Historia
LUCIANO DE SAMOSATA
Actitud de Luciano hacia el cristianismo.
En la segunda mitad del siglo II, con la excepción de Celso, pocos de las clases cultivadas del Imperio romano prestaron atención profunda al cristianismo. De Fronto, el amigo de Marco Aurelio, se dice que escribió en contra, pero nada se sabe de su libro. Marco Aurelio mismo, Epicteto, Galeno y el orador Arístides mencionan al cristianismo de pasada. Ni siquiera el gran satírico Luciano cree necesario tenerlo en cuenta. Solo dos veces, curiosamente en el Alexander y más extensamente en el Peregrinus Proteus trata el asunto; pero la utilidad de su relato para los tiempos modernos ha exagerado frecuentemente el interés que el asunto tenía para él. Su actitud hacia el cristianismo ha sido presentada ambivalentemente, desde el odio fanático hasta la secreta amistad. La descripción de Luciano en el Peregrinus, es uno de los relatos más interesantes e instructivos sobre los cristianos antiguos que han sido preservados por una pluma pagana.
El Peregrinus.
El Peregrinus fue un sátira dirigida contra los cínicos y más particularmente contra el filósofo cínico Teagenes. Esta escuela, entre la que existía una considerable proporción de elementos indignos, tenía una profunda aversión hacia Luciano. Él provocaba este ataque por la exagerada admiración de Peregrino a los cínicos de clase más baja y también hacia algunos de clase más elevada. Luciano le había conocido personalmente y cuando Teagenes, su colaborador más estrecho, comenzó a ser conocido en Roma, el satírico sintió que era el momento de atacar. Su obra, dirigida al platonista Cronio, proporciona un relato de la vida y muerte de Peregrino, a quien llama, por su conocimiento personal, un criminal común. Al alcanzar la madurez, Peregrino fue, según él, convicto de adulterio y castigado apropiadamente en Armenia; entonces sedujo a un niño, salvándose de la venganza de los padres por el pago de una cantidad de dinero; finalmente, en su lugar de nacimiento, Parion en el Helesponto, asesinó a su padre para quedarse con la herencia. Ante las sospechas, tuvo que huir y tras considerable errar llegó a Tierra Santa o posiblemente a Antioquía. Aquí entró en contacto con los cristianos, haciéndose uno de ellos y siendo un respetado maestro. Fue encarcelado por ser cristiano, pero fue liberado por el gobernador de Siria y regresó a Parion, donde pudo enfrentar la acusación de parricidio entregando su porción de la herencia, quince talentos, a los ciudadanos. Había aparecido allí con el atuendo de un cínico, pero en sus viajes fue recibido y apoyado por los cristianos como uno de los suyos. Al caer en descrédito con ellos (Luciano cree en el rumor de que comían carne humana), resolvió simular la vida de un gran asceta y tras prepararse en Egipto fue a Roma, donde atrajo gran atención por su cínica libertad de lenguaje, especialmente por sus implacables ataques contra el emperador. El prefecto de la ciudad lo desterró, pero eso solo incrementó su fama. Fue a Grecia y continuó sus ataques contra el orden social, escogiendo las grandes concentraciones olímpicas para manifestarse. En la tercera que asistió, viendo que su reputación declinaba, anunció que se quemaría vivo en la siguiente, lo cual Luciano dice que hizo, afirmando que fue testigo ocular del hecho y autor parcial de la leyenda que pronto se difundió en relación a la muerte del cínico. Cierra el relato afirmando algunos ejemplos más de la bajeza de Peregrino, de los que afirma que fue testigo en un viaje de Troas a Siria.
Base histórica del Peregrinus.
No hay razón para dudar de la existencia de un filósofo cínico llamado Peregrino Proteo. La noticia más antigua sobre él es posiblemente la de Aulo Gelio (xii. 11), quien le encontró en Atenas y habla bien de él. Su notorio suicidio lo mencionan Atenágoras (Apología xxvi), Tertuliano (Ad martyras, iv) y Eusebio (Chron, ad ann, 2181; Marcus Aurelius y también Filostrato (Vitæ sophistarum, II, i) y Amiano Marcelino (XXIX, 1. 39), no habiendo duda de que causó gran sensación. Una columna en su honor fue erigida en su lugar de nacimiento, suponiéndose que fue sede de un oráculo. Eusebio sitúa la fecha de su muerte en el año 165, no habiendo razón para cuestionarla, ni la declaración de Luciano de que fue en el cuarto evento olímpico al que asistió. El destierro de Roma sucedería en 152-153 y el episodio cristiano entre 140 y 150. Que Taciano y los apologistas posteriores no digan nada sobre que fue cristiano durante un tiempo no es sorprendente, aunque lo supieran. Es muy improbable que Luciano se lo inventara, pero por otro lado, no es probable que tuviera esos detalles de primera mano. La teoría de Zahn de que su relato de la muerte del cínico es una parodia del martirio cristiano no se sostiene, pues todo el tenor de la obra, dirigida contra el cinismo, se perdería; y aunque Luciano sabe que los cristianos desean entregar su vida por su fe, lejos de usar eso para explicar el acto de Peregrino, él contrasta su sincero auto-sacrificio con el mezclado temor a la muerte y la manía de notoriedad que le atribuye a Peregrino. Asumiendo los principales hechos, que Peregrino fue cristiano durante un tiempo y como tal encarcelado, pero después liberado, y que más tarde abandonó el cristianismo, el relato es valioso para ver lo que Luciano sabía del cristianismo y cuál era su juicio sobre el mismo, teniendo en cuenta que su documento pertenece al año 170 aproximadamente y está relacionado con el cristianismo sirio.
