León X (Giovanni de Médicis) fue papa entre los años 1513 y 1521. Nació en Florencia el 11 de diciembre de 1475 y murió en Roma el 1 de diciembre de 1521.
León X, tocado con el camauro, por Rafael. Galería Pitti. Florencia
Era el segundo hijo de Lorenzo el Magnífico y fue destinado por su padre a la carrera eclesiástica, con la pretensión de que alcanzara los más altos puestos en la Iglesia. Esto ya se anticipó en 1489, cuando Inocencio VIII, a petición de Lorenzo, le promovió cuando era muchacho a cardenalin petto. Cuatro años después, cuando la educación humanista de Giovanni, dirigida por Angelo Poliziano, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola y el autor (posterior cardenal Bibbiena) de la inmoral obra Il Cortigiano, fue terminada y tras un curso complementario en teología y derecho canónico en Pisa, recibió la dignidad de cardenal, ocupándose en asuntos de la curia. También tomó parte en el cónclave que, contra su voluntad, eligió a Alejandro VI para suceder a Inocencio VIII, tras la inesperada muerte de éste en 1492. Roma tenía ahora poco atractivo para Giovanni y apenas visitó la ciudad hasta 1500, pasando su tiempo en Venecia, Alemania y Flandes. Su ascensión en la curia no aconteció hasta el tiempo de Julio II, en 1503, cuando la energía del papa por engrandecer a su familia iba en paralelo con el interés similar de los Médicis, apareciendo en ambos lados empresas por la cultura y el saber humanista. El cardenal obtuvo importante influencia política en 1509, cuando fue designado gobernador de Bolonia, función que terminó con la derrota del poder papal en Rávena el 11 de abril de 1512, al ser capturado el gobernador. Pero mientras era trasladado a Milán pudo escapar de los franceses, llegando a Florencia, donde estaba el papa.
León XCuando Julio II murió a principios de 1513, tras un breve cónclave fue elegido Giovanni. Su familia estaba ahora en el pináculo del poder por partida doble, ya que en Florencia el dirigente de una conspiración contra ellos había sido apresado y ejecutado. En Roma la elección fue saludada con júbilo. La Santa Alianza contra Francia fue pactada por Enrique VII de Inglaterra con Fernando el Católico y Maximiliano Sforza, aunque León X tuvo poca parte en ella, como en la aceptación de un ofrecimiento de otra alianza por Luis XI de Francia. Sin embargo, la derrota de los franceses en Novara en junio de 1513 sirvió a la causa del papa. Mientras tanto, el quinto concilio de Letrán estaba reunido en Roma; su propósito era impulsar la 'reforma', habiéndose afirmado por parte de historiadores católicos posteriores que, concediendo el estado corrupto contemporáneo de los asuntos eclesiásticos, incluso sin Lutero y mejor que él, el concilio habría logrado su propósito si solo se le hubiera permitido terminar la operación. Pero no había indicación de reforma en absoluto; la única consecuencia de peso, e importante para la curia, fue el hecho de que al cismáticoconcilio de Pisa se le dio la puntilla, sometiéndose los prelados cismáticos a la curia. En la octava y novena sesión se trató la reforma, haciéndose ciertos cambios respecto a la ocupación de oficios eclesiásticos; también hubo algunas mejoras en puntos particulares, pero tratar lo que fue el eje de lo que luego sería la Reforma de Lutero, es decir, una renovación religiosa, no fue discutido en profundidad, salvo por algún orador aislado que sugirió la necesidad y modo de trabajar en esa dirección.
Bula de excomunión de León X contra Lutero
Tras ser despejadas las negras nubes de la situación política, León X se sintió en la cumbre de su poder; los turcos iban a ser activamente resistidos, se recolectaron fondos para una nueva cruzada y una flota ya estaba preparada. Mientras planeaba todo esto, además de recolectar dinero para la continuación de la construcción de San Pedro en Roma, ocurrió un suceso en Alemania que haría tambalear la posición y poder del papado como nunca antes: el comiendo de la Reforma. Indudablemente León X contribuyó involuntariamente a su progreso, porque no supo entender su naturaleza y propósito; que no lo entendiera se explica por el hecho de que todo su interés estaba centrado en otros asuntos, más que en la cuestión de cómo la vida religiosa podía ser reavivada. No supo discernir que la Reforma anunciaba una nueva era y su bula de excomunión contra Lutero (1520), así como su cooperación en el edicto de Worms (1521) fueron vanos intentos de detener el movimiento.
El siguiente texto es una carta suya a Federico el Sabio, con fecha 23 de agosto de 1518, en la que le pide que capture a Lutero:
'Ha llegado a nuestros oídos que un hijo de la iniquidad, el hermano Martín, olvidando su profesión que consiste en la humildad y la obediencia, de modo pecaminoso se jacta de sí mismo en la Iglesia y, como si contase con vuestra protección, no teme a la autoridad de nadie. Aunque conocemos la falsedad de todo ello, entendíamos conveniente escribir a vuestra señoría... exhortándoos en el Señor a que, por vuestro nombre y fama de príncipe católico, conservéis el esplendor de vuestra gloria y estirpe, mancilladas por tales calumnias... Como es asunto que concierne a la pureza de la fe de Dios y de la Iglesia católica, y es oficio propio de la Sede Apostólica tomar conocimiento de quiénes tienen opiniones correclas y de quiénes las tienen erróneas, exhortamos a su señoría, por amor de la honra de Dios, de la nuestra y de la propia vuestra, que ayudéis a que ese Martín sea entregado al poder y al juicio de esta Sede Apostólica.'
Nobles y generosos fueron los comienzos del reinado de este papa, mas no tardó en entregarse a una existencia afeminada, que le llevó a pasar el tiempo entre juglares y bufones, a vivir una vida rica en farsas indignas y chocarrerías ofensivas, pero pobre, muy pobre en obras de utilidad positiva. El papa se divertía, cazaba, jugaba; disfrutaba del papado. ¿Acaso no dijo el día de su advenimiento a su hermano Julián: "Gocemos del papado, ya que Dios lo puso en nuestras manos"? Aunque la justicia obliga a hacer constar que personalmente no fue acusado de excesos sensuales, con todo, no puede menos de resultar empañada la delicadeza moral de un papa que se divierte asistiendo a comedias tan indecentes como Calandria, o bien asiste, como hizo el 30 de abril de 1518, a la boda de Agustín Chigi con su concubina, poniendo él mismo el anillo en el dedo de una desposada que era ya madre de numerosa familia. La extravagancia insensata de su corte (de dos mil servidores), la sucesión no interrumpida de festividades mundanas, las partidas de caza y otros placeres y diversiones contribuyeron a que León X hubiera de pasar por grandes dificultades económicas y estuviera lleno de deudas no ya sólo con sus banqueros, sino también con los funcionarios de su casa. El juicio de Sarpi podría ser un buen resumen de la personalidad de este papa:
«León noble por nacimiento y por educación aportó al papado muchas aptitudes, especialmente un conocimiento acabado de la literatura clásica, humanidad, bondad, una liberalidad extraordinaria, una intención resuelta de proteger a los artistas y hombres de letras que, desde muchos años antes, no habían merecido tanto favor de la Santa Sede. Habría sido un papa ideal, si a estas cualidades hubiera añadido algún conocimiento sobre asuntos de religión y un poquito más de inclinación a la piedad, pues ni de lo uno ni de lo otro se preocupó gran cosa.»