Historia
JULIANO DE HALICARNASO
De las obras de Juliano existen las siguientes: su correspondencia con Severo, en la traducción siríaca del obispo Pablo de Callinicus; diez anatemas y un comentario sobre Job impreso entre las obras de Orígenes. Las expresiones 'incorruptible', 'corruptible', 'imperecedero', 'perecedero', no reproducen correctamente el debatido significado de phthartos, tal como lo entendían Juliano y Severo. La controversia no gira sobre la phthora, indicando disolución total del cuerpo en muchos átomos, sino en la phthora que existe en las limitaciones naturales del cuerpo, tales como hambre, sed, cansancio, sudor, lágrimas, etc. En lo que respecta a Juliano, el cuerpo de Cristo no estuvo sujeto a esta clase de 'corrupción', que es una característica de la naturaleza humana a consecuencia del pecado de Adán. Cuando Cristo tuvo hambre y sed, la tuvo porque quiso, no por necesidad. Y lo quiso sólo porque en esa forma podía librarnos a nosotros de la corrupción. Pero Juliano no admite que, para redimirnos, Cristo poseyó un cuerpo sujeto a corrupción en su totalidad. No podía creer que uno y el mismo ser fuera a la vez 'corruptible' e 'incorruptible'. Sin embargo, con singular inconsistencia, no se creyó obligado a negar la doctrina de la similitud del cuerpo de Cristo con el nuestro; al contrario, expresamente rechaza la doctrina opuesta, la de Eutiques. La facción de Juliano reprochaba a sus oponentes ser 'adoradores de la corrupción', mientras que éstos les reprochaban que eran docetistas, de ahí los epítetos aphthardocetistas y 'fantasistas' o 'ilusionistas', que quedaron asociados a los julianistas. En este asunto, la ortodoxia y los severianos hicieron causa común, aunque hubo algunos aphthardocetistas entre los ortodoxos mismos.