Historia
LIVINGSTONE, DAVID (1813-1873)
- Antecedentes familiares
- Primeros estudios y vocación misionera
- Rumbo a África
- Primeros recorridos
- Matrimonio
- Contacto con la esclavitud
- Viajes de exploración
- Descubrimiento de las cataratas Victoria
- Vuelta a Europa
- Regreso a África
- Exploraciones 1859-64
- Viaje a Europa
- Nuevas exploraciones, 1865-73
- Encontrado por Stanley
- Muerte
- Evaluación

Fotografía de Rut Calvo
Su bisabuelo cayó en la batalla de Culloden luchando por los Estuardo. Su abuelo era un pequeño agricultor en Ulva en las Hébridas, quien, al constatar que su granja era insuficiente para mantener a una familia numerosa, se mudó en 1792 a Blantyre en Lanarkshire, a unas siete millas de Glasgow, donde encontró empleo en la fábrica de algodón de H. Monteith & Co. Sus hijos se convirtieron en empleados de la misma fábrica, pero, con la excepción de Neil, todos entraron en el ejército o en la marina durante la guerra con Francia. Neil, después de servir como aprendiz con David Hunter, un sastre, se casó en 1810 con su hija Agnes y finalmente se convirtió en un pequeño comerciante de té, pasando su vida en Blantyre y Hamilton. Era un hombre religioso y durante los últimos veinte años de su vida ocupó el cargo de diácono de una iglesia independiente en Hamilton. Tuvo cinco hijos y dos hijas, y les dio un ejemplo constante de piedad, mientras que la madre, mujer frágil, con una vena de buen humor, hizo todo lo posible para lidiar con ambos extremos.
Primeros estudios y vocación misionera.
David fue el segundo hijo de Neil Livingstone y, a la edad de diez años, fue enviado a la fábrica de algodón como 'picador'. Con su primer sueldo compró Rudiments of Latin de Ruddiman y durante algunos años estudió en una escuela nocturna y en casa hasta altas horas de la noche, aunque tenía que estar en la fábrica a las seis de la mañana. De este modo se familiarizó con Virgilio y Horacio y leyó todo lo que se cayó en sus manos. Se las arreglaba para leer en la fábrica colocando su libro en la máquina de hilar, de modo que pudiera captar las frases mientras realizaba su trabajo. Estudió botánica, zoología y geología, y pasó sus pocas vacaciones recorriendo el país con sus hermanos en busca de especímenes científicos. Aunque Neil Livingstone instruyó debidamente a sus hijos en las doctrinas del cristianismo, a David le disgustaba la lectura religiosa hasta que conoció Philosophy of Religion y Philosophy of a Future State de Dick, no siendo hasta los veinte años que tuvo fuertes convicciones religiosas. A este periodo corresponde su despertar personal al evangelio. Él describe su transformación interior como la cura de un ciego. Un llamamiento de Charles Gutzlaff, médico misionero en China, lo llevó a pensar en ese país, decidiendo obtener una educación médica para poder trabajar allí. Como él mismo relata: 'En el resplandor del amor que inspira el cristianismo, pronto resolví dedicar mi vida al alivio de la miseria humana'. A los diecinueve años se había convertido en hilandero de algodón y su salario era lo suficientemente alto como para mantenerlo mientras asistía a las clases de medicina en Anderson College, la clase de griego en la universidad de Glasgow en invierno y las conferencias de teología del doctor Wardlaw en verano. Mientras asistía al curso universitario de 1836-7, él, en compañía de Lyon (luego Lord) Playfair y los hermanos James y William Thomson (luego Lord Kelvin), fue instruido en el uso de instrumentos por James Young, asistente del profesor de química. En el transcurso de su segundo curso en la universidad, Livingstone ofreció sus servicios a la London Missionary Society, que escogió debido a su carácter no sectario. En septiembre de 1838 fue a Londres, pasó un examen preliminar y fue enviado con Joseph Moore (luego misionero en Tahití y amigo y corresponsal de Livingstone) al reverendo Richard Cecil en Chipping Ongar en Essex durante algunos meses de prueba. Una vez finalizado regresó a Londres y se dedicó al estudio médico y científico. Se puso bajo la dirección de J. Risdon Bennett (luego presidente del Royal College of Physicians) y recorrió los hospitales. Mientras continuaba sus estudios en Londres, hizo amistad con el profesor Owen y George Wilson. La guerra del opio impidió que Livingstone fuera a China, pero conoció al doctor Robert Moffat, el misionero sudafricano, en Londres, siendo impulsado a elegir ese país para sus labores.
Rumbo a África.
Fue admitido como licenciado en la facultad de médicos y cirujanos de la universidad de Glasgow a principios de noviembre de 1840; el 20 de noviembre fue ordenado misionero en Albion Chapel, Londres, y el 8 de diciembre se embarcó en el barco George, al mando del capitán Donaldson, rumbo al Cabo de Buena Esperanza. Hizo escala en Río de Janeiro, donde tuvo su único vislumbre del continente americano. El capitán le instruyó en el uso del cuadrante y en las observaciones lunares. Después de una estancia de un mes en Ciudad del Cabo, se dirigió a la bahía de Algoa y desembarcó en Port Elizabeth en mayo. El 31 de julio de 1841 llegó en carromato a Kuruman, en el territorio de Bechuana, la estación más septentrional de la sociedad misionera en Sudáfrica, y residencia habitual del doctor Moffat, que todavía estaba ausente en Inglaterra; de acuerdo con sus instrucciones, dirigió su atención a la formación de una nueva estación más al norte. Antes de fin de año hizo un viaje de setecientas millas con un colega misionero, que confirmó su opinión sobre la necesidad de mano de obra nativa para intentar cristianizar un campo tan vasto, y que resultó en una visita al jefe Setshele en Shokwane y la selección de una estación a 250 millas al norte de Kuruman como el lugar más adecuado para las nuevas operaciones.

