Historia
LATIMER, HUGH (c. 1480-1555)
- Formación en Cambridge
- Influencia de Bilney
- Predicación y conflicto con la jerarquía eclesiástica
- Promoción bajo Enrique VIII
- Pérdida de ascenso
- Bajo Eduardo VI
- Bajo María Tudor
- Proceso judicial y ejecución de la sentencia

Era hijo de un granjero de Leicestershire del mismo nombre y de la declaración de Foxe de que ingresó en Cambridge a los catorce años, se ha inferido que solo tenía dieciocho años cuando recibió su licenciatura en 1510. La declaración de su sirviente, que tenía sesenta y siete años en el tiempo de Eduardo VI, sitúa su nacimiento más probablemente entre 1480 y 1486. 'Mi padre', dice en un sermón, 'me mantuvo en una escuela, o de lo contrario no habría podido predicar ahora ante su majestad el Rey [Eduardo VI]. Desposó a mis hermanas con 5 libras o veinte nobles cada una; pues las crió en piedad y temor de Dios. Dio hospitalidad a sus vecinos pobres y algunas limosnas a los pobres.' De otro sermón sabemos que su padre le enseñó el tiro con arco y cómo 'disponer su cuerpo en su arco.' En 1497, cuando su padre servía a Enrique VII contra los rebeldes de Cornualles en Blackhp-ith, Hugh se puso la armadura. En 1506, fue enviado a Cambridge, siendo elegido para una beca en Clare Hall en febrero de 1510, justo antes de graduarse. En 1514 obtuvo la maestría. Recibió las órdenes sacerdotales en Lincoln, pero la fecha no se conoce. En 1522 fue uno de los doce predicadores licenciados por su universidad para predicar en cualquier parte de Inglaterra y también fue nombrado para llevar la cruz de plata de la universidad en las procesiones.
Influencia de Bilney.
En 1524 recibió la licenciatura en teología, pero, como aparece en los libros de los procuradores, no pagó las tarifas habituales y su derecho al título le fue posteriormente negado. Su alocución pública en esa ocasión la dirigió contra la enseñanza de Melanchthon, ya que todavía se adhería al catolicismo. Uno de sus oyentes fue Bilney, el futuro mártir, quien se convirtió en su amigo íntimo e influyó en sus opiniones. Con Bilney iba a visitar prisioneros y enfermos. La primera vez que tuvo una entrevista con Enrique VIII (seis años después) obtuvo el perdón para una mujer que había sido encarcelada injustamente en Cambridge. El 28 de agosto de 1524 fue nombrado fiduciario en una escritura para encontrar un sacerdote que dijera misa en la capilla Clare Hall por el alma de un tal John à Bolton; y en octubre, estando en Kimbolton, de camino a su casa en Thurcaston, escribió la primera de sus cartas existentes, intercediendo al doctor Greene, vicerrector de Cambridge, en favor de Sir Richard Wingfield, quien estaba deseoso de ser administrador de la universidad.
Predicación y conflicto con la jerarquía eclesiástica.
En 1525 predicó en latín en la iglesia de la universidad. El diocesano, el obispo West de Ely, se acercó a escucharlo inesperadamente, y entró justo después de haber comenzado su sermón. Latimer hábilmente cambió su discurso y comenzó desde Pero cuando Cristo apareció como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación,[…]Hebreos 9:11 para describir el oficio de un 'sumo sacerdote' u obispo. West le agradeció su buena advertencia y le pidió que predicara un sermón contra Lutero. Latimer sabiamente respondió que no podía refutar las doctrinas de Lutero, al no haber leído sus obras, que habían sido durante algunos años prohibidas. El obispo no quedó satisfecho y comentó que Latimer 'olía a sartén' y se arrepentiría. El único relato de esta entrevista apenas hace justicia a la indudable sagacidad de West. Prohibió a Latimer predicar en su diócesis y, para contrarrestar su influencia, predicó él mismo en Barnwell Abbey, cerca de Cambridge. Pero el amigor de Latimer, Robert Barnes, prior de los agustinos en Cambridge, estando exento de la jurisdicción episcopal, le prestó su púlpito el domingo 24 de diciembre, mientras que Barnes mismo predicó un violento sermón en la iglesia de St. Edward Barnes. Poco después Barnes se vio obligado a abjurar ante Wolsey como legado y Latimer tuvo que explicarse ante la misma autoridad. Repudió las tendencias luteranas, y, siendo examinado por los capellanes de Wolsey, el doctor Capon y el doctor Marshall, se mostró mejor versado en Duns Escoto que sus examinadores. También declaró lo que había dicho ante el obispo de Ely y al final fue despedido por el cardenal con la libertad de predicar en toda Inglaterra.
