Historia
LANFRANCO (c. 1005-1089)
Primera etapa hasta 1042.
Los detalles de su vida son escasos, pues no dejó memorias ni hubo biografías suyas hasta cuarenta años después de su muerte. Parece que fue de noble familia, siendo educado en retórica y derecho romano. Tras la muerte de su padre, dejó Pavía durante un tiempo y según dudosos relatos continuó sus estudios legales en Bolonia. Al regresar a su ciudad natal, Lanfranco se convirtió en uno de los tres principales juristas de la escuela de Pavía. Probablemente desterrado a causa de las luchas sociales y políticas que arrasaron Lombardía entre 1035 y 1043, tuvo que dejar súbitamente su ciudad y afincarse en Avranches, en Normandía, como maestro. Pero al no encontrar eco allí determinó irse a Rouen, capital de Normandía, siendo asaltado en el camino por ladrones que le dejaron atado y vendado en el bosque. En el terror de la noche, prometió dedicarse a Dios, si era liberado y a la mañana siguiente, tras haber sido liberado por unos viajeros, ingresó en la abadía de Bec, cerca del lugar donde había sido atacado.
En Bec y Caen; 1042-70.
La abadía, fundada unos años antes por un antiguo guerrero llamado Herluin, estaba pobremente gobernada, determinando Lanfranco marcharse de ella. Sin embargo, Herluin le convenció para que se quedara y en 1045 o 1046 le hizo prior. En 1049 fue a Reims, probablemente para llamar la atención de la curia sobre el matrimonio no canónico de Guillermo el Conquistador con Matilde de Flandes y acompañó a León IX a Roma. Allí en Pascua de 1050 recibió la hostil carta de Berengario de Tours y al mandado del papa detalló sus propias ideas sobre la eucaristía ante el concilio de Letrán, obteniendo el favor de León, quien le envió al concilio de Vercelli como teólogo papal, lo que suponía un segundo triunfo sobre Berengario. Igualmente aplastante fue su victoria sobre los adherentes de su oponente en Normandía, quienes fueron finalmente expulsados por el duque Guillermo.
Mientras tanto, la escuela de Lanfranco crecía sostenidamente tanto en prestigio como en número y disfrutó del favor especial de los papas Nicolás II y Alejandro II, de manera que Lanfranco se convirtió en el maestro más grande y la mayor autoridad dogmática en Occidente. Esta prosperidad fue interrumpida a finales de 1058 o comienzos de 1059 por Guillermo, quien censurado por la curia a causa de su matrimonio con Matilde, desterró a Lanfranco de sus dominios al ser su principal antagonista. Pero Lanfranco le apaciguó, yendo a Roma y obteniendo sanción papal para el matrimonio. El resultado de esta operación diplomática impresionó tanto a Guillermo que hizo de su anterior enemigo su principal consejero, lo que inauguraba una nueva etapa en la vida de Lanfranco. La duración exacta de su influencia es incierta, pero la alianza de Guillermo con Alejandro II en 1066 se debió evidentemente a él, nombrándole el agradecido duque abad del nuevo monasterio de San Esteban en Caen. En agosto del año siguiente, Guillermo le ofreció la vacante de la archidiócesis de Rouen, a lo que el abad se negó, yendo en 1068 a Roma como enviado del Conquistador, para obtener del papa una embajada que reorganizara los asuntos eclesiásticos en Inglaterra. Esta embajada llegó a la isla a principios de 1070 y en el verano se presentó en Normandía y anunció al abad de Caen que había sido escogido para suceder al depuesto Stigand, como arzobispo de Canterbury.
Arzobispo de Canterbury; 1070-1089.
El 29 de agosto de 1070 Lanfranco asumió su cargo como arzobispo de Canterbury, donde, tras un intento infructuoso ante Alejandro II para que se le permitiera dimitir, triunfó sobre la desorganización de la diócesis y enemigos tan poderosos como Odón de Bayeux (hermanastro del rey). Sus dificultades surgieron de dos problemas: la cuestión de la primacía y los monasterios de la catedral. Durante las últimas décadas, el arzobispado de York no solo había reclamado la independencia en el norte de Inglaterra, sino que había afirmado su jurisdicción sobre las diócesis de Worcester, Lichfield y Dorchester. Lanfranco, tras considerable controversia, exigió la sumisión personal a Thomas, el nuevo arzobispo de York, pero se vio obligado a demostrar la antigua y legal inferioridad de York ante Canterbury. En 1071, cuando ambos arzobispos aparecieron en Roma para recibir el pallium, Alejandro II se declaró incapaz de resolver el problema, refiriendo el asunto a un concilio inglés, señalando al mismo tiempo a Lanfranco como vicario suyo. La cuestión se consideró en Winchester en Pascua de 1072, pero la supremacía histórica de Canterbury fue negada. Al mismo tiempo, se inició la transformación de todos los monasterios catedralicios en Inglaterra en claustros seculares, algo que Lanfranco mismo pretendía cuando era monje, ganándose los dirigentes de este plan el apoyo real. En esta coyuntura, Lanfranco, que temía una doble derrota que anulara toda su influencia en la Iglesia y el Estado, falsificó diez breves papales, una leyenda y tres cánones de un concilio, que produjo en Windsor en Pentecostés de 1072, obteniendo de ese modo una fácil victoria.
