Historia
LEÓN, FRAY LUIS DE (1527-1591)

Fotografía de Wenceslao Calvo
Sus padres, don Lope de León y doña Inés de Valera, también oriundos de Belmonte, eran ambos "nobles y limpios." Al salir de Belmonte, a los cuatro o cinco años, marchó primero a Madrid y a Valladolid después, viviendo hasta los catorce años en casa de su padre, abogado de Corte, quien le proporcionó la educación correspondiente a la clase distinguida a que pertenecía. Aunque sus padres no tenían el propósito de dedicarle a la vida del claustro, una irresistible vocación religiosa le llevó a Salamanca, tomando el hábito en el convento agustino en 1543 y profesando en 29 de enero de 1544. En 1560 tomó sus grados en dicha ciudad, y "presentó inmediatamente, dice Fitzmaurice, su candidatura para un cargo universitario; sufrió un fracaso, pero a fines de 1561 obtuvo por cuatro años la cátedra de teología escolástica". Esta cátedra, llamada cátedra de Santo Tomás de Aquino, la obtuvo "en competencia de siete opositores, de los cuales cuatro eran catedráticos, con 53 votos de exceso. Entonces votaban las cátedras los mismos estudiantes, cuyas voluntades procuraban granjear los que pretendían ser catedráticos con una infatigable aplicación a su enseñanza, para obligarlos más" (Gregorio Mayans y Sisear, Vida y juicio crítico del Maestro Fray Luis de León). En 1565 llegó a ser profesor de teología escolástica y de Sagrada Escritura, consolidándose la fama que había adquirido, y que indudablemente debió producirle, si no enemigos, por lo menos envidiosos. En 1569, con motivo de la corrección de la Biblia de Vatablo, la escuela de Salamanca se convirtió en un campo de batalla, acusándose los maestros unos a otros, llegándose a sospechar de la ortodoxia de alguno, siendo uno de ellos fray Luis de León, que en unas lecciones sobre la Vulgata, dadas en el año citado, dio motivo a que sus contrarios, aguijoneados quizá por la envidia, creyeran ver en él simpatías por las doctrinas de sus colegas Martín Martínez Cantalapiedra, catedrático de hebreo, y Gaspar de Grajal, sospechosos ambos de apoyar un sistema de interpretación rabínica.
Denunciado ante la Inquisición.
En 1570, según consta en la justificación presentada a los inquisidores por el poeta el 2 de abril de 1572, había sido denunciado, no se sabe por quién, a causa de una lección que dio acerca del matrimonio. "Esta denuncia, dice Fitzmaurice, no tuvo consecuencias, pero el mismo año fray Luis tuvo áspera discusión sobre la autoridad de la Vulgata con el profesor de griego, León de Castro, pedante de los mayores que ha podido haber. Fray Luis de León le amenazó con que haría quemar los Commentaria in Esaiam Prophetam (1570) de Castro, que contenían solapados ataques al bando contrario; Castro contestó aludiendo a la ascendencia israelita de fray Luis, y amenazándole con llevarle al quemadero." La disputa, que hasta entonces no era más que una de las acostumbradas discusiones entre profesores, tomó un cariz grave por la intervención de algunos estudiantes, que se alborotaron y aplaudieron a Castro, "pues era del bando de Jesucristo", y no contentos con estas manifestaciones, acudieron al catedrático dominico Medina, que acababa de llegar a Salamanca, quien, según dice Alonso Getino, empezó a preocuparse seriamente del asunto, y después de consultar el caso con el padre Pedro Fernández, prior de Atocha, que en julio de 1571 acertó a pasar por la citada ciudad, entrególe las proposiciones que se creían heréticas. El 2 de diciembre Fernández presentaba el escrito al Santo Oficio, el cual, ante los rumores graves que habían llegado a sus oídos, resolvió aclarar el asunto, encargando de ello al comisario de Salamanca. Las declaraciones de Castro, Medina y otros hicieron considerar a fray Luis de León como complicado en la causa que se seguía contra Grajal y Martínez.
Encarcelamiento.
