Luis IX, rey de Francia, nació en Poissy, a 19 kilómetros al noroeste de París, el 25 de abril de 1215 y murió ante Túnez el 25 de agosto de 1270.
Imágenes de la vida de Luis IX de Francia, en Grandes Crónicas de Francia de Carlos V, folio 265 recto
Su padre, Luis VIII, murió cuando sólo tenía once años y ascendió al trono bajo la regencia de su madre, Blanca de Castilla (15 de noviembre de 1226). Su madre era una mujer piadosa y capaz, que le había educado con la ayuda de los franciscanos y dominicos. Durante los primeros años de su reinado sus nobles y después los obispos del reino le causaron muchos problemas, pero finalmente restauró el orden en su reino. En cumplimiento de un voto hecho en el lecho de enfermedad emprendió una cruzada (1258). En agosto zarpó para Chipre, al encuentro de los cruzados, con un ejército de 40.000 hombres. La primavera siguiente zarpó para Egipto y llegó a Damieta el 4 de junio de 1259. Tomó la ciudad sin derramamiento de sangre y luego derrotó a un ejército musulmán y avanzó hasta el Nilo en Mansurah, adonde tuvo que retirarse, tras pelear en batalla con los sarracenos. El rey y todo su ejército fueron hechos cautivos, pero mediante tediosas negociaciones fueron liberados al precio de un gran rescate. Con el resto de su ejército, apenas 6.000 hombres, Luis zarpó para Acre y se quedó en Tierra Santa cuatro años, regresando a Francia cuando fue llamado por la muerte de su madre, a quien había dejado como regente (noviembre de 1252). Realizó una peregrinación a Nazaret en agradecimiento por su liberación de la cautividad. En 1270 dirigió otra cruzada a Túnez, llegando en julio a Cartago, donde una peste diezmó su ejército, sucumbiendo el rey mismo. Su hijo Felipe III hizo la paz con el emir y regresó a Francia, llevando las cenizas de su padre.
Luis fue canonizado por Bonifacio VIII el 11 de agosto de 1297, siendo su día el 25 de agosto. Desde su más temprana infancia fue de disposición piadosa, deleitándose en oraciones y penitencias. Aunque de naturaleza gentil, Luis fue intolerante hacia los herejes e infieles, acostumbrando decir que la única manera de tratar con un judío era golpearlo con la espada. Fue también supersticioso, pues se trajo de Tierra Santa la corona de espinas y una porción de la cruz, para la cual construyó la Sainte-Chapelle en París. La autenticidad de la famosa Pragmática Sanción de 1269 ha sido cuestionada. En este documento afirma la independencia de la Iglesia galicana contra las pretensiones del papa.