Historia
LUCIANO DE ANTIOQUÍA (c. 240-312)
La escasez de datos sobre Luciano se explica en parte por sus ideas doctrinales. Alejandro de Alejandría señala expresamente que Luciano aceptó las enseñanzas de Ebión, Artemas y especialmente de su paisano Pablo de Samosata, retirándose consecuentemente de la iglesia de Antioquía durante los obispados de Domno, Timeo y Cirilo. Es probable que Luciano dejara la iglesia cuando Pablo fue desposeído en 268, estando ambos en mutua simpatía por sus ideas cristológicas, por lo que cuando Pablo murió, Luciano se convirtió en jefe de la facción eclesiástica siria nacionalista, enfrentada a la facción greco-romana. Por otro lado, el acuerdo entre ambos maestros no fue completo y permanente, siendo la doctrina de Luciano de la creación del Logos anterior al mundo y su perfecta encarnación en Jesús, un desarrollo posterior de la de su paisano. Su principal importancia radica en que fue el auténtico fundador del arrianismo, tal como Arrio mismo admitió, al ser uno de sus numerosos alumnos, declarando ser en una carta a Eusebio de Nicomedia, de la escuela de Luciano. Aunque está claro por la carta de Alejandro que Luciano regresó a la ortodoxia antes de morir, Epifanio dice que fue reconocido como mártir por los arrianos y Filostorgio, quien le alaba grandemente, declara que casi todos los teólogos importantes arrianos y semi-arrianos de la primera mitad del siglo IV eran alumnos de Luciano. Sin embargo, sus oponentes teológicos no eran ciegos a sus virtudes. Eusebio, que solo lo menciona dos veces (Hist. eccl., viii. 13, ix. 6), alaba la pureza de su vida, su conocimiento de las Escrituras y su noble martirio; el pseudo-Atanasio le saluda como un gran y santo asceta y mártir; Crisóstomo compuso una eulogía sobre él; finalmente fue incluido en el calendario de Nicomedia, prototipo de todos los calendarios griegos, como mártir.
De la actividad literaria de Luciano quedan pocos restos. Jerónimo menciona su recensión de los manuscritos de la Biblia (su principal obra), tal como hacen Suidas y Simeón Metafrastes, aludiendo Jerónimo también a sus tratados sobre la fe y sus cartas, a lo que hay que añadir su defensa preservada por Rufino. Un fragmento de una carta se conserva en Chronicon Paschale (p. 277, edición de Ducange), donde se describe el martirio del obispo Antimo. La apología de Luciano (Rufino, edición de Cacciari, i. 616) revela la posición cristológica de su autor, postulando que 'hay un Dios, revelado a nosotros a través de Cristo e inspirado en nuestros corazones por el Espíritu Santo'. La importancia de Cristo se restringe a su oficio como maestro y legislador, quien dio a la humanidad un ejemplo de paciencia por su encarnación y muerte. Apenas han sobrevivido unas huellas de los escritos de Luciano sobre la fe, aunque pueden ser la base de la declaración de Epifanio de que Luciano y sus seguidores afirmaron que Cristo tenía solo un cuerpo humano, pero no un alma humana, atribuyendo todas las emociones humanas al Logos, para que el Hijo fuera inferior al Padre, doctrina cardinal en su sistema. El credo adoptado por los obispos reunidos en Antioquía en 341 lo atribuyen algunos escritores de la Iglesia antigua a Luciano, así como por los sínodos semi-arrianos de Seleucia (350) y Caria (367), pero esto puede significar, como mucho, que poco más de esa parte de sus doctrinas fueron aceptadas, con muchas interpolaciones y adiciones. Según Jerónimo, la versión de Luciano de la Septuaginta fue aceptada desde Constantinopla a Antioquía, pero variaba ampliamente del texto actual. De la recensión del Nuevo Testamento, Jerónimo habla en términos de desaprobación, siendo prohibido su uso por el Decretum Gelasianum. Se supuso antiguamente que en el Nuevo Testamento, Luciano se adhirió estrechamente a la Peshitta, pero parece desaconsejable trazar una relación entre su obra y cualquier familia de manuscritos. Prácticamente nada se sabe sobre los tratados exegéticos, aunque es probable que escribiera sobre hermenéutica.