento de un "Juan el presbítero" esas epístolas fueran atribuidas a él, como hace Jerónimo (De vir. ill., ix, xviii) según la sugerencia de Eusebio (Hist. eccl., III, xxv. 3).

El evangelio recuerda las obras ya discutidas dirigidas no a un público general, sino a un círculo definido de lectores, a quienes el autor se dirige dos veces (Y el que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis.[…]Juan 19:35; 20:21) como un predicador puede hacerlo a sus oyentes. Por este hecho y por la tradición se sustenta la idea de que el autor del Apocalipsis y de las epístolas se está aquí dirigiendo a las mismas iglesias, lo que se confirma por la innegable semejanza tanto de las ideas religiosas como del lenguaje, por no decir nada del obvio hecho de que el evangelio está destinado a lectores no familiarizados con el habla y costumbres de los judíos. En 14 Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 16 Pues de su plenitud todos hemos recibido, y gracia sobre gracia. […]Juan 1:14,16, así como en 19:35, el autor se reconoce a sí mismo, precisamente como en las epístolas, entre los testigos de los hechos que relata.
Testimonio interno de la autoría.
No obstante, se debe tomar nota de la teoría de Weizsäcker, de que el libro es producto de la escuela de Juan el apóstol, escrito en el mismo espíritu y nombre del maestro, y la de Renan (desde la tercera edición de su Vie de Jésus; seguido, aunque un poco menos definitivamente, por Harnack) de que lo escribió "Juan el presbítero", un discípulo del apóstol y dependiendo de su narrativa. Si se nota que por todo el evangelio los dos apóstoles con quienes Pedro estuvo al lado de Jesús nunca son nombrados, parece que es demasiado constante una actitud para ser fortuita y que se puede explicar sólo por el sentimiento del autor de que era inadecuado introducir en la historia sagrada su propio nombre y el de sus padres. El "discípulo a quien Jesús amaba" de la última cena (21 Habiendo dicho Jesús esto, se angustió en espíritu, y testificó y dijo: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará. 22 Los discípulos se miraban unos a otros, y estaban perplejos sin saber de quién hablaba. 23 Uno de sus discípu[…]Juan 13:21-25) debe haber sido un apóstol y alguien del círculo interior incluso entre los apóstoles. Que fue autor del libro se señala expresamente en el capítulo suplementario 21. El solemne cierre del capítulo 22, contemplando una obra completada, nuestra que no fue escrito al mismo tiempo que el resto; pero el hecho de que ni en los Padres ni en las más antiguas versiones ni en los manuscritos griegos existentes haya ninguna huella de una existencia del libro sin este capítulo muestra que debe haber sido añadido antes de que el evangelio hubiera circulado ampliamente, o poco después de la composición de los primeros 20 capítulos. Por tanto, quien escribió Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y el que escribió esto, y sabemos que su testimonio es verdadero.[…]Juan 21:24 testificó en vida del apóstol de que él era el autor del libro y la evidencia interna para su autenticidad está fundamentada por una tradición unánime que evidentemente puede trazarse hasta sus mismos amigos y discípulos. Si la relación entre el escritor y los primeros lectores fue tan estrecha como parece haber sido, no hay lugar para el engaño deliberado por parte del primero ni para el error inconsciente por parte de los segundos. Los que han sostenido la teoría opuesta han dependido demasiado poco del estudio positivo del texto y de la información positiva para afirmar que el libro fue escrito por Cerinto o por un cristiano gentil del siglo segundo con tendencias gnósticas, o por un cristiano judío que nunca había salido de Siria, o por un discípulo o discípulos de Juan en Éfeso, o por un "presbítero Juan."
Objeciones a la autoridad de Juan.
