Historia

KLARENBACH, ADOLF († 1529)

Adolf Klarenbach nació en Luttringhausen en la segunda mitad del siglo XV y fue ejecutado en Colonia el 28 de septiembre de 1529. Fue educado en Lennep, en Münster (donde quedó bajo la influencia de los Hermanos de la Vida Común y de los humanistas) y en el seminario Laurentino en Colonia, sobre el que presidía Arnold de Tongern, quien posteriormente sería uno de sus jueces. Durante un tiempo tras recibir su titulación en 1517 nada se sabe de él, pero en el plazo de unos años era profesor en una escuela latina en Münster. Ya había comenzado a simpatizar con los principios de la Reforma, tal vez a través de la influencia de su madre, por lo que se vio obligado a dejar la ciudad por la acusación de insultar la cruz. En 1524 Klarenbach era rector asociado en la escuela municipal de Wesel, una fortaleza de la nueva fe. Allí, aunque nunca había recibido las órdenes, parece que asumió funciones eclesiásticas, ayudado por varios que estaban descontentos con los principios católicos. La hostilidad de los monjes le obligó a dejar Wesel e irse a Osnabrück después de dos años y en su nuevo hogar enseñó latín, además de dar clases protestantes sobre ciertos libros del Nuevo Testamento y la dialéctica de Melanchthon. Su actividad levantó la oposición del capítulo de la catedral de Osnabrück, pero declinó una invitación a Meldorp, sintiendo que su deber era más bien ir a Lennep, donde se estableció poco después de Pascua de 1527. Los ataques que recibió produjeron su principal obra literaria en 1527, en la que atacaba la doctrina de la Iglesia católica y defendía las tesis protestantes. Expulsado de Lennep, Klarenbach se volvió a su antiguo amigo Johann Klopreis, ex-párroco de Büderich, quien ya había sido citado ante el tribunal en Colonia. Sin embargo, bajo inspiración de Klarenbach, Klopreis se hizo tan directo en sus sentimientos que fue de nuevo citado ante el tribunal, siendo encarcelado, mientras que Klarenbach, que le había acompañado al juicio para darle ánimo, fue encerrado el 3 de abril de 1528. Klopreis se las arregló para escapar el 1 de enero de 1529, pero a su camarada le fue negada toda esperanza de libertad.

El problema para los católicos de Colonia era serio, pues el protestantismo estaba comenzando a abrirse paso en su fortaleza en Alemania; los ciudadanos estaban recelosos del clero y la universidad declinaba bajo la influencia de Lutero. En vista de la importancia de Klarenbach en el movimiento protestante y su audacia al invadir el centro del poder episcopal, se hizo doblemente necesario quitarlo de en medio. Su juicio fue largo, ya que no sólo el tribunal eclesiástico, sino también el tribunal civil de Colonia e incluso el Tribunal Supremo imperial en Spira estaban involucrados. Este último deseaba que Klarenbach fuera liberado a condición de que no reclamara por daños, pero el tribunal de la Inquisición rechazó esa solución y el 4 marzo se impuso la sentencia de muerte. La ejecución tuvo lugar el 28 de septiembre, debiéndose el retraso a que el pueblo estaba en desacuerdo con el veredicto y tuvo primero que ser pacificado. Sin embargo, durante el curso del verano la ciudad fue visitada con una peste, por lo que se esparció la convicción de que era una retribución divina por la misericordia hacia los herejes, haciéndose más viable la ejecución, especialmente en vista de los repetidos fracasos hechos para inducirle a retractarse de sus enseñanzas. Los protestantes alemanes estimaron a Klarenbach y Peter Fliesteden, un personaje un tanto fanático del que poco se sabe, pero que fue encarcelado con Klarenbach y murió con él, como mártires del bajo Rin y en 1829 se celebró el tercer centenario de la ejecución, siendo erigido un monumento en su honor.

La exacta relación de Klarenbach con la Reforma es hasta cierto punto incierta, pero parece probable en conjunto, aunque fue más bíblico que profesadamente luterano, si bien él había leído las obras del reformador de Wittenberg, aprobando porciones de ellas y rechazando otras. Por otro lado, las circunstancias de su juicio le llevaron a subrayar ciertos aspectos de sus creencias y a pasar por alto otras. Características notorias de su defensa fueron su frecuente uso del término "hermanos", una apelación rara en Lutero, y su rígida negativa a prestar juramento, aparentemente debido a la influencia del antiguo pensamiento evangélico ejemplificado por los valdenses, Hermanos Moravos y anabaptistas. Aunque sostuvo que "no hay satisfacción para el pecado aparte de la muerte de Cristo", no obstante insistió en que "nuestras buenas obras son señales, testigos y prendas de tal fe en Cristo." Rechazó la transubstanciación y la consubstanciación, insistiendo que los elementos en la comunión son "sólo signos externos y nada más." Define el bautismo como "sumergir en el agua y salir de nuevo" y como una muerte a toda codicia carnal y una disposición del nuevo hombre, que a partir de entonces lleva una vida espiritual.