El 10 de febrero de 1842, Livingstone emprendió un segundo viaje al interior y se dirigió a Litubaruba, posterior Molepolole, en Bechuanalandia. Se apartó de los europeos para adquirir un conocimiento de las lenguas nativas y conocer la vida y los hábitos de los ba-kwena. Se llevó consigo a dos miembros nativos de la iglesia de Kuruman y a otros dos nativos para cuidar el carromato. Estableció relaciones amistosas con varias tribus, dominó una lengua y comenzó a aprender otra. Investigó la geología, botánica y la historia natural del país que atravesó, que incluía parte del desierto de Kalahari, y regresó en junio a Kuruman, donde permaneció durante algunos meses, viajando entre las tribus vecinas y participando en el trabajo rutinario de la estación, como predicar, imprimir, recetar a los enfermos y construir una capilla. En febrero de 1843 se embarcó de nuevo en un viaje de cuatrocientas millas entre las tribus que había visitado anteriormente (ba-katla, ba-kwena y otras), viajando sin saberlo a una corta distancia del lago Ngami, y regresando en junio a Kuruman. De acuerdo con las instrucciones recibidas de la misión en Inglaterra de fundar un nuevo asentamiento en el interior, Livingstone partió en agosto de 1843 con un colega misionero y tres deportistas ingleses, uno de los cuales, el capitán (después sir) Thomas Steele, demostró ser un amigo muy constante. Después de un viaje de quince días llegaron a Mabotsa en el territorio de Bakatla, que Livingstone había seleccionado previamente para la estación, y donde había dejado a un agente nativo llamado Mebalwe. Se erigió una gran cabaña y la nueva estación comenzó como base de operaciones en el interior. Desafortunadamente, el 'valle encantador' que Livingstone había seleccionado para su nuevo hogar estaba infestado de leones; atacaban los rebaños de día y saltaban a los corrales de noche. Livingstone alentó a los pusilánimes a que los mataran y los acompañó en una cacería. Habiendo herido a un león a una distancia de treinta metros, saltó sobre él y lo derribó, aplastándole un hueso del hombro izquierdo antes de ser abatido. Durante el resto de su vida, el uso de su brazo izquierdo se vio restringido en consecuencia, y la herida le causó sufrimientos ocasionales.

En 1844 se casó con Mary, la hija mayor del doctor Moffat, y la llevó a Mabotsa. Había nacido y crecido en el campo, era una experta en todos los deberes domésticos y de gustos cultos. En Mabotsa se hizo cargo de la escuela infantil, pero debido a un desacuerdo con el misionero que los había acompañado, Livingstone en 1846 abandonó la casa que había construido, el jardín que había hecho y la estación que había organizado con muchos problemas y gastos, y se trasladó a Tshonuane, cuarenta millas más al norte, cuartel general del jefe de Bechuana, Setshele, que mostró un inteligente interés en el cristianismo. Este jefe estaba profundamente impresionado por su enseñanza y cuando se decidió en su mente, abandonó la poligamia y se bautizó. A pesar de su ejemplo, pocos de sus súbditos le siguieron en ese aspecto. Poco se sabe de la actividad personal de Livingstone en este periodo, porque sus diarios personales se han perdido. Como rehusó admitir a cualquiera que no fuera creyente, su congregación era pequeña. Desde Tshonuane, Livingstone hizo un largo viaje hacia el este hasta las montañas Kashane, o Magaliesberg, a través del corazón de lo que luego sería el Estado de Transvaal. A su regreso a Tshonuane, nació su hijo mayor, Robert. Cuando Livingstone terminó la construcción de una escuela y organizó una instrucción sistemática con maestros nativos, viajó nuevamente hacia el este, acompañado por su esposa y su hijo pequeño. A su regreso en 1847, la sequía en Tshonuane lo obligó nuevamente a cambiar de puesto, e indujo a Setshele y a sus ba-kwenas a que lo acompañaran cuarenta millas hacia el oeste hasta el río Kolobeñ, donde les enseñó a regar sus jardines con canales del río. Por tercera vez construyó una casa. Un herrero nativo le había enseñado a soldar hierro, el doctor Moffat le había enseñado carpintería y jardinería y se había vuelto habilidoso en la mayoría de los trabajos mecánicos. Su esposa hacía velas, jabón y ropa, y realizaba eficientemente todo el trabajo doméstico en la casa.