El 19 de diciembre de 1529 Latimer provocó de nuevo la crítica por sus dos famosos sermones 'sobre las cartas' predicados en la iglesia de St. Edward, cuando dijo a sus oyentes alegóricamente cómo ganar la salvación jugando triunfos. Esto provocó malestar por su depreciación de lo que él llamaba 'obras voluntarias', como las peregrinaciones o donativos costosos a las iglesias, en comparación con las obras de misericordia. El prior Buckenham, de los dominicos, Cambridge, le respondió predicando del juego de dados, mostrando a sus oyentes cómo lanzar cinque y quatre para protegerse contra el luteranismo. Algunas otras tontas observaciones provocaron una réplica fulminante de Latimer; pero algunos miembros de St. John College continuaron la controversia con Latimer.
Latimer incurrió en desagrado adicional porque era conocido por favorecer el divorcio de Enrique VIII. En enero de 1530, el rey ordenó a Latimer y Buckenham que guardaran silecio sobre su disputa privada. Pero al mes siguiente, Gardiner llegó a Cambridge y obtuvo el nombramiento de un selecto comité de teólogos para informar sobre la validez del matrimonio con Catalina. En la lista del comité que reenvió al rey, el nombre de Latimer, como otros favorables al propósito del rey, aparece marcado con una A, en la clase de 'maestros en teología', no en la de doctores. Latimer fue a la vez designado para predicar ante el rey en Windsor el 13 de marzo, ante el profundo malestar de sus oponentes; y el rey elogió grandemente su sermón, subrayando significativamente al duque de Norfolk que fue muy desagradable para el vicerrector de Cambridge, quien estuvo presente durante parte del mismo. Latimer recibió por su sermón el habitual donativo de 20 chelines, pagado a un predicador de la corte y una suma adicional de 5 libras del fondo privado. Sus gastos de viaje a Cambridge también fueron sufragados por el vicerrector. Hacia ese tiempo se enviaron cartas reales a Cambridge para la designación de doce teólogos, a los que se uniría un número similar de Oxford, para examinar los libros que contuvieran opiniones objetables. Latimer fue uno de los seleccionados para este deber por el vice-canciller de su propia universidad, estando presente el 24 de mayo, cuando el informe de la comisión se presentó al rey, ordenándose que los predicadores denunciaran en sus sermones la lista de libros maliciosos y los errores que contenían.
Una carta que animaba al rey en favor de la libre circulación de una Biblia en inglés en diciembre de 1530, ha sido erróneamente atribuida a Latimer por Foxe. Ninguna de las dos copias de esta carta en la oficina del registro público lleva la fecha anexa de Foxe o el nombre del escritor, que parece ser un laico, y acusa al clero de tiranía por la supresión de 'la Escritura en inglés', es decir, la Biblia de Tyndale, uno de los libros desaprobados por Latimer y sus compañeros en el cargo.
Latimer estaba ahora en gran favor y por la influencia de Cromwell y el doctor (luego Sir William) Butts, fue presentado al beneficio de West Kington o West Kineon, en Wiltshire, en el límite de Gloucestershire. Aunque en un remoto y solitario distrito, el beneficio fue valorado cuatro años después en 17 libras, entonces un buen estipendio clerical. Fue instituido el 4 de enero de 1531. Poco después un sermón que predicó (probablemente, como el texto indica el 30 de mayo de 1531) en la vecina parroquia de Marshfield en Gloucestershire provocó una protesta de William Sherwood, rector de Dyrham. Se dijo que había dicho que casi todo el clero, obispos incluidos, en lugar de ser pastores que entran por la puerta, eran ladrones, para quienes no había cáñamo suficiente en Inglaterra para ahorcarlos. Sherwood lo estigmatizó como una 'loca sátira.' Latimer, en una larga y enojada réplica, dijo que solo se refirió a 'todos los papas, obispos y rectores que no entran por la puerta', no a todos los clérigos sin más.
Mientras tanto, la predicación de Latimer había sido censurada por otras cuestiones en la convocación, elaborándose cargos el 3 de marzo contra él, Edward Crome y Bilney. Al cabo de un año Crome se retractó, Bilney murió en la hoguera y Bainham, otro mártir, había declarado que no conocía a nadie que predicara la palabra pura de Dios, excepto Latimer y Crome. Pero Latimer parece que permaneció casi doce meses sin ser molestado. Tenía amigos en la corte y Sir Edward Baynton, caballero de Wiltshire en gran favor con Enrique VIII, le escribió para advertirle de las quejas hechas contra él. Antes de irse de Londres predicó en Abchurch, desafiando al obispo, pero con el consentimiento del titular, a petición de ciertos comerciantes, diciendo Latimer que no estaba al tanto de ninguna prohibición episcopal. Pero el sermón estaba ciertamente abierto a una mala interpretación; porque sugirió la posibilidad de que Pablo, si hubiera vivido entonces, fuera acusado ante el obispo como hereje, siendo obligado a llevar un haz de leña en St. Paul Cross. Su objetivo era defender la libertad de predicar, la gran medicina, en opinión de Latimer, para los males de la época. A Baynton le dijo que el obispo de Londres haría mejor si predicaba en lugar de tratar de interrumpirlo en ese deber con una citación.
