Historia

KANT, IMMANUEL (1724-1804)

Immanuel Kant nació en Königsberg, Prusia, el 22 de abril de 1724 y murió en esa misma ciudad el 13 de febrero de 1804.

Immanuel Kant
Immanuel Kant
Vida y obras.
Su padre, de ascendencia escocesa, era guarnicionero que vivía en condiciones precarias y su madre una mujer de gran fuerza natural y ferviente piedad. Su vida entera, con excepción de unos pocos años como tutor en una familia del país, los pasó en su lugar de nacimiento. Tras graduarse en la universidad de Königsberg y enseñar durante varios años, en 1755 fue docente privado y en 1770 profesor numerario de dicha universidad. Sus principales asignaturas eran lógica, metafísica, geografía física, antropología, filosofía moral y matemáticas; otras asignaturas eran derecho natural, enciclopedia de la filosofía, teología natural, pedagogía, física teórica, mecánica y mineralogía. Sus escritos filosóficos se dividen en dos grupos: los dogmáticos o pre-críticos, influenciados por Leibniz y Wolff hasta 1770, y los críticos, debidos en parte a la influencia de Hume (1770-1804), donde aparecen sus principales obras, combatiendo el dogmatismo de Leibniz y Wolff y el empirismo de Hume. Su nuevo punto de vista se aprecia primero en la disertación latina De mundi sensibilis atque intelligibilis forma et principiis (Königsberg, 1770); pero más importante para la crítica de la filosofía fue la obra que hizo época Kritik der reinen Vernunft (Riga, 1783) y la más breve y popular Prolegomena zu einer jeden künftigen Metaphysik die als Wissenschaft wird auftreten konnen (Riga, 1785). Esas obras tienen que ver con la epistemología y la metafísica. De importancia fundamental para la ética y la filosofía religiosa de Kant son Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (Riga, 1785); Kritik der praktischen Vernunft (1788); Die Religion innerhalb der Grenzen der blossen Vernunft (Königsberg, 1793) y Die Metaphysik der Sitten (2 partes, Königsberg, 1797). Otras obras que pertenecen a ese periodo son Metaphysische Anfangsgrunde der Naturwissenschaft (Riga, 1780) y Kritik der Urtheilskraft (Berlín y Libau, 1790).

Bosquejo de su filosofía.
Se puede caracterizar el punto de partida metafísico de Kant como idealismo trascendental. En su epistemología enseñó que hay dos fuentes de conocimiento: la sensación obtenida por los sentidos e intuiciones intelectuales de espacio y tiempo y las categorías del entendimiento. Este conocimiento se restringe a los fenómenos. Mediante la razón pura a priori nos vemos obligados a afirmar la realidad de un mundo comprensible, no como es en sí mismo, sino como aparece ante nosotros. Aquí se pone la base para un divorcio posterior entre el conocimiento teórico y la fe, tal como sucederá en la teología de Albrecht Ritschl. La religión es el reconocimiento de nuestro deber al mandato divino. Los mandamientos demuestran su origen divino al aceptarlos nosotros como deberes (religión natural), mientras que aquellos que sabemos son mandatos divinos se convierten en nuestro deber (religión revelada). La religión es esencialmente creer en Dios como la buena voluntad que se realiza a sí mismo en la naturaleza y en la historia, no siendo la evidencia la profecía ni el milagro, sino la misma buena voluntad en nosotros mismos, al desarrollar y confirmar la voluntad de lo bueno en nosotros. La prueba soberana de la Biblia es nuestra propia moralidad. El pecado, que presupone la libre causalidad, es una adopción voluntaria, extra-temporal, por la razón de un mal motivo, pero es incapaz de dar una explicación más allá. La regeneración tiene lugar por la conciencia propia del ideal de perfección moral y el perdón por la reproducción ética del mismo ideal, como el que la Iglesia atribuye a Cristo. La Iglesia es el cuerpo invisible de los redimidos. Kant sometió los argumentos teístas tradicionales a severo escrutinio, con el resultado de que pierden la mayor parte de su fuerza persuasiva. Su crítica lleva a las siguientes conclusiones: (1) Sobre el argumento ontológico, la idea no demuestra la existencia objetiva de su contenido; (2) en cuanto al argumento cosmológico, una serie infinita de causas finitas es concebible, no siendo la causa que este argumento postula una causa necesaria, e incluso en el caso de que se llegara a esa causa necesaria, ésta no sería el Dios de la teología; (3) la prueba teleológica, mencionada con respeto, descansa en la afirmación, sin demostrar, de la adaptación universal y la teleología, que guía a un artífice y no a un Creador; (4) la prueba moral, extraída de la conciencia y el sentido de la responsabilidad, de la universalidad y teleología del orden moral es inválida a la luz de la razón pura, aunque es sostenible por la razón práctica. La negación de Kant del valor de los argumentos teístas, a los que se debe añadir la libertad y la inmortalidad, no significa que hay que rechazarlos, sino que siendo incapaces de ser demostrados mediante el razonamiento son removidos al terreno de la razón práctica. En la conciencia moral se contienen las ideas de Dios, la libertad y la inmortalidad. La razón no niega la libertad, sino que la concibe como una realidad inteligible, no empírica y ya que la libertad es la condición absoluta de la responsabilidad moral, la razón práctica postuló la inmortalidad como la esfera dentro de la cual se resuelve este problema moral, al ser Dios el garante del orden moral y la realización última de la buena voluntad. El imperativo categórico dirigido a la voluntad obliga a una interpretación teleológica de la realidad y a un reconocimiento de la autonomía de la razón práctica. En la virtud summum bonum y en la felicidad se combina ese pensamiento, siendo la virtud suprema y merecedora de felicidad. Debido a la supremacía de la razón práctica el hombre actúa como si los postulados de la conciencia moral se hubieran demostrado. La enseñanza ética de Kant se caracteriza por 'vigor y rigor'. El deber no está en relación con el sentimiento. El deber es por causa del deber solamente. La ley moral no admite excepciones. Su imperativo categórico declara: 'Obra como si la máxima de tu acción pudiera ser erigida, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza'.

