Historia

LUCÍFERO DE CAGLIARI († c. 371)

Lucífero de Cagliari fue obispo de la ciudad que lleva su nombre en Cerdeña, siendo inciertas las fechas sobre su vida, aunque tal vez murió el año 371. Su primera noticia es como enviado del papa Liberio al emperador Constancio, en el que le exhortaba a convocar un nuevo sínodo. En el sínodo de Milán, 355, se puso del lado de la oposición, manteniéndose firme con unos pocos y siendo enviado con ellos al destierro. Durante un tiempo vivió en Germanicia en Commagene, luego en Eleuterópolis en Tierra Santa y después en Tebaida. Durante su exilio escribió algunas polémicas vehementes (edición de Hartel, en CSEL, volumen xiv, Viena, 1886) contra el emperador Constancio, como protector de herejes y enemigo de la verdadera fe Esos escritos pueden, con cierto grado de probabilidad, ser arreglados en el siguiente orden: De non conveniendo cum hæreticis, de regibus apostaticis, de Athanasio I and II, todos anteriores al otoño de 358; De non parcendo in Deum delinquentibus después de junio de 350 y Moriendum esse pro Dei Filio de 360 como pronto, o tal vez no hasta 361. Copiosas citas bíblicas dan a esos documentos no poco valor, al ser textos de la Biblia anteriores a Jerónimo e importantes para la historia del canon. Pero en otros aspectos son difusos y repetitivos, desprovistos de originalidad literaria, omitiendo dar crédito a los autores de quienes se hacen las citas. Sin embargo, los escritos de Lucífero proporcionan un vívido cuadro del estrecho, aunque honesto, celo de un hombre para con sus convicciones.

La muerte de Constancio y el advenimiento de Juliano supusieron el fin del destierro de Lucífero. En el año 362 fue a Antioquía, intentando infructuosamente resolver el estado de confusión que allí reinaba. Combatió con especial severidad el blando trato hacia los eclesiásticos que habían quedado comprometidos por su defección de la recta fe bajo Constancio, e insistió que debían ser despojados de sus oficios eclesiásticos. Cuando estuvo en Nápoles, rechazó tener comunión con el obispo Zósimo. Se retiró hoscamente a Cagliari, donde vivió respetado por su constancia confesional, su austera conducta, aunque separado de una Iglesia que él consideraba manchada por la indulgencia con la herejía. Fue considerado siempre el 'santo sardo', siendo depositados sus restos en la catedral de Cagliari en 1623.

Tras su muerte, Cerdeña continuó siendo el centro de los luciferianos, grupo que persistió en pensar que la Iglesia se había convertido en una prostituta. Sin embargo, no quedaron confinados en la isla. En España, Gregorio de Elvira fue dirigente del grupo; en Tréveris sus ideas fueron defendidas por el presbítero Bonoso; en Roma misma hubo una facción luciferiana (que no hay que confundir con los seguidores de Ursino), contra quienes Jerónimo escribió su Altercatio Luciferiani et orthodoxi (MPL, xxiii. 153-182) e Hilario, diácono romano, fue luciferiano. Efesio, en una viaje al este (382 o 383), se encontró con algunos luciferianos en Oxyrhynchos (Heptanomos, Egipto), que tenían por obispo al monje Heráclidas, titular de Eleuterópolis (Tierra Santa). Y en Eleuterópolis hubo dos presbíteros, Faustino y Marcelino, acusados de celebrar asambleas para el culto divino en las casas de sus asociados, en oposición al obispo residente. Se quejaron contra el obispo y no fue en vano, pues el emperador Teodosio en un rescripto de 384 prohibió la persecución de los que permanecieran en comunión con el español Gregorio y el oriental Heráclidas. Por ironías de la historia este edicto es la última noticia que se tiene sobre los luciferianos.