Sin embargo, la citación solo le podía ser notificada por el doctor Hilley, canciller del obispo italiano de Salisbury, cardenal Campeggio, y Hilley, como insistió Latimer, podía corregirle él mismo si era necesario, sin obligarle a hacer el viaje hasta Londres en un duro invierno. Latimer había declarado su pensamiento al canciller, en presencia de Sir Edward Baynton, sobre el purgatorio y la adoración de los santos, los principales puntos en que fue acusado de herejía. Sin embargo, Hilley pensó que era mejor citarlo (10 de enero de 1532) para comparecer ante el obispo de Londres en San Pablo el día 29. Obedeció y el obispo lo llevó ante la convocación, donde, el 11 de marzo se le propusieron una serie de artículos, muy similares a los suscritos por Crome, los cuales se negó a firmar, por lo que fue entregado a la custodia en Lambeth, pero se le dio una oportunidad de ir a ver al arzobispo Warham. Una enfermedad se lo impidió, pero escribió quejándose de estar alejado de su rebaño al acercarse la Pascua. Declaró que su predicación estaba bastante de acuerdo con los Padres y dijo que no objetaba a las imágenes, peregrinaciones, invocación a los santos o el purgatorio. Solo consideraba esas cosas no son esenciales, habiendo abusos innegables por los que podía comparecer mediante una simple firma. Por último consintió en firmar dos de los artículos y el 10 de abril hizo una sumisión completa ante los obispos reunidos; después de lo cual fue absuelto, advirtiéndosele que se presentara el 15 de abril para un proceso posterior.
Pero inmediatamente provocó un nuevo encontronzao por una carta a Greenwood, en la que negó haber confesado algún error de doctrina, salvo en la desmesura. Por ello se le ordenó comparecer nuevamente y responder el día 19, cuando apeló al rey, cuya supremacía sobre la convocación de la Iglesia había sido obligado a reconocer el año anterior. Sin embargo, Enrique remitió la decisión de su caso a la convocación y el día 22 Latimer confesó que se había equivocado no solo en la mesura sino en la doctrina. De nuevo fue vuelto al favor a petición del rey, con la condición de que no volviera a recaer. Unos días más tarde visitó, en Newgate, a su admirador Bainham, entonces sentenciado como hereje relapso, instándolo a no desperdiciar su vida sin causa, ya que al menos algunos los artículos que había mantenido eran dudosos; pero se vio obligado a dejarlo a su suerte.
A pesar de su retractación, la acusación contra Latimer le había ganado simpatía en el oeste y al regresar a su beneficio fue invitado a predicar en Bristol el 9 de marzo de 1533. En este sermón se dijo que revivió sus antiguas herejías, declarando también que la Virgen fue pecadora. El alcalde le pidió que predicara nuevamente en Semana Santa, el clero de Bristol se alarmó, procurando una prohibición contra cualquier predicación sin licencia del obispo y estableciendo a los doctores Hubbardine y Powell para responder a las peligrosas doctrinas de Latimer desde el púlpito. El asunto se llevó a la convocación y una copia de la sumisión de Latimer, firmada por su propia mano, se envió a Bristol. Ana Bolena acababa de ser proclamada reina y el deán de Bristol se metió en problemas al prohibir decir oraciones por ella. Los amigos de Latimer, encabezados por John Hilsey, prior de los dominicos en Bristol, lo defendieron y Hubbardine y Powell fueron encerrados en la Torre, con algunos de la facción opuesta también. Se encargó una comisión a John Bartholomew, recaudador local de aduanas, como persona adecuada para investigar todo el asunto, con la ayuda de otros cinco o seis seleccionados por él mismo. Y aunque el 4 de octubre siguiente el obispo de Londres emitió una prohibición contra la predicación de Latimer en su diócesis, estaba claro que todo el asunto avanzaba a su favor en la corte.
Promoción bajo Enrique VIII.