El 19 de marzo de 1572 los inquisidores de Valladolid resolvieron pedir la encarcelación del poeta, el 22 alcanzaron la orden de la Suprema, y el 27 se ponía en ejecución, saliendo fray Luis de Salamanca para Valladolid, en compañía del familiar del Santo Oficio y amigo suyo, Francisco Almansa. Según Ticknor y otros autores, el primer motivo para esta resolución fue la traducción que en 1561 hizo el poeta en lengua vulgar del Cantar de los Cantares, siendo mayor la falta por haberse hecho la versión con arreglo al original hebreo y para una monja, Isabel Osorio, y afirma el traductor que consideraba el Cantar de los Cantares como carmen amatorium ad suam uxorem. En el escrito formulado por el fiscal en 5 de mayo de 1572, además de este cargo, le acusa de haber afirmado que la Vulgata tenía muchas falsedades y era susceptible de enmiendas; que los 70 intérpretes no habían entendido bien la lengua hebrea, y de haber sustentado opiniones nuevas y peligrosas. Todas estas acusaciones estaban fundadas en declaraciones prestadas por los testigos, y aunque no puede afirmarse, ni mucho menos, que fuesen dictadas por la envidia de los enemigos de su fama, es indudable que los más graves cargos salieron de boca de uno de sus émulos, León de Castro, que si no el "todo de la prisión", como le llama el poeta, tuvo una parte muy principal en ella. Ticknor atribuye a los dominicos el encarcelamiento de fray Luis. Ante los graves cargos formulados por la Inquisición, fray Luis se defendió con tenaz habilidad, negando todos los capítulos de la acusación, excepto el haber traducido en lengua vulgar el Cantar de los Cantares, a instancias de una persona religiosa, y después de verla, dice el poeta en su declaración prestada el 1 de abril de 1572, se la volvió a pedir, y añade que un fraile que tenía cargo de su celda, F. Diego de León, la copió y divulgó, y cuando lo supo, ya no le fue posible recoger las copias. Hizo protestas de que sentía que estuviese en lengua vulgar, y que tenía el propósito de traducirla al latín, imprimiéndola después de examinada y aprobada, propósito que no había podido realizar por falta de salud. Con esta declaración no explica por qué hizo la traducción sin licencia y no dio cuenta de su divulgación, en cuanto llegó a su noticia. El 28 de septiembre de 1576 la comisión investigadora opinó que fuese sometido a cuestión de tormento, aconsejando empero que "se le dé moderado, atento que el reo es delicado". El Supremo Tribunal de la Inquisición hizo inútil esta advertencia, dictando el 7 de diciembre de 1576 la sentencia ordenando "que en la sala deste Santo Oficio sea reprendido y advertido que de aquí adelante mire cómo y adonde trata cosas y materias de la calidad y peligro que las que deste proceso resultan, y tenga en ellas mucha moderación y prudencia, como conviene para que cese todo escándalo y ocasión de errores"; se ordenaba, además, que se recogiera el cuaderno de los Cantares, traducido en romance.
Durante los años de encierro, fray Luis escribió parte de su obra De los Nombres de Cristo y varias poesías, entre ellas la Canción a Nuestra Señora, que contiene la famosa décima:
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
¡Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado!
Y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se acompasa,
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.

