Historia
JUAN FEDERICO EL MAGNÁNIMO (1503-1554)

por Lucas Cranach el Viejo
A la edad de 21 años Juan Federico sucedió a su padre. Al comienzo reinó con su hermanastro, Juan Ernesto, pero en 1542 se convirtió en el único gobernante. El canciller Brück, quien durante años había dirigido las relaciones exteriores del país con habilidad y prudencia, permaneció siendo su consejero, pero su naturaleza abierta e impulsiva a veces le llevó a despreciar las propuestas de su más experimentado asesor, por lo que el país estuvo en frecuente peligro, especialmente al no ser Juan Federico un político perspicaz. Consolidó la Iglesia estatal mediante la institución de un consistorio electoral (1542) y renovó la visitación de iglesias. Tomó una posición más firme y decidida que su padre en favor de la Liga Evangélica, pero a causa de sus estrictas convicciones luteranas quedó envuelto en dificultades con el landgrave de Hesse, quien favorecía una unión con los suizos y los evangélicos de Estrasburgo. Fue contrario a todas las propuestas de los papas Clemente VII y Pablo III para ganarle para un concilio, porque estaba convencido de que sólo serviría "para la preservación de la norma papal y anti-cristiana"; pero para estar preparado para cualquier suceso, solicitó a Lutero que resumiera todos los artículos a los que debería adherirse ante un concilio, escribiendo Lutero los Artículos de Esmalcalda. En la dieta de Esmalcalda de 1537 el concilio fue rechazado y el elector trató al legado papal con abierto desprecio, rechazando las proposiciones de Held, legado imperial.


Cuando estalló la Guerra de Esmalcalda (1546) marchó hacia el sur a la cabeza de sus tropas, pero la inesperada invasión de su país por el duque Mauricio le obligó a regresar. Logró reconquistar la mayor parte de sus posiciones, rechazando a Mauricio, pero súbitamente el emperador se apresuró desde el norte y sorprendió al elector. La batalla de Mühlberg, 24 de abril de 1547, dispersó a su ejército. Juan Federico fue herido y cayó en manos del emperador. Éste lo condenó a muerte como rebelde convicto, pero para no perder tiempo en el sitio de Wittenberg, que estaba defendido por Sibila, la esposa del elector, no ejecutó la sentencia y entró en negociaciones. Para salvar su vida Juan Federico concedió la capitulación de Wittenberg tras haberse visto obligado a renunciar al gobierno de su país en favor de Mauricio; su condena fue conmutada por prisión perpetua. Nunca fue más grande y magnánimo que en los días de su cautividad, como se evidencia por la correspondencia con sus hijos, su esposa y sus consejeros. Amigos y enemigos se vieron obligados a reconocer su conducta pacífica, su fe inmutable y su grandeza bajo la desgracia. Firmemente rechazó renunciar a la fe protestante o reconocer el Interim, declarando que mediante su aceptación cometería un pecado contra el Espíritu Santo, porque muchos artículos iban contra la palabra de Dios. El súbito ataque contra el emperador por el elector Mauricio puso fin a su encarcelamiento, siendo liberado el 1 de septiembre de 1552. Firmemente rechazó ceder en asuntos de religión por las decisiones de un futuro concilio o dieta y, declarando que estaba resuelto a ser fiel hasta la tumba a la doctrina contenida en la Confesión de Augsburgo, regresó a su patria en una marcha triunfal. Trasladó la sede del gobierno a Weimar y reformó las condiciones de su país, pero murió en el plazo de dos años. Objeto especial de su cuidado fue la universidad de Jena, que planeó mientras estuvo prisionero en lugar de Wittenberg, que había perdido (1547).