La siguiente primavera (1534) fue nombrado para predicar ante el rey todos los miércoles en Cuaresma y los doctores más famosos de Oxford y Cambridge vinieron para escucharlo. Para dar una apariencia de juego limpio, Roland Philips, el renombrado vicario de Croydon, tuvo libertad de disputar con él, pero se vio impedido por la amenaza de la Torre. Sir Thomas More, cuando esperaba su interrogatorio en Lambeth, vio a Latimer en el jardín muy feliz, 'pues se reía', dice Sir Thomas, 'y tomó a uno o dos por el cuello tan fácilmente que si hubiesen sido mujeres hubiera imaginado que era un libertino.' Fue nombrado capellán real, obteniendo licencia para predicar a petición suya, siempre con el mandato estricto de que los predicadores no debían decir nada perjudicial para el matrimonio del rey con Ana Bolena. Sugirió a Cromwell que los comisionados no subrayaran el odioso juramento a la sucesión. El año siguiente poco antes de ser nombrado obispo, fue nombrado uno de los nueve comisionados para investigar el caso de Thomas Patmer, hereje.
Sin embargo, en febrero de 1535, un extraño informe del extranjero afirmaba que había 'pasado página' y en la predicación ante el rey había defendido la autoridad del papa, la adoración de la Virgen y los santos y el uso de las peregrinaciones. Su promoción en el verano para el obispado de Worcester es evidencia suficiente contra tal afirmación. Siendo dado el asentimiento real a su elección, el 12 de agosto, fue a Londres desde Bristol a fin de mes y, después de solucionar (con algunos problemas) sus primicias y otros asuntos, tuvo sus temporalidades restauradas el 4 de octubre, regresando como obispo a su diócesis, probablemente en noviembre. En el intervalo incluso dio a Cranmer (aunque en nombre de Cromwell) una fuerte reprobación por 'mirar los negocios del rey a través de sus dedos.' Su promoción se pudo deber a la influencia de Ana Bolena, a quien el 18 de agosto le dio una fianza de 200 libras, pero no hay en sus escritos ninguna expresión de respeto por ella.
Bajo la visitación de Cromwell, algunos monjes insubordinados del priorato de la catedral de Worcester habían presentado cargos de traición contra su anciano prior. El acusado tenía un elevado carácter y el de sus acusadores era malo; pero aparentemente había transgredido algunos estatutos y sido demasiado indulgente con ciertos hermanos que pensaban que Catalina de Aragón era la verdadera esposa de Enrique VIII. Se envió una comisión y al final se vio obligado a dimitir. Incluso el rey estaba inclinado para que continuara en el cargo; pero Latimer al ser preguntado escribió que si 'ese gran delito' (cualquiera que haya sido) fuera probado contra él, era suficiente para perdonarle la vida; pero en cualquier caso era demasiado viejo, y como Cranmer y el doctor Legh estaban de acuerdo en cuanto a su incompetencia, Latimer se sometió a su opinión.
En marzo de 1536, Latimer estaba en Lambeth junto con Cranmer y el doctor Nicholas Shaxton examinando a herejes, afirmando una carta de la época que Latimer era el más extremista de los tres. También predicaba en Paul Cross en su antiguo estilo, denunciando en un lenguaje cotidiano el lujo de los obispos, abades y otros 'grandes ladrones.' Latimer estaba entonces en Londres asistiendo a esa sesión del parlamento en el que los monasterios más pequeños fueron suprimidos. Latimer dijo, en la predicación ante Eduardo VI, que 'cuando sus enormidades fueron leídas por primera vez en la cámara del parlamento, eran tan grandes y abominables que no había nada que decir sino "abajo con ellos".' Pero pasó a lamentar que muchos de los abades fueron hechos obispos para salvar sus pensiones. Estaba insatisfecho de que no hubo una verdadera reforma, sino solo pillaje. Creía, al menos hasta cierto punto, en los informes difamatorios. Sin embargo, a pesar de sus fuertes prejuicios, le dijo al rey que no era bueno usar como establos reales los edificios que se habían planeado y mantenido para el uso de los pobres.
El 9 de junio Latimer predicó el sermón de apertura de la convocación, denunciando la degradación de la palabra de Cristo por supersticiones sobre el purgatorio y las imágenes. En el verano predicó de nuevo y preguntó al clero congregado qué bien habían hecho a la gente durante los últimos siete años. Habían quemado a un hombre muerto y tratado de quemar a otro vivo (queriendo decir él mismo); pero el impulso real para predicar con más frecuencia había venido del rey. Este sermón fue pronunciado en latín, pero se publicó una versión en inglés en el siguiente reinado. Siendo dirigido exclusivamente al clero no corrigió los rumores, que crecían de nuevo, de que se había retractado de su predicación pasada. Pero él despejó estas imputaciones completamente en un sermón en Paul Cross el día 17. La convocación procedió luego a aprobar leyes de acuerdo con algunas de sus sugerencias. Elaboró un conjunto de artículos de religión y una declaración tocante al sacramento de las ordenación, que Latimer firmó con los otros teólogos presentes, derogando una serie de días festivos superfluos. También entregó una opinión, firmada por Latimer de la misma manera, declarando que era potestad de los príncipes soberanos y no del papa convocar un concilio general. Ya no había duda de que era un gran promotor de la herejía en los consejos del rey y en las rebeliones de Lincolnshire y Yorkshire a finales de año los insurgentes exigieron repetidamente que él y Cranmer les fueran entregados o desterrados.