de Pacheco. Biblioteca Colombina. Sevilla
El 30 de diciembre de 1576 se presentó ante el claustro en pleno de la universidad de Salamanca el comisario del Santo Oficio acompañado de fray Luis de León, para participarles de orden de la Inquisición "la entera libertad y limpieza con que el dicho maestro Fray Luis de León había salido, y de su parte les dijese restituyesen al dicho maestro Fray Luis de León en el puesto y estado que estaba antes que fuese detenido por el Santo Oficio y le restituyesen la cátedra que entonces tenía de santa teología, que era la de Durando, e pidió al Secretario le diese por testimonio lo que cerca desto se hiciese e proveyese en el dicho claustro"... El poeta no quiso admitir la cátedra, que había sido ocupada sucesivamente, desde 1577, por otros dos profesores, y la universidad en recompensa le señaló 200 ducados al año para que "leyese una lección de teología." En esta cátedra provisional reanudó sus explicaciones, empezando su primera lección con la célebre frase: Dicebamus hesterna die..., con lo que frustró las esperanzas del numeroso auditorio que había acudido al aula creyendo oír de labios del maestro algunas alusiones a lo pasado. La crítica moderna supone que la frase célebre no fue pronunciada por fray Luis, sino inventada muchos años después (1623) por el italiano Nicolás Crusenio. Si esto es verdad, hay que confesar que fue una feliz invención; pero nada tendría de extraño que Crusenio la hubiese recogido de alguna tradición de origen desconocido. En 1578 fue nombrado profesor de filosofía moral, y en 1579 obtuvo la cátedra de Sagrada Escritura, siendo amonestado de nuevo "por sus opiniones acerca de la predestinación." Esto no fue obstáculo para que sus superiores le prestasen todo su apoyo, alentándole en la publicación de sus obras, y así vemos que en 1578 el provincial de los agustinos en Castilla, fray Pedro Suárez, le ordenó de un modo terminante, recordándole el voto de obediencia, que diera a la imprenta, no sólo la explicación del Cantar de los Cantares que había escrito en latín, sino todas sus otras obras de teología y literatura sagrada, y así lo hizo fray Luis, publicando en Salamanca en 1580 su traducción latina del Cantar de Salomón, que mereció la aprobación calurosa del doctor en teología Sebastián Pérez. Junto con esta traducción publicó la que del 1 Salmo de David. Hazme justicia, oh SEÑOR, porque yo en mi integridad he andado, y en el SEÑOR he confiado sin titubear. 2 Examíname, oh SEÑOR, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón. 3 Porque delante de mis ojos está tu misericordia, y en tu v[…]Salmo 26 había hecho durante su estancia en la cárcel, y que dedicó al arzobispo de Toledo, don Gaspar de Quiroga, inquisidor general. Formó parte de la comisión que se nombró en 1578 para la reforma del calendario. En 1583 fueron editados los dos primeros libros de los Nombres de Cristo y La Perfecta Casada. En 1585 se publicó en Salamanca otra edición de los Nombres de Cristo, conteniendo ya el tercer libro. En el capítulo que se celebró en Toledo el 3 de diciembre de 1586 se le dio el cometido de redactar unas constituciones para los religiosos recoletos de San Agustín, encargo que cumplió a gusto de sus superiores. En 1591, siendo ya vicario general de su orden en la provincia de Castilla, fue elegido el 14 de agosto, en el capítulo celebrado en el convento de Madrigal de las Altas Torres, provincial de los agustinos en la provincia citada. Apenas pudo posesionarse del cargo porque murió a los nueve días de nombrado, o sea el 23 de agosto, cuando no había terminado todavía el capítulo que le eligió, siendo enterrado en el claustro del convento de Salamanca, delante del altar de Nuestra Señora del Pópulo.
Obras.