Una de las dificultades de la misión fue la proximidad de los bóers de las montañas Cushan. Estos hombres eludían la ley inglesa y, resentidos por la emancipación de sus esclavos hotentotes, se habían trasladado a localidades distantes, donde podían esclavizar a los nativos sin molestias. Livingstone había visitado dos veces a los bóers y había intentado introducir maestros nativos en su territorio; pero Heindrick Potgeiter, el dirigente bóer, amenazó con atacar a cualquier tribu que recibiera un maestro nativo. Más impresionado que nunca por la necesidad de que los nativos llegaran a masas paganas tan grandes, Livingstone determinó que su deber principal era explorar y abrir el país, enseñando sobre la marcha, pero sin establecerse. Su estancia en Kolobeñ había sido muy ajetreada. Hizo una gramática de la lengua sichuana y enseñó incesantemente. Posteriormente, contemplaría con placer el tiempo pasado entre los ba-kwenas, y mencionó que su único pesar era que, mientras gastó toda su energía en los paganos, no había dedicado una hora al día para jugar con sus hijos.
Viajes de exploración.
En 1849, Livingstone se preparó para cruzar el desierto en busca del lago Ngami. Comunicó su intención al capitán Steele, quien se la dio a conocer a dos deportistas, los Sres. Oswell y Murray. Estos caballeros el 1 de junio de 1849 dejaron Kolobeñ con Livingstone y viajaron a lo largo de la frontera noreste del gran desierto del Kalahari, para cruzar el cual se habían hecho muchos intentos infructuosos; incluso los griquas habían encontrado la absoluta falta de agua como una dificultad insuperable. El 4 de julio, Livingstone y su grupo llegaron al hermoso río Zuga, que corre al nordeste. El 1 de agosto llegaron al extremo noreste del lago Ngami y, por primera vez, los europeos vieron esta bella capa de agua, demasiado ancha para ver más allá. Livingstone deseaba visitar a Sebituane, el gran jefe de los makololos, que vivía a unas doscientas millas más allá del lago; pero Letshulatebe, jefe de la tribu lacustre de los bamangwato, no quiso prestarle ayuda, y la temporada estaba muy avanzada, partiendo el grupo hacia el sur de nuevo, ofreciéndose el señor Oswell como voluntario para ir a el Cabo y traer un bote. Livingstone comunicó el descubrimiento del río y el lago a la London Missionary Society y a su amigo el capitán Steele, remitiéndose extractos de sus cartas a la Royal Geographical Society, que en 1849 otorgó a Livingstone veinticinco guineas por su viaje con los Sres. Oswell y Murray a través del desierto de Sudáfrica, para descubrir un país interesante, un hermoso río y un extenso lago interior, mientras que el presidente atribuyó el éxito de Livingstone a la influencia que había adquirido sobre los nativos como misionero.
Livingstone permaneció en Koloheñ hasta abril de 1850, cuando, con su esposa y tres hijos, partió nuevamente hacia el norte para visitar a Sebituane. Tomó la ruta más oriental, a través de Bamangwato y Letloche, acompañándolo el jefe Setshele hasta el Zuga. Viajó a lo largo de la arbolada orilla norte de ese río hasta su confluencia con el Tamunakle, donde la actividad de la peligrosa mosca tsetsé lo obligó a volver a cruzar el Zuga de mala gana. Allí se enteró de que un grupo de ingleses, que habían llegado al lago en busca de marfil, estaban enfermos de fiebre, por lo que viajó apresuradamente unas sesenta millas para socorrerlos. Alfred Ryder, un joven artista, murió antes de que él llegara, pero los demás se recuperaron por la ayuda de Livingstone. Cuando estuvo listo para reanudar su viaje, dos de sus hijos y tres de sus sirvientes sufrieron fiebre. Por lo tanto, abandonó su viaje ese año y regresó a Kolobeñ, donde nació un cuarto hijo, que solo vivió unas pocas semanas. La Sra. Livingstone estaba gravemente enferma y se fueron a vivir con el doctor Moffat en Kuruman para que recuperara su salud.
Acompañado de su esposa e hijos y del señor Oswell, de cuya ayuda pecuniaria estaba en gran deuda, Livingstone en abril de 1851 logró visitar a Sebituane, quien lo recibió con amabilidad, pero quince días después murió de inflamación de los pulmones. La jefatura recayó en su hija, Ma-mochisane, que vivió doce días de marcha hacia el norte, en Na-liele. Les dio permiso a Livingstone y Oswell para visitar cualquier parte de su territorio, e hicieron una expedición a 130 millas al noreste a través de Linyanti. Viajaron por una ruta más al este de la que habían intentado hasta entonces y cruzaron la red de ríos, arroyos y marismas llamada Tshobe. A finales de junio fueron recompensados con el importante descubrimiento del Zambeze en Sesheke, en el centro del continente. Partiendo el 13 de agosto, el grupo avanzó lentamente hacia casa. El 15 de septiembre, el hijo de Livingstone, William Oswell, nació en el viaje, mientras que su hijo Thomas tenía fiebre. Llegaron sanos y salvos a Kolobeñ en octubre.
Como no había esperanzas de que los bóers permitieran que la instrucción de los nativos fuera llevada a cabo pacíficamente, un fuerte deseo movió a Livingstone a explorar el norte; así que en la primavera de 1852, después de una corta estancia con los Moffat en Kuruman, llevó a su familia a Ciudad del Cabo y el 23 de abril, asistido por la generosidad de Oswell, los envió a Inglaterra. La úvula de Livingstone le había dado problemas durante mucho tiempo, por lo que aprovechó esta oportunidad para extirparla. Mientras se hospedaba en Ciudad del Cabo, entre otras ocupaciones, se puso bajo la instrucción del astrónomo real, el Sr. (luego Sir) Thomas Maclear, quien se convirtió en uno de sus amigos más estimados, por lo que Livingstone llamó Cape Maclear al más importante e impresionante promontorio en el lago Nyasa. Bajo las instrucciones de Maclear, se perfeccionó en observaciones astronómicas y adquirió a este respecto una habilidad y precisión que pocos viajeros posteriores han poseído en un grado similar.
Después de adquirir provisiones, salió de Ciudad del Cabo el 8 de junio de 1852 y llegó a Kuruman a finales de agosto, donde una rueda rota lo detuvo durante quince días, detención que probablemente le salvó la vida, porque los bóers habían atacado a los ba-kwena en Kolobeñ, saquearon el lugar y, asaltando la casa de Livingstone, destruyeron su propiedad personal y manuscritos. Hizo una presentación formal de sus pérdidas tanto en el Cabo como ante las autoridades nacionales, pero nunca recibió ninguna compensación. El país estaba tan inquieto que no fue hasta el 20 de noviembre que pudo conseguir sirvientes y, en compañía de George Fleming, un comerciante, dejar Kuruman. Bordeó el desierto del Kalahari, dejando a los bóers a distancia. El 31 de diciembre llegó a Litubaruba y el 23 de mayo de 1853 llegó a Linyanti, la capital de los makololo. Ma-mochisane había cedido la jefatura a su hermano, Sekeletu, quien los recibió muy cordialmente. Aquí Livingstone tuvo su primer ataque de fiebre y pasó un mes preparándose para su exploración hacia el norte, mientras que al mismo tiempo ayudó a Fleming a establecerse como comerciante.