Kant y sus compañeros de tertulia, de Emil Doerstling, siglo XIX
Kant y sus compañeros de tertulia, de Emil Doerstling, siglo XIX
Resumen.
La filosofía de Kant en conjunto puede caracterizarse así: (1) Conocemos los fenómenos, no las cosas en sí mismas. (2) Los objetos son científicamente conocidos, por la razón, a priori, ya que son creados por el entendimiento. (3) Nuestro conocimiento es objetivamente válido para los fenómenos o para la experiencia posible, pero no más allá de eso. (4) Las cosas en sí mismas son realidades ideales inteligibles, que pertenecen a la unidad del Ser Real, relacionado teleológicamente con el más alto bien. (5) La filosofía culmina no en la razón teórica sino en la razón práctica, dando origen a una fe activa racional. La filosofía de Kant ha influido profundamente en el pensamiento religioso; primero, en la resolución del dualismo envuelto en su epistemología (teología neo-kantiana); segundo, en la trascendencia de ese dualismo en la afirmación de la unidad última del pensamiento y el ser (teología idealista); tercero, en la supremacía de la razón práctica relacionada por un lado con la construcción teológica y por el otro con el personalismo como la solución del conflicto entre religión y naturalismo.

De su obra Kritik der reinen Vernunft es el siguiente pasaje:

'Así pues, sea cual sea el contenido de un concepto, tanto en su cualidad como en su extensión, nos vemos obligados a salir de él si queremos atribuir existencia a dicho concepto.
En los objetos de los sentidos, eso sucede relacionándolos con alguna de nuestras percepciones según marquen las leyes empíricas. Pero no existe medio alguno de conocer la existencia de los conceptos del pensamiento puro, puesto que tendríamos que conocerla completamente a priori.
Pero nuestra conciencia de toda existencia (sea inmediata, en virtud de la percepción, sea mediante inferencias que enlacen algo con la percepción) pertenece por entero a la unidad de la experiencia. No podemos afirmar que una existencia fuera de este campo sea absolutamente imposible, pero constituye un supuesto que no podemos justificar por medio alguno.
El concepto de un ser supremo es una idea muy útil en no pocos aspectos. Pero, precisamente, por tratarse de una simple idea es totalmente incapaz de ampliar por sí sola nuestro conocimiento respecto de lo que existe.
Todo el esfuerzo y el trabajo invertidos en la conocida prueba ontológica de la existencia de un Ser supremo ha sido, pues, inútil. Queda demostrado que, mediante simples ideas, un hombre podría ganar los mismos conocimientos que dinero podrá ganar un mercader que, para mejorar su propia condición, optara por añadir algunos ceros al balance de sus cuentas.'