Conocimiento de Luciano del cristianismo.
Los cristianos son, pues, una asociación religiosa en la que un hombre crucificado en Tierra Santa es venerado. Él trajo a la luz 'nuevos misterios' como primer legislador de la secta y convenció a sus seguidores de que, cuando hubieran renunciado a los antiguos dioses y comenzado a adorarle a él y vivir según sus leyes, serían considerados hermanos. Están persuadidos de que son inmortales, por lo que desprecian la muerte, enfrentándose a ella gozosa y voluntariamente. Consideran todos los bienes temporales de poca importancia y los tienen en común. Están estrechamente asociados entre sí y se estiman, poniendo gran esfuerzo cuando el interés de la comunidad se cuestiona, considerando una calamidad general si un hermano es encarcelado. Cuando Peregrino estuvo en prisión 'por la mañana temprano viudas ancianas y huérfanos podían ser vistos cerca del lugar y los hombres principales entre ellos convencían a los guardias para que pudieran pasar la noche con él. Le traían muchos alimentos, leyendo sus escrituras santas... incluso de las ciudades de la provincia de Asia llegaron algunos enviados por los cristianos en nombre de sus comunidades, para ayudarle, defenderle y consolarle'. Cada detalle en este relato tiene un paralelo en la literatura cristiana desde la primera epístola de Clemente hasta Tertuliano, De jejunio, estando los detalles de los enviados de las ciudades de Asia Menor confirmados por las cartas de Ignacio, aunque no hay la más mínima evidencia de cualquier empleo directo de fuentes cristianas por Luciano. El hecho es simplemente que Luciano menciona las características esenciales de los cristianos, tal como las aprecia un observador, lo que fortalece la evidencia presentada por los escritores cristianos. Está tan lejos de apoyarse en documentos cristianos, que Luciano no parece conocer a los escritores cristianos del siglo II; el prisionero en Siria tiene tan poco en común con Ignacio como la muerte de Peregrino con la del mártir Policarpo. Aunque no se puede afirmar positivamente que Luciano nunca leyó una línea de un escritor cristiano, la prueba de que lo hizo no aparece. Por todo esto, su conocimiento del cristianismo no es tan 'vago y superficial' como Keim ha afirmado. Él no menciona ninguna de las acostumbradas acusaciones contra los cristianos, ni siquiera la de hostilidad al imperio. El cristianismo es a sus ojos un movimiento inocuo. Lo considera sin ninguna clase de simpatía, pero, el burlador nato que es Luciano no hace escarnio de la simplicidad de los cristianos, de la que el impostor se aprovecha. Encuentra absurdo, por supuesto, que adoren al 'sofista' crucificado, pero su inmutable conciencia de fraternidad bajo todas las pruebas y su desprecio hacia la muerte son mencionados como características diferenciadas. Y son estos mismos cristianos quienes, aparte de los cultivados habitantes de las ciudades y los epicúreos, la única gente en el mundo que detecta la falsedad de las pretensiones del falso profeta Alejandro de Abonoteichos; de hecho, es contra ellos que la primera denuncia de Alejandro va dirigida (Alejandro, xxv, xxxviii). En otras palabras, en el Peregrinus, donde ha derramado toda su burla contra los cínicos, ha descrito exactamente a los cristianos. No era de esperar que los glorificara, pero lo que es notorio es que no los presente como engañadores, ni criminales, ni como revolucionarios, sino meramente como entusiastas, tal vez crédulos, pero capaces de auto-sacrifico y profundo amor fraternal. La única palabra 'sofista' aplicada a Cristo, bastó para que el gran satírico apareciera como blasfemo a los ojos de las generaciones posteriores, haciendo que se olvidara el valor histórico de la evidencia que aporta en favor de la pureza y rectitud de los cristianos, tal como eran en su tiempo.
El siguiente pasaje procede del Peregrinus:
'Los desgraciados están convencidos de que serán inmortales y vivirán siglos sin fin, y en consecuencia desprecian la muerte, e incluso los más se entregan ellos mismos voluntariamente a la muerte. Además, su primer legislador los convenció de que todos eran hermanos, una vez que se han apartado de los dioses griegos y han renegado de ellos y adoran a aquel sofista suyo crucificado y viven conforme a sus leyes. Desprecian por igual todos los bienes y los consideran propiedad común, y aceptan estos preceptos sin ningún testimonio probado. Si se presenta, pues, ante ellos cualquier pícaro embaucador que sepa sacar partido a las circunstancias, se hace rico sin tardar, mofándose de estas sencillas gentes.'