Historia
LIBERIO († 366)
Primer periodo hasta su exilio.
Fue elegido por las dos facciones en la controversia arriana y la del emperador Constancio como sucesor de Julio I, siendo probablemente consagrado el 17 de mayo de 352 (Liber Pontificalis). El favor de Constancio se debía a su propósito, firmemente considerado desde que se había convertido en el único gobernante (353), de alcanzar la paz eclesiástica mediante la impugnación de Atanasio y la abolición del credo niceno, un resultado que obviamente dependía de la clase de ocupante que hubiera en la sede romana. En un sínodo en Roma convocado por Liberio, la mayoría de los obispos se declaró en favor de Atanasio, pero en un sínodo convocado por el emperador en Arlés (353) los delegados del papa, Vicentio y Marcelo de Campania, como medida de paz, consintieron en apoyar la decisión oriental contra Atanasio. Liberio, descontento con la acción de sus propios representantes, dirigió una carta de urgente protesta al emperador (Epist. ad Constantium) y se las arregló para que Eusebio de Vercelli le apoyara. Sin embargo, el sínodo de Milán (355) supuso la victoria sobre Atanasio, siendo llevados al exilio los obispos que le habían defendido. El mismo destino le aguardaba a Liberio, a menos que se sometiera. El eunuco imperial, Eusebio, que vino a Roma para entrevistarse con él, intentó hacerle cambiar de opinión, suscribiendo contra Atanasio y aceptando la comunión eclesiástica con sus enemigos. Liberio se resistió, posiblemente amparándose en los sentimientos del pueblo romano, a la voluntad del emperador (Ammianus Marcellinus, XV, vii. 10). Por lo tanto, el papa fue apresado de noche por el prefecto de la ciudad y trasladado a la corte imperial. En una audiencia con el emperador, relatada por Teodoreto (Hist. eccl., ii. 13) hizo una apelación fogosa a la aceptación general del credo de Nicea, la vuelta de los exiliados y la celebración de un sínodo en Alejandría para examinar la acusación contra Atanasio. La única consecuencia fue su propio exilio a Berea, en Tracia, en el año 355, cuando Constancio hubo consagrado al archidiácono Félix como papa.
Aceptación del homoiousianismo.
El nuevo papa halló gran oposición, no por ninguna objeción a su ortodoxia personal, sino porque el pueblo creía que estaba contaminado con una ordenación irregular y la comunión eclesiástica con la facción contraria. Mientras que el emperador estuvo en Roma en mayo de 357, en respuesta a una petición de algunas damas para el regreso de Liberio (Teodoreto, II, xiv), dio a entender que las negociaciones con el exiliado papa habían llegado al resultado deseado. Sin embargo, Liberio no regresó a su congregación hasta el verano de 358. El emperador deseaba que él y Félix supervisaran la Iglesia conjuntamente, lo cual era imposible y Félix tuvo que someterse. Se han dado varias explicaciones para el cambio en el emperador. Algunos hablan de un colapso por parte de Liberio y afirman que cambió su posición doctrinal. Pero esto no está fundado por el relato de Sozomeno (Hist. eccl., iv. 15), quien informa sobre el asunto. El único hecho evidente es que tras prolongadas negociaciones, en la primavera de 358, Liberio expresó su voluntad de renunciar al término homoousios. Había llegado al convencimiento de que la fórmula en cuestión era culpable de malos entendidos y se declaró en armonía con la teoría del homoiousios, según la cual el Hijo es 'semejante' al Padre. Que rechazó el término homoousios o que consintió en algún grado con el pensamiento de designar al Hijo distinto al Padre (anomoios), es una maliciosa invención de Sozomeno. Sin embargo, es una cuestión abierta si el tono de Sozomeno relata adecuadamente las duras declaraciones de Atanasio (Historia Arianorum, xli) y Jerónimo (Chronicon y De vir. ill., xcvii) contra Liberio, en las que Atanasio señala que Liberio flaqueó en el exilio y se sometió por amenazas de muerte, mientras que Jerónimo acusa a Liberio de herejía. Atanasio y Jerónimo están respaldados por cuatro cartas atribuidas a Liberio, preservadas en el denominado Fragmenta ex opere historico de Hilario de Poitiers; si esas cartas son genuinas, su contenido pone el resultado en una luz desfavorable al papa, mostrando que Liberio accedió a la condenación de Atanasio y aceptó una declaración homoiana, como fue la segunda fórmula de Sirmio de 357. Pero la autenticidad de las cartas es dudosa, ya que es universalmente concedido que las cuatro cartas no están separadas unas de otras, en cuyo caso el peso de la evidencia se vuelve contra la autenticidad de todas, por el hecho de que ciertos particulares en una de ellas (la que comienza: Studens pad) contradicen totalmente la bien atestiguada historia. Hay posibilidad de que durante su exilio, bajo la presión constante, Liberio pueda haber empleado algunas declaraciones que dieran ocasión a la acusación contra él. Pero que directamente negara su anterior posición, solo se puede afirmar sobre documentos dudosos.
Vida posterior; logros.
Liberio no tomó parte en el sínodo de Ariminun, 259. Pasaron varios años sin noticias públicas suyas. Sin embargo, en 363 emitió un breve (Epist. ad catholicos episcopos Italia) otorgando el perdón a los que se habían arrepentido de su acción en Ariminum y habían renunciado a la doctrina arriana. Esas condiciones no fueron agradables a una escuela más austera de eclesiásticos, incluso en Roma, lo que resultó en una oposición que desembocó en divisiones que fueron cualquier cosa menos saludables. En 366, como representante de la ortodoxia, el papa dio fraternal acogida a los enviados de los macedonios de Asia Menor, al haber suscrito el credo niceno, mandando saludos de paz a los que habían autorizado su recado (Epist. ad universes Orientis orthodoxos episcopos). Tras la muerte de Félix (22 de noviembre de 365), Liberio readmitió a los clérigos de su facción a sus antiguos puestos. Pero la muerte de Liberio fue la señal de fieros conflictos, acompañados de derramamiento de sangre. Según el Liber pontificalis, Liberio fue enterrado en el cementerio de Priscila, junto a la Vía Salaria. Es a duras penas probable que el poema de eulogía descubierto por De Rossi sobre un obispo no citado por nombre, se refiera a Liberio (De Rossi, en Bulletino di Archeologia Cristiana, 4ª ser., volumen ii, 1883, páginas 5-59). Liberio perpetuó su nombre en Roma al fundar la basílica Liberiana (Santa María la Mayor), que hasta hoy es importante históricamente en el oficio del nacimiento de Cristo y la época de Adviento. Es probable que fuera aquí cuando, por primera vez, en el año 354 se celebrara el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre. Hasta ese año, cuando Liberio consagró a Marcelina, hermana de Ambrosio como monja el 6 de enero, se observaba ese día como día de Navidad. La alocución del papa pronunciada con esta ocasión fue preservada por Ambrosio en una transcripción libre (De virgine, iii. 1 y sig.). En el Martyrologium Hieronymianum Liberio es celebrado el 24 de septiembre. Desde el siglo VI su reputación sufrió distorsión por la tradición apócrifa, mostrándole aliado con Constancio en la sangrienta persecución de la verdadera fe, mientras que Félix es retratado como mártir (comp. J. J. I. von Döllinger: Die Papstfabeln des Mittelalters, edición de Friedrich, páginas 126-145, Munich, 1890).