Los sostenedores de esas diversas ideas han concordado sólo en el juicio negativo de que un discípulo inmediato de Cristo no pudo haber escrito el libro, porque su contenido es increíble por razones históricas, psicológicas o filosófico-dogmáticas. De sus argumentos el siguiente bosquejo será suficiente: (1) A causa de la gran diferencia de lenguaje y manera de pensamiento parece imposible, dicen, que el mismo hombre (incluso en diferentes periodos de su vida) pudiera haber escrito el evangelio y las cartas por un lado y Apocalipsis por otro. (2) Si los evangelios sinópticos son más antiguos que el cuarto, como la tradición y la crítica muestran, y son una reproducción confiable de la tradición general de los años 60-100, entonces la incompatibilidad de su narrativa con la de Juan en el plan completo del relato y en ciertos importantes detalles (por ejemplo la cronología de la pasión) hacen imposible creer que el cuarto evangelio fue compuesto por un testigo ocular. (3) Aún más, la descripción dada en el mismo de la persona de Jesús, su relación con sus discípulos y el tono de sus discursos difiere fundamentalmente de los dados en los sinópticos y esta diferencia lleva a creer que el cuarto evangelio fue escrito por un hombre de la segunda o tercera generación, bajo la influencia de ideas especulativas y eclesiásticas. (4) Una de esas ideas es la doctrina del Logos, que procede de Filón o de la filosofía alejandrina y no pudo haber sido conocida por el pescador galileo. (5) La forma en la que el escritor se presenta a sí mismo con evidente inconsciencia, poniéndose al mismo tiempo como discípulo favorito, es moralmente más concebible en un escritor posterior que más o menos asumió el carácter del apóstol que en éste mismo. (6) Se aducen evidencias de ignorancia de las condiciones históricas y geográficas de Tierra Santa en tiempos de Cristo, aunque menos en tiempos posteriores que anteriormente. (7) La tradición en cuanto a la residencia del apóstol Juan en Éfeso es parcialmente incierta, porque depende del testimonio de escritos que llevan su nombre, parcialmente equívoca en que el carácter apostólico del Juan que vivió allí entre 70 y 100 no se muestra claramente y parcialmente desfavorable a la composición del cuarto evangelio por este Juan, de cuyas palabras y hechos se informa (por ejemplo, en relación con la controversia cuartodecímana) que no armoniza con el pensamiento del evangelista. Aunque es imposible una discusión de los primeros seis puntos aquí, el último debe ser tratado con cierta extensión, porque se relaciona con el último periodo de la vida del apóstol y porque el fundamento histórico de su actividad literaria está envuelto en ello.
Estancia de Juan en Éfeso.
Incluso si el Apocalipsis es seudónimo, lo que pocos sostienen, todavía enseña que en la fecha de su composición (hacia el año 95 d. C.) había un bien conocido reverenciado cristiano de nacimiento judío llamado Juan, cuyo hogar permanente estaba en el continente y su habitación forzosa en ese tiempo en la isla de Patmos. Hasta donde la tradición habla claramente, constantemente lo designa como apóstol, ya sea que lo mencione como autor de los escritos de Juan, o como maestro en la provincia de Asia, o como autoridad para las costumbres eclesiásticas prevalecientes allí. Ha habido mucha discusión del pasaje en Eusebio en el que cita a Papías y evidentemente en parte al menos malentendiéndolo. Sin entrar en discusión, es seguro decir que el "presbítero Juan" es un producto de la debilidad crítica y exegética de Eusebio y la cuestión se reduce meramente a quién era el Juan que (según el testimonio de Apocalipsis y de sus discípulos Policarpo, Papías y los otros "presbíteros" mencionados por Ireneo) vivió en Éfeso en los años finales del primer siglo, ejerciendo una influencia predominante sobre la Iglesia de la provincia, muriendo tras la ascensión de Trajano o hacia el año 100 y que (según el testimonio de Polícrates, obispo de Éfeso, que fue bautizado hacia 125-130), fue enterrado allí. Toda la tradición claramente inteligible dice que ese hombre era el hijo de Zebedeo escogido por Cristo como apóstol. No hay una contradeclaración en los primeros ocho siglos; cuando se investigó una supuesta afirmación de Papías de que el apóstol Juan fue muerto por los judíos en Tierra Santa se descubrió que se refería a Juan el Bautista.
Conclusión.
Por tanto, es seguro decir que el apóstol Juan, con otros discípulos de Cristo, fue de Tierra Santa a Asia Menor. Si Policarpo, en el día de su muerte (23 de febrero de 155), miraba hacia atrás en 86 años de vida como cristiano, no como hombre, y fue por tanto bautizado en el año 69, y si su conversión (según Ireneo, Haer., III, iii. 4) fue obra de un apóstol, esta emigración a Asia Menor debe haber ocurrido antes de esa fecha, posiblemente como resultado del estallido de la guerra judía. Juan, entonces tal vez no tenía más de 60 o 65 años, pudiendo dedicar unos 30 años a la promoción de la vida cristiana en la provincia. Su imagen como sacerdote en atuendo pontifical permaneció largo tiempo en la memoria de los cristianos de Éfeso (Eusebio, Hist. eccl., V, xxiv, 3). El denominado "hijo del trueno" no fue en su ancianidad un sutil disputante filosófico ni un suave predicador de una débil tolerancia, sino que emerge como un carácter claramente definido, asume su propia posición firmemente, exhortando seriamente a otros a decidir entre la luz y las tinieblas, entre Cristo y el Anticristo. El Juan entre los años 27 y 52 descrito en los escritos más antiguos del Nuevo Testamento emerge menos claramente en el Apocalipsis, en el que su objetivo era meramente reproducir lo que le había sido dado, que en las epístolas, en las que ejerció su oficio como maestro y cabeza de la Iglesia de Asia Menor con poder incansable. Es reconocido de nuevo en el relato que sus discípulos publicaron (Ireneo, Haer., III, iii. 4) de su encuentro con el hereje Cerinto en el baño público en Éfeso y en el relato (Eusebio, Hist. eccl., V, xxiv. 3, 16) de su celebración de la Pascua cristiana, en la forma derivada del antiguo pacto y familiar a él en Tierra Santa.