El 1 de enero de 1855, Livingstone salió de Pungo Andongo y llegó a Kasanji en quince días y al Quango el 28, y cruzando ese arroyo pasó sin dificultad por el país de los bashinje, anteriormente hostiles. Cuando estaba a punto de entrar en el país de Kioko, las fuertes lluvias y las condiciones pantanosas de la región le provocaron un severo ataque de fiebre reumática. Afortunadamente, el senhor Pascoal, un portugués mestizo, llegó a su campamento cuando estaba en el peor momento, y mediante la aplicación de sanguijuelas le salvó la vida. Cuando estaba convaleciente y avanzaba para unirse a Pascoal, que lo había precedido para conseguir comida, el grupo de Livingstone fue atacado por la espalda por nativos pendencieros. Livingstone se bajó de su buey de montar y, a pesar de su débil salud, encañonó con un revólver al jefe. Esta rápida acción lo convirtió de inmediato en un amigo. Livingstone y Pascoal viajaron juntos a través de los sombríos bosques de Kioko y el sur de Lunda hasta Kabango, donde se separaron en junio. Livingstone recopiló considerable información sobre el Kasai y los ríos que lo unen, que el conocimiento posterior ha demostrado ser singularmente correcto.

Descubrimiento de las cataratas Victoria.
El 3 de noviembre de 1855, Livingstone abandonó Linyanti, acompañado por Sekeletu y doscientos makololos. El jefe le proporcionó doce bueyes, varias azadas y otros bienes comerciales, y mucha mantequilla y miel. Llegaron a Sesheke el día 13, y Livingstone, con algunos del grupo, navegó por el Zambeze, mientras que el resto conducía el ganado por las orillas. Siguiendo el curso del Zambeze, Livingstone descubrió las cataratas Victoria, donde un canal de agua de una milla de ancho se contrae repentinamente a treinta yardas, con una caída de 320 pies, y continúa durante unas treinta millas en el lecho de un rugiente torrente. El 20 de noviembre, Sekeletu se despidió de Livingstone en las cataratas y le dejó una compañía de 114 hombres para escoltarlo hasta la costa. Pasando por el territorio Batoka y las fronteras del sur de la región habitadas por los bashukulombwe, logró con su tacto habitual apaciguar sus sospechas, al haber visto antes a un hombre blanco. El 14 de enero de 1856 llegó a la confluencia de Loangwa y Zambeze, alcanzando Zumbo al día siguiente. Llegó a Tete el 3 de marzo, después de casi tener dificultades con un poderoso jefe llamado Katolosa, a quien apaciguó con unos colmillos de marfil. El mayor Tito Sicard, el comandante portugués de Tete, mostró a Livingstone todas las atenciones e hizo todo lo que estuvo a su alcance para restaurar su salud, que había sido muy perjudicada por su agotador viaje. Pasó algún tiempo descansando en Tete y se las arregló para dejar allí a sus seguidores makololos con el mayor Sicard mientras realizaba una visita a Inglaterra. Salió de Tete el 22 de abril, y viajando por el Zambeze hasta el Mazaro, un poco más abajo de la moderna estación de la African Lakes Company en Vicente, cruzó por tierra hasta el río Kwa-Kwa y descendió por la corriente hasta Quilimane, donde llegó el 22 de mayo de 1856, casi cuatro años después de que abandonara Ciudad del Cabo por el Zambeze. Llevaba tres años sin saber nada de su familia. H. M. S. Frolic lo había visitado en Quilimane en noviembre anterior y le había dejado vino y quinina. Pero el placer de Livingstone por llegar a la costa se vio tristemente empañado al saber que el comandante Maclure, el teniente Woodruffe y cinco hombres del H. M. S. Dart se habían perdido en el banco de arena del río al venir a hacer averiguaciones sobre él. Tuvo que permanecer en Quilimane, que es muy insalubre, durante seis semanas, cuando H. M. S. Frolic llegó de nuevo y lo llevó a él y al jefe makololo, Sekwebu, a Mauricio. Sin embargo, Sekwebu quedó tan desequilibrado por la extrañeza de la vida en el mar que se volvió loco y se ahogó en Mauricio.

