Historia

LIEBNER, KARL THEODOR ALBERT (1806-1871)

Karl Theodor Albert Liebner nació en Schkölen, cerca de Naumburgo, el 3 de marzo de 1806 y murió en Suiza el 24 de junio de 1871. Junto a la conciencia de que en el período crítico moderno se imponía una tarea especial sobre la ciencia teológica, encontró la obra de su vida en la convicción de que para responder a la siempre creciente oposición estaba el requisito de un amplio desarrollo del contenido ético cristiano y que el primer requisito era darle un papel pleno a dicho factor y darle al conocimiento eclesiástico y científico contemporáneo el lugar que desempeña por derecho intrínseco en el plan cristiano.

Tras la terminación de su educación en Leipzig (marcada por una especial atención a Kant) fue influenciado por sus posteriores estudios en Berlín (bajo Schleiermacher, Hegel, Neander, Marheineke) y por su recepción en el seminario teológico de Wittenberg (bajo Heubner y Richard Rothe). Fue aquí donde escribió su primer libro, Hugo von St. Victor und die theologischen Richtungen seiner Zeit (Leipzig, 1832), que es valioso por su exposición de la unión del misticismo y la gnosis antes de la Reforma en la escuela de San Víctor y por su relevancia sobre las batallas y objetivos de su tiempo. Ese tema lo continúa en el tratado Ueber Gersons mystische Theologie, que compuso en su primer cargo pastoral (Kreisfeld, cerca de Eisleben), 1832, así como en el tratado académico Richardi a S. Victore de contemplatione doctrina, que, junto con algunos tratados sobre teología práctica (1823-44), y algunos sermones publicó en Gotinga, adonde había sido llamado en 1835 como profesor de teología y predicador de la universidad.

Llamado en 1844 a Kiel, sucedió a Dorner como profesor de teología sistemática, escribiendo su principal obra, Die christliche Dogmatik aus dem christologischen Princip dargestellt (Gotinga, 1849). En Cristo, el Dios-hombre, Liebner encuentra la solución de la batalla espiritual de nuestro tiempo. Aquí, donde lo divino mora en lo humano en sustancia corporal, discierne la verdad y plenitud de la religión, la religión personalmente absoluta; lo ético le parece la interior y más profunda esencia del cristianismo, su contenido más rico y absolutamente profundo; de hecho, el punto central de todas las cosas divinas y humanas, el principio gobernante de toda clase de ser y pensamiento, en el proceso vital inmanente y permanente en Dios y en el mundo. Con la ayuda de este pensamiento percibe cómo las concepciones que el hombre tiene de Dios y la religión se corresponden; cómo las ideas subordinadas y parciales sobre Dios no pueden sino engendrar ideas subordinadas y parciales sobre la religión: la concepción física de Dios como ser, causalidad y cosas parecidas engendra una concepción meramente física de la religión (sentimiento de dependencia, de lo infinito en lo finito); la concepción lógica, una religión meramente lógica (perfección, conocimiento de lo divino, etc.); la concepción exclusivamente ética de Dios, una concepción exclusivamente ética de la religión (positivismo y moralismo externo, ortodoxia formal y racionalismo). En vista de esas ideas parciales que diluyen, cuando no desintegran y disuelven, la esencia del cristianismo, Liebner fragua la entera fuerza del razonamiento contemplativo y especulativo para concebir como un todo la cooperación orgánica de lo físico, lógico y ético y por tanto mantener la plenitud no diluida del cristianismo.

Partiendo del principio de la encarnación, Liebner muestra más lúcidamente la relación de fe y conocimiento, mostrando cómo la una postula y presupone la otra y cómo el cristianismo es una redención para la mente y el corazón. La participación en la vida de salvación es también participación en las ideas de salvación que están inseparablemente relacionadas con ella, siendo cada don divino y gracia al mismo tiempo un objetivo a ser fraguado por el esfuerzo humano; por lo que tenemos que elaborar, como contenido propio del pensamiento, las ideas saludables inmanentes en los hechos de salvación, bajo la constante y formativa guía de la palabra de Dios y del Espíritu que lleva a toda la verdad. Como la fe sin obras está muerta, también lo está sin conocimiento. Sobre la base de tal fe descansa, en la teología de Liebner, la certeza de que la teología misma, como autoconciencia científica del cristianismo, debe también encontrar sus principios científicos en su propio contenido peculiar, el evangelio, con plena confianza de que el fondo de fe cristiano vital es susceptible de elaboración científica. En este conocimiento su teología desarmó los prejuicios contra la fe por un lado y el conocimiento por otro, al mostrar la relación entre Dios y el universo, el creador y la criatura, Dios y el hombre, el espíritu y la naturaleza, la libertad y la necesidad, etc.; cómo la concepción atomista de la diversidad es incapaz de discernir o abarcar la idea de unidad; cómo daña y desmembra la unidad y es en último análisis una concepción de muerte y decadencia. Muestra igualmente cómo la concepción monista de la unidad pierde de vista y confunde la diversidad. Muestra igualmente que la fe, cuando es entendida en su verdad y profundidad vital, se manifiesta como la base más profunda y el motivo para una auténtica filosofía orgánica, que hace justicia a la diversidad y la unidad. Esas ideas fundamentales están especialmente expuestas en Introductio in dogmaticam christianam (Leipzig, 1854-55), que escribió en Leipzig, de donde había sido persuadido para que atendiera llamamientos a Marburgo y Heidelberg, que rehusó.

En 1855 fue nombrado predicador de la corte y vicepresidente del consistorio superior de Sajonia. La forma en la que tomó esta posición como oportunidad para aumentar sus ya ricamente bendecidos trabajos se desprende de sus escritos: Ueber das Wesen der Kirchenvisitation, un memorial para los visitantes oficiales (1857); Ueber den Stand der christlichen Erkenntnis in der deutschen evangelischen Kirche, una alocución ante la conferencia en Eisenach en 1859, incidentalmente describiendo la obra constructiva de la nueva época (Dresden, 1860); su sermón sobre la Reforma de 1864; un segundo volumen de sermones, Predigt-Beiträge zur Förderung der Erkenntnis Christi in der Gemeinde (1861) y Jahrbücher für deutsche Theologie, que fundó conjuntamente con Dorner, Ehrenfeuchter y otros para el apoyo de su teología constructiva.