Historia

JUVENCO, CAYO VETIO AQUILINO

Cayo Vetio Aquilino Juvenco fue un presbítero y poeta español que vivió en el reinado de Constantino el Grande, a quien se refiere al final de su principal poema. Se trata de una traducción de los evangelios a hexámetros latinos, con una fuerte adherencia al texto original en 3.210 líneas. En el prólogo habla de poetas anteriores como Homero y Virgilio, cuyos nombres son casi inmortales, aunque sus temas son sólo los hechos de los hombres y sus narrativas ficticias. Por eso coloca los hechos de Cristo en un plano superior y espera la guía del Espíritu Santo, para crear una obra que los expondrá dignamente, más allá de la conflagración del mundo y salve al autor mismo del fuego. Los sucesos de la vida de Cristo son narrados indistintamente de un evangelista y de otro, en lo que parece ser el orden cronológico del autor. Mateo es su fuente principal y Marcos no parece usarlo. La división en cuatro libros pudiera ser una idea posterior, para corresponderse con el número de evangelistas. Juvenco se adhiere firmemente al relato original, siendo refrenado por reverencia de alargarlo. En literatura clásica se sentía cómodo y su dicción está llena de ecos virgilianos. Esta primera obra épica cristiana, aunque no pretende ser una narrativa completa o una armonía científica de los evangelios y no ofrece mucha ayuda en el camino de la exégesis ni de la historia del dogma o de la crítica textual (está basada en la Itala), sin embargo fue altamente apreciada por la Iglesia antigua y continuó siendo valorada por toda la Edad Media, usándose como libro de texto en las escuelas. Su popularidad está atestiguada por el gran número de manuscritos en los que está preservado el poema. Una obra de Juvenco sobre los sacramentos mencionada por Jerónimo se ha perdido. Algunos manuscritos posteriores dan el nombre de Juvenco a otros dos poemas, De laudibus Domini y Triumphus Christi, de 148 y 108 versos. El primero es probablemente más antiguo que Juvenco y obra de un retórico de Augustodunum (Autun). Los seis mil versos de la historia del Antiguo Testamento que descubrió el cardenal Pitra y que fueron atribuidos a Juvenco se piensa que fueron escritos por alguien llamado Cipriano en el siglo V. El estilo es seco y hueco y la ejecución poética muy inferior a la de Juvenco.