Después de una estancia en Mauricio, Livingstone regresó a Europa a través del Mar Rojo y llegó a Londres el 12 de diciembre. Sus eminentes logros recibieron el reconocimiento apropiado. El 15 de diciembre hubo una reunión especial de la Royal Geographical Society para darle la bienvenida, con Sir Roderick Murchison en la presidencia. Estuvieron presentes tanto el capitán Steele como el Sr. Oswell, y se le presentó la medalla de oro que le había sido otorgada. Reunión tras reunión se sucedían. La London Missionary Society lo recibió, con Lord Shaftesbury en la presidencia, habiendo una manifestación pública en Mansion House. Recibió la ciudadanía tanto de la ciudad de Londres como de la localidad de Hamilton. El príncipe consorte le concedió una entrevista, y recibió testimonios y alocuciones de muchos organismos públicos, proponiéndose suma de 2.000 libras mediante suscripción pública en Glasgow que se le presentó en otoño. En Dublín fue agasajado en una reunión de la Asociación Británica y en Manchester en la Cámara de Comercio. Oxford le otorgó el título de doctor en derecho y Glasgow también; la Royal Society lo nombró miembro. En Cambridge recibió una cálida recepción y pronunció una conferencia que auguró la Universities Mission en África Central.
En noviembre de 1857 publicó sus viajes misioneros, un libro que refleja a fondo su personalidad y es una lectura deliciosa. Se solicitó una segunda edición antes de que se publicara la primera de doce mil copias y la generosa actitud de John Murray, el editor, hizo que la obra constituyera una pequeña fortuna para Livingstone, que gastó la mayor parte del dinero en exploración.
Este segundo periodo de la actividad de Livingstone en África (1858-64) estuvo lleno de dificultades, decepciones y fracasos. Livingstone cortó amablemente su relación con la London Missionary Society en el otoño de 1857; pero aunque la sociedad misionera se dio cuenta de que su trabajo en el futuro sería en una escala mayor de la que podrían cubrir sus medios, y a pesar de las protestas de Livingtone de que seguía siendo un misionero, habiendo muchas críticas hostiles de personas de mente estrecha, en febrero de 1858 Livingstone fue nombrado cónsul en Quilimane para la costa este de África al sur de los dominios de Zanzíbar, y para los distritos independientes en el interior, así como comandante de una expedición para explorar África oriental y central. Se adquirió para el Zambeze un barco de vapor de calado ligero que se llamó Ma-Robert, el nombre que los nativos africanos le dieron a la señora Livingstone, como era su costumbre, según su hijo primogénito. El personal de la expedición estaba formado por el comandante Bedingfield, el doctor (luego Sir John) Kirk, médico y naturalista, Richard Thornton, topógrafo, George Rae, ingeniero, y el hermano de Livingstone, Charles, como secretario. Lord Clarendon, el ministro de Relaciones Exteriores, se dedicó de corazón y alma a los preparativos de la expedición, y Livingstone fue recibido por la reina antes de partir, inivtándolo 350 amigos a cenar en Freemasons' Tavern.
Regreso a África.
Livingstone dejó Liverpool con su grupo en el H. M. S. Pearl el 10 de marzo de 1858, la Sra. Livingstone y su hijo menor los acompañaron, pero se quedaron en el Cabo con los Moffat, que habían venido a recibirlos. Livingstone llegó por el delta del Zambeze el 15 de mayo. En el banco de arena del Luawe se unieron las secciones de la lancha de vapor Ma-Robert, y el Pearl partió con su comandante Bedingfield, que había renunciado debido a un desacuerdo con Livingstone en relación con el desembarco de provisiones en Expedition Island. Livingstone, en consecuencia, tuvo que hacerse cargo del Ma-Robert, así como de la expedición. La corrección de su conducta en el asunto se resolvió a satisfacción del almirantazgo y de lord Clarendon. La expedición llegó a Tete el 8 de septiembre y Livingstone recibió una entusiasta bienvenida de los makololos. Desde Tete se realizaron tres visitas a los rápidos de Kebra-basa, que resultaron ser un obstáculo insuperable para la navegación continua del Zambeze en todas las estaciones del año. El Ma-Robert resultó un fracaso y fue apodado el 'Asthmatic', presentándose una solicitud al gobierno para una embarcación más adecuada.

A la espera de su llegada, Livingstone decidió explorar el río Shire y buscar el gran lago que supuestamente estaba en su origen. El primer viaje hasta el Shire se realizó a principios de 1859, y después de doscientas millas de navegación, Livingstone y Kirk se encontraron efectivamente detenidos por rápidos y cataratas intransitables y por nativos hostiles. Livingstone llamó a las cataratas en honor a su amigo Sir Roderick Murchison y regresó a Tete. En marzo, Livingstone y Kirk partieron de nuevo por el Shire y, dejando el vapor cerca de Katunga, prosiguieron a pie. El viaje resultó en el descubrimiento del lago Shirwa, un lago salado al este de las tierras altas del Shire. Regresaron en el Ma-Robert a Tete el 3 de junio. A mediados de agosto se hizo otra salida por el río Shire; desembarcaron como antes, y con treinta y seis porteadores makololos y dos guías nativos ascendieron las tierras altas del Shire, pasaron por el monte Zomba y el lago Shirwa, y luego volvieron al río Shire, cuya orilla izquierda siguieron hasta llegar al pequeño lago Pamalombwe, llegando el 16 de septiembre de 1859 a la orilla sur del lago Nyasa, de donde fluye el río Shire. David y Charles Livingstone, John Kirk y Edward Rae, fueron los primeros hombres blancos en contemplar estas magníficas aguas. No se quedaron mucho tiempo, ya que estaban preocupados por los hombres que quedaban en el vapor, y, apresurándose a regresar, lo alcanzaron el 6 de octubre. Livingstone llevó el bote a la desembocadura de Kongoni, donde nuevamente tuvo que ser varado para reparaciones, y después de enviar al señor Rae a casa para asesorar al almirantazgo en la construcción del nuevo barco, él mismo regresó a Tete. El 15 de mayo de 1860 partió del Zambeze hacia territorio país de los makololos con su hermano Charles y el doctor Kirk. No ocurrió nada notable en este viaje, excepto que se hizo un examen más a fondo de las cataratas Victoria, y llegaron a Sesheke el 18 de agosto. Allí encontraron a Sekeletu enfermo de lepra, y Livingstone y Kirk pudieron darle algo de alivio. Livingstone partió de Sesheke el 17 de septiembre en su viaje de regreso, que se realizó principalmente por agua en canoas compradas a Batoka. Pasaron los rápidos de Kariba con poca dificultad. En los rápidos de Karivua tuvieron dificultades considerables, pero escaparon con sus bienes mojados. En los rápidos de Kebra-basa, cerca de la confluencia del Loangwa, el doctor Kirk casi se ahoga, perdiéndose valiosos instrumentos y notas, desembarcando el grupo allí y caminando hasta Tete, adonde llegaron el 23 de noviembre, después de haber pasado seis meses de viaje. Livingstone partió en el Ma-Robert por el Kongoni el 3 de diciembre. Después de muchas dificultades con el vapor, encalló el 21 de diciembre en un banco de arena y se anegó. La mayor parte de los bienes de la expedición se salvaron, pero Livingstone y su grupo tuvieron que pasar la Navidad acampados en la isla de Tshimba, un poco más arriba de Sena, hasta que los portugueses enviaron canoas y las llevaron a la desembocadura del Kongoni. Llegaron allí el 4 de enero de 1861 y se alojaron en la recién construida estación portuguesa.


