Historia

KABASILAS

Kabasilas es el nombre de dos metropolitanos de Tesalónica durante el siglo XIV. Nilos, el mayor, vivió hacia 1340 bajo Juan Cantacuzeno y perteneció a la facción estrictamente anti-católica, por lo que sus escritos fueron primero notorios entre los protestantes (por ejemplo, De primatu papae, edición de M. Flacius Illyricus, Francfort, 1563). Pero más importante fue su sobrino Nikolaos († 1371). De su vida el único detalle que se conoce es que era administrador en Constantinopla y se alineó con los Paleólogos, pero poco después se hizo amigo de Juan Cantacuzeno, quien le encomendó misiones políticas. En la controversia hesicasta se puso del lado de los monjes de Athos, siendo posteriormente designado metropolitano de Tesalónica. Nikolaos es conocido como filósofo, pero más especialmente como teólogo. Entre sus escritos filosóficos destaca uno dirigido contra el escepticismo. El más importante de sus escritos teológicos fue "Siete libros sobre la vida de Cristo". En su línea de pensamiento Kabasilas permanece fiel al desarrollo de la teología griega, estimando el summun bonum la exaltación sobre lo sensual, la introducción en la vida e inmortalidad, según es dada por Cristo. El hombre ha de ser trasladado del mundo presente al futuro. Ese traslado es realizado por Cristo mismo. La vida en Cristo que transfiere al hombre al otro mundo es perfeccionada por los sacramentos y la voluntad humana. El bautismo significa para el hombre el comienzo de una nueva existencia. El segundo sacramento, el de la unción, es unción del Espíritu e inicia al hombre en el verdadero llamamiento cristiano. La eucaristía añade el tercer grado de perfección y produce un cambio interior, originando un parentesco místico con Cristo. Junto a este misticismo fisiológico hay un sistema no monástico de ética. Kabasilas enseña que la voluntad debe conformarse sin reservas a la influencia sacramental, siendo complementada con una corriente de pensamientos piadosos. Por el gozo y la tristeza se purifica. Finalmente alcanza la cima del amor y con ello el perfecto altruismo. Kabasilas se entrega a elevadas expresiones cuando describe el poder del amor, declarando que a la vez ha originado que Dios descienda al hombre, al igual que rompe las ataduras del aislamiento egoísta e impulsa al hombre a vivir para Dios y no para sí mismo. El poder del amor se eleva hasta la completa renuncia y el auto-olvido, siendo éste el estado de aquel en el que el sacramento y la voluntad trabajan juntamente en perfecta armonía.

El siguiente pasaje es de una obra de Kabasilas:

'En el orden natural no nos contentamos -y con mucha razón- con haber recibido la vida, ni nos entregamos a la inacción, como quien ya lo tiene todo, después que la poseemos. Todos nuestros esfuerzos se concentran en conservar la existencia que recibimos. Por eso, después de haber dicho cómo conseguimos la vida en Cristo, trataremos de lo que debemos hacer para no perder la felicidad alcanzada.
En pocas palabras, todo se reduce a cultivar la virtud y vivir según la recta razón [...] Hay una obligación común a todos los que tienen el nombre de cristianos, por el mero hecho de llamarse tales: obligación estricta que todos deben cumplir. No hay excusa valedera que libre de este deber: ni salud, ni olvido, ni estado, ni fortuna, ni apartamiento de la sociedad, ni subterfugio alguno que se pueda imaginar. Es una obligación que nadie puede esquivar y que todos pueden cumplir: no resistir a la voluntad de Cristo, conformar nuestra vida a sus designios sobre nosotros cumpliendo perfectamente sus mandamientos.
Ni tiene vigor probatorio alegar que hacer esto está sobre las fuerzas humanas. Porque si esto fuera exacto, ¿sería justo condenar a los malhechores? No hay cristiano alguno que en su conciencia no reconozca el deber que tiene de cumplirlos. Todos prometieron en el bautismo, en los albores de su vida, el cumplimiento, y sólo después de tales promesas fueron admitidos a la participación de los Misterios.
Siendo los mandamientos de Dios una obligación común a todos los cristianos, y siendo, por otra parte, posibles de cumplir a todos los que quieran son además absolutamente necesarios para unirse a Cristo. Es imposible que pueda arribar a Cristo ninguno de los que se separaron de Él con el querer y voluntad, que es lo más elevado que en sí tienen: el cumplimiento de los mandamientos es absolutamente necesario.'
(Nicolás Kabasilas, La vida en Cristo, Libro VI, Patmos, Madrid, 1999, páginas 183-186.)