Historia

JUVENAL († c. 458)

Juvenal fue el primer patriarca de Jerusalén y murió hacia el año 458. De su vida nada se sabe, siendo inciertas las fechas de su nacimiento, consagración y muerte. El propósito de su vida fue hacer de Jerusalén una de las sedes más importantes del mundo cristiano, colocando el concilio de Nicea al obispo de Jerusalén en rango especial y honor, aunque bajo la jurisdicción del metropolitano de Cesarea. Juvenal se puso manos a la obra para ejecutar la concesión, dando el primer paso en esa dirección al trascender su autoridad consagrando a un cierto Pedro como obispo de una tribu recién convertida y asignándole como obispo de 'Tarembolae' (del campo) a la sede de Jerusalén en el 425, lo que fue considerado un trasgresión de la ley canónica por el metropolitano de Cesarea. Los problemas resultantes se llevaron al concilio de Éfeso del 431. Las condiciones del tiempo favorecieron a Juvenal. Nestorio, patriarca de Constantinopla, fue acusado de herejía, Cirilo de Alejandría fue encarcelado temporalmente, Juan de Antioquía celebró un concilio aparte y la sede de Roma fue representada solo por legados. En Juvenal, en ausencia de Cirilo, recayó el derecho de precedencia para firmar las resoluciones, o en caso de que Cirilo estuviera presente, su nombre aparecería el segundo. Juvenal no dudó en hacer uso de estas condiciones. Citó a Juan de Antioquía a Éfeso para que se sometiera, colocó la sede de Jerusalén a la par con la de Roma y le dio el título de apostólica, que negaba a la de Antioquía. Todo esto indica que Juvenal aspiraba no sólo a que su sede fuera independiente de la de Cesarea sino que fuera superior, o al menos igual, a la de Antioquía. Quería que los tres obispados de Tierra Santa estuvieran vinculados a Jerusalén y también si fuera posible los de Fenicia y Arabia. El resultado sería que Jerusalén fuera la sede principal en Oriente.

Mapa de los patriarcados en la antigüedad
Mapa de los patriarcados en la antigüedad

Varios obispos que habían sido ordenados por Juvenal y estaban presentes en Éfeso, apoyaron sus pretensiones; este hecho y la ausencia de los obispos antes mencionados de las principales sedes fueron muy favorables a sus ambiciones. Cirilo de Alejandría, sin embargo, apareció en la cuarta sesión del concilio y se hizo cargo de los procedimientos. Vio el peligro, no solo para la sede de Antioquía sino para la de Alejandría, en la existencia de un potente obispo en Jerusalén, por lo que se opuso al plan de Juvenal. La idea de un nuevo competidor por la supremacía tampoco era del agrado de los legados de la sede romana. No podían preverse las complicaciones que podrían surgir en favor de Jerusalén, particularmente porque las peregrinaciones a la ciudad eran cada vez más frecuentes cada año. Pero Juvenal había obtenido una ventaja de la que sacó el mayor provecho. Ordenó a varios nuevos obispos en Tierra Santa, sin ningún derecho estipulado por la ley canónica. Su influencia creció constantemente y Máximo de Antioquía, en el concilio de Calcedonia en 451, reconoció las pretensiones de Juvenal a las tres sedes de Tierra Santa, a condición de que abandonara sus pretensiones sobre Fenicia y Arabia. El concilio confirmó el acuerdo. Juvenal tuvo numerosas dificultades con los monjes monofisitas de Tierra Santa, quedando hasta su vida amenazada. Introdujo la celebración de Navidad el 25 de diciembre, posiblemente para ganarse el favor de Roma.