Viaje a Europa.
El Pioneer regresó al Cabo con el reverendo Horace Waller y el resto de la misión, y Livingstone llevó al Lady Nyassa a Zanzíbar para tratar de venderlo. Al no encontrar comprador, hizo un atrevido viaje a través del Océano Índico hasta Bombay en la pequeña embarcación con solo un fogonero, un carpintero y un marinero europeo, siete nativos y dos niños nativos que nunca habían estado en el mar (uno de los cuales, Chuma, estuvo con él hasta el final de su vida). Zarpó de Zanzíbar el 30 de abril y entró inadvertido en el puerto de Bombay el 13 de junio. Recibió toda la amabilidad de Sir Bartle Frere (el gobernador) y, al no vender su barco, lo dejó en Bombay a la espera de su posible regreso y, tomando prestado el dinero del pasaje para él y uno de sus hombres, se embarcó hacia Inglaterra, donde llegó el 23 de julio de 1864.
Después de una semana de celebraciones en Londres, visitó a su anciana madre y a sus hijos en Escocia. En septiembre asistió a la reunión de la Asociación Británica en Bath y pronunció una alocución sobre África. Luego fue con su hija Agnes a quedarse con su viejo amigo el Sr. Webb en Newstead Abbey, donde permaneció durante ocho meses, escribiendo The Zambesi and its Tributaries, compilado de su propio diario y el de su hermano Charles.

A principios de 1865, Sir Roderick Murchison propuso que Livingstone reanudara la exploración de África y que continuara por el Rovuma y tratara de resolver la cuestión de la cuenca del Nilo. Livingstone deseaba dedicarse más especialmente a la apertura de Nyasaland, ya fuera por el Zambeze o el Rovuma, pero esperaba combinar los dos objetivos, y sin esperar la publicación de su libro, que salió en otoño, salió de Londres el 13 de agosto de 1865, llegando a Bombay el 11 de septiembre. Aquí vendió el Lady Nyassa, que le había costado 6.000 libras por 2.300. Invirtió el dinero en acciones de un banco indio que quebró uno o dos años después. Disfrutó de una agradable estancia en la India hasta enero de 1866. Sir Bartle Frere, gobernador de Bombay, le dio un pasaje a Zanzíbar en el Thule, un buque del gobierno, que le encargó que lo presentara al sultán de Zanzíbar como regalo del gobierno de Bombay. Naturalmente, recibió una acogida muy amistosa del sultán y recibió cartas de recomendación para los árabes del interior. Había traído consigo de la India a algunos muchachos de la Misión Nassick, y trece cipayos, como núcleo de su expedición. En Zanzíbar contrató a diez hombres de Johanna y cuatro nativos de Nyasaland, y compró camellos, búfalos, mulas y burros para experimentar su resistencia al efecto de la mosca tsetsé. Desembarcó del Rovuma en el H. M. S. Penguin el 22 de marzo, pero debido a dificultades para entrar, desembarcó en la bahía de Mikindani el 4 de abril. Los animales iban sobrecargados y fueron maltratados por los cipayos y mordidos por la mosca tsetsé. Habiendo tocado el río, marcharon a lo largo de su orilla norte hasta la ciudad de Mtarika en la parte norte del territorio Yao, contemplando muchas escenas espantosas de la trata de esclavos. Desde Mtarika Livingstone fue hacia el suroeste hacia la ciudad de Mataka. El comportamiento de los cipayos, pues Livingstone conocía muy bien a los africanos, pero no a los indios, se volvió intolerable, siendo despedidos en Mataka, donde Livingstone fue tratado con gran hospitalidad por el jefe Yao, y de donde el 29 de julio de 1866 partió hacia Nyasa, llegando sin dificultad el 8 de agosto. Marchó alrededor del extremo sur del lago hasta el asentamiento gobernado por Mponda, un influyente jefe musulmán. Desde allí, Livingstone continuó su viaje alrededor del golfo sudoriental del lago Nyasa. En la ciudad de Marenga, los hombres de Johanna, asustados por los rumores de que el país estaba siendo asaltado por los zulúes angoni, lo abandonaron. Consiguió canoas en Marenga y pasó por el talón del lago Nyasa hasta la ciudad de Kimsusa, donde fue bien tratado y lo escoltaron hacia el norte, entregándolo a otro jefe amigo. El grupo de Livingstone ahora consistía en unos pocos niños Nassick, Susi, un hombre Yao, y Chuma, un hombre del Zambeze, que cruzaron el final de las montañas Kirk a una altura de más de cuatro mil pies, llegaron al río Loangwa el 16 de diciembre de 1866.
Mientras tanto, los hombres de Johanna habían viajado de regreso a Zanzíbar y habían inventado una historia plausible de que Livingstone había sido asesinado en un encuentro con los zulúes. En Inglaterra, la opinión pública estaba dividida en cuanto al crédito que se le debía dar a la historia, pero el Sr. Edward Young, ex-artillero del Pioneer, de cuyo trabajo en el Zambeze escribió Livingstone muy favorablemente, fue enviado por la Sociedad Geográfica al mando de una expedición de búsqueda, que salió de Inglaterra en mayo de 1867, llegando a la desembocadura del Zambeze el 25 de julio, ascendió el Shire en un barco de acero que había traído, llamado Search, que fue despedazado y llevado por los rápidos de Murchison, y al llegar a casa de Mponda obtuvo pruebas satisfactorias de que Livingstone estaba vivo, junto con información sobre sus futuros viajes al interior. La expedición regresó a Inglaterra a principios de 1868, dejando el Search, que con otro nombre continuó funcionando en el Upper Shire.



