Historia

LIUTPRANDO († c. 970)

Liutprando fue un historiador medieval italiano que murió hacia el año 970. Era de ascendencia lombarda y fue educado en la corte de Pavía, donde atrajo la atención del rey Hugo y posteriormente fue canciller del rey Berengario. En el año 949 fue a Constantinopla en una misión para el rey, pero poco después se opuso a Berengario y se marchó a la corte de Otón I, quien le hizo obispo de Cremona en el año 962. Seis años más tarde hizo un segundo viaje a Constantinopla, para pedir la mano de una princesa griega para Otón II. Sus tres obras, ninguna de ellas completa, son las siguientes: Antapodosis, una historia desde el año 887 al 949 para devolver el bien y el mal que había experimentado y dirigida especialmente contra Berengario y Willa; Liber de rebus gestis Ottonis magni imperatoris, una historia del 960 a 964 y Relatio de legatione Constantinopolitana, describiendo su segunda visita a la ciudad. Su estilo es atractivo, pero la subjetividad e irrealidad de sus escritos dejan su valor histórico en un segundo plano. De su Liber de rebus gestis Ottonis magni imperatoris es el siguiente pasaje sobre Otón I:
'Reinando, mejor, atormentando, y por decirlo con mayor exactitud, ejerciendo la tiranía en Italia, Berengario [de Ivrea] y Adalberto [su hijo], el sumo pontífice y universal papa Juan [XII] [...] envió a Otón, entonces serenísimo y piadosísimo rey y ahora augusto emperador, como legados de la santa romana Iglesia, al cardenal-diácono Juan y al escribano Azón, rogando y suplicando [...] liberara de las fauces de aquéllos a él mismo y a la santa romana Iglesia a él confiada, y le devolviese la salvación y su prístina libertad [...]
El piadosísimo rey, convencido por las lacrimosas lamentaciones de éstos, atento no a los propios intereses, sino a aquellos de Jesucristo, nombró, contrariamente a la costumbre, rey a su hijo homónimo, todavía niño, lo dejó en Sajonia, y reunidas las tropas marchó rápidamente a Italia. Con celeridad expulsó a Berengario y Adalberto del reino, en tanto se sabe que tuvo compañeros de armas a los santísimos apóstoles Pedro y Pablo. Y así el buen rey, reuniendo cuanto estaba disperso y consolidando cuanto estaba roto, restituyó a cada uno lo suyo y después marchó a Roma para hacer lo mismo.
Allí, acogido con admirable magnificencia y nuevo ceremonial, recibió la unción del Imperio del mismo sumo pontífice y papa universal Juan; y no le restituyó sólo las cosas que le pertenecían, sino que le honró también con grandes presentes de piedras preciosas, oro y plata. Y del papa en persona y de todos los más importantes de la ciudad recibió el juramento sobre el preciosísimo cuerpo de san Pedro, que ellos nunca prestarían ayuda a Berengario y Adalberto. Después de lo cual volvió a Pavía en cuanto le fue posible.'