Historia

LOCKE, JOHN (1632-1704)

John Locke, filósofo inglés, nació en Wrintong, a 16 kilómetros al sudoeste de Bristol, el 29 de agosto de 1632 y murió en Oates, Essex, el 28 de octubre de 1704.

John Locke, óleo sobre lienzo de Godfrey Kneller
John Locke, óleo sobre lienzo de Godfrey Kneller
Estudió en Westminster (1646-52) y en Christ Church, Oxford (licenciatura en humanidades, 1655-56; máster en humanidades, 1658), poniéndose en contacto con un círculo eminente de personas entre los que estaban Edward Pococke y Robert Boyle, residiendo allí durante varios años. La filosofía escolástico-aristotélica que predominaba entonces en Oxford le dejó insatisfecho; mientras tanto, enseñaba privadamente, siendo profesor de griego en 1660, de retórica en 1662 y censor en filosofía moral en 1663. También hizo estudios de medicina y tuvo interés en las ciencias físicas. En 1665 fue como secretario de la delegación inglesa al elector de Brandeburgo, pero al año siguiente se afincó como médico en Oxford, consiguiendo por su profesión amistad con el conde de Shaftesbury, a quien estuvo en parte en deuda por sus preferencias políticas, que le acompañaron durante toda su vida. En 1672 fue designado para un secretariado, que en aquel entonces era un cargo moderadamente bien compensado. Su salud no era buena y residió en Francia (1675-79), no en ociosidad sino haciendo investigaciones científicas, políticas y sociales. Tras esa etapa regresó a Inglaterra donde estuvo hasta 1684, principalmente en Oxford, yendo luego a Holanda y permaneciendo fuera entre 1688 y 1689, cuando regresó y fue comisionador de apelaciones, cargo que ocupó hasta su muerte.

El suceso más importante de su vida fue la publicación de la obra que le procuró fama duradera como filósofo, Essay concerning Human Understanding (Londres, 1690). El propósito era investigar el origen, certeza y extensión del conocimiento humano. En esta obra intenta probar que las ideas innatas no existen y que todo el conocimiento viene por la experiencia a través de la sensación y la reflexión. De esta manera se convertía en el padre de la filosofía empírica del siglo XVIII, que se esparciría por Inglaterra, Francia y Alemania, influyendo grandemente en las teorías políticas y sociales de su tiempo. Sus cartas Toleration (1689-90), Two Treatises of Government (1690), una obra sobre la actualidad nacional (1692) y Some Thoughts concerning Education (1693), son producciones valiosas de ese periodo. Locke fue miembro del consejo de comercio (1696-1700), pero por su mala salud tuvo que renunciar a otros ascensos.

La influencia de Locke continuó dominando hasta que se difundieron las ideas kantianas, siendo denominado 'el fundador de la filosofía analítica de la mente' (J. S. Mill, Logic libro I, cap. vi). Sus principios o fueron llevados hasta sus últimas consecuencias o fueron mal aplicados en teología, lo que originó que fuera duramente atacado, a lo que respondió con igual dureza, como ilustra el caso del obispo Edward Stillingfleet, cuyo Discourse in Vindication of the Doctrine of the Trinity (Londres, 1696) provocó una controversia que Locke continuó hasta 1699. Ha sido considerado el progenitor del escepticismo inglés. Aunque a temprana edad se volvió a la teología como vocación, su interés nunca decayó, siendo producto suyo Reasonableness of Christianity (1695) y Paraphrase de las epístolas a los Gálatas, 1 y 2 Corintios, Romanos y Efesios (póstuma, 1705-07).

De su obra Essay concerning Human Understanding es el siguiente pasaje:

'Antes que nada, los sentidos permiten el ingreso de ideas concretas que empiezan a decorar aquel local vacío; y la mente, familiarizándose poco a poco con algunas ideas, las pone de nuevo en la memoria y les otorga un nombre. A continuación, se presentan a la mente otras ideas que ésta abstrae de las primeras, y aprende gradualmente el uso de los nombres generales. De esta manera, la mente se abastece de ideas y de lenguaje: es decir, de los materiales sobre los que ejercerá su facultad discursiva. Y a medida que aumentan estos materiales sobre los que la mente actúa, el uso de la razón se vuelve más evidente cada día.
Pero si bien la adquisición de las ideas generales, el uso de los nombres comunes y la razón crecen por lo general juntas, no veo sin embargo que esto demuestre de algún modo que estas ideas sean innatas.
Reconozco que hay ciertas verdades cuyo conocimiento se encuentra en la mente desde mucho tiempo atrás, pero esto cede de un modo que demuestra cómo estas verdades no son en absoluto innatas. Si en verdad le prestamos atención, veremos que las verdades de esta especie se componen de ideas en absoluto innatas, sino adquiridas; puesto que las primeras ideas son aquellas que los niños tienen después de la impresión de las cosas exteriores con las que se relacionan a menudo, y que más frecuentemente se imponen a sus sentidos.
De estas ideas de tal modo adquiridas, la mente llega a descubrir que algunas concuerdan y otras son discordantes; y esto probablemente sucede a partir del momento en que ésta llega a hacer uso de la memoria y está capacitada para recibir ideas distintas.
Pero tanto si esto sucede como si no, es al menos cierto que los niños forman esta especie de juicio mucho antes de haber aprendido el uso de las palabras y antes de haber alcanzado lo que comúnmente llamamos edad de razón. Así pues, antes de saber hablar, un niño conoce la diferencia que existe entre las ideas de lo dulce y de lo amargo (es decir, que lo dulce no es lo amargo) con la misma certeza que tendrá más tarde, cuando hable y diga que el ajenjo y las peladillas no son lo mismo.'