Historia
KLARENBACH, ADOLF († 1529)
El problema para los católicos de Colonia era serio, pues el protestantismo estaba comenzando a abrirse paso en su fortaleza en Alemania; los ciudadanos estaban recelosos del clero y la universidad declinaba bajo la influencia de Lutero. En vista de la importancia de Klarenbach en el movimiento protestante y su audacia al invadir el centro del poder episcopal, se hizo doblemente necesario quitarlo de en medio. Su juicio fue largo, ya que no sólo el tribunal eclesiástico, sino también el tribunal civil de Colonia e incluso el Tribunal Supremo imperial en Spira estaban involucrados. Este último deseaba que Klarenbach fuera liberado a condición de que no reclamara por daños, pero el tribunal de la Inquisición rechazó esa solución y el 4 marzo se impuso la sentencia de muerte. La ejecución tuvo lugar el 28 de septiembre, debiéndose el retraso a que el pueblo estaba en desacuerdo con el veredicto y tuvo primero que ser pacificado. Sin embargo, durante el curso del verano la ciudad fue visitada con una peste, por lo que se esparció la convicción de que era una retribución divina por la misericordia hacia los herejes, haciéndose más viable la ejecución, especialmente en vista de los repetidos fracasos hechos para inducirle a retractarse de sus enseñanzas. Los protestantes alemanes estimaron a Klarenbach y Peter Fliesteden, un personaje un tanto fanático del que poco se sabe, pero que fue encarcelado con Klarenbach y murió con él, como mártires del bajo Rin y en 1829 se celebró el tercer centenario de la ejecución, siendo erigido un monumento en su honor.
La exacta relación de Klarenbach con la Reforma es hasta cierto punto incierta, pero parece probable en conjunto, aunque fue más bíblico que profesadamente luterano, si bien él había leído las obras del reformador de Wittenberg, aprobando porciones de ellas y rechazando otras. Por otro lado, las circunstancias de su juicio le llevaron a subrayar ciertos aspectos de sus creencias y a pasar por alto otras. Características notorias de su defensa fueron su frecuente uso del término "hermanos", una apelación rara en Lutero, y su rígida negativa a prestar juramento, aparentemente debido a la influencia del antiguo pensamiento evangélico ejemplificado por los valdenses, Hermanos Moravos y anabaptistas. Aunque sostuvo que "no hay satisfacción para el pecado aparte de la muerte de Cristo", no obstante insistió en que "nuestras buenas obras son señales, testigos y prendas de tal fe en Cristo." Rechazó la transubstanciación y la consubstanciación, insistiendo que los elementos en la comunión son "sólo signos externos y nada más." Define el bautismo como "sumergir en el agua y salir de nuevo" y como una muerte a toda codicia carnal y una disposición del nuevo hombre, que a partir de entonces lleva una vida espiritual.