Tras su triunfo comenzó a reformar enérgicamente la condición eclesiástica de Inglaterra, comenzando con Canterbury. Transfirió las sedes episcopales de las villas a las ciudades, procurando la independencia de los tribunales eclesiásticos e introdujo la ley canónica continental, al tiempo que gradualmente llenaba los monasterios con monjes continentales e incrementaba la severidad de su regla. No obstante, no fue radical, como se aprecia en su actitud hacia el celibato del clero. Siendo abogado él mismo de este principio, obligó sólo a los representantes de la catedral a dejar a sus esposas, aunque dirigió posteriormente a cada uno del clero en esa dirección, al exigir el voto de celibato para recibir el diaconado. A pesar de la exclusión de los ingleses de las posiciones de autoridad en iglesias y monasterios, para lo cual tuvo en cada caso buenas razones, él se consideraba un inglés, promoviendo en este espíritu el culto de los santos nacionales ingleses y oponiéndose a toda rudeza innecesaria hacia los conquistados. Desde su victoria en Windsor, fue el hombre más poderoso en Inglaterra salvo el rey, siendo su principal consejero, confiándosele la administración del reino durante sus ausencias en el continente.
Sin embargo, tal poder era insuficiente para él y en 1072 afirmó la primacía de Canterbury sobre Irlanda también, como sobre toda Bretaña, obteniéndola permanentemente en Irlanda y Gales y durante un tiempo en Escocia. Pero cuanto más alto subía, más frías eran sus relaciones con la curia. Desde el principio, Gregorio VII tuvo escasas simpatías por Lanfranco, quien indudablemente animó a Guillermo a rechazar el juramento de fidelidad a Gregorio; el arzobispo sólo esperaba una oportunidad favorable para romper con la corte papal. Esta ocasión vino con la conquista de Roma por Enrique IV, entrando Lanfranco en negociaciones con Hugo el Sabio, dirigente de los guibertinos, pero su plan fracasó e Inglaterra permaneció neutral. Su gran amigo, Guillermo el Conquistador, murió el 7 de septiembre de 1087, pagando Guillermo II la lealtad del arzobispo con ingratitud, viniendo la muerte a ahorrarle más profundas aflicciones.
Escritos.
Tanto personalmente como escritor, Lanfranco fue inferior a su sucesor Anselmo de Canterbury. Sus pocas obras, que son tratados ocasionales, son las siguientes: Liber de corpore et sanguine Domini contra Berengariurm, consistente de dos partes, una refutando los ataques de Berengario contra Humberto de Montemayor y la Iglesia de Roma y otra defendiendo la doctrina usual católica de los sacramentos, siendo su tesis que el cuerpo y sangre de Cristo son recibidos incluso por los indignos. El tratado es realmente idéntico a la carta dirigida por Lanfranco, cuando era abad de Caen, a Berengario, que fue compuesta en 1069 o 1070. Una porción de la correspondencia de Lanfranco durante su primado se ha preservado en Decretales epistulæ. El Scriptum de ordinatione sua fue escrito entre 1075 y 1077 y trata del conflicto con Thomas, arzobispo de York. El Statuta o Constitutiones, del monasterio de la catedral de Canterbury, compuesto antes de 1081 tiene dos partes, una conteniendo la agenda y notoriamente similar a la Concordia regularis de Atelwoldo de Winchester, lo que presupone una fuente inglesa, y la segunda discutiendo la administración del monasterio y correspondiéndose en parte, palabra por palabra, con el Ordo Clunacensis de Bernardo. Otras obras más breves y poco importantes suyas son Libellus de celanda confessione, sermo sive sententiæ y Annotatiunculæ (glosas sobre las Collationes de Casiano). La Oratio in concilio habita y el Elucidarium, impresas en ediciones de las obras de Lanfranco no son suyas y se cuestiona la autenticidad de sus glosas sobre las epístolas paulinas, aunque se puede considerar, sobre la evidencia de buenos manuscritos, genuina. Las siguientes obras atribuidas a él se han perdido: De sacramentis excomunicatorum; Nonnulla scripta contra Berengarium: Laudes, triumphi et res gestæ Wilhelmi comitis (posiblemente idéntica con las obras de Guido de Amiens) e Historia ecclesiastica (probablemente la misma que Scriptum de ordinatione sua). La influencia de Lanfranco fue más potente como maestro que como autor, aunque nunca fundó ni pudo fundar una escuela teológica. Incluso su más importante teólogo erudito, Anselmo, rápidamente puso distancias con él, siguiendo en método a Berengario en vez de a Lanfranco, quien probablemente enseñó primariamente como jurista. Hay evidencia que enseñó derecho canónico en Bec, donde Ivo de Chartres fue su alumno, siendo posible que a Lanfranco se deba realmente la solución del problema de las investiduras, a través del cual Ivo alcanzó fama.