En 1537 participó en la asamblea de teólogos llamados por el rey para fijar puntos de doctrina y probablemente fue en este momento cuando sostuvo una discusión con el rey sobre el purgatorio, e intentó mostrar que la disolución de los monasterios podía solo justificarse sobre la teoría de que el purgatorio era un engaño. En julio los obispos pusieron fin a sus trabajos en la composición de The Institution of a Christian Man, comúnmente conocido como The Bishops' Book. Las discusiones teológicas que siguieron a su formación no estaban en la mente de Latimer. Declaró que le dejaban perplejo y que él 'tenía apoyo para ser otra vez un pobre clérigo del pobre Kineton, que para continuar como obispo de Worcester.' Cuando Darcy fue encerrado en la Torre, Latimer fue con Cromwell para visitarlo y participó en su interrogatorio. Había llegado a Hartlebury, Worcestershire, el 11 de agosto. Poco después visitó su diócesis y publicó mandatos para su clero, instando a cada uno de ellos a obtener, si fuera posible, una Biblia completa, o al menos un Nuevo Testamento, tanto en latín como en inglés, antes de Navidad. Fue llamado nuevamente a Londres a principios de noviembre para predicar el sermón fúnebre de Jane Seymour. Parece que estuvo muy enfermo y que escribió para excusarse por no haber avisado a Cromwell de antemano. Hecho ese deber, una vez más regresó a su residencia episcopal en Hartlebury, donde lo visitó Barnes, probablemente para discutir el testamento de Humphrey Monmouth, bajo el cual ellos y otros dos predicadores, Crome y Taylor, debían predicar treinta sermones en honor del difunto.
En febrero de 1538 estaba nuevamente en Londres, cuando el crucifijo de Boxley fue expuesto y quemado; después de lo cual cogió y arrojó de St. Paul una pequeña imagen que una leyenda popular había declarado que ocho bueyes no podrían moverla. Mientras tanto en su propia diócesis, que en ese momento incluía Bristol, el puritanismo había sido alentado por su nombramiento como obispo. En su propia catedral había despojado a una imagen de la Virgen de sus joyas y adornos. Estaba deseoso de que 'nuestra gran Sibila', como él llamaba a la imagen, ardiera en Smithfield 'con su hermana mayor de Walsingham, su joven hermana de Ipswich, con sus dos otras hermanas de Doncaster y Penrice.' Fue eficazmente apoyado por Henry Holbeach, el nuevo prior de su catedral.
En abril de 1538, Cranmer y Latimer fueron encargados de examinar a John Forest, quien, después de reconocer la supremacía real, se había retractado y había sido condenado por herejía. Latimer, que escribió a Cromwell que ese prisionero era demasiado bien tratado en Newgate, aceptó con singular ligereza la comisión de predicar o 'hacer el tonto' en su ejecución. Más tarde en ese año muchas otras imágenes fueron llevadas a Londres y quemadas, la 'Sibila' entre ellas. Los monasterios más grandes y las casas de los frailes comenzaron entonces a ser suprimidos. Latimer usó su influencia con Cromwell para que las casas de dominicos y franciscanos en Worcester pudieran ser otorgadas a la ciudad en alivio de sus cargas. En octubre estaba a la cabeza de una comisión para investigar la naturaleza de la famosa 'sangre de Hailes', que se descubrió ser miel o una goma amarillenta, largamente venerada como la sangre de Cristo.
Latimer dependía mucho del apoyo de Cromwell y aprobó muchos actos impopulares del ministro; pero los términos en los que aplaudió el sacrificio de la inocente familia del cardenal Pole por la venganza de Enrique VIII a fines de 1538, sólo pueden excitar el horror. 'Te escuché decir una vez', le escribió a Cromwell, 'después de haber visto la furiosa invectiva del cardenal Pole, que le harías comerse su propio corazón, lo que ahora sé has llevado a cabo; pues él debe ahora comerse su propio corazón y ser tan sin corazón como es sin gracia.' Latimer se disculpó ante Cromwell por no darle un apropiado regalo de Navidad ese año a cuenta de sus finanzas. Durante los tres años que él había sido obispo había recibido más de 4.000 libras. Por las primicias, reparaciones y deudas había pagado 1.700 libras y en ese tiempo solo tenía 180 libras en dinero disponible, de las que tendría que pagar de inmediato 105 por diezmos y 20 por regalos de Año Nuevo, para el rey presumiblemente.
