Historia

KOTTWITZ, HANS ERNST, BARON VON (1757-1843)

Hans Ernst, barón de Kottwitz, nació en Tschepplau, cerca de Glogau, Silesia, el 2 de septiembre (o el 1) de 1757 y murió en Berlín el 13 de mayo de 1843.

Hans Ernst, barón de Kottwitz
Hans Ernst, barón de Kottwitz
Los hechos de su vida se pueden extraer de unas pocas cartas y de las biografías de otros y los sucesos antes de que se estableciera en Berlín en 1807 y llegara a ser una personalidad pública están velados en la oscuridad. Recibió su educación en una institución de Breslau. Posteriormente fue a la corte de Federico II como ayudante. Hacia ese tiempo tuvo una disputa con sus padres y decidió emigrar, pero una orden del soberano, publicada a instigación de su padre, le obligó a quedarse. Tras la muerte de su padre en 1777, Hans Ernst, al ser su único hijo superviviente, quedó probablemente encargado con la administración de sus posesiones. De los siguientes 30 años nada se sabe salvo su matrimonio, su entrada en la masonería, su conversión, los comienzos de su obra filantrópica en Silesia, varios viajes y tal vez también su divorcio. El desafortunado resultado de su matrimonio estuvo probablemente ocasionado por su generosidad en la causa filantrópica, que a veces parecía bordear la imprudencia, especialmente desde el punto de vista práctico de su esposa. No se sabe en qué relación Kottwitz estuvo con los Hermanos Moravos, pero es cierto que obtuvo paz para el alma y sus convicciones religiosas fueron el fruto de su contacto con ese grupo; especialmente el obispo Spangenberg le influenció profundamente, según su propia declaración. Sus relaciones con la masonería datan probablemente del tiempo antes de su conversión y fueron indudablemente sus esfuerzos filantrópicos lo que le atrajo.

Kottwitz tomó De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel, pero ellos no escucharon a Moisés a causa del desaliento y de la dura servidumbre.[…]Éxodo 6:9 como el fundamento de su vida, siendo de la opinión que la miseria del cuerpo afecta al espíritu y que las lágrimas de la aflicción terrenal deben secarse antes de que la realización de las necesidades espirituales pueda llegar al pobre y afligido. Con este propósito emprendió extensos viajes por varios estados de Alemania, tales como Silesia, la marca de Brandeburgo, Sleswick, Holstein, Mecklenburg y Pomerania y fundó factorías en Silesia según sus propios ideales y una institución para la ocupación voluntaria en oposición a la obra compulsiva de las casas de corrección en Berlín. Ambas clases de instituciones estaban basadas en el principio de la auto-ayuda y el auto-respeto. Kottwitz intentó desalentar la mendicidad y al mismo tiempo eliminar la pobreza mediante la provisión de trabajo remunerado. Los pobres trabajadores en Silesia eran la mayoría tejedores. Él distribuyó material entre ellos, les pagó por su trabajo generosamente y vendió sus productos, a veces con gran sacrificio de su propia fortuna. En 1807 se trasladó a Berlín, justo en el momento cuando había gran miseria entre las clases trabajadoras por causa de la guerra con Napoleón. Aquí fundó instituciones similares a las de Silesia y además proporcionó alojamientos gratuitos para familias enteras de trabajadores. Cuando una familia por la diligencia y ahorro quedaba libre de sus condiciones miserables, daba paso a otra familia. Los hijos de sus trabajadores tenían sus propios maestros y cada tarde se celebraba un culto común, consistiendo de himnos, lectura de la Escritura y oración espontánea, que era dirigido por Kottwitz mismo o por uno de los maestros. El mantenimiento de estas instituciones debe haber devorado inmensas sumas de su fortuna privada y fue sólo posteriormente que el rey contribuyó con una suma anual de 3.000 taleros para el cuidado de 120 ancianos e inválidos. El conjunto de la colonia era de 600 personas. En 1823 las circunstancias financieras de Kottwitz le obligaron a entregar sus fundaciones a la ciudad, aunque él se convirtió en miembro del directorio y le fue permitido mantener su residencia entre su gente. Aunque su obra en conjunto fracasó, su relación con sus amigos y su cuidado por las almas individuales fueron de inmenso valor. En Berlín se convirtió en el dirigente reconocido de los pietistas y su colonia en su principal lugar de reunión. El círculo de sus amigos incluía a jóvenes y viejos, abogados, oficiales del ejército y teólogos, entre ellos Janicke, Neander, Strauss, Hengstenberg, Tholuck, Stier, Rothe, Wichern y otros.