Estuvo constantemente enfermo en el camino debido a la fatiga, las frecuentes enuresis y los horrores de las incursiones de esclavos y el canibalismo que lo rodeaban. Escribió: 'Me sentí como si me estuviera muriendo de pie, casi cada paso me dolía, el apetito fallaba y un poco de carne me causaba una diarrea violenta, mientras que la mente, muy deprimida, reaccionaba en el cuerpo'. Llegó a Ujiji el 23 de octubre de 1871, hecho un esqueleto viviente, y descubrió que todo lo que se le había enviado habían sido vendido por el dirigente árabe de Ujiji, conocido como Shereef. En ese desesperado momento, el Sr. H. M. Stanley, que había sido enviado por el Sr. James Gordon Bennett, propietario del New York Herald, para encontrar vivo o muerto a Livingstone, llegó con una caravana bien equipada. Stanley había llegado a Zanzíbar el 6 de enero de 1871 y se dirigió de inmediato a Ujiji, pero en su camino se involucró en la guerra entre los árabes de Tabora y el jefe Nyamwezi, Mirambo, y sólo después de muchas dificultades llegó a Tanganica el 28 de octubre de 1871. Las medicinas, la comida, la esperanza y la compañía pronto produjeron un cambio en Livingstone, que partió con Stanley para hacer un recorrido por el extremo norte del lago. Pronto descubrieron que el río Rusizi, que desemboca en el lago en un pequeño delta en el extremo norte, fluía hacia adentro y no hacia afuera del lago. Regresaron a Ujiji, y después de retrasos como consecuencia de la enfermedad de Stanley, a quien Livingstone cuidó con asiduidad, viajaron, el 27 de diciembre de 1871, juntos a Unyanyembe, donde llegaron el 18 de febrero de 1872. Stanley instó en vano a Livingstone a que regresara a Inglaterra con él. Livingstone estaba poseído por la idea de encontrar las fuentes del Nilo y como se había convencido de que el Lualaba debía ser el Alto Nilo, no consideró necesario bajar al Albert Nyanza, sino dirigió su atención al descubrimiento y mapeo de sus fuentes en el lago Bangweolo y en las tierras altas de Katanga. El 14 de marzo de 1872, Stanley, habiendo proporcionado a Livingstone medicinas y todo lo necesario, vacilantemente se fue a Zanzíbar. Stanley escribió que durante los cuatro meses que había vivido con Livingstone nunca encontró un defecto en él y que aunque él mismo era un hombre de temperamento fogoso, con Livingstone nunca tuvo motivos de resentimiento, sino que la vida diaria aumentó su admiración hacia él. Una expedición de búsqueda bajo el mando del comandante Dawson y el teniente Henn, que incluía al reverendo Charles New y Oswell Livingstone, el hijo menor del médico, había sido enviada por la Royal Geographical Society y otros para buscar a Livingstone, pero se encontraron con Stanley en Bagamoio, regresando a Inglaterra con él.