Los últimos años de su vida los había dedicado a la lectura de libros de teología mística, especialmente los escritos por fray Luis de Granada, y a preparar una edición completa de sus obras expositivas, añadiendo otras nuevas, de cuya edición no se publicó más que el primer tomo (1589), que contenía, además de la Explicación sobre el cántico de los cánticos y el 1 Salmo de David. Hazme justicia, oh SEÑOR, porque yo en mi integridad he andado, y en el SEÑOR he confiado sin titubear. 2 Examíname, oh SEÑOR, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón. 3 Porque delante de mis ojos está tu misericordia, y en tu v[…]Salmo 26, en latín ambas, las dos obras siguientes, también en latín: Explicación del profeta Abdías y Explicación de la Epístola a los gálatas. Además de las obras citadas dejó escritas las siguientes: Tratado de elocuencia sagrada, en latín; Introducción a las obras de Santa Teresa, al frente de la edición de Salamanca de 1588; Explicación del 1 Para el director del coro. Sobre instrumentos de cuerdas. Salmo de David. Oye, oh Dios, mi clamor; atiende a mi oración. 2 Desde los confines de la tierra te invoco, cuando mi corazón desmaya. Condúceme a la roca que es más alta que yo. 3 Porque tú[…]Salmo 61, en latín; Tratado sobre el tiempo de la inmolación del Cordero típico y el Cordero real, en latín (1590); Comentario sobre al Apocalipsis, Lecturas sobra la Sagrada Escritura, Elogio de San Agustín, Exposición del Eclesiastés, y Exposición del cántico de Moisés; Exposiciones de los 1 Salmo de David. SEÑOR, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santo monte? 2 El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón. 3 El que no calumnia con su lengua, no hace mal a su prójimo, ni toma reproche c[…]salmos 15, 16, 28, 57 y 67; Exposiciones, incompletas, de otros salmos; Explicación de la 2ª Epístola en los Tesalónicos, De la triple unión de los fieles en Cristo, y varios sermones. Después de su muerte se publicaron sus obras poéticas coleccionadas por fray Luis para entretener a don Pedro de Portocarrero, obispo de Calahorra, que don Francisco de Quevedo editó en 1631 para oponer un dique al torrente del culteranismo, según frase de Menéndez y Pelayo, y la Exposición del libro de Job, obra que probablemente fue empezada en 1519, abandonada después, durante largo tiempo, y reanudada durante los últimos años de su vida, a instancias de la madre Ana de Jesús, la amiga de Teresa de Ávila. Además, se publicó en 1618 y 1632 (edición de Barcelona) una versión, inédita, en versos castellanos del 1 Para el director del coro. Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, el profeta Natán lo visitó. Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. 2 Lávame por compl[…]Salmo 51. Sus obras en castellano son las siguientes: Traducción literal y declaración del libro de los Cantares de Salomón, acompañada de la Respuesta que desde su prisión da a sus émulos; De los Nombres de Cristo, añadido juntamente el nombre de Cordero; Exposición del libro de Job y Obras poéticas. Además de las obras citadas, le han sido atribuidas otras varias, no faltando quien haya supuesto que la traducción en verso del Cantar de los Cantares, de Arias Montano, es obra de fray Luis.
El siguiente es un fragmento del poema de Fray Luis titulado "Canción a Jesucristo crucificado". En el mismo el autor alude a la cruz con las denominaciones madero, palo y cama.
Inocente Cordero
en su sangre bañado
con que del mundo los pecados quitas;
del robusto madero,
por los brazos, colgado,
abiertos, que abrazarme solícitas.Ya que humilde marchitas
la color y hermosura
de ese rostro divino,
a la muerte vecino;
antes que el alma soberana y pura
parta para salvarme,
vuelve los mansos ojos a mirarme.Ya que el amor inmenso,
como último regalo,
y con dolor intenso
arrimado a ese palo,
la cabeza rodeada con espinas
hacia la madre inclinas,
y que la voz despides
bien de entrañas reales,
y las culpas y males
a la grandeza de tu Padre pides
que sean perdonados,
acuérdate, Señor, de mis pecados.Aquí, donde redimes los esclavos,
donde por todos cabos
misericordia brotas,
y el generoso pecho
no queda satisfecho
hasta que el cuerpo de la sangre agotas,
aquí, Redentor, quiero
venir a tu justicia yo el primero.-------------------------------
Miradme, que soy hijo,
que por mi desobediencia
justamente podéis desheredarme.
Ya tu Palabra dijo
que hallaría clemencia
a siempre que a tí volviese a presentarme.
Aquí quiero abrazarme
a los pies de esta cama
donde estás expirando.
Oye la voz llorosa que te llama,
grande ventura espero,
pues siendo hijo quedaré heredero.Por testimonio pido
a cuantos te están viendo,
como a este tiempo bajas la cabeza,
señal que has concedido
lo que te estoy pidiendo
como siempre esperé de tu largueza.Oh admirable grandeza,
caridad verdadera,
que como sea cierto
que hasta el testador muerto
no tiene el testamento fuerza entera,
tan generoso eres
que porque todo se confirme mueres.