Historia
KEMPIS, TOMÁS DE (1379/80-1471)
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Su apellido paterno era Hemerken o Hämmerlein (pequeño martillo). En 1395 fue enviado a la escuela en Deventer, regida por los Hermanos de la Vida Común. Allí se convirtió en un habilidoso copista, pudiendo ganarse la vida por sí mismo. Más tarde fue admitido al convento agustino cerca de Zwolle, donde su hermano Juan había estado antes y había alcanzado el puesto de prior. Tomás recibió las órdenes sacerdotales en 1413 y fue nombrado subprior en 1429. La casa estuvo perturbada durante un tiempo, a consecuencia del rechazo del papa al elegido obispo de Utrecht, Rodolfo de Diepholt; por otro lado, la vida de Tomás fue tranquila, pasando su tiempo entre ejercicios devocionales, composición y copiando. Copió la Biblia no menos de cuatro veces, estando una de las copias preservadas en Darmstadt en cinco volúmenes. En sus enseñanzas fue ampliamente leído y sus obras abundan en citas bíblicas, especialmente del Nuevo Testamento. Su vida se caracterizó por las palabras al pie de un viejo cuadro, referidas primero a Francisco Tolensis: 'En todas la cosas busco quietud y no la encuentro salvo en el retiro y en los libros'. El 11 de noviembre de 1897 se erigió un monumento en su memoria, en presencia del arzobispo de Utrecht en la iglesia de San Miguel, en Zwolle.
Tomás de Kempis perteneció a la escuela mística que estaba esparcida por el Rin, desde Suiza a Estrasburgo y Colonia y por los Países Bajos. Fue seguidor de Geert Groote y Florentius Radewyns, fundadores de los Hermanos de la Vida Común. Sus escritos son todos de carácter devocional e incluyen tratados y meditaciones, cartas, sermones, una vida de San Lidewigis, una mujer cristiana que permaneció firme bajo gran presión de aflicciones, y biografías de Groote, Radewyns y nueve de sus compañeros. Similares obras en contenido a la Imitación de Cristo y penetradas por el mismo espíritu son sus prolongadas meditaciones sobre la vida y bendiciones del Salvador y otra sobre la encarnación. Ambas están saturadas de adoración a Cristo.

La obra que ha dado a Kempis fama universal en las iglesias occidentales ha sido De imitatione Christi. Es la perla de todos los escritos de la escuela mística germano-holandesa de los siglos XIV y XV, ocupando un puesto de primera línea junto a las Confesiones de Agustín o el Progreso del Peregrino de Bunyan, entre los manuales de devoción. Protestantes y católicos concuerdan en alabarla. Los jesuitas le dieron un lugar oficial entre sus 'ejercicios'. John Wesley y John Newton la colocaron entre las obras que les influyeron en sus conversiones. El general Gordon la llevaba con él al campo de batalla. Pocos libros han tenido tanta difusión. Originalmente escrita en latín, ya en 1447 se hizo una traducción francesa, de la que todavía quedan manuscritos. Las primeras copias impresas en francés aparecieron en Toulouse en 1488. La traducción alemana más antigua se hizo en 1434 por J. de Bellorivo y está preservada en Colonia. Las ediciones en alemán comenzaron en Augsburgo en 1486. La primera traducción inglesa (1502) fue de William Atkinson y Margarita, madre de Enrique VII, tradujo el cuarto libro. Aparecieron traducciones en italiano (Venecia, 1488, Milán, 1489), español (Sevilla, 1536), árabe (Roma, 1663), armenio (Roma, 1674), hebreo (Francfort, 1837) y otras lenguas. Corneille produjo una paráfrasis poética en francés en 1651.

De su Imitación de Cristo es el siguiente pasaje:
'Nada hay más dulce que el amor, nada más fuerte, nada más elevado, nada más amplio, nada más profundo, nada que satisfaga más, nada mejor en el cielo o la tierra, porque el amor nace de Dios. El amor da todas las cosas por todas las cosas y posee todas las cosas en todas las cosas. El amor nunca siente una carga y no toma en cuenta el trabajo que tiene que hacer. Nunca se queja de lo imposible pero se considera tan poderoso que es capaz de realizar todas las cosas. El amor despierta y mientras duerme, no está dormido. El amor es fatigado pero nunca se cansa y cuando se le espanta no sufre inquietud. El amor es dulce, puro, santo, alegre, fuerte, paciente, verdadero, prudente, siempre estable y nunca piensa en sí. Si es que un hombre piensa en sí, cae y se aparta del amor. El amor es discreto, humilde, y justo; no es muelle, ni liviano ni propenso a las cosas vanas; es sobrio, casto, asentado y respetuoso. ¡Ese que no está preparado para sufrir todas las cosas y proceder de acuerdo con el que ama no es digno de ser llamado un amador!'