Pérdida de ascenso.
En 1539 fue llamado a Londres para asistir al parlamento que se reunió el 28 de abril y la convocación, que comenzó en San Pablo el 2 de mayo. Era importante mostrar, frente a la excomunión papal, cuán poco se había apartado Inglaterra de los viejos principios de la fe, siendo Latimer nombrado para un comité de teólogos, tanto de la vieja como de la nueva escuela, que iban a redactar artículos de uniformidad. No llegaron a un acuerdo en diez días y bajo la presión del rey se redactó el Acta de los Seis Artículos el 16 de junio. Durante los siguientes tres días Latimer, quien había sido un asistente regular en el parlamento, estuvo ausente de su puesto. El acta era bastante opuesta a sus convicciones, e incluso él apenas estaba a salvo de su extrema gravedad. Recibió el asentimiento real el 28 de junio y el 1 de julio él y Shaxton, obispo de Salisbury, renunciaron a sus obispados.

Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
En 1546, cuando su amigo Crome se metió en problemas por su predicación, Latimer y algunos otros fueron llevados ante el consejo acusados de haberlo animado 'en su locura.' Cuando fue arrestado, sus pertenencias y documentos fueron bien examinados. Admitió haber tenido alguna comunicación con Crome, pero se quejó de una serie de interrogatorios que le fueron hechos, deseando hablar con el rey mismo antes de responder. Finalmente, hizo una réplica que el consejo no consideró satisfactoria. Pero fue liberado de la Torre al año siguiente por el perdón general al ascenso de Eduardo VI, siendo su elocuencia de inmediato reconocida por ser probablemente útil al nuevo gobierno.

Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
El domingo, 1 de enero de 1548, después de ocho años de silencio, Latimer predicó el primero de cuatro sermones pronunciados en Paul Cross. También parece que predicó el miércoles, día 18, en el lugar cubierto llamado 'la Mortaja', fuera de San Pablo, su famoso sermón 'del arado', en el que denunció los muchos males públicos, especialmente 'prelados que no predicaban' y declarando que el diablo era el obispo más asiduo en Inglaterra. Se publicó por separado en el mismo año. El miércoles, 7 de marzo, se instaló un púlpito para él en el jardín privado del rey en Westminster, ya que la capilla real era demasiado pequeña. Allí predicó sobre el deber de devolver los bienes robados, con tan buen efecto que un moroso le dio 20 libras, 'dinero de conciencia' para que lo devolviera al tesoro, siguiendo la próxima Cuaresma con 320 libras más y la siguiente con 180 libras y 10 chelines. El dinero procedía de John Bradford, futuro mártir, y el consejo otorgó 50 libras al predicador como donativo. Sin duda fue estos sermones de Cuaresma en 1548 los que Lord Seymour envió para ser examinados ante el consejo en la primavera siguiente. El rey, después de pedirle consejo a Seymour, mandó 20 libras para Latimer y 20 para sus sirvientes. En abril Latimer fue nombrado en una comisión con Cranmer y otros para examinar herejes, algunos de los cuales fueron inducidos a abjurar. Hacia ese tiempo, si no unos meses antes, tanto él como Cranmer abandonaron su creencia en la transubstanciación. El 8 de enero de 1549 la Cámara de los Comunes solicitó la restauración de Latimer a su obispado de Worcester; pero él estaba contento con ser predicador de la corte meramente. En los siete sermones que predicó ante el rey en la siguiente Cuaresma hay una curiosa combinación de fervor moral y partidismo político, denunciando de manera elocuente una hueste de abusos corrientes y pagando el tributo más cálido al gobierno de Somerset. Estaba indignado por la insinuación de que el gobierno era una camarilla y que no duraría. Cuando la simpatía popular fue conmovida por la ejecución de Lord Seymour, él no solo la justificó desde el púlpito mediante una serie de anécdotas escandalosas, sino que insinuó que Seymour se había condenado eternamente. Estos pasajes fueron sabiamente suprimidos en ediciones posteriores de los sermones. Ni siquiera en tiempos de los Tudor aparecieron acreditados al predicador.
Una entrada curiosa en la agenda de los registros eclesiásticos de St. Margaret, Westminster, muestra la conmoción ocasionada por su predicación en esa iglesia en algún momento en 1549, pagándose una cantidad de dinero 'para la reparación de diversos bancos que se rompieron cuando el doctor Latimer predicó.' En abril de ese año se unió al dictar sentencia contra Joan Bocher, quien fue quemada al año siguiente. El 6 de octubre fue nombrado en la comisión de treinta y dos para la reforma de la ley canónica, pero no fue miembro de la comisión más selecta de ocho, a la que el trabajo fue inmediatamente después confiado. A comienzos de 1550 se dice que estuvo muy enfermo, por lo que desesperó de recuperarse, pero el 10 de marzo encontró energía suficiente para predicar un último sermón ante el rey Eduardo, que, como algunos de sus anteriores discursos, fue en dos partes, formando realmente dos sermones, cada uno de considerable longitud. No mucho antes se le hizo una oferta renovada de un obispado.
