Historia
LEÓN XIII (1810-1903)

A la edad de ocho años fue enviado al colegio jesuita en Viterbo donde permaneció seis años, entrando luego al famoso Colegio Romano en 1825. Allí demostró ser un provechoso y diligente estudiante, desarrollando una temprana y extraordinaria inclinación hacia los clásicos latinos. En 1830 se matriculó en teología en la universidad Gregoriana en Roma y recibió su título de doctor dos años más tarde. Decidido a prepararse para la carrera diplomática ingresó en la academia de los Nobles en Roma, donde estuvo hasta 1837, entregado al estudio del derecho civil y canónico, tomando cursos en esas especialidades en la universidad de La Sapienza. En 1837 fue nombrado prelado doméstico por Gregorio XVI, quien también le designó refrendario de la firma papal y al acabar ese año fue ordenado sacerdote. Al año siguiente, contando solo veintiocho años de edad, fue nombrado para el difícil puesto de gobernador de la provincia de Benevento, que durante algún tiempo había estado alterada, al estar infestada de contrabandistas y bandidos; pero el joven prelado ejerció su autoridad, suprimiendo la anarquía mediante severas y decididas medidas en la provincia. En 1841 fue nombrado para el más importante cargo de delegado de Spoleto, teniendo su cuartel general administrativo en Perugia. Desempeñó esta tarea hasta 1843, cuando fue consagrado arzobispo de Damietta y nombrado nuncio papal en la corte de Bruselas. Ocupó este puesto durante tres años y mientras tanto ganó popularidad en círculos académicos y diplomáticos. En 1846 pasó varios meses en Inglaterra y al regresar ese mismo año a Roma fue nombrado obispo de Perugia. Su episcopado en esa diócesis duró treinta y dos años, en un periodo de muchos disturbios políticos y religiosos relacionados con los diversos movimientos para la unificación de Italia. Como obispo, además de tomar parte en los movimientos sociales y religiosos de su tiempo, mostró un extraordinario celo por la reforma de los abusos, poniendo especial atención en la olvidada educación del pueblo en asuntos seculares y religiosos. Fue nombrado cardenal por Pío IX en 1853, permaneciendo al cargo de su diócesis hasta 1878, cuando a la muerte de Pío IX fue elegido papa, tomando el nombre de León XIII.

Durante su pontificado, que fue uno de los más largos y distinguidos en la historia del papado, continuó manifestando su capacidad diplomática y administrativa. Amante de la paz y la unidad, se aplicó con mucho tacto para mejorar las tensas relaciones entre el papado y varias potencias, a causa de la política de su predecesor. Aunque ha sido criticado por haber ideado su diplomacia para promover la restauración del poder temporal, se debe admitir, en visita de los logros alcanzados, que sus motivos y política fueron más allá de ese propósito. Fue principalmente por su habilidad diplomática que se pudo poner fin en Alemania (1886) a la famosa batalla religiosa llamada Kulturkampf, que había durado casi veinte años. En armonía con su política general de conciliación, favoreció una aceptación leal a la forma republicana de gobierno por parte del pueblo francés y aunque fue acusado por eso por los monárquicos, entre los que estaban los más influyentes católicos franceses, él permaneció firme en sus convicciones que había expresado en una encíclica al pueblo francés en 1892. Como dirigente eclesiástico destacó por sus ideas amplias, tolerantes y pacíficas, caracterizándose su política no sólo por la elevación de los católicos, sino también por la reunificación de toda la cristiandad. Puso vivo interés en el bienestar religioso de los eslavos y en la reunión con Roma de las distintas iglesias orientales. Se debió en gran medida a sus esfuerzos que el cisma armenio se extinguió en 1879, publicando con ese motivo una bula decretando la fundación de un colegio armenio en Roma. Su llamamiento en 1895 a la 'ilustre raza inglesa' fue dictado por el mismo pacífico motivo y deseo de unidad, aunque al año siguiente contrarió esta actitud al negar la validez de las ordenaciones anglicanas. Un reconocimiento de su celo por la paz fue también su intervención diplomática en 1885, como árbitro en la disputa entre España y Alemania por las islas Carolinas. Tuvo un profundo interés en los problemas sociales e intelectuales de su tiempo, haciendo mucho por promover el conocimiento. En este aspecto hay que mencionar la publicación de una encíclica sobre filosofía cristiana en 1879, la fundación, poco después, de la academia de Santo Tomás de Aquino en Roma, junto con la creación de una Congregación de Estudios, la apertura (parcial) de los archivos vaticanos (1884), la encíclica Providentissimus Deus sobre la Escritura y la designación de una Comisión Bíblica en 1902. Su interés en las condiciones sociales se manifestó no sólo en su encíclica sobre el socialismo, publicada en 1878, en su carta a los obispos de Brasil y en su encíclica sobre las clases trabajadoras, Rerum Novarum, sino también en su apoyo al cardenal Lavigerie y su campaña contra la esclavitud.

Entre los actos oficiales más importantes de su administración, además de los ya mencionados, están los siguientes: En 1878 restableció por una bula la jerarquía católica en Escocia; en el mismo año la encíclica Inscrutabili trataba con los males que amenazaban al cristianismo en la sociedad; en 1880 la encíclica Arcanum sobre el matrimonio cristiano; en 1881 la encíclica Diuturnum en defensa del principio de la justa autoridad en la Iglesia católica; en 1884 una bula autorizando la asamblea del tercer concilio de Baltimore; en 1893 envió su primer legado apostólico a los Estados Unidos. Durante su pontificado permaneció siempre dentro del recinto del Vaticano, siendo en su vida privada sencillo, estudioso y devoto. Estuvo excepcionalmente versado en filosofía escolástica y su poesía latina, escrita como pasatiempo, es clásica en su espontaneidad y elegancia. Entre sus devociones favoritas estuvo el rosario, que promovió activamente por medio de cartas oficiales en el mundo católico.