Livingstone permaneció en Unyanyembe esperando que Stanley le enviara hombres. Llegaron el 9 de agosto de 1872, y el 25 partió con todo su antiguo anhelo para Tanganica, pero ya no estaba en condiciones de viajar; sufría agudamente de disentería y pérdida de sangre por hemorroides, pero logró montar su asno y llegó al lago el 14 de octubre. Bordeó la costa sureste a través de los territorios de Fipa y Ulungu, y luego marchó hacia el sur y el oeste hasta llegar al río Kalongosi, que desemboca en el lago Moero. Cruzando el río y la alta cadena de montañas más allá, descendió al distrito al norte del lago Bangweolo. Aquí la situación era terrible. El hambre amenazaba constantemente al grupo, no se podían conseguir canoas y Livingstone se estaba muriendo gradualmente. Cruzó el río Tshambezi el 4 de abril de 1873 y siguió por las costas pantanosas de Bangweolo, plagadas por enjambres de mosquitos, arañas venenosas y hormigas. El 15 de marzo, Livingstone había dirigido su último envío a Lord Granville. El 9 de abril hizo su última observación de latitud. Desde mediados de abril estuvo tan enfermo que tuvieron que llevarlo en una litera, muchas veces a través de cursos de agua. El 27 de abril hizo el último resgistro en su cuaderno. El 30 de abril llegó a la aldea de Tshitambo, en el territorio de Ilala, donde sus servidores construyeron una choza y le cuidaron fielmente. Les preguntó: '¿Cuántos días quedan para llegar al Luapula?' y cuando le dijeron tres, solo respondió: '¡Dios mío! ¡Dios mío!' Habiendo conseguido que Susi le diera un poco de cloruro de mercurio, dijo: 'Está bien; ya te puedes ir', y estas fueron sus últimas palabras. A las cuatro de la mañana siguiente, Susi lo encontró muerto, arrodillado al lado de la cama, con el cuerpo estirado hacia adelante y la cabeza entre las manos sobre la almohada.

Un grupo de cipayos indios, hombres de Johanna, muchachos Nassick y canoeros de Shupanga acompañaron al Dr. Livingstone cuando partió de Zanzíbar en 1866 para emprender sus últimos descubrimientos; de todos estos, sólo cinco estaban presentes cuando entregaron el cadáver de su dirigente a sus compatriotas en las costas a donde habían regresado, y esto después de ocho años de servicio. Parece extraño saber que a estos hombres ni siquiera se les ofreciera un pasaje a la isla cuando llevaron su carga. La triste noticia se transmitió rápidamente a Londres y conmocionó al mundo de dolor. A los pocos días, sólo los renuentes corazones de los amigos abrigaban la temblorosa esperanza de que pudiera haber un error, pero la confirmación fue inevitable; la dolorosa angustia fue aliviada por la certeza más dolorosa. Aquellos que habían observado con profundo interés la vida del gran hombre sólo podían esperar con profunda tristeza para dar la bienvenida a su cuerpo sin vida al entierro; el mundo sólo podía esperar el epílogo final.

'David Livingstone,
Nacido en Blantyre, Lanarkshire, Escocia,
19 de marzo de 1813.
Murió en Illala, África Central,
4 de mayo de 1873.'
Y el cuerpo del hombre que había legado al mundo el legado de una vida entera consagrada a Cristo en medio de sufrimientos y sacrificios inexpresables quedó en ese vasto mausoleo de los más honrados servidores de Inglaterra.

David Livingstone fue enterrado. Probablemente hubiera preferido una tumba sin nombre en África Central. La suya había sido una ambición más elevada que la del distinguido general, que se lanzó a la batalla del Nilo, exclamando: '¡Una nobleza, o la abadía de Westminster!'. El amor prevaleció en los consejos de su corazón y brilló en toda su vida. Buscó el Reino de Dios; como su Maestro, vivió y murió para los demás. Los hombres lo honraron en su muerte.
Sir Bartle Frere, como presidente de la Royal Geographical Society, escribió: 'En su conjunto, el trabajo de su vida seguramente se considerará en los siglos venideros como uno de singular nobleza y de inquebrantable energía y auto-sacrificio en la ejecución'; y nuevamente: 'Nunca conocí a un hombre que cumpliera más completamente mi idea de un perfecto caballero cristiano, movido en lo que pensaba, decía y hacía por el espíritu más elevado y caballeroso, modelado en los preceptos de su gran Maestro y Ejemplo'.
Livingstone fue un pionero de la civilización y un explorador geográfico. Pero nunca perdió de vista el hecho de que solo el evangelio podía traer verdadero socorro a los pueblos de África. Durante su último viaje, todavía observaba sus devociones regulares con sus ayudantes y, hasta donde las fuerzas le permitían, la adoración de los domingos. Las últimas anotaciones en su diario evidencian su profunda piedad. Sus descubrimientos fueron llevados más allá con mucho fruto por Stanley, abriéndose el continente africano a la civilización europea y a las empresas coloniales de naciones ambiciosas. Desgraciadamente, esto no siempre se llevó a cabo con espíritu cristiano, aunque la obra misionera también recibió un gran impulso y logró grandes éxitos en el espíritu del gran pionero cuyo nombre nunca será olvidado por los pueblos de África.
Livingstone fue autor de: Missionary Travels and Researches in South Africa, Londres, 1857; Narrative of an Expedition to the Zambesi and its Tributaries, and of the Discovery of the Lakes Shirwa and Nyassa, 1858-1864, Londres, 1865.
Bibliografía:
Robert Hamilton Vetch, Dictionary of National Biography; Heroes of Discovery, por Samuel Mossman, Edimburgo, 1867; How I Found Livingstone. Travels. Adventures, and Discoveries in Central Africa, por H. M. Stanley, Londres, 1872; Royal Geographical Society Proceedings, obituary notice by Sir Bartle Frere, vol. xviii. 1874; The Last Journals of David Livingstone in Central Africa, from 1865 to his death, por Horace Waller, 2 volúmenes, Londres, 1874; David Livingstone, Missionary and Discoverer, por Jabez Marrat, Londres, 1877; Livingstone, the Missionary Traveller, por Samuel Mossman, Londres, 1882; The Personal Life of David Livingstone, por Dr. W. G. Blaikie, Londres, 1888; Livingstone and the Exploration of Central Africa, por H. H. Johnston, Londres, 1891; David Livingstone, por Thomas Hughes, Londres, 1891.