En el otoño de 1550 fue a Lincolnshire, donde no había estado desde su ordenación y predicó en Stamford el 9 de noviembre. El 18 de enero de 1551 fue nombrado para la comisión de treinta y dos para corregir a los anabaptistas y otras personas que mostraron falta de respeto al nuevo libro de oración. Sin embargo, no parece que tomara parte activa en este procedimiento y es dudoso si alguna vez estuvo en Londres durante los dos años restantes del reinado de Eduardo. Parte de ese tiempo fue invitado de John Glover en Baxterley Hall en Warwickshire y durante otra parte estuvo con la duquesa de Suffolk en Grimsthorpe, Lincolnshire. En una carta sin fecha de la duquesa a Cecil, escrita en junio de 1552, se arrepiente de no haber podido enviar a Latimer una liebre para el bautizo de su sobrina. Copiadores descuidados han confundido 'esposa' por 'sobrina', pues Latimer era soltero.

Ilustración de Cassell's Illustrated History of England
En este tiempo es descrito por su sirviente suizo, Augustine Bernher, como 'un hombre magullado' de más de setenta y siete años, muy asiduo en predicar, pronunciando generalmente dos sermones cada domingo y levantándose cada mañana, en invierno y verano, a las dos en punto para estudiar. Previó por completo que en el ascenso de María sería llamado a dar cuentas de su doctrina, especialmente después de que Gardiner fuera liberado de la Torre. El 4 de septiembre de 1553 se emitió una citación para llevarlo a Londres, donde evidentemente había el deseo de que escapara. Tuvo un aviso privado seis horas antes de que fuera entregada y al oficial se le ordenó que le dejara obedecer o escapar. Sin embargo, Latimer le dijo al hombre que era un mensajero bienvenido y que estaba bastante preparado para ir y dar cuenta de su predicación. El día 13 se presentó ante el consejo 'y por su comportamiento sedicioso fue encerrado en la Torre' con su asistente, Augustine Bernher. Su encarcelamiento, aunque probablemente no excepcionalmente severo, fue duro para un hombre tan mayor y en el invierno envió un mensaje al teniente de si no iba a parecer que lo había engañado, queriendo decir, como luego explicó, que perecería por frío y no, como se esperaba, por fuego. Sin embargo, fue consolado con los escritos que le envió su compañero de prisión, Ridley. De hecho, parece que se les permitió preparar y escribir una defensa conjunta contra el cargo de herejía. Bernher actuó como secretario de Latimer y copió los escritos que le envió Ridley.
Proceso judicial y ejecución de la sentencia.
En marzo de 1554, Latimer, Ridley y Cranmer fueron enviados a Oxford, para disputar con los mejores teólogos de ambas universidades sobre tres artículos tocantes a la misa. El 14 de abril el proceso comenzó en la iglesia de St. Mary con la lectura de una comisión de la convocación para discutir las tres cuestiones. Los tres cautivos aparecieron ante los comisionados, Latimer 'con un pañuelo y dos o tres gorros en la cabeza, sus lentes colgando de una cuerda en su pecho y una vara en su mano.' Se le permitió una silla. Protestó que por la edad, la enfermedad, la falta de práctica y la falta de libros, estaba para discutir de teología como para ser capitán de Calais; pero declaró su pensamiento claramente. Sin embargo, se quejó de que no tenía ni pluma ni tinta, ni ningún libro, sino el Nuevo Testamento, que dijo haber leído más de siete veces sin encontrar la misa en el mismo, ni aún los huesos o tendones. Se designó una discusión para el miércoles siguiente, día 18. En ese día Latimer, quien estaba muy débil y 'no se atrevía a beber por miedo a vomitar', entregó respuestas escritas a las tres proposiciones, definiendo su propia posición. Luego, quejándose de que había sido silenciado por la protesta en su citación anterior, explicó a qué se refería con los cuatro huesos de la médula de la misa como las cuatro prácticas supersticiosas y creencias en las que consistía principalmente. Siguió una discusión de tres horas seguidas, aunque protestó que su memoria 'le fallaba.' El viernes siguiente los tres prisioneros fueron llevados a escuchar su sentencia, tras lo cual fueron una vez más obligados a retractarse, siendo formalmente excomulgados. Al día siguiente se celebró misa nuevamente, con la hostia llevada en procesión, que los prisioneros vieron desde tres lugares diferentes. Latimer, que fue llevado a la casa del alguacil, esperaba su fin inmediato y deseaba una rápida hoguera; pero cuando vio la procesión se apresuró a entrar en una tienda para evitar verla.

