León XII (Annibale della Genga), papa entre los años 1823 y 1829, nació en el castillo de Genga, cerca de Spoleto el 22 de agosto de 1760 y murió en Roma el 10 de febrero de 1829.
León XII, grabado de Wilh. von HeylPío VI y Pío VII le encomendaron varias misiones en Alemania, este último especialmente en las negociaciones para el concordato en los primeros años del siglo XIX. Pío VII le hizo cardenal en 1816. Fue escogido papa para suceder a Pío VII tras un cónclave de cinco semanas el 18 de septiembre de 1823 e inmediatamente trasfirió el alto cargo de secretario de Estado, que hasta entonces había sido desempeñado por el cardenal Ercole Consalvi, uno de los Zelanti, al octogenario cardenal della Somaglia. El gobierno y la administración de la Iglesia católica asumieron desde ese momento un carácter estrechamente eclesiástico que desequilibró las finanzas e irritó a los adherentes de la facción progresista. La jurisdicción episcopal se extendió a los asuntos civiles, la competencia de los tribunales provisionales, así como el derecho de las mujeres a heredar, quedaron restringidos, y se prohibió la vacunación. Por otro lado, el innecesario número de funcionarios fue reducido, exigiéndose una mejor preparación para los existentes, ejerciéndose mayor supervisión. La segregación de los judíos en los ghettos, práctica que había sido erradicada durante el control francés, y la restricción de sus actividades comerciales fueron de nuevo restauradas. Las ligas secretas revolucionarias en la Romaña fueron tratadas con rigor; en el curso de tres meses el cardenal Rivarola, que fue enviado a Bolonia en 1825, ejecutó 507 sentencias de las cuales siete fueron a pena capital y las restantes a trabajos forzados de por vida o largas sentencias de cárcel. Un intento de asesinato le obligó a huir, nombrando entonces el papa a monseñor Invernizzi en su lugar, quien perseguía el mismo objetivo, con recursos de denuncias, falsas promesas de inmunidad y semejantes.
La administración de la Iglesia católica bajo León se caracterizó por esta política reaccionaria extrema, ya anunciada en su primera encíclica el 3 de mayo de 1824, en la que se invitaba al siguiente jubileo en Roma. El mismo espíritu se puso de manifiesto en conexión con los concordatos llevados a cabo durante su pontificado con Hanover, la provincia eclesiástica del alto Rin y especialmente con varios gobiernos sudamericanos. En Francia, Lamennais, que personificó el ultramontanismo entonces en boga, mereció la aprobación papal. Llegó a Roma en 1824 y León le ofreció el capelo cardenalicio. Las relaciones del papa con el gobierno francés no fueron amistosas. Llevó a cabo negociaciones tediosas con los holandeses por la cuestión del nombramiento de obispos y el cierre de seminarios diocesanos; medidas que quedaron en el aire por la revolución en Bélgica.