Historia

MALAN, CÉSAR HENRI ABRAHAM (1787-1864)

César Henri Abraham Malan, predicador reformado suizo, nació en Ginebra el 7 de julio de 1787 y murió allí el 18 de mayo de 1864.

César Henri Abraham Malan
César Henri Abraham Malan
Descendía de una familia que se estableció en el siglo XII en Mérindol en Dauphiné. Expulsado de Francia por la revocación del Edicto de Nantes, Pierre Malan, abuelo de César, se estableció en 1722 en Ginebra. A tempana edad César mostró una fuerte inclinación hacia el estudio. El ejemplo de sus parientes le fue de estímulo para ello, desarrollando un agudo sentimiento por el arte y un vívido sentido de la belleza en la naturaleza. Con diecisiete años sirvió durante corto tiempo como aprendiz en un negocio casero y al año siguiente regresó a Ginebra, donde comenzó sus estudios teológicos. La instrucción teológica que recibió allí no era la mejor, ya que la Biblia era pasada por alto casi totalmente; sin embargo, aprobó sus exámenes. En 1809 recibió una posición como profesor en la quinta clase de la escuela latina en Ginebra, donde demostró pronto ser un excelente pedagogo. En 1810 fue ordenado y en 1811 se casó con la hija de un comerciante que se había afincado en Ginebra; su esposa fue una importante ayuda en el desarrollo de su fe. Algunos sermones genuinamente evangélicos que escuchó, conversaciones con auténticos creyentes y la influencia de una sociedad llamada "amigos", modelada según la congregación de Hermanos, fueron los medios que le llevaron a la verdad. Su nueva fe asumió ese decidido carácter y determinación que nunca le abandonaron, por lo que su posición en teología fue esencialmente dogmática. Aunque es verdad que su incapacidad para apreciar plenamente las ideas de otros fue en algunos aspectos un elemento de debilidad, se necesitaba un hombre así en un tiempo cuando los principios fundamentales del cristianismo eran contradichos. La conversión de Malan se puede fechar en 1816. Fue fortalecida y confirmada al año siguiente por una visita de James y Robert Haldane a Ginebra.

La intrépida promulgación de la verdad cristiana por parte de Malan provocó el escándalo del clero de Ginebra. En 1817 se le prohibió predicar en el campo y la ciudad. Se había emitido una orden por la que a los clérigos se les prohibía la predicación de los siguientes asuntos: (1) La unión de ambas naturalezas en Cristo; (2) el pecado original; (3) la manera en la que actúa la gracia; (4) la predestinación. Al principio Malan se negó a someterse, pero al cabo del año, tras algunas confusas explicaciones y algunas promesas inciertas que se le dieron, se sometió, permitiéndosele predicar. Sin embargo, Malan no fue capaz de suprimir sus convicciones personales, siendo definitivamente excluido de todos los púlpitos del cantón. Todavía mantuvo su posición como profesor de la escuela latina, donde su enseñanza era grandemente apreciada. Pero una vez que intentó introducir allí sus propios principios cristianos, fue amenazado con ser destituido a menos que cambiara su método, siendo finalmente desposeído. Como no estaba dispuesto a dejar de predicar, comenzó a celebrar reuniones en su casa y al crecer el número de los asistentes construyó una capilla en su propiedad y a su propio costo. La construcción de ese edificio se consideró una insubordinación, viéndose Malan privado del derecho a ejercer sus funciones ministeriales. Escribió al concilio estatal que iba a dejar la Iglesia protestante del cantón por ser como era, por lo que fue destituido como predicador el 18 de septiembre de 1828. Pero esas violentas medidas no indujeron a Malan a causar una división en la Iglesia. Cesó de administrar la Cena en su propia iglesia y participó en la celebración en la Iglesia nacional, en la que bautizó a sus hijos. Igualmente, no se unió a la recién creada Iglesia du Bourg de four, porque era contrario al principio de separación. No obstante, su actividad espiritual aumentaba de día en día. Su capilla creció hasta convertirse en iglesia. Sus diferencias doctrinales con la Iglesia du Bourg de four se hicieron más pronunciadas en el curso del tiempo y en 1830 desembocaron en una ruptura, por la que una tercera parte de los miembros de su congregación le dejaron.

Pero su actividad no quedó en ninguna manera restringida por este suceso. Se hizo misionero. Sin dejar Ginebra permanentemente acometió frecuentemente extensos viajes a diferentes países, donde le esperaban numerosos amigos. Su fama se difundió especialmente por Inglaterra y Escocia, donde encontró una entusiasta recepción en sus seis visitas, entre 1826-43. Estaba investido de dones peculiares como predicador itinerante y a veces predicaba diariamente durante varias semanas. Viajó también por Francia, Bélgica, Holanda, algunas partes de Suiza y Alemania, y por lo valles de los valdenses en el Piamonte, predicando por doquier. En sus conversaciones, al igual que en sus sermones, manifestaba el carácter dogmático de su mente. En su método tal vez concedió un lugar demasiado prominente a la razón; la salvación era para él casi una conclusión lógica. Se adhirió a las más rígidas fórmulas del calvinismo, pero amaba a las almas tan fervientemente que su benevolencia conquistaba muchas veces a la gente a la que primero le había repelido su teología. Predicó la predestinación sin disimular ni siquiera los aspectos más difíciles, no eludiendo las consecuencias, sino con la sencillez de un niño y el gozo de un vencedor. Su ruptura con la Iglesia estatal le originó grandes dificultades, estando dispuesto a volver si la libre predicación del evangelio era permitida. Hizo varios intentos para ser recibido de nuevo en la comunión, pero sin éxito. Sin embargo, logró ser miembro de la Iglesia escocesa. Hay que atribuirle a él desde 1830 la benéfica y duradera influencia sobre los movimientos religiosos que se sucedieron en los países de habla francesa e incluso en Holanda. Se debió a él principalmente que el despertamiento religioso de ese periodo no se perdiera en mero sentimentalismo. De sus obras se puede mencionar un tratado polémico, Jesus Christus ist der ewige im Fleisch geoffenbarte Gott (1831), que fue la réplica de Malan a un tratado del profesor Chenevière, que abiertamente había negado la divinidad de Jesucristo. Otro tratado polémico, Pourrai-je entrer jamais dans l'église romaine? (París, 1837), iba dirigido contra el abate Baudry. Otras obras de Malan son, Quatrevingt jours d'un missionaire (Ginebra, 1842); Le véritable ami des enfants (4ª edición en 4 volúmenes, Ginebra, 1844); Étes-vous heureux, mais pleinement heureux? Sincères aveux de quelques amis (Ginebra, 1851); Vingt tableaux suisses, tous esquissés d'après nature (Ginebra, 1854). Malan también escribió un gran número de tratados religiosos que tuvieron gran popularidad, siendo un considerable número de ellos traducidos, como muchos de sus relatos y sermones, al inglés. Compuso más de mil himnos, algunos de los cuales se han convertido en propiedad común de todas las iglesias.