Ridley y Latimer comparecieron ante los tres obispos en la escuela de teología el 30 de septiembre. Latimer se quejó de tener que esperar, 'contemplando las frías paredes', durante el interrogatorio de Ridley. Luego se arrodilló ante los obispos, 'sosteniendo su sombrero en la mano, con un pañuelo en su cabeza, y sobre ella un gorro de dormir o dos, y un gran sombrero (como el usado por los ciudadanos, con dos amplias alas para abotonarlo debajo del mentón), vistiendo una vieja y raída bata ceñida a su cuerpo con un cinto de cuero, del cual colgaba por una larga faja de cuero su testamento y sus lentes sin caja pendiendo de su cuello sobre su pecho.' Dio una enérgica respuesta a una exhortación de Whyte, obispo de Lincoln, a retractarse. Finalmente, sus respuestas fueron tomadas de cinco artículos, los cuales sostuvo haber confesado. Fue retenido hasta el día siguiente.
En consecuencia, el 1 de octubre, tanto Ridley como Latimer comparecieron de nuevo. Latimer fue llamado después de que Ridley hubiera recibido la sentencia, siendo mientras tanto removida la tela de la mesa en la que Ridley había estado, porque Latimer, se dijo, nunca recibió el título de doctor. Se quejó de la presión de la multitud a su entrada a la corte, diciendo que era un anciano con 'una mala espalda.' Declaró que reconocía a la Iglesia católica, pero negó el romanismo y se adhirió a sus respuestas anteriores, sin admitir la competencia del tribunal que derivaba su autoridad del papa. Luego el obispo de Lincoln leyó la sentencia, preguntando en vano Latimer si no era legal que apelara 'al próximo consejo general que será verdaderamente convocado en el nombre de Dios.'

Fotografía de Kenton Gribble
Su predicación se aprecia en el siguiente ejemplo:
'Yo quisiera que todos los hombres atendieran a su deber, como Dios los ha llamado, y entonces tendríamos una floreciente comunidad cristiana. Y ahora yo haría una pregunta rara: ¿quién es el obispo y prelado más diligente en toda Inglaterra, y que sobrepasa a todos los otros en el desempeño de sus funciones? Yo puedo decirlo, porque sé quién es, y lo conozco bien. Pero ahora me parece que os veo escuchando y prestando mucha atención para ver si lo nombro. Hay uno que sobrepasa a todos, y es el prelado y predicador más diligente de toda Inglaterra. ¿Sabréis vosotros, quién es? Os lo diré. Es el diablo. Él es el predicador más diligente de todos; nunca está fuera de su diócesis; nunca falta de su curato; nunca lo encontraréis desocupado; está siempre en su parroquia; guarda su residencia en todo tiempo; nunca lo encontraréis fuera de su camino; llamadlo cuando queráis; siempre está en casa; el predicador más diligente de toda la comarca, siempre tiene la mano en el arado; nadie puede dominarlo y ningún tunanteo, atajarlo; siempre está atendiendo a sus asuntos; nunca lo encontraréis ocioso, os lo garantizo. Y su ocupación consiste en obstaculizar la religión, mantener la superstición, auspiciar la idolatría y enseñar toda suerte de papismo. Está tan listo como pueda desearse para salir con su arado, para inventar tantos medios como sea posible para mutilar y oscurecer la gloria de Dios. Donde el diablo vive y tiene su arado trabajando, afuera con los libros y arriba los candelabros; fuera las Biblias y arriba los rosarios; fuera la luz del evangelio y arriba la luz de las velas. Sí, aunque sea medio día. Donde reside el diablo, para que pueda prevalecer, arriba la superstición y la idolatría, los incensarios, la pintura de imágenes, las velas, las palmas, las cenizas, el agua bendita y nuevos cultos de invención humana, como si el hombre pudiera inventar un modo mejor de honrar a Dios, que el que Dios mismo ha señalado. Abajo la cruz de Cristo; arriba el purgatorio sacaplata - quiero decir, el purgatorio papal. Nada más de vestir al desnudo, al pobre y al impotente; arriba el adornar imágenes y el ornamentar brillantemente las piedras y las maderas; arriba las tradiciones y leyes de los hombres; abajo la voluntad de Dios y su más Santa Palabra. Abajo con el viejo honor que Dios merece, y arriba el honor del nuevo dios. Que todas las cosas se hagan en latín... y que de ninguna manera se viertan al inglés. ¡Oh, que nuestros prelados fueran así de diligentes para sembrar el grano de la buena doctrina, como es Satanás